#jjgimenezruiz

juanjogimenez@hotmail.com

Facebook: Juanjo Giménez Ruiz

Vietnam. Día 1. Hanoi

Lago Hoan Kiem

Aterrizas y de nuevo la misma sensación con que nos recibió hace unos años la vecina China: humedad, bullicio, motos, hospitalidad, calor y un olor característico difícil de definir pero no desagradable, que te sitúa de lleno y sin titubeos en la otra esquina del mundo. Un lugar dispuesto a regalarte experiencias en cada uno de sus rincones, algunos de ellos tan remotos que el sólo pasearlos te llena de emoción. Y con cada paso, la sensación de que están por llegar un puñado de aventuras para el recuerdo. Es el hechizo de oriente. La maravillosa diferencia entre culturas. El embriagador poder de lo que está por conocer. Es la magia del sudeste asiático. 

Hanoi. Aún tu cuerpo lucha por adaptarse a la humedad y al calor sofocante, cuando legiones de motos que circulan sin seguir ningún carril, pero con precisión quirúrgica, se cruzan y serpentean alrededor del taxi que te traslada al barrio antiguo, junto al lago Hoan Kiem, lugar con mezcla de culturas y el sabor que lo turístico le deja aún a lo auténtico. Vendedores ambulantes, puestos callejeros, orientales sin camisa degustando cualquier clase de líquido en una taza, cigarrillo en mano, en la antesala de un bar de sillas bajas, en una tienda de artículos para turistas o en un puesto de fruta y gafas de sol... porque en lugares como éste, como ocurría en el barrio musulmán de Xian, todo se mezcla y todo se vende. 

Amabilidad y hospitalidad rebosa quien regenta el hotel, de nombre alguno que suena como "Mun", quien encantado y con desmedida paciencia responde a la petición de ayudarte a organizar algunas excursiones para los días próximos.

Tras fijar fechas y precios, toca cena por el barrio antiguo. Rollito vietnamita, ensalada de pepino y tomate y pollo al curry... con cerveza del lugar.

Justo después de la cena, el colmo de las casualidades... A más de 10000km y perdido en mitad de ningún sitio, rodeando el lago Hoan Kiem en un agradable paseo nocturno, escucho mi nombre... Es Vicky!!, amiga y compañera de trabajo en mi ciudad que lleva un día en Hanoi... Ella y sus amigos bastante mejor adaptados al clima que yo... aunque me indican que pasadas 24h la temperatura se adapta al medio... Ya contaré si es así...

A la cama que es tarde... y mañana empieza todo...

Vietnam. Día 2. Hanoi. Tren nocturno a Sapa.

Mujer vendiendo fruta en Hanoi

Hoy, tras una noche regular por los efectos aún latentes del jet lag, toca dedicar el día a conocer algo de lo mucho que Hanoi pone al servicio del visitante. Tras desayunar unos noodles, huevos  revueltos, fruta y zumos, se acerca la conserje de hoy del hotel (nuestro amigo Mun llegará más tarde) para recordar que a las 20.30h seamos puntuales porque nos recogeran en el hotel para llevarnos a la estación donde sale el tren nocturno que nos llevará a Sapa (próximo destino).

Mapa en mano y fijados los objetivos, salimos desde el lado norte del lago Hoan Kiem, descubriendo la ajetreada vida de esta zona de Hanoi por la mañana, donde los vendedores se emplean a fondo, esquivando motocicletas que pitan con el único criterio de su antojo, cada uno con lo suyo. Un verdadero caos aparente, pero sólo aparente. Y es que los habitantes de hanoi me recuerdan a las abejas en una colmena... entran y salen, suben y bajan... sin entenderlas desde fuera, pero con un patrón que las organiza... 

Primer destino: La Ciudadela, antigua ciudad imperial con más de 2000 años de historia. Solo dimos un paseo, porque aunque para los cordobeses 34° de temperatura no es demasiado calor, si le asocias un 80% de humedad, la situación se hace complicada, y en un espacio abierto tan grande, simplemente andar se convertía en aventura. Precio de la entrada: 30000 dongs (1.2 euros).

Ciudadela de Hanoi

Empapados en sudor seguimos nuestro camino hacia la segunda parada: el Mausoleo de Ho Chi Min, donde se encuentran sus restos, en un complejo en el que también se puede visitar su museo y la Pagoda del Pilar Único. Fue imposible entrar porque por algún motivo los accesos estaban cerrados. Nadie supo o mejor dicho pudo explicarlos el motivo. Y es que el inglés aún queda muy lejos para una parte importante de los habitantes de esta región. Pero bueno.... NO es NO... y cuando el que lo dice lleva un fusil, pues  al final  pasa lo que pasa, que lo entiendes.

Mausoleo de Ho Chi Min

Tras pasear por los exteriores del mausoleo, decidimos que andar más nos acercaba peligrosamente a la deshidratación... por lo que contratamos un TucTuc guiado a pedales por un simpático vietnamita, quien durante dos horas nos llevó de un sitio para otro por el equivalente a unos 6 euros. Esto nos permitió conocer de paso varios lugares a los que de otra manera no hubiésemos llegado: Catedral de San José, templo de Tram Quoc, templo de Quan Thanh, templo de la literatura... Este último tiene una larga historia y es bonito de ver. Funcionó durante 700 años como universidad, conocida por su extrema dureza... (Precio: 30.000 dongs).

Templo de la Literatuta

Dejamos el TucTuc junto al lago y aprovechamos para recorrerlo, esta vez de día, con visita al templo Ngoc Son (30.000 dongs), que se encuentra dentro de él, al otro lado de un famoso puente rojo de madera.

Lago Hoan Kiem

Ya con el estómago algo impaciente, caminamos en busca de un restaurante recomendado por muchos viajeros llamado Yin & Yang, en la calle Ma May 48. La comida, el servicio y el local de lo mejor hasta ahora, muy tranquilo a pesar del bullicio de la zona donde se ubica. Por 7 euros por persona, junto con una cerveza de Hanoi, probamos una ensalada de verduras, pollo, banana y jenjibre, el pato asado y la sopa típica de cerdo, fideos y verduras. 

Tras la comida, qué mejor que relajarse con un masaje vietnamita de una hora. Tras preguntarle a la camarera, ella misma nos llevó a alguien de su confianza (17 euros una hora). 

Barrio antiguo de Hanoi

Barrio antiguo de Hanoi

Teatro de marionetas de agua

Nuestra siguiente parada fue para ver un teatro de marionetas de agua. Es un espectáculo simpático y curioso que no puede disfrutarse fuera de esta región. Fuimos a un teatro en el lado noreste del lago Hoan Kiem (entrada 100.000 dongs, 4 euros).

Teatro marionetas de agua

Se acercaba la hora de regresar al hotel para salir hacia Sapa. Cenamos algo temprano en varios puestos callejeros y compramos frutos secos, patatas y agua para la noche. Volvimos al Heart Hotel con nuestro amigo "Mun", quien con su amable talante nos dejó una habitación para ducharnos mientras esperánamos un taxi para llevarnos a la estación y partir rumbo a los arrozales y montañas del norte, a escasos kilómerros de la frontera china.

A partir de ahí empecé a vivir en persona aquello que comentan algunos en sus blogs, a cerca de que en Vietnam hay que confiar en la gente y en que las cosas saldrán... aunque a veces aparenten lo contrario. Me recuerda  al anuncio de malibú de hace años... Y es que es así. En Vietnam no se estresa nadie... al final todo sale. 

¿Que a qué me refiero? Pues que a las 20:30h teníamos que salir en taxi del hotel. Pero son las 21:15h y seguimos con "Mun" y allí no aparece nadie. Nuestro tren sale a las 21.40h. El taxi no aparece, y en el papel que nos dieron se recalcaba que había que presentarse una hora antes en la estación, porque había que canjear ese papel por los billetes. Mun empieza a llamar, pero sin muestra alguna de agobio. 21:20h. Para mayor lío, había que encontrar el tren en un enjambre de vagones dignos de películas en blanco y negro... la cosa pintaba mal.

En ese momento aparece un taxi. Mun para a un muchacho en una moto (lo llamamos moto-ratón) y le pide que siga al taxi y nos acompañe a los trenes (a nosotros y a otro asiático de sabe Dios dónde, que también se subió en el taxi y que nadie vio de donde salió, por lo menos yo). Moto-ratón sigue a taxi. Y en ese momento  (con la hora justa no... lo siguiente) aparece en mitad del centro de hanoi una barrera empujada por un policía y nos quedamos parados y más que flipados cuando pasa un tren a todo trapo a 10 metros nuestra por una calle de tiendecillas de no más de 5m de ancho. Si éramos pocos... parió la abuela. 21:30h, pasa el tren y moto-ratón toma las riendas. 21.34h, llegamos a la estación. 21:35h, moto-ratón canjea billetes. 21:36h, moto-ratón deja a asiático en su tren. 21:37h, moto-ratón nos lleva a nuestro vagón. 21:38h, moto-ratón me pide cámara para echarnos una foto. Yo vuelvo a flipar, pero nos echamos la foto. 21.39h, entramos en el vagón. 21:40h, sale el tren... 21.41h: Aquí no ha pasado nada, si nos ha dado tiempo hasta de echarnos una foto... Bienvenidos a Vietnam.

Camarote de los hermanos Marx

Sale nuestro tren-cama hacia Lao Cai (llegada a las 05.00), y desde allí en bus hasta Sapa. En nuestro vagón hay otros dos viajeros, un francés y un vietnamita con quienes podemos charlar algo. Por fin a intentar dormir después de la llegada in extremis... pero no. La luz de nuestro vagón se rompe y allí, en un habitáculo de 4 metros cuadrados, aparecen de repente un electricista... un amigo del electricista y el revisor, a parte de los cuatro que ya estábamos... Yo "descojonao"... pensando que el único que faltaba allí era Groucho... el mayor de los hermanos Marx.

Litera deluxe en tren nocturno

Luz arreglada. Vagón despejado. Escribo estas letras. Y a dormir...

02:00h. Me despierta un golpe seco y una voz que lo sigue... tipo grito. Al vietnamita que duerme  al lado mía en la litera de abajo, con el traqueteo del tren, se le acaba de caer un hortero cuadro que había colgado arriba en la cabeza, tras haber rebotado en la mesita. Menos mal que ha salido para su lado... No hace más que protestar por el golpe... normal... es que eso duele.

A dormir de nuevo...

Cuadro caído

Vietnam. Día 3. Sapa.

 A las 05:00 nuestro tren para en Lao Cai, un pueblo que nos sitúa a las puertas de los arrozales y montañas del norte. Desde allí salen los autobuses dirección a Sapa, destino en que haremos un trekking de dos días conociendo los rincones de este gran paraíso, a las puertas de la frontera china.. 

Nada más llegar conocemos a Sara y Jaime, una pareja madrileña que lleva un año viajando por el mundo. Han aterrizado en Asia viniendo de una ruta por América. Con ellos compartimos experiencias de nuestro viaje y nos emplazamos para contarnos nuestra vivencia en Sapa.

A las 07.30 llegamos a nuestro destino. Allí nos esperan nuestras guías, todas mujeres, de la etnia H'Mong, que nos llevarán por estos parajes. La nuestra se llama Sou. 

Nada más comenzar la ruta nos damos cuenta de las maravillas que nos esperan.

Mujeres de la etnia H'Mong

El terreno es complicado. La humedad lo hace algo resbaladizo. Caminamos por un sendero de unos 50 cm con pendiente pronunciada a un lado, formando la ladera de una montaña con terrazas de arrozales. Alguien tenía que rodar... y rodé yo. Estaba... y de repente no estaba. Gracias a Dios que alguien puso esos arrozales allí... si no llego al final del trekking el primero. Vaya comienzo. Volví a subir como pude y a seguir...

Foto previa a la desaparición

Los paisajes y las gentes que contemplamos bien merecieron el esfuerzo de llegar hasta allí. Montañas que se perdían entre las nubes, gentes trabajando el campo, amarillos y verdes que se alternaban recelosos de ser predominantes. Gana el verde en octubre, mes en el que acaba la estación de lluvia. El sol nos acompañó durante todo el trayecto, permitiéndonos disfrutar de ese pequeño paraíso perdido.

Arrozales

Durante 8km recorrimos esas tierras, hasta llegar a la aldea de Lao Chai, donde comimos. Llegar hasta allí conllevaba cruzar un puente sin terminar... saltando de losa en losa para salvar el espacio vacío... Yo ya me había caído... así que esta vez le debía tocar a otro. Menos mal que cruzamos todos sanos y salvos.

Casi-Puente

Es admirable la agilidad con la que estas mujeres atraviesan las montañas. Y llamativa la simpatía y amabilidad que muestran contínuamente, con bromas y sonrisas que hacen el cansancio más llevadero.

Tras la comida, que compartimos con una pareja holandesa, pusimos de nuevo rumbo jasta completar los 4km que nos restaban hasta llegar al Homestay donde vamos a pasar la noche.

Mujer esparciendo el arroz para secarse

Sou nos saluda sonriente

Niño en poblado durante el trekking

Campesinos en arrozales

Niño en colegio durante el trekking

Dona órganos, dona vida!!

Llegamos al homestay junto con un grupo de franceses, portugueses y los holandeses con los que comimos. Aprovechando el buen día, bajamos al río que pasaba escasos 50 metros para bañarnos. Después pasamos el resto de la tarde jugando a los dados y conversando a cerca de las experiencias en viajes de cada uno.

Cena en grupo

Seguiremos charlando un rato y después a dormir, que mañana nos recogen a las 06:30 para continuar el trekking.

Buenas noches a todos.

Vietnam. Día 4. Sapa. Tren nocturno a Hanoi.

Mujer H'Mong

Amanece en las tierras remotas del norte de vietnam. Descansar sobre un colchón duro tipo tatami no es fácil cuando no se está acostumbrado... A las 06.00h entra una de las mujeres H'Mong saludando muy dispuesta con un ¡"hellow"! que oímos todos pero ninguno contestamos. Nos hicimos básicamente "los muertos", por si colaba. Y lo hicimos bien. Cualquier movimiento anómalo hubiera significado empezar demasiado temprano con un nuevo montón de kilómetros... de repente roncaban hasta los que nunca roncaron... éramos estatuas... segundos de incertidumbre...  ...  .... Fuimos cerrando cuidadosamente el rabillo del ojo. Debimos de transmitir pena porque no volvieron a por nosotros hasta las 08:30h. 

Tras esas horas extras de más o menos sueño, nos reunimos en el porche del homestay para desayunar: Crepes con miel, plátanos y café o té. Recogemos todo, pagamos las cervezas que cogimos la tarde anterior jugando a los dados y ponemos de nuevo rumbo a los arrozales para salir de las montañas. 

Había llovido durante la noche. Olor a mojado. El cielo algo nublado, dejando escapar levemente unas gotas que nos acompañaron los primeros momentos. El terreno resbaladizo. Caminamos por el único paso posible, el borde de las terrazas de arroz, durante un buen tramo... que debido al paso cercano de riachuelos, al agua subterránea y a la que había caído durante la noche, estaban anegados, por lo que apoyábamos los pies con extremo cuidado haciendo equilibrio sobre el reborde de barro, que era la esquina de cada terraza, de unos 25cm de ancho. Agua por un lado al ras, agua por otro lado a un metro y agua por arriba. Y como a mí sólo me faltaba el agua por abajo... pues me escurrí queriendo y metí hasta las rodillas en el barro... pero eso, que fue queriendo. Vamos, que entre unas cosas y otras al hotel de Sapa no llegaba otro con mi pinta desde los tiempos de la guerra. Sólo me faltaba el casco.

 

Atravesando arrozales

Momento del trekking

Atravesando bosque de bambú

Pero después de lo del día anterior, el concepto de peligro había cambiado... así que seguimos como pudimos, paso a paso, al estilo vietnamita, pensando que todo saldrá bien... hasta salir de los arrozales. La lluvia dejó paso al sol. Justo después entramos en un denso bosque de bambú, con pronunciadas subidas y bajadas, que desembocó en lo alto de una gran cascada.

 

Atravesando bosque de bambú

Compañeros de trekking

Desde allí hasta el pueblo donde nos recogieron para ir de vuelta a Sapa sólo tuvimos que subir una última colina, previo paso por un puente colgante (y pendulante) que me hizo confirmar que aquí en Vietnam, lo del trekking a Sapa es como una prueba de selección natural... Sólo faltaba alguien al principio que gritase: "Bienvenidos a Sapa... ¡Que comiencen los juegos del hambre!..."

Comimos a las 12:30h una sopa de noodles con huevos y verdura y nos recogieron. 

Esta experiencia terminaba. La carretera (sólo en algunos tramos podía denominarse así) nos alejaba a paso lento con magníficas vistas de uno de los espacios naturales más singulares que he conocido, en los que la interacción de sus afables gentes, usándolo como medio de vida, ha hecho realzar aún más su belleza. Porque en este rincón del mundo, no es la naturaleza al hombre, sino el hombre el que se ha adaptado a ella, convirtiéndose en uno de esos lugares donde aún se respira la esencia pura de lo que la civilización del confort no ha corrompido. Aunque esta se sitúa ya a sus puertas, acechando, amenazando con sus dólares la tranquilidad las conciencias de los que allí se asientan. 

En el hotel donde partió nuestro tour nos despedimos de los otros europeos con los que compartimos esta historia. Cada uno seguirá su rumbo. También nos despedimos de la simpática y atenta Sou, con un hasta la próxima que sabemos que suena a hasta siempre. 

Se van unos, pero vuelven otros, porque coincidimos de nuevo con Sara y Jaime, nuestros amigos de Madrid, con los que compartimos lo vivido y charlamos de su próxima parada en su viaje por vietnam, ellos a Hue y nosotros a Halong. Nos despedimos en la estación de Lao Cai, pues su tren salía algo antes, con la esperanza de volver a encontrarnos en unos días en nuestro camino hacia el sur en este ya inolvidable país...

Mañana llegaremos a Hanoi, desde donde partiremos hacia un crucero de 3 días por la maravillosa Bahía de Halong.

Subimos al tren. Se cierran las puertas. Compruebo que la luz funciona y que el cuadro de arriba está bien sujeto. La pareja de franceses que duerme con nosotros me mira raro, no lo entiende. Yo sí lo entiendo. Pero es largo de explicar. Quizás les acabe de salvar la vida. Apagan la luz... y termino estas letras.

 

Buenas noches!!

Estación de tren de Lao Cai

Vietnam. Día 5. Bahía de Halong.

Entrada a la Bahía de Halong

Lleganos a Hanoi a las 05:30h. Sueño. Mucho sueño. Hasta las 07.00h no podemos entrar en el hotel, en el que amablemente Mun nos prometió un desayuno y una habitación para una ducha rápida antes de partir a la bahía de Halong. 

Me sorprendió que la vida a las 05.30 en Hanoi es muy activa. Pocos coches. Algunas motos. Cientos de personas. Alrededor del lago Hoan Kiem se reúnen para hacer taichi, yoga, footing y todo tipo de ejercicios. Grupos de mujeres ya añosas con música de relajación se dedidan a lo suyo... un niño corre al autobús con su mochila... en los bares se concentran sentados mirando la escena otros tantos vietnamitas, en su mayoría hombres, té en mano y sin hablar, cada uno en su mundo, mientras otros limpian las calles...  Caras y rostros de todas las edades se entrecruzan en una especie de gimnasio improvisado al aire libre. Es la cara de Hanoi sin turistas, ni tuctús, ni tacistas al acecho, ni venderores al asalto de los de ojos más redondos...

Aparecen las motos en manada, arrancan los tuctús... empieza la jornada.

Vietnam

Mujer haciendo Taichí junto al lago

Gente paseando junto al lago

A las 08:15h, tras el desayuno y la ducha, nos recoge Kam, quien nos acompañará durante una de las visitas más esperadas del viaje, un crucero de dos noches por la majestuosa bahía de Halong, oficialmente una de las siete maravillas naturales del mundo.

Coincidimos esta vez con otras 7 personas: seis holandeses y una americana.

El viaje hasta Halong dura tres horas y media. En la parada de descanso coincidimos con Bruno y Dino, dos de los portugueses de Sapa, que también se dirigen a la bahía. Juntos nos reímos del abuso de los precios... 120 dólares por una prenda por la que el día anterior habíamos pagado 12. 

Llegamos al embarcadero sobre las 12:00h. Varios barcos esperan para zarpar. Nos subimos al nuestro (Monkey Island cruise) y en pocos minutos partimos.

Halong significa "donde el dragón se sumerge en el mar". 

Cuenta la leyenda que las islas de la bahía fueron creadas por un dragón que vivía el la montaña, y que al digirse a la costa, con su cola creó los valles que dejaron al descubierto más de dos mil islotes. Bendito tragón.

Hemos tenido la suerte de disfrutar de sol todo el día, algo infrecuente, pues en esta zona la niebla y las nubes predominan.

Por la tarde pasamos a un barquito más pequeño y paramos en uno de los islotes, en el que se halla una de las cuevas más grandes del mundo (curva de Hang Sung Sot), cuya boca de entrada se sitúa a unos 50 metros de altura, con bonitas vistas.

Islote en la bahía de Halong

Cueva de Hang Sung Sot

Vistas desde la salida de la cueva

Vistas de parte de la bahía

Después, el pequeño barco nos lleva a otro islote. En él subimos más de doscientos escalones hasta un mirador desde el que podemos contemplar uno de los más bonitos atardeceres posibles. Me recuerda al que viví hace años con mi amigo Javi en Croacia, en la isla de Hvar, desde el castillo de su colina. Tras bajar la interminable escalera aprovechamos para bañarnos en una playa de arena fina y aguas cálidas, en medio de este escenario de cuento, prácticamente solos, pues el resto de barquitos ya se han marchado.

Atardecer en Halong

Atardecer en la Bahía de Halong

Halong bay impresiona. Zigzaguear por un sinfín de estilizados y oscuros peñascos enormes, repletos de vegetación, que emergen desafiantes sobre un mar esmeralda, te transporta al escenario de películas y sueños... Ver en la noche, desde la terraza del camarote, la silueta de esas enormes estacas de piedra con la tenue luz prestada de una luna menguante, no se olvida fácilmente. El reflejo de esta escena en el agua, disfrazada de espejo, tampoco.

Tras tomar un gin tonic en la terraza... nos vamos a domir, que mañana a las 06.30h toca paseo en kayac entre los islotes.

Día 6. Bahía de Halong. Monkey Island.

Islote en la bahía

Nos levantamos a las 06:30h. Un kayac nos espera. Literalmente nos espera. Durante una hora hemos tenido la suerte de poder contemplar al ras del agua la majestuosidad de los islotes, hasta incluso tocarlos, porque en algunas zonas el espacio entre ellos era tan estrecho que teníamos que guiarnos con las manos. Observar cómo la vida, virgen de lo humano, se abre paso en esas masas gigantescas de piedra, te hace pensar lo insignificantes que podemos ser en la escala de tiempo y de espacio de la naturaleza. 

Kayac entre islotes

Embarcadero en Cat Ba

Volvemos al barco para desayunar y para después dirigirnos a la isla de Cat Ba, a la que llegamos en unos 40 minutos. Allí nos recoge un minibús que cruza a través de la gran isla hasta llegar al embarcadero desde donde partirá otro barco, el cual nos guiará a nuestro destino, la isla de los monos (Monkey Island), llamada así porque en ella podemos encontrarnos con estos animales.

Cat Ba está cubierta de una frondosa vegetación que configura una selva natural entre la que el hombre se ha abierto un pequeño hueco para instalarse. Es un laberinto de picos y valles, de hojas y arbustos gigantes con licencia para crecer sin límites... Muchos de los cruceros se quedan aquí. Nosotros aún tenemos que seguir.

Una vez en el embarcadero subimos al siguiente bote, que cruza para salir al mar un puerto pesquero en el que podemos observar la tarea cotidiana de esas gentes. Unos recogiendo redes, otros transportando pescado, otros limpiando sus aparejos... Una estampa que pide a gritos ser fotografiada.

Mujer en el puerto con pescado

Pescador en canoa

Barco de pescadores

Monkey Island

En pocos minutos llegamos a Monkey Island, otro pequeño paraíso, esta vez de playa. Palmeras, arena blanca, cabañas de madera y agua cálida esmeralda. Como alguien dijo al llegar... "es lo más cerca del paraíso que he estado nunca"... A pesar de que había excursiones para ver a los primates y contemplar el atardecer desde lo más alto, y kayacs sin coste para recorrer los alrededores, la mayoría decidimos no salir de ese trocito de arena y agua. Como decía Camilo, un amigo holandés, mientras coincidió conmigo en el agua: "¿Monos?¿excursiones?... ¿para qué?... ¡¡Nada puede mejorar esto!!". Bueno sí, acompañar ese escenario con una piña colada en la hamaca de la terraza de la cabaña, a pie del mar. Doy fe.

Pensar que para llegar hasta ahí has necesitado 3 aviones, un autobús y 2 barcos te invita a pensar que es probable que no vuelvas a pisar ese lugar.

Mención a parte merece la comida de este lugar... platos tradicionales vietnamitas y productos del mar a la brasa... una delicia para el paladar en un lugar mágico.

Una piña colada en Monkey Island

Monkey Island

Recepción del Hotel en Monkey Island

Después de cenar conocimos a otros viajeros españoles, Sandra y Diego, que también llegaban de Sapa y seguían su rumbo después de Halong hacia Hue y Hoi An. Con ellos pasamos un buen rato charlando e intentando poder coincidir de nuevo en algún punto, quizás Hoi An.

Gracias a ellos conocimos a Lulú, vietnamita. Ella es una de las recepcionistas del complejo. Nos pidió que si podíamos ayudarle resolver unas dudas porque estaba aprendiendo español... por amor! Nos contó que se enamoró de un catalán durante un voluntariado y que en un futuro próximo dejaría su país para vivir con él en Barcelona. De simpatía desmedida y sonrisa fácil, habladora y social, se ofreció a sacarnos el billete de avión de nuestro próximo destino con su móvil en una página vietnamita (ya sólo nos queda el alojamiento). 

Nos despedimos de Lulú, de Sandra y de Diego.

A descansar que mñn toca camino de vuelta a Hanoi.

Lulú y sus profes

Día 7. Vuelta a Hanoi.

Salida de Monkey Island

Nos levantamos a las 07:30h para desayunar. Contemplamos por última vez ese envidiable entorno. Recogemos las maletas y subimos al barco. Lulú suelta amarras y poco a poco nos alejamos de ella y de Monkey Island. Atrás queda una experiencia inolvidable, pero es mucho más lo que queda por delante. 

Llegamos a Cat Ba, y desde allí un bus y un barco nos conducen al embarcadero de Halong. Después un minibús nos recoge y nos deja junto al hotel de Hanoi.

Aprovechamos que es fin de semana y en Hanoi abre sus puertas en mercado nocturno. Cientos de puestos de comida, ropa, complementos, restaurantes, juguetes, bisutería, lápidas (sí... lápidas)... absolutamente de todo. Grupos musicales amenizan las calles. El lago se viste de luces y los lugareños muestran sus mejores galas.

Ya en el hotel y sigue sonando una orquesta... Parece como si Hanoi supiese que es nuestra última noche aquí y a modo de despedida nos canta...

Acabo de reservar el hotel para los próximos tres días en Hoi An. El avión sale a las 15:25h. 

 

A descansar que el día ha sido largo.

Restaurante en Hanoi

Vietnam

Día 8. Hanoi-Hoi An

Hoi An

Durante la mañana, hasta las 12.50h que hemos quedado con el taxista, aprovechamos para hacer algunas compras.

Nos despedimos de Hanoi con olor a café. Vietnam es el segundo país exportador de café después de Brasil, existiendo culto a dicho grano. Es realmente exquisito. Sabe diferente. Incluso las cafeteras no se parecen a las nuestras. Existe un tipo de café, el weasel,  cuya semilla, antes de recogerse, ha sido regurgitada por unas comadrejas salvajes que habitan en algunos pueblos de Vietnam. Es el más caro del país y uno de los más caros del mundo, dada su rareza por su peculiar forma de procesado. Tras comprar algunos tipos volvemos al hotel.

El vuelo a Hoi An es corto. En poco más de una hora llegamos al aeropuerto de Danang, desde donde tenemos que buscar transporte hasta Hoi An, que se encuentra a 30 km. Un hombre se nos acerca y nos dice (o creemos que nos dice) que nos lleva a Hoi An por 300.000 dongs... lo cual ya es bastante aceptable, pues en experiencias de viajeros anteriores el precio ronda los 420.000 dongs. Al final lo sacamos por 280.000 (se negó a 250.000), que equivale a poco más de 11 euros. Nos deja en la puerta del hotel que reservé ayer, bastante bien de aspecto y con rodo lo que buscaba: wifi, desayuno, alquiler de motos y bicis, lavandería (hemos traído ropa para unos ocho o nueve días u ya toca colada, en el hotel la hacen por 30.000 dongs, 1.2 euros). Nos cuesta la noche 20 euros con desayuno.

"La  pequeña  ciudad  de  Hoi  An se  encuentra  en  el  centro  de  Vietnam,  con  un sabor  antiguo  y  tradicional,  la  multitud  de  detalles  e  influencias  Chinas,  Japonesas  y francesas,  le  han  valido  el  reconocimiento  de  Patrimonio  de  la  Humanidad. Bañada  por  el  rio  Thu  Bon,  fue  un  importante  puerto  pesquero  durante  los  siglos  XVI  al XVIII,  el  casco  antiguo  de  Hoi  An  se  conserva  intacto,  en  parte  porque  durante  la  guerra la  mayor  parte  de  los  ataques  los  concentraba  la  vecina  ciudad  de  Hue,  y  que  las  leyes vigentes  prohíben  alterar  los  edificios  e  incluso,  la  circulación  de  automóviles  por  sus calles. La  población  de  Hoi  An  se  desplaza  en  bicicleta  o  moto.  Esta  mezcla  de  tradición  y modernidad  nos  deja  estampas  como  esta:  pequeñas  motocicletas  agolpadas  junto  a  la fachada de un edificio de varios siglos de antigüedad. "

Tras dejar las cosas en el hotel vamos a dar una vuelta. Tiendas de ropa, cuadros y artesanía por doquier. No son baratas (más baratas que en occidente pero más caras que en Hanoi), aunque la ropa es de gran calidad.

Llega al móvil un mensaje de Sara y Jaime. Acaban de llegar a Hoi An nuestros amigos madrileños, y van a estar en principio tres noches, como nosotros. Quedamos junto al puente japonés para ir a cenar, a pesar del contratiempo que han tenido, y es que compartieron taxi con dos noruegas y una de ellas por error se llevó su maleta... Gracias a la insistencia de Jaime, que alquiló una moto y se puso a la caza de dos noruegas en un enjambre de gente de todo el mundo, y a una pizca (o gran) suerte, lograron encontrarlas e intercambiar de nuevo el equipaje.

Hoi An enamora. Es una ciudad que engancha desde el primer momento, que conserva el encanto de lo antiguo. Sus miles de farolillos artesanales le otorgan en la noche un color especial. Estuvimos cenando en el restaurante Morning Glory, junto al río, bastante bien por cierto. Charlamos un poco de todo: trabajo, viajes, política... y decidimos seguir nuestro camino por Hoi An juntos.

En mitad de un cruce de 4 caminos (justo en mitad) con motos esquivándonos por cada lado, estuvimos quedando para mañana. En ese momento, justo cuando sólo atendíamos a nuestra conversación y no al tráfico, nos dimos cuenta de que nos estábamaos adaptando, de que nos comportábamos como asiáticos, sin miedo a ser atropellados... Vietnam.

Mañana decidimos visitar las ruinas de My Son, unos templos de más de mil años de antigüedad, en medio de la selva, que fueron destruídos en gran medida en la guerra. Para intentar evitar la gran masa de turistas, alquilaremos una moto y saldremos temprano.

A la cama quemañana hay que madrugar.

Puente japonés de Hoi An por la noche

Vela en el río de Hoi An (río Thun Bon)

Farolillos en Hoi An

Vietnam. Día 9. Hoi An.

Templo en My son

Nos levantamos temprano y tras desayunar alquilamos una moto pa ir a las ruinas de My Son. Quedamos a las 07:30h con Sara y Jaime. 

My son en un conjunto de templos hindúes situado a 50km de Hoi An, construídos en la antigüedad en mitad de la selva. La guerra de vietnam los derribó en gran parte, pudiéndose ver a día de hoy grandes hondonadas cicactrices de las bombas. A pesar de todo, algunos quedan en pie en buen estado.

Decidimos ir por nuestra cuenta, para lo cual alquilamos dos motos (4 euros cada una). Justo en ese momento comienza lo que acabará siendo el diluvio universal... Aun así seguimos el rumbo. Salimos desde nuestro hotel, introduciéndonos en la red vial del caos, en la que cada uno busca su hueco, donde no hay un carril para cada sentido, sino múltiples sentidos en una calzada de asfalto o de tierra. En pocos minutos el bullicio de la ciudad  y los pitos de vehículos dejan paso al silencio del vietnam mád profundo, donde no llegan turistas ni tuctús, donde los lugareños siguen pacientes su ritmo como autómatas.

La lluvia empieza a hacerse molesta, pero la experiencia puede más y traspasa sus gotas. La adrenalina que genera el estrés de no conocer el camino, los senderos a veces complicados y las estampas de las gentes y aldeas que se van grabando en el recuerdo, hacen del trayecto uno de esos momentos que son fotografiados para siempre.

Camino de My Son

Templo en My Son

Durante unas dos horas recorremos My Son, mimetizados con el agua, literalmente esponjas... Pero es una visita muy agradable y un escenario impresionante, diferente a lo que hasta ahora conocemos y a lo que nos espera en días posteriores.

Volvemos camino de Hoi An de nuevo, y lo que a la ida fue tormenta, a la vuelta se convierye casi en tifón... los últimos tres km también serán para el recuerdo...

Llegamos al hotel. Ducha. Ropa seca y a comer. Después de una semana probando toda la comida vietnamita, dedicimos tomar unas pizzas en un restaurante italiano junto al río. Precio europeo. Un día es un día. 

 

Templo en My Son

Cena con Sara y Jaime en Hoi An

Tras  la pizza nos apetece un masaje. Preguntamos a la dueña del restaurante y nos lleva a un lugar cercano. Algo caro para lo que buscábos (12 euros una hora de masaje thailandés). Pero bueno, lo dicho... Un día es un día...

 

Tras el masaje ya es de noche. Cada uno a su hotel. Buscamos al hombre que nos alquiló la moto (no lo encontramos pero aparece una mujer que dice que es su mujer). Le pagamos otros 4 euros y nos quedamos la moto un día más para ir mañana a una de las playas de Hoi An, conocida como una de las mejores de Vietnam. Si el agua lo permite.

Cenamos unas tortitas de camarones y cangrejo y a descansar.

Vietnam. Día 10. Hoi An

Templo en Hoi An

Tras levantarnos damos un paseo por Hoi An. Hemos quedado a las 11:00 (hora a la que debería dejar de llover según las ñrevisiones) con Sara y Jaime para conocer la playa de An Bang, a 5km del hotel. Antes, 

aprovechando un "peaje" que pagamos el día anterior para poder entrar en la zona antigua y que incluye la visita a 5 lugares de pago de la ciudad, nos dirijimos lonely en mano a conocer los puntos de más interés. Visitamos varios templos y casas antiguas de cuyo nombre no puedo acordarme, que llaman la atención por su singularidad y belleza. Nos recuerdan a nuestro paso por china. Antes nos hemos cambiado de indumentaria (no permiten entrar con pantalón corto).

Rincón en Hoi An

Puente Japonés de día.

Detalle de altar en el puente japonés.

Playa de An Bang

A las 11:30h deja de llover y asoma tímidamente el sol. Cogemos nuestras motos, que hemos alquilado otro día más, y vamos a la playa. Llegamos en 10 minutos. El oleaje es considerable, bandera amarilla (anaranjada). La playa es buena, similar a la que podemos encontrar en Huelva, aunque con una línea de palmeras, hamacas y típicas embarcaciones redondas que usan los lugareños para pescar. Tras un chapuzón y varios revolcones que recoge mi go pro, comenos en primera línea de playa nécoras, calamar, arroz, dumplings, broquetas de ternera y cerveza por 5 euros por persona.

Playa de An Bang

Día 11. Vietnam. Hoi An-Ho Chi Min.

Hoi An

Hoy nos recoge un shutle bus a la 13:00h para ir al aeropuerto. El vuelo a Ho Chi Min sale a las 15:55h. Por la mañana aprovechamos para recorrer por última vez la zona antigua de Hoi An y hacer unas compras. Llegamos con el tiempo justo para pedir una pizza para llevar en frente del hotel. Tan justo que el bus ha llegado 10 min antes y he tenido que sacar literalmente la pizza yo del horno del bar... porque la mujer decía que estaba a medio hacer... Salí pitando con la pizza a medias mientras la vietnamita gritaba: "¡¡No good!!", "¡¡No good!!"... y yo... "Sí good!!". La verdad es que mala no estaba. Llegamos al aeropuerto y tras reorganizar los equipajes porque se pasaba uno de kilos hemos cogido el avión entre un sinfín de asiáticos que no hacían nada más que chillar y empujarse... y en una hora y veinte minutos estábamos en Ho Chi Min (antigua Saigón). 

Ho Chi Min es bullicio... motos... coches... tráfico agobiante... luces... gente... ruido... puestos callejeros, edificios modernos enormes junto a otros bajos en los que duermen perros con personas tras una puerta de cochera.

Al llegar al hotel, a las 19:00h, tras una hora de taxi (8.5 euros) nos dicen que la habitación, a pesar de estar reservada, está agotada y que sólo queda la más cara y que hay que pagar más. Sólo son 3 euros más, y los pagamos, porque en esta parte del mundo enfadarse o reclamar eso es algo así como darse golpes con una pared de hormigón. Además no podemos perder tiempo porque queremos reservar un tour por el Delta del Mekong y tenemos que salir la siguiente mañana. El Delta del Mekong puede visitarse en un día, pero una de las esencias es visitar el mercado flotante de Can Tho, al amanecer, para lo cual es necesario pasar una noche en el Delta. Eso es lo que buscamos. Preguntamos precios en el hotel y nos sacan un tríptico en el que pone que cuesta 7 millones de dongs (280 euros)... carísimo!!! En los foros había visto precios por 70-80 euros dos personas con comidas y hotel incluído y no se me pasa por la cabeza pagar ese dineral que piden (aquí es muchísimo), buscamos por internet una calle donde hay varias agencias y que resulta estar a 10 minutos andando. Nos dirigimos a una que recomiendan en un blog y en menos de 10min lo reservamos por 1,9 millones de dongs (unos 80 euros), dos días y una noche.  Misión cumplida. Mañana a las 07:00h hay que estar en la puerta de la agencia.

Comemos en un puesto callejero con barbacoa. Pollo, langostinos, calamar, todo a la brasa, y ensalada, con bebidas por 4 euros cada uno.

Aprovechamos que el hotel está al lado del mercado de Ben Thanh. Se trata de un nercadillo gigante en el que se vende de todo. Todo es todo. El regateo es fundamental, pues comienzan pidiendo entre 3 y 4 veces lo que al final acabas pagando si tienes claro que tienes que gastar tiempo en negociar (camisetas 2 euros o zapatillas de imitación de  marca 9-10 euros por ejemplo).

Compramos agua y patatas para los días siguientes y a descansar al hotel que mañana nos vamos a conocer la vida en el río Mekong. Pronóstico del tiempo: tormenta eléctrica, probabilidad 100%. 

Pero bueno, a veces falla.

Russell (el de "up") existe. Vive en Vietnam.

Mercado nocturno de Ben Thanh

Día 12. Vietnam. Delta del Mekong.

Barquera en el Delta del Mekong

El río Mekong, al igual que su delta, es uno de los más grandes del mundo, naciendo en el Tíbet y recorriendo 4500km hasta desembocar en el mar de la China. En su curso baña las regiones del Tíbet, China, Myanmar, Laos, Tailandia, Camboya y Vietnam. En Camboya se bifurca en dos brazos, desembocando en el mar en varios puntos, que explican el nombre vietnamita del río (Song Cuu Long: "Río de los nueve dragones).

A las 07:30 partimos en autobús desde la agencia donde contratamos la excursión ayer.

Hombre trabajando en el Delta del Mekong

En autobús llegamos al Delta, comenzando nuestra andadura en barco por las aguas de este majestuoso río, pasando de más a menos cauce y adentrándonos en una región interminable de manglares. Calor, humedad... Pura selva en la que se recolecta de todo: cocos, frutas, arroz, maíz, verduras, pescado... Por algo se conoce a esta zona como la despensa del país. En el delta viven muchas personas. La ciudad más importante es Can Tho, en la que pasaremos la noche para visitar mañana el mercado flotante de  Cai Rang. El tiempo acompaña. Un tupido sendero de palmeras y otros árboles y arbustos de hojas enormes flanquean durante kilómetros infinitos el paseo por el río. Conocemos una fábrica artesanal de recolección de miel y otra de caramelos de coco. Depués parada para comer.

Mujer en canoa junto a almacén de cocos

Mujer en canoa

Un trayecto corto del río lo hacemos en canoas guiadas por mujeres, algunas mayores, lugar al que hay que llegar en motocarro. Tras dejar el río nos dirigimos en autobús al hotel, donde tras ducha y cena los que quieran irán al centro de la ciudad, pero eso será para otros, que ya hay bastante con el centro.de Ho CChi Min.

El Delta del Mekong me ha sorprendido gratamente, siendo complicado visitar esta zona por libre, por lo que recomiendo a quien dude que lo realice.

A ver qué tal mañana.

Día 13. Vietnam. Delta del Mekong

Mercado flotante de Cai Rang

Dejamos el hotel a las 06:20h y tras el desayuno salimos en autobús para el embarcadero donde un barco nos llevará al mercado flotante de Cai Rang. Se trata de decenas de barcos en mitad del río en los que se vende de todo. La lluvia hace una tímida a parición, aunque en unos 30 min el cielo se despeja. Multitud de vendedores pasan mercancía de un barco a otro mientras pequeñas embarcaciones se les acercan para comprar. Venden fruta, comida, animales... Y entre tanto ¡nos cruzamos con un reportaje de boda!...

Novios en reportaje de boda bajo la lluvia

Tras esta interesante escena proseguimos el río hasta una zona de selva en la que hacemos u a parada para comer fruta variada, paseamos y coger unas bicis para dar una vuelta por la zona.

Después volvemos en barco hasta el mismo hotel. Comida y vuelta a Ho Chi Min.

Damos una vuelta por los alrededores delbmercado de Ben Thanh y cenamos por la zona.

Así acaba nuestro paseo por este país. Mañana partiremos hacia Myanmar (antigua Birmania).

 

Good bye, Vietnam!

Good Morning, Myanmar!

Gentes del mercado de Cai Rang

Vietnam, una tierra que esconde auténticas maravillas para muchos poco conocidas. País de gentes afables y hospitalarias, tendiendo a la sonrisa altruista y al saludo desinteresado, en el que las cosas salen porque esxiste un caos tan estructuradamebte ordenado que queda poco espacio para el azar. En Vietnam las personas corren mucho, pero el tiempo pasa lento. Trabajadores incansables, como programados, para los que los atajos no existen. Paisajes de cuento. Verdes, amarillos, azules... Frutas de formas imposibles... Caminos impensables que se han abierto paso por doquier con el permiso de la naturaleza. 

Pero el dólar acecha, y gana terreno, implacabe, seduciendo a sus gentes. Vietnam no será igual dentro de diez años, de la misma manera que no lo es ahora con respecto a diez años atrás...

Vietnam engancha. Vietnam enamora. Vietnam espera a que lo conozcas si aún no lo has hecho.

 

 

Adiós Vietnam. Bienvenido Myanmar.

 

Si quieres seguir la parte de Myanmar pasa a la siguiente página (despliega el menú de arriba).