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Rusia. Día 1. San Petersburgo.

Cuatro de la mañana. Anchas avenidas que se pierden a lo lejos guían al intrépido y algo temerario taxista, duro y firme en el regateo, que nos traslada hacia el centro de esta cautivadora urbe. A ambos lados, aceras salpicadas de menor a mayor frecuencia por grandes y austeros edificios de hormigón con cuadriculadas ventanas, frío legado de la arquitectura soviética que nos recuerda al lado comunista de las lejanas vecinas Varsovia y Berlín en aventuras pasadas... Atrás dejamos Córdoba y sus desesperantes 45 grados a la sombra y nos introducimos en una de las ciudades más impresionantes de la Rusia zarista,  a la que Pedro I hizo "Grande", Catalina expandió a Europa y donde Alejandro vio derramar su sangre en donde hoy se erige su iglesia. 

 

Joven ciudad de poco más de trescientos años de comprimida historia, configurada desde su nacimiento para el cumplir el reto, hoy sobradamente conseguido, de impresionar al mundo.

 

Durante un paréntesis, la sombra de un tipo menos conocido como Vladimir, lider bolchevique, hizo que se rebautizase como Leningrado, para volver a ser hace menos de tres décadas, tras los escombros que levantó la caída del muro, la joven, señorial, "heroica" y  mastodóntica San Petersburgo.

 

Con más de cuarenta islas está bañada por el báltico en su golfo de  Finlandia, desembocadura del río Neva, que recorre entre canales cada rincón de la ciudad.

 

Acostumbrada a contar sus históricas batallas por victorias, cada año le viene la derrota en una, la que en Junio libra la noche a la madrugada, y es que en esta época del año todas las noches se hacen "blancas", pues el sol nunca se pone, iluminando cada rincón en cada minuto de sus eternas mañanas...

 

Así comienza nuestra historia en este rincón del mundo... que será la antesala que nos llevará a conocer parte del resto de Rusia. Iremos a saludar a Moscú, y desde allí en el mítico transiberiano traspasaremos los Urales y la siberia más profunda, durante unos cinco mil kilómetros, hasta el recóndito lago Baikal. Y desde allí atravesaremos la frontera con Mongolia, en una ruta que nos llevará, cruzando estepas infinitas, hasta el desierto del Gobi. 

 

Empieza así  nuestra aventura de un mes en Rusia y en Mongolia.

Rusia. Día 2. San Petersburgo.

Catedral de Kazan (interior)

Iglesia de la Sangre Derramada

Quedamos con un taxista para que nos dejase en la estación de Vitebsky. Nos pidió 1000 rublos que fueron innegociables. Esa estación se encuentra a unos 2km del centro y del apartamento en el que estaremos cuatro  noches.  Vamos allí tras ver por internet que tenía consigna y debíamos dejar el equipaje porque hasta las 14:30h no nos daban las llaves del alojamiento. La estación nos trasladó a los años veinte. Se detuvo el tiempo. Estábamos solos, a penas 3 policías rusos. Silencio. El inglés ya no existía como idioma y a duras penas, a la segunda, ayudados por el traductor de google, nos mandaron a un lugar en el que tras una ventanita con un pestillo se supone que podíamos dejar el equipaje. Durante quince minutos los únicos que aparecieron por el lugar fueron un hombre fregando el suelo y un indigente desaliñado que salió de una puerta que pudimos comprobar que comunicaba directamente con el lado oscuro de la fuerza... otra dimensión digna de películas "gore" que no quiero detallar.

El limpiador aporreó la ventana varias veces y al rato nos abrió un señor que aún entre bostezos nos recogió las maletas y mochilas. Quedamos en volver a las 14:00 a por ellas. Nos pidió 1000 rublos por 6 bultos y nos pareció bien ( en internet hablaba de 4 euros por persona). 

 

Junto a la salida se encontraba Dimitri (por ejemplo), otro taxista, redondito, coloradito y con poco pelo y pocos dientes. Nos pidió 1000 rublos por el trayecto y empezamos a pensar que en Rusia nos pedirían 1000 rublos por casi todo (unos 16 euros). Se quedaron en 500 tras una sonrisa cómplice de Dimitri (como reconociendo que se había pasado con lo de los 1000 rublos) y montamos en el taxi, con la luna delantera más rota que la pantalla de mi móvil ( y eso es mucho decir). Nos dejó junto a la Iglesia de la Sangre Derramada, comenzando allí la ruta de este día.

 

La iglesia no abría hasta las 11:00. Entre los árboles aparecieron de repente sus coloridas cúpulas empedradas con forna de gigantes bulbos... dando paso a una imagen extraordinariamente bella, y es que estábamos ante una de esas estampas que no se olvidan. Aún era temprano para las ordas de turistas y el clima era perfecto. Esta iglesia fue erigida a finales del siglo XIX en el lugar en el que Alejandro II fue herido de muerte y es el emblema iconoclástico de la ciudad. Volveríamos más tarde a visitarla.

Siguiente parada: la Catedral de Kazan. Se trata del templo religioso más importante de San Petersburgo, construído a imagen de la basílica del vaticano. Actualmente es la sede del obispo ortodoxo de la ciudad y rinde su culto a la imagen más venerada en toda Rusia, la virgen de Kazan.

Impresionan sus 96 columnas.

Catedral de Kazan

Catedral de Kazan (interior)

Al entrar coincidimos con un bonito rito ortodoxo que contemplamos con respeto. Un coro en lo alto cantaba una especie de gregoriano que dibujaba un entorno único.

Tras desayunar en frente de la catedral fuimos la la plaza del Hermitage (el museo más importante de San Petersburgo), donde quedamos con Lara, una chica rusa que junto con otras 8 personas nos guiará en un Freetour de dos horas por los rincones imprescindibles de la ciudad. 

 

Después nos dirigimos a recoger las maletas y al apartamento. Esperamos a la persona que traería las llaves mientras comimos en un restaurante de nombre "Barcelona", presidido por la imagen de un toro con el fondo de la bandera de España... se ve que hace tiempo que el dueño no se da una vuelta por la ciudad condal... pero moló.

 

Tras recoger las llaves subimos al apartamento. Y al abrir el portal (ya prometía) de nuevo nos dimos de frente con el lado oscuro de la fuerza... una obra arquitectónica del mismo autor que la del apartamento al que fuimos en Cracovia. Y aunque la entrada hasta llegar a la casa daba tambien no para una sino para varias películas, por dentro estaba bastante correcto. Amplio, cómodo y limpio... Bueno, quitando sólo el primer pasillo, estructura compleja indeterminada que aún no sabemos si era pasillo, almacén o museo. En pleno centro.

 

Tras dejar las cosas fuimos a ver el interior de la Iglesia de la Sangre Derramada, impresionándonos por sus altas bóvedas y su decoración hasta el último rincón a base de mosaicos bizantinos dominados por los azules y los dorados... En el centro el lugar donde fue herido de muerte el zar Alejandro II.

Iglesia de la Sangre Derramada (interior)

Unas fotos por la zona y paseito por los alrededores, ya repletos de turistas, hasta la hora de cenar.

 

Temprano para el apartamento y a descansar tras casi 48h sin dormir...

 

Mañana visitaremos el Museo del Hermitage, la catedral de San Isaac y navegaremos por el río Neva.

Rusia. Día 3. San Petersburgo.

Hermitage

Hermitage

Voces en ruso me despertaron a las 06.00. Tras 9 horas de sueño que mi cuerpo consideró suficientes comenzó un nuevo día en la ciudad de Pedro. Tras un café rápido y un croissant en el apartamento, salimos dirección al museo de Hermitage. Se trata de uno de los museos y pinacotecas más importantes del mundo, que Catalina La Grande comenzó a configurar y que guarda millones de obras adquiridas por los zares a lo largo de su historia. Se ubica en el Palacio de Invierno y su espectacular arquitectura enmpequeñece a veces a su variopinto contenido. Durante 3 horas estuvimos recorriendo sus rincones... que no dejan a buen seguro a nadie indiferente.

Al salir comenzamos un paseo de 2.5 km hasta llegar a la fortaleza de Pedro y Pablo, levantada en el mandato de Pedro I, primer ladrillo a modo de ciudadela a partir del cual creció la que sería capital de Rusia durante doscientos años. Paramos a comer algo rápido y entramos al recinto. Impresiona su grandiosa catedral, que guarda los restos de todos los zares rusos, desde Pedro I hasta Nicolás II y su familia. Esta última, asesinada por los bolcheviques la noche de 16 al 17 de julio de 1918, se encuentra separada en una capilla unida a la catedral, con todos sus miembros incluída la pequeña Anastasia Romanov, conocida por los profanos (entre los que me incluyo) más por ser la princesa protagonista de la famosa película de Disney que por su lugar en la historia. Esta película se estrenó en 1997. Un año después se comprobó con pruebas de ADN que la leyenda que se contó durante décadas (y en la que el film se argumentaba), que establecía que la princesa sobrevivió a la masacre y creció con otra identidad, era falsa. Sus restos, por más que a algunos ya no tan niños les pese, están y siempre estuvieron junto a sus padres y hermanos. Una pena para sus fans.

 

Capilla de la familia Romanov

Al salir de la fortaleza la lluvia rusa nos saludaba por primera vez. Y nos saludó con ganas. Cogimos un taxi para llegar a nuestro siguiente destino, la catedral de San Isaac. ¿Precio del taxi?... Efectivamente... 1000 rublitos.

 

La catedral de San Isaac es enorme. Se trata de un templo ortodoxo, el más suntuoso y monumental de esta ciudad, al menos en cuanto a coste, y el más querido por los peterburgueses. Un edificio neoclásico sustentado por cuarenta y ocho columnas y rematado por una cúpula de oro enorme (la cuarta en tamaño del mundo). Su interior, como todo aquí, impresiona. Enormes columnas de malaquita, mosaicos y pinturas dejan sin palabras a más de uno. Se construyó en la primera mitad del siglo XIX y fue objetivo no conseguido de mas bombas de Hitler.

Catedral de San Isaac

Tras la visita cenanos en el cercano restaurante Teplo, acogedor, bien de precio y comida muy buena... recomendable.

 

Al salir... con la lluvia... ávidos taxistas acechaban en manadas a los indefensos viandantes desprovistos de paraguas que se encontraban en los soportales intentando cruzar la calle, deseosos de embolsarse sus 1000 rublitos, como cocodrilos del Serengueti esperando zamparse a un ñu al pasar al otro lado. Pero ni esto es África, ni la lluvia eterna, así q esperamos a que escampase... y paseíto a nuestra lujosa mansión de verano.

 

Mañana toca conocer el metro de San Petersburgo, el Palacio de Pushkin y el crucero que hoy hemos pospuesto por el tiempo.

Rusia. Día 4. San Petersburgo.

Voy mejorando despertares. Ayer fue con las voces de dos rusos detrás de la ventana, y hoy con la música de Anastasia. Y es que "alguien" no pudo superar el trauma de enterarse de la verdad del cuento y decidió rendirle homenaje, veinte años después, madrugando para ponerse la peli en el móvil.

 

Tras desayunar aprovechamos para echar unas fotos en la plaza del Hermitage, pensando que el megaescenario que habían montado estos días para la Copa Confederaciones de fútbol que se celebraba aquí, ya estaría recogido. Pero no... seguía en todo el medio de la plaza, a pesar de lo cual nos las hicimos.

 

Hoy tocaba conocer algunas estaciones de metro que por su ornamentación son dignas de una visita. El metro de San Petersburgo es enorme, y el más profundo de los que yo he conocido, pues su construcción tuvo que realizarse bajo el nivel del río Neva. A la llegada a la taquilla tuvimos que cambiar un billete de 5000 rublos (u nos 80 euros) para pagar 225. La operación, que en otros lugares hubiera sido rutinaria, aquí llevó su tiempo. Y es que nos miraron con lupa el billete... pero cuando digo lupa es con una lupa de verdad... la señora sacó un cacharro con una lente y realizó un estudio histológico digno de una peli de suspense. Pasamos la prueba y entramos al metro. Recorrimos algunas de las estaciones más emblemáticas y entendimos por qué, en esta ciudad y en sobre todo en la venidera Moscú, al metro se le llama "el palacio del pueblo": celosías, columnas, mosaicos y estatuas se pueden contemplar en muchas de ellas.

Metro de San Petersburgo

Volvimos al inicio para tomar una cerveza en el antiguo edificio que ocupaba la famosa fábrica Singer, de máquinas de coser, que aún hoy conserva su nombre. Al llegar todo estaba lleno... Estuvimos por robarle la mesa a Vladimir (por qué no), un individuo de aspecto simple, creemos que en estado vivo, aunque nadie sabe con certeza el tiempo que llevaba allí, o si era de gomaespuma, o si estaba hibernando tras una batalla perdida con el vodka... el caso es que yacía repanchingado, desplomado, casi diría que derramado, con los ojos cerrados y boca abierta, en una silla con una mesa vacía y un libro encima. Optamos por dejarlo descansar  y esperamos otra mesa que conseguimos con las mejores vistas, justo en frente de la catedral de Kazan. Nos tomamos una cerveza rusa bien fría y salimos de allí con cuidado de no despertar al individuo simple, que seguía una hora después en la misma posición, aunque con la boca más abierta, primer y único  signo de vida con el que nos deleitó.

Vladimir hibernando

Fuimos a comer a un restaurante que nos gustó mucho ayer porque se come bien, variado y es rápido, el Marketplace, justo al lado.

 

A las 14.00h salía el autobús que nos llevaría a conocer el palacio más importante de San Petersburgo, el palacio de Catalina o también conocido como palacio de Pushkin. Dignas de mención son las papeleras del vehículo, prueba manifiesta del profundo amor que siente esta gente con el pueblo americano.

Papelera rusa

Los exteriores del palacio te dejan la boca abierta. De un  aspecto muy similar al de Versalles en Francia, sus blancos, azules y dorados, sus jardines, estanques y construcciones constituyen un entorno único que invitan a reconocer la extraordinaria estampa que San Petersburgo presentó a la Europa de los siglos XVIII y XIX.

 

Fuimos guiados por una rusa pelirroja de gran tamaño y de estructura algo compleja que decidimos llamar Pipi Nalgaslargas. Una vez dentro, su salón principal queda para el resto de los días en la retina de todo el que lo contempla. Lástima que la masificación es tal que las colas se hacen eternas y le resta gran parte del encanto al conjunto. También es digno de mencionar el salón del ámbar, copia del original, destruído en la guerra por los alemanes, como casi la totalidad del palacio.

 

Visita indispensable, a pesar de las colas.

Palacio de Catalina

Al volver, compranos en un supermercado y cenamos en el apartamento. Tras dudarlo mucho por el cansancio de todo el día caminando, nos echamos de nuevo a la calle para hacer un crucero por el Neva y pasar bajo sus puentes levadizos. 

 

Comenzó a las 00.45 de la clara madrugada. La tímida anaranjada silueta de una enorme luna en cuarto menguante, que reflejaba la mínima luz para ser reconocida, acompañó nuestro paseo a través de los puentes levadizos iluminados mientras se iban levantando, dando paso a barcos de un tamaño que hasta entonces no había visto tan cerca, entre un sinfín de edificios monumentales también dorados por la luz de los focos. 

Crucero de los puentes levadizos

Dos horas de paseo por otros típicos 1000 rublitos... que para muchos de los pasajeros consistieron en una competición por ver quién daba más cabezazos dominados por el sueño. Hay que decir que el campeón fue un tal "Radormir Papanov", y es que este robusto ruso rubio rapado, influido a buen seguro por el mismo vodka que nuestro amigo Vladimir de esta tarde, y en el mismo estado de hibernación,  nos deleitó con cabezazos desde todas las posturas y distancias,  impasible a las "ostias" (es que no puedo definirlas de otra manera pues me quedaría corto) que le propinaba su mujer. Digno vencedor. Enhorabuena Radormir.

Radormir Papanov

A las 03.00h nos acostamos y a descansar. Mañana conoceremos los enormes y suntuosos jardines del palacio de Peterhof.

Rusia. Día 5. San Petersburgo.

Comenzó algo más tarde de lo habitual la mañana de nuestro quinto día en la ciudad del báltico. El día de hoy ha sido un punto y a parte en nuestro periplo ruso, pues a partir de hoy nos haremos llamar "El comando Rasputín". Rusia necesitaba ayuda... y aparecimos.

 

Todo empezó alrededor de la una de la tarde en la entrada de la concurrida y céntrica estación de metro de Nevsky Prospekt. Nos dirigíamos camino del Palacio de Peterhof para disfrutar tranquilamente se sus jardines, estatuas y fuentes. La lluvia tímidamente nos presentaba su lado más amable, empujando a la masa de gente al resguardo bajo la marquesina de la estación. No nos dimos cuenta, pero tres sospechosos agitanados rusos, de esos alérgicos al jabón y al agua, de piel ácida y roña gran reserva, merodeaban el lugar ávidos de encontrar una víctima a la que robar el bolso. Desde hoy los llamaremos "el clan de los "Robanov". Su cabecilla, poco agraciado en rasgos y para más colmo de pierna débil, es decir, cojo, se llamará Sergei "Patapalov". Éste se acercó a uno de los miembros de nuestro comando con oscuras intenciones, introduciendo la mano en su bolso con la rapidez habitual de los amigos de lo ajeno. Un grito nos alertó, durante un segundo se detuvo el espacio y el tiempo,  para comenzar después la persecución de Patapalov y sus secuaces, que huyeron disimulando sin saber con quién se la estaban jugando. Dos policías rusos que pasaban, de esos grandotes que acojonan, nos preguntaron qué pasaba. Con señas y en tres segundos, entendieron que debíamos sumar fuerzas para acabar con los Robanov. Acababa de nacer el Comando Rasputín. Junto con los polis salimos corriendo en dirección a la catedral de Kazan, apartando a la gente que cruzaba la avenida Nevsky. Íbamos con cuidado para no lastimar a ningún civil (nosotros ya no lo éramos). Un Romanov detectó nuestro movimiento y gritó a sus dos compinches, escapando el primero por otro lado. Pero Patapalov, cual gacela herida, iba más lento que nosotros (es lo que tienen los cojos, que corren menos), y fue a refugiarse entre las columnas de la catedral, pero era demasiado tarde. Lo habíamos acorralado, siendo neutralizado sin resistencia junto a otro de los Robanov. 

 

A los pocos minutos un furgón apareció en la zona. Subieron a empujones y porrazos a Patapalov y su compañero, y detrás varios policías. A continuación lo único que se escuchó fue la paliza que les dieron a los desdichados cacos. Los pobres chillaban de dolor. Al rato salieron los polis sacudiéndose y todo solucionado. Aquí no ha pasado nada. Se ve que por estos lares la cosa funciona así. Y es que hay costumbres que no deberían perderse. 

 

El furgón se los llevó. Nos tomaron los datos, y nos preguntaron... "¿España?". Respondimos: -Si. Ellos, sonriendo, concluyeron: "Madrid, Barcelona... Fernando Alonso". 

Patapalov es neutralizado

Sergei Patapalov mete la pata.

Les dimos las gracias y continuamos nuestro camino, conscientes de que ya formábamos el comando Rasputín, luchadores por mantener la justicia y el orden, y sabedores de que un Robanov había conseguido escapar impune... 

 

El metro nos dejó junto a una parda de autobús público. El 210 nos llevaría durante 25 km a Peterhof. Al montarnos en el bus, el conductor nos pidió 70 rublos por persona (350 en total, pues éramos cinco). Le dimos 500. Sacó un  papel y un lápiz y tras un minuto de hacer cuentas me pidió 340 rublos... como no le cuadraba volvió a estrujar su mente hasta que dio con la solución al problema. Su manejo de la aritmética sin calculadora hizo que  le llamásemos Mihail "Abacov" .

 

En 35 minutos Abacov nos dejó en la puerta de palacio. La escasa lluvia que caía de forma intermitente no impidió que disfrutásemos de la sorprendente imagen que contemplamos. Una de las estampas más conocidas de San Petersburgo: jardines y fuentes escalonados con decenas de estatuas doradas que crean un espectáculo de chorros de agua que se concentran en un canal abajo, el cual comunica directamente con el mar, que se contempla impasible desde el palacio, en el mismo centro del golfo de Finladia. 

Jardines del Palacio de Peterhof

Fuentes del Palacio de Peterhof

Comimos junto al mar, muy bien por cierto, y emprendimos la vuelta a la gran urbe, para detenernos a tomar café en una de las cafeterías más antiguas y lujosas que siguen funcionando en San Petersburgo, en este caso desde 1902.

 

Al fin, los miembros del comando Rasputín, tras un largo día, nos reunimos en nuestro piso franco de la calle Bolshaya, para celebrar la desarticulación y captura del clan de los Robanov. Y asi degustamos un exclusivo caviar ruso en su recuerdo y brindamos por haber contribuído al mantenimiento de la ley y el orden durante nuestra estancia en San Petersburgo.

 

Mañana abandonamos esta impresionante ciudad, digna de la obigada visita de quien aún no la conozca, embriagadora en sus cuatro ejes desde cualquier dimensión con que se mire y pretensión con que se venga. 

 

Nuestro rumbo sigue hacia Moscú. Mañana volamos a las 10:20h.

Rusia. Día 6. Moscú.

Temprano iniciamos nuestra despedida de san petersburgo para llegar con tiempo al avión que nos llevaría a Moscú. Dejábamos atrás una de las ciudades con más encanto de las que hemos pisado. San Petersburgo engancha, emociona... embriaga los sentidos con su majestuosa suntuosidad. Atrás dejamos un montón de experiencias vividas y de historias inacabadas, como todas en la vida, para que los recuerdos las terminen, a su gusto y a su antojo, y engrandecer lo ya enorme. Y por delante, nuestro siguiente destino... la actual capital rusa, Moscú.

A las 11:55h pisamos suelo moscovita. Tras la odisea habitual de encontrar taxi intentando que el timo fuese el menor posible (encontramos uno que nos lo dejó a los 5 en 2000 rublos tras arduas negociaciones), partimos hacia Moscú. De nuevo vastas avenidas sin fin escoltadas por grandes, austeros y cuadriculados edificios. De nuevo comunicación imposible (suerte que el traductor de google ha sustituído al ya antiguamente socorrido lenguaje de señas). De nuevo taxi con luna delantera rota. De nuevo la impresión de estar entrando en una ciudad soviética. Pero Moscú es si cabe más soviética. Y es mastodóntica. Esta ciudad con el paso.de los siglos ha ido creando un conjunto arquitectónico megalómano. Edificios modernos altísimos se mezclan con grandes bloques de pisos, dejando asomar entre ambos  los picos estrellados de las cúpulas, en su mayoria puntiagudas, de importantes edificios históricos fieles espectadores del paso del tiempo. Y sus calles respuran el entorno de ciudad cosmopolita en la que impresiona que domina la fisionomía rusa más estereotipada.  Llama la atención el tráfico, que es un prolema en Moscú, pero el transporte púlico funciona, y lo hace bien. Tal era el descontrol vial que nos bajamos del taxi y nos dirigimos al apartamento a pie los últimos 10 minutos.

 

Bloques de pisos a la entrada de Moscú

Vistas de Moscú

Situado a escasos 15min de la Plaza Roja y del Kremlin, disponemos de una ubicación privilegiada. 

 

Tras dejar las maletas caminamos dirección al Kremlin para visitar la Plaza de las Catedrales. Se trata de un conjunto de edificios religiosos de gran belleza situados en torno a una gran plaza, en la que tuvieron lugar algunos de los eventos más importantes de la Rusia zarista, aunque se levantaron algo menos de un siglo antes de que los zares comenzaran a gobernar.  Desde Ivan el Terrible (primer zar de Rusia), justo mientras Colón gastaba su tiempo en descubrir el nuevo continente, hasta que Pedro I trasladó la sede de la capital a San Petersburgo, fue el centro religioso de todos los zares y las zarinas. Para poder entrar tuvimos que emplear las tácticas españolas más avanzadas en gestión de espera en colas... Vamos que nos colamos haciendo la culebra de manera descabellada a diestro y siniestro en cada una de las filas humanas que se pusieron por delante... si  saber casi a donde iban. El comando Rasputín usa esta técnica a menudo.

 

La visita es agradable. Ayudados por folletos en español pudimos contemplar la recargada y bella decoración interior de estilo bizantino que hacen de estas catedrales un lugar único que bien justifica el paseo. Junto a ellas se puede observar la campana más grande del mundo, que es seguida por la campana de la pagoda de Mingún en el reino de Myanmar, antigua birmania, la cual contemplamos hace menos de un año en aquel país inolvidable. Esta campana rusa fue mandada construir por una sobrina de Pedro I el Grande, durante la prinera mitad del siglo XVIII. Actualmente se encuentra en desuso.

 

Una de las catedrales de la plaza

Desde esta imponente plaza, a otra más aún, la esperada y  bella Plaza Roja. Cerrada al tránsito puntualmente por estar celebrándose un acto oficial, contemplamos la imagen mil veces vista de las bulbosas cúpulas de colores coronando torres de ladrillo rojo. Se trata de la catedral de San Basilio, mandada levantar por Iván el terrible y conservada hasta nuestros días, signo perenne del paso de la historia.

Catedral de San Basilio

Policía ruso en el Kremlin

Paseamos por los alrededores un buen rato. Visitamos las galerías GUM, conjunto de tiendas de selectas marcas, la mayoría de precios con tres ceros (ceros europeos), donde se puede encontrar lo más exclusivo a nivel mundial en ropa, joyas, perfumes, complementos...

 

Tras esto decidimos descansar en una de las terrazas de la zona para tomar un refrigerio, al tiempo que en la plaza del kremlin tenía lugar un sincronizado desfile de cientos de soldados, con su banderita, su música y todo. Digna bienvenida que las autoridades quisiseron brindar al comando Rasputín. Y es que cuando Putin se implica es un tío muy detallista. Gracias Putin.

Recibimiento de las tropas rusas al comando Rasputín.

El día había sido largo y el comando Rasputín, tras el desfile en su honor, tuvo que irse a descansar.

Rusia. Día 7. Moscú.

Tras cumplir una semana de viaje, el comando necesitaba tiempo de relax, por lo que este día lo dedicamos a descansar, pasear y disfrutar de las cosas que cotidianamente no valoramos por considerarlas de escasa importancia. El umbral lo sitúa nuestra mente en función de las necesidades de cada uno. Hay saber disfrutar de lo simple, del simple hecho de estar vivo, porque esa es la verdadera virtud del complejo, y la esencia de la felicidad. Ya lo dijeron las Megaestructuras.

Calle de Moscú

Esquina junto al teatro Bolshoi

Niño ruso paseando

Rusia. Día 8. Moscú

Fiel a mis originales despertares que me invitaron a vivir un nuevo dia en Rusia, esta vez abrí los ojos con el graznido de un cuervo, que se pasea por mi ventana. En Rusia hay muchos cuervos. Cuervos por todas partes.

 

Nos levantamos. Tras un nuevo suculento desayuno en el apartamento a base de tostadas y café, pusimos rumbo a pie hacia el teatro Bolshoi, desde donde partiría el free tour en español al que nos uniríamos. Todo lleno de gente. Algo debía celebrarse pues las calles estaban repletas, muchos accesos al centro estaban cortdos y los militares paseaban en familia con sus mejores galas. Rusia es un país muy patriótico. Los ciudadanos portan con orgullo su bandera en la solapa o con forma de lazo de forma habitual. Desde que llegamos son múltiples las escenas de militares marchando con bandas y jovenes soldados uniforfados que pasean en grupo por cualquier rincón.

Mujer rusa paseando

Jovenes soldados rusos paseando

La apertura de Rusia al mundo es cada vez mayor y la capitalización llega imparable impregnando con sus Mc Donalds y Burguer Kings algunas de las zonas más emblemáticas de la ciudad. No es raro observar a algunos de estos militares tomabdo una hamburguesa en una de estas franquicias americanas a escasos metros de la Plaza Roja.

Soldado ruso

 

Comenzamos el tour a las 10:00h en el teatro Bolshoi, de primera línea mundial, en el que se estrenó El Lago de los Cisnes de Chaicovsky y tuvieron lugar acontecimientos políticos importantes como la disolución de la URSS. Justo en frente se encuentra la histórica plaza de la Revolución y el hotel Metropol. A pocos metros llegamos al Kremlin (fortaleza germen de la actual Moscú), la Plaza Roja, la catedral de San Basilio y el mausoleo de Lenin. Stalin fue desterrado del lugar y reemplazado justo detrás, en pequeñito, y es que en Rusia este personaje no quedó bien visto, sufriendo la ciudad el conocido proceso de desestalinización, por el cual fueron eliminadas sus imágenes y en la medida de lo posible su recuerdo. Después conocimos al mariscal Zhucov (bueno, a su estatua), héroe nacional ruso en cuyo pedestal muchos niños estaban depositando rosas, y la tumba del Soldado Desconocido con su llama eterna siempre viva y vigilada. Por último pasamos por la enorme imagen de Vladimir el Grande para terminar en la catedral de Cristo Salvador, sede de la iglesia ortodoxa rusa, lugar de peregrinación importante, en la que había más de un día de cola para entrar. Incluso para el comando Rasputín fue imposible gestionar tal despropósito... siendo recriminados por un vigilante de seguridad cuando uno de nuestros miembros intentó avanzar por un camino alternativo.

Plaza Roja

Tumba del soldado desconocido

Individuo ortodoxo cerca de la Catedral de Cristo Salvador

A lo lejos, desde la catedral, se observaba la mayor estatua de todo Moscú ( y eso es mucho decir). Quinientas toneladas de bronce dedicada en un principio a Cristóbal Colón, pero por desaveniencias con nuestro país definitivamente acabó representando a Pedro el Grande. Que viva España!

Casi monumento a Colón

Comimos pizzas en un restaurante situado en la plaza de la Revolución y que viendo el nombre seguro no ideó un español: el restaurante Cipolla. Ahí pudimos degustar exquisita agua a 11 euros la botellita de medio litro.

 

Tras la comida fuimos a visitar la Armería del Kremlin, bonito museo donde se pueden ver tesoros, carruajes, armas y armaduras rusas. Las piezas más antiguas datan del siglo XII-XIII.

 

Tras la Armería cogimos el metro para conocer algunas de las paradas más decoradas que hicieron que a esta obra subterránea se la conociera (como en San Petersburgo) como el palacio del pueblo. Lástima que la sensación de inseguridad sea tan alta. El comando Rasputín detectamos varias familias similares al clan de los Robanov merodeando por mas diversas estaciones. No pudimos actuar porque no estábamos de servicio. Y eso aquí es un lío.

Parada de metro en Moscú

Tras un día completito volvimos al apartamento, ya que mañana una parte del comando Rasputín vuelve a España con los informes de las experiencias vividas.

 

Y fuimos despedidos con la solemnidad que nuestro comando se merece. Cientos de fuegos articiales desde el Kremlin nos dijeron adiós. Y es que este Putin cuando se pone...

 

 Sólo dos de sus miembros quedarán en Rusia para adentrarse en la fría y desconocida Siberia. Cuentan que en sus estepas hay varios casos que esclarecer. 

Despedida del Kremlin al comando Rasputín

Rusia. Día 9. Transiberiano.

Fiel a mis originales despertares que me invitan a vivir un nuevo dia en Rusia, esta vez abro los ojos con el graznido de un cuervo, que se pasea por mi ventana. En Rusia hay muchos cuervos. Cuervos por todas partes.

 

 

Nos levantamos. Tras un nuevo suculento desayuno en el apartamento a base de tostadas y café, pusimos rumbo a pie hacia el teateo Bolshoi, desde donde partiría el free tour en español al que nos uniriamos. Todo lleno de gente. Algo debía celebrarse pues las calles estaban repletas de gente, muchos accesos al centro estaban cortados y los militares paseaban en familia con sus mejores galas. Rusia es un país muy patriótico. En la calle la gente porta su bandera en la solapa o con forma de lazo de forma habitual. Desde que llegamos son múltiples las escenas de militares marchando con bandas y jovenes soldados uniforfados que pasean en grupo por cualquier rincón.

 

La apertura de Rusia al mundo es cada vez mayor y la capitalización llega imparable impregnando con sus Mc Donalds y Burguer Kings algunas de las zonas más emblemáticas de las ciudades. No es raro observar a algunos de estos militares tomando una hamburguesa en una de estas franquicias americanas a escasos metros de la Plaza Roja.

 

Comenzamos el tour a las 10:00h en teatro Bolshoi, de primera línea mundial, en el que se estrenó El Lago de los Cisnes de Chaicovsky y tuvieron lugar acobtecimientos políticos importantes como la disolución de la URSS. Justo en frente se encuentra la histórica plaza de la Revolución y el hotel Metropol. A poxos metros llegamos al Fremlin (fortaleza germen de la actual Moscú), la Plaza Roja, la catedral de San Basilio y el mausoleo de Lenin. Stalin fue desterrado del lugar y reemplazado justo detrás, en pequeñito, y es que en Rusia este personaje no quedó bien visto, sufriendo la ciudad el conocido proceso de desestalinización, por el cual fueron eliminadas sus imágenes y en la medida de lo posible su recuerdo. Después conocimos al mariscal Zhucov (bueno, a su estatua), héroe nacional ruso en cuyo pedestal muchos niños estaban depositando rosas, y la tumba del Soldado Desconocido con su llama eterna siempre viva y vigilada. Por último pasamos por la enorme imagen de Vladimir el Grande para terminar en la catedral de Cristo Salvador, sede de la iglesia ortodoxa rusa, lugar de peregrinación importante, en la que había más de un día de xola para entrar. Incluso para em comando Rasputín fue imposible gestionar tal despropósito... siendo recriminados por un miembro de la seguridad cuando uno de nuestros miembros intentó avanzar por un camino alternativo.

 

A lo lejos, desde la catedral, se observaba la mayor estatua de todo Moscú ( y eso es mucho decir). Quinientas toneladas de bronce y dedicada en un principio a Cristóbal Colón, pero que por desaveniencias con nuestro país definitivamente acabó representando a Pedro el Grande. Que viva España!

 

Comimos pizzas en un restaurante situado en la plaza de la Revolución y que viendo el nombre seguro no ideó un español: el restaurante Cipolla. Ahí pudimos degustar exquisita agua a 11 euros la botellita de medio litro.

 

Tras la comida fuimos a visitar la Armería del Kremlin, bonito museo donde se pueden ver tesoros, carruajes, armas y armaduras rusas. Las piezas más antiguas datan del siglo XII-XIII.

 

Tras la Armería gogimos el metro para conocer algunas de las paradas más decoradas que hicieron que a esta obra subterránea se la conociera (como en San Petersburgo) como el palacio del pueblo. Lástima que la sensación de inseguridad sea tan alta. El comando Rasputín detectamos varias familias similares al clan de los Robanov merodeando por mas diversas estaciones. No pudimos actuar porque no estábamos de servicio. Y eso aquí es un lío.

 

Tras un día completito volvimos al apartamento, ya que mañana una parte del comando Rasputín vuelve a España con los informes de las experiencias vividas. Sólo dos de sus miembros quedarán en Rusia para adentrarse en la fría y desconocida Siberia. Cuentan que en sus estepas hay varios casos que esclarecer. 

Gorki Park

Para los interesados seguiremos con el Transiberiano en la pestaña espeífica de Siberia.