Dia 1. Kenia: llegada a Nairobi.

Desde arriba todo se reduce a colores. Muchas horas en el cielo. Los ocres y amarillos dominan el monótono dibujo que en su reparto el mundo otorgó a los países de la península arábiga, cuyo manto de arena y polvo se desgarra con la abrupta aparición de decenas de rascacielos con forma de agujas que nos saludan abriéndose paso entre las nubes desde Dubai, escala para continuar rumbo a un país distinto a todos los que habíamos pisado. Esta vez el destino nos dirige en una primera parada hasta Kenia, cuna de pueblos ancestrales y morada de especies de animales salvajes que aún viven a salvo de las barrabasadas humanas.

 

Filas de miles de pequeños cúmulos de nubes nos dejan entrever que los ocres y amarillos empiezan a hacer un mínimo espacio para que el preciado verde juegue también sus cartas. Largos ríos de aguas marrones serpentean a sus anchas la infinita sabana. Pocas casas. Menos carreteras. Y al otro lado vigilando... el azul abrazo del a veces revoltoso Océano Índico, el cual conoceremos mejor en las semanas siguientes en nuestras próximas paradas, visitando dos de sus joyas: por un lado la hermosa isla de Zanzíbar en Tanzania, conocida como la isla de las especies; y por otro, la verdadera perla del índico... la lágrima de La India, antigua Ceilán, la encantadora Sri Lanka.

 

Ese será nuestro viaje. Treinta y tres días, treinta y tres páginas en blanco donde ir insertando anéctotas, recuerdos y expectativas cumplidas.

 

Empieza así un nuevo viaje... ¡¡Que se abra de nuevo el telón... y que comience al fin el reto!!

 

Llegamos a la capital, Nairobi. Ciudad caótica. Los párpados pesan. Sólo rozaremos las afueras. Mañana partimos a las 06.30h hacia la reserva de Samburu, donde comienzan las áridas y desérticas tierras del norte keniano. Viajaremos por el santuario de los kikuyu, la tribu más numerosa del país, rodeando el monte Kenya, morada de su Dios, y la segunda cumbre más alta de África. Pasaremos por la línea del ecuador. Por la tarde haremos nuestro primer safari en la Reserva. Pero todo eso será mañana... A descansar. 

 

Dubai desde el cielo

Día 2. Kenia. Samburu.

Hoy es festivo en kenia. Se celebra el día del que fue el 2° presidente keniata. Salimos rumbo a Samburu en una ruta de 6 horas que nos llevará hacia el norte atravesando pueblos, selva y sabana. A pesar de ser festivo, hay mucha gente de todas las edades que desde temprano camina por los arcenes entre aldeas... Ropas de colores llamativos, dignas de cualquier chiringuito playero, visten de alegría la pobreza que a menudo dejan vislumbrar las construcciones de los poblados y ciudades que cruzamos. Y entre cada grupo de casas vemos puestos de fruta, algun pastor con ganado, plantaciones de café, maiz, hortalizas... pero sobre todo nos acompaña el saludo continuo de los lugareños que al grito de ¡"Jambo"! (hola en swagili) nos dan la bienvenida.

 

Tras un par de horas el paisaje tropical comienza a convertirse en sabana, desapareciendo las plataneras y aumentando su número las acacias, que con su forma típica de paraguas y con sus nidos de pájaros tejedores van dibujando la típica estampa que muchos tenemosnen mente cuando imaginamos estos rincones.

 

Atravesamos el ecuador terrestre. A lo lejos el monte Kenia, el segundo más alto de África con más de 5000 metros, que nos indica que el destino está más cerca. Tras dejar atrás el monte atravesamos una de las zonas más pobres de Kenia. Centenares de personas de varias tribus, de aspecto muy humilde y de fácil sonrisa, se reúnen en los mercados de las ciudades. Coexisten religiones y etnias. Las casas cada vez más dispersas.

 

Llegamos a Samburu. Un parque nacional que alberga en libertad cantidad de animales.

 

Tras la comida y un baño en la piscina comenzamos nuestro primer safari, aunque si atendemos a la forma de conducir del amigo que nos lleva quizás deberíamos llamarlo rally Samburu. Ha sido una experiencia inolvidable poder observarvar a escasos metros de nosotros jirafas reticuladas, cocodrilos, guepardos, una familia de leones, cebras, Impalas, Órix... y hasta el esquivo y solitario leopardo colgado encima de nosotros en la rama de una enorme acacia.

 

Y al volver, un atarceder de ensueño, con el cielo anaranjado por el sol que encontraba su escondite, quebrando sus úlrimos rayos con las acacias que nos regalaban su fotogénica silueta.

 

Cena en el hotel.

Día para el recuerdo.

Leopardo en acacia

Jirafas comiendo en Samburu

Safari al atardecer

Día 3. Kenia. Samburu.

El sonido de los madrugadores pájaros de Samburu nos invita a pasar un nuevo día en la reserva para continuar contemplando esta maravilla natural. Nos esperan los paquidermos y todos aquellos que quieran mostrarse a nuestro paso.

 

Salimos temprano. Saludamos a un grupo de jirafas, varios orix que escapan a toda prisa de algún posible peligro, una manada de impalas que se cruza con otra de baduínos y pájaros de todos los colores...

 

Nos dirigimos al río con la esperanza de poder pasar un rato junto a los elefantes. Tras un largo camino la presencia de otros dos vehículos parados nos alerta de que están cerca. Un grupo de unos treinta ejemplares aparece entre los arbustos en su lento camino hacia el agua. Al frente las hembras, que junto a cuatro crías son las primeras en cruzar. Los machos las siguen de cerca. Durante más de media hora observamos a estos impresionantes animales, impasibles a nuestra presencia, sólo perturbados por algún ave traviesa que se pasea entre el enjambre de patas.

 

Tras nuestro encuentro con los elefantes nos dirijimos al poblado nómada de los Samburu, una de las tribus que habita las tierras del norte de Kenia. Africa está dividida en 44 tribus. Cada keniata pertenece a una de ellas. Nos recibe el más longevo de los samburu y nos explica el modo de vida de su gente. Conocemos las chozas donde viven temporalmente. Las mujeres y los hombres solteros nos dedican cantos y bailes y los niños juegan y se hacen fotos con nosotros. Gente simpática, abierta y alegre. Una experiencia bonita, lejos de otras turistadas de otros lugares de aventuras pasadas.

 

Tras comer en el hotel salimos a otro safari. Los animales están descansando. Vemos de nuevo elefantes, jirafas, varios herbívoros, aves... pero los "gatitos" (como los llama Rufus, nuestro guía) no aparecen. Los paisajes del atardecer junto al río suplen la carencia de felinos. De vuelta al hotel. Cena y a dormir pronto que mañana dejamos Samburu y ponemos rumbo al lago Nakuru.

Elefantes en Samburu

Líder de tribu Samburu

Vía láctea sobre campamento en Samburu

Dia 4. Lago Nakuru.

Hoy nos espera una larga ruta hacia el lago Nakuru, en el valle del Rift, una enorme grieta verde que se extiende durante más de 9000km desde Israel hasta Mozambique. En su curso ríos y lagos van intercalándose entre la multitud de aldeas que lo conforman. Impresiona ver la estampa. El lago Nakuru es uno de ellos. Su volumen de agua se ha duplicado en los últimos 4 años, y sigue ganando en capacidad, quedando inundada la antigua entrada el parte. Si la situación continúa se plantean cerrarlo a las visitas. Dicen que en unos 200 años se espera que el vasto socavón que forma el valle del Rift se inunde por completo. Pero nosotros nos volvemos antes.

 

En Nakuru habita la colonia más grande de flamencos y una de las agrupaciones de rinocerontes más importante de Kenia. Además otros muchos animales costituyen la rica fauna de este lago. El camino es largo. Al poco de nuestra salida el majestuoso monte Kenia nos vigila desde lo más alto. Debemos rodearlo hasta llegar al valle. Este monte es sagrado y se ha asociado a la vida y las religiones de Kenia desde el inicio de las primeras organizaciones humanas. Multitud de niños, algunos de 3 o 4 años, andan solos kilómetros hasta las escuelas.

 

Nos adentramos en la Kenia más profunda, esa que podemos imaginar pero que impresiona conocer. Las pequeñas aldeas que cruzamos, en medio de un clima semidesértico, son algunos de los ejemplos más palpables de pobreza que nos hemos cruzado en nuestra vida. Y en este punto me refiero a pobreza, no a personas humildes. Esa gente lo pasa mal. Nuestro vehículo se avería y debemos parar en varias ocasiones, probablemente porque una piedra ha roto el radiador. Esto nos obliga a detenernos en tres de estas aldeas donde habitualmente no paran los turistas. La pericia del conductor que también hace de mecánico soluciona pasajeramente el problema. En la última parada tenemos que esperar a que nos recoga otro coche, pues los remiendos que Álex hábilmente ha realizado al vehículo ya no nos permiten recorrer más de 20 minutos seguidos. Allí permanecemos unos cuarenta minutos. Todos nos miran. Aquí sonríen menos. Nosotros también sonreímos menos. Tienen otras preocupaciones. Las personas de este lugar también hablan menos. Permanecen sentados junto al arcen y en las puertas de casitas hechas con palos, nos observan girando los ojos sin mover la cabeza y ven pasar el tiempo. Pobablemente hace mucho que dos rubios no ponen sus pies en este lugar. Atraviesas estos pueblos y te preguntas muchas cosas. Difícil respuesta.

 

Llega el otro vehículo con otros dos viajeros que se dirigen al mismo hotel que nosotros y venían casualmente detrás nuestra. Son una pareja de Málaga muy simpática, recien jubilados, con los que compartimos risas y anécdotas durante el trayecto.

 

Hacemos una parada en la línea del ecuador terrestre, donde vemos cómo cambia el giro del agua con el polo magnético terrestre. Curioso pero meramente turístico. Las tiendas de recuerdos tienen precios prohibitivos. De 20 a 30 dólares por un llavero de plástico hacen que hasta el más ávido regateador desista ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo medianamente lógico. Ya ni preguntamos.

 

Seguimos rumbo a Nakuru haciendo una última parada en las cataratas Thompson. Un espectacular salto de 76 metros de agua en mitad de un paisaje tropical. Los ingleses pusieron el nombre a esta cascada en honor al que ellos decidieron que las había descubierto, porque en aquella época las cosas no se descubrían hasta que un europeo las pisaba. Inglaterra perdió la guerra de la independencia con los keniatas hace más de 60 años, pero aún mantienen bases militares, explotación de extensos terrenos para cultivo, islas privadas de recreo, aeródromos para particulares... y el inglés como lengua oficial del país. Cosas que pasan.

 

Una hora después llegamos al lago Nakuru. Tenemos el tiempo justo para comer y salimos de nuevo a un safari por el lago. Conseguimos ver un león en la rama de un árbol, montones de búfalos, alguna jirafa despistada, decenas de baduínos e impalas.

 

Bajamos al lago y a lo lejos tiñen de rosa la orilla varios miles de flamencos que dan a la escena un toque de documental de "la 2", pero esta vez no en el sofá, sino de pie escoltados por un guarda con un fusil que vigila porque un puñado de búfalos y algun rinoceronte están pastando a unos 300 metros de donde estamos, y en estos lugares no hay vayas ni cercas. Un grupo de cigüeñas marabú son testigos de la escena. Nos ha faltado ver desde más cerca los flamencos y los rinocerontes. Mañana intentaremos conseguirlo. Ha sido un día completo lleno de emociones fuertes... asi que a cenar y a dormir en el fantástico Flamingo Camp.

Monte Kenia al fondo

Lago Nakuru

León en rama de árbol en Nakuru

Avestruz en Nakuru

Día 5. Kenia. Nakuru-Naivasa

A las 07:00h hemos quedado con Rufus y Álex con las maletas preparadas en la puerta. Vamos a hacer un último safari por Nakuru antes de poner rumbo al lago Naivasa.

 

Tras contemplar unas envidiables vistas desde lo más alto del lago ponemos rumbo a la orilla, donde estuvimos ayer y donde a esta hora deben concentrarse según Rufus nos indica los animales comiendo. Durante el trayecto nos saludan de nuevo los baduínos, los búfalos, los monos azules, los impalas, las cebras y algún antílope enano.

 

Conforme nos acercamos al lago podemos observar varios rinocerontes blancos rodeados de cebras, impalas y búfalos... y al fondo el manto rosa de flamencos con sus patas metidas a medias en el agua. Nos acercamos más. Dejamos el vehículo. El guarda nos vuelve a acompañar con su fusil a lo más cerca de la orilla que se puede caminando, y cámaras en mano podemos disfrutar de un rato a solas con todos aquellos flamencos, a unos 80 metros de ellos, miles y miles... El sonido peculiar que emiten, el saber que estás de pie rodeado de todos esos animales, la brisa que te despeina a su antojo y el olor a verde y a mojado hacen de este sin duda uno de los mometos más espectaculares del viaje. Te hace sentirte un auténtico privilegiado.

 

Así nos despedimos de Nakuru. Y otra vez con la pena de saber que es muy probable que nunca vuelvas a pisar aquel lugar.

 

Ponemos la meta en el siguiente destino, el lago Naivasa, una de las zonas de Kenia donde se puede contemplar a los hipopótamos en su hábitat natural. Tras unas 2 horas de camino llegamos al lago. Una barca nos espera vaya ir a buscar hipopótamos, que viven en gran número en esas aguas. No tardan en apararecer los caballos de agua, asomando a ras del agua sus orificios nasales para tomar aire. Un grupo de tres se encuebtra fuera de la orilla. El barquero nos deja justo al lado y nos acompaña con precaución a verlos de cerca. La sensación de estar a escasos 15 metros de esos animales y escuchar hasta cómo respiran también se queda para el recuerdo.

 

Vemos al martín pescador y al águila pescadora africana cazar peces en directo. Cormoranes se cruzan a ras del agua a sus anchas. Sobre el agua se elevan las ramas secas más altas de cientos de árboles que se han ido inundando con la crecida continua de este lago, donde se posan las aves del lago, y entre ellas de vez en cuando algún hipopótamo vuelve a asomar el hocico, dando al entorno un aspecto único.

 

Nos dirigimos a una isla con forma de semiluna en la que en 1986 se rodaron algunas escenas de la película Memorias de África. Aún sigue el la pista de aterrizaje realizada para tal fin. Llevaron además a la isla animales para el film, y ya nunca los sacaron. Allí conviven ñus, jirafas, impalas... entre los cuales caminamos tan cerca que nos sentimos por un momento parte de una nueva secuela de Jurasic Park. Estamos prácticamente solos (acompañados por Rufus) en la isla durante una hora. Las nubes vaticinan tormenta. Se escuchan los primeros truenos, por lo que volvemos a la barca y regresamos al coche para llegar al hotel después de un puñado de increíbles experiencias.

 

Y cuando parecía que el día llegaba a su fin... llegamos al hotel. Un lugar de ensueño abierto al lago donde los animales campan libres a su antojo. Un auténtico lujo poder pasar un día en este lugar. Hemos podido pasear de nuevo entre esos animales, con la precaución pertinente y la vigilancia de personal de seguridad para evitar cualquier susto. Día inmejorable. Horas de relax, cena y al sobre...

Flamencos en el lago Nakuru

Rinoceronte en el lago Nakuru

Hipopótamo en el lago Naivasa

Pelícanos en el lago Naivasa

Dia 6. Kenia. Masai Mara

Hoy madrugamis menos. A las 08:00 iniciamos la ruta hacia Masai Mara, que significa en swagili "tierra moteada de los que hablan el dialecto ma". Se trata de la reconicida hace 4 días como la mejor reserva animal del mundo. En ella se encuentran en cantidad multitud de herbívoros y sus depredadores. Durante las cinco horas de camino pasamos por una zona de volcanes en activo, apeciándose varias fumarolas a lo lejos.

 

Hacemos una parada en la capital de los masais (de cuyo nombre ni quiero acordarme), donde aprovechamos para comprar unos recuerdos (importante no pagar más de la mitad de lo que piden).

 

A la 13:00h llegamos a Masi Mara. Un paraíso para los amantes de la naturaleza. Un reino donde el ser hunano es mero espectador de la maravillosa interacción entre los animales. De repente te topas de frente con lo que muchas veces has visto en documentales. Y es que hay zonas del mundo donde esa es la norma. Masai Mara es probablemente el mejor exponente de ello.

 

Nos encontramos en un campamento en mitad de la sabana, con tiendas muy bien acomodadas en un entorno salvaje sin igual. Sólo estamos 3 parejas. Aquí tampoco hay cercas ni vallas. Los animales (todos) pasean a escasa distancia de donde estamos. Para salir de la tienda tenemos que ir por seguridad acompañados. Durante la siesta una leona se pasea por delante con las fauces teñidas de sangre tras pelearse con un grupo de hienas por repartirse una presa.

 

Nada más salir en busca de animales encontramos un ñu que Rufus y Álex han visto morir mientras nosotros estábamos descansando. Nos cuentan que probablemente ha sido una serpiente venenosa la causante del exitus del mamífero. Acaba de ocurrir y aún no hay rastro de carroñeros. A los pocos minutos, acechando a una legión de ñus se encuentra un leopardo, para nuestro gusto el animal más bonito de la sabana, y uno de los más difíciles de encontrar por ser nocturno, solitario y acostunbrar a estar en las ramas de los árboles. Poco más lejos un grupo de leones merodean alrededor del río. Unos duermen, otra cuida a sus cachorros, otros beben, incluso uno más joven llora porque ha perdido al resto de la manada. Estar a escasos metros (en ocasiones centímetros) de estos animales impresiona, haciéndote sentir vulnerable y a la vez privilegiado por pertenecer a la minoría que ha tenido la suerte de poder conocer esta fantástica versión de la vida. Poco a poco empezamos a reconocer el sonido de cada animal. Durante las tres horas que estamos de safari vemos miles de herbíviros paseando por la planicie de Masai Mara. Paz... silencio... libertad...

 

Al volver, una hiena se acerca al ñu que yacía muerto. Guiada por el hambre rasga la piel del animal y comienza a devorarlo. En cinco minutos otras 5 hienas se acercan, de las que 3 participan del festín. Y nosotros solos al lado contemplando la escena, escuchando las dentelladas de las hienas en la carne y huesos del herbívoro. Simplemente impresionante.

 

23:00h: todos duermen. Yo escribo estas letras. Al ladito de la tienda algo se está comiendo a algo. Se escuchan los mordiscos. Distingo el agudo grito de las hienas. También a un león. Mil sonidos, en los 360 grados. Y nosotros en medio, testigos directos del impresionante anochecer de la madre naturaleza.

 

Mañana a las 06:00h saldremos antes de desayunar para realizar un safari de 2h y media, antes que los demás vehículos de otros campamentos salgan.

Leopardo en Masai Mara

Hiena mosqueada en Masai Mara

Hienas devorando ñu en Masai Mara

Día 7. Kekia. Masai Mara

Hipopótamos. Lo que escuchamos ayer eran hipopótamos segúel muchacho que nos acompaña al salir de la cabaña. El sonido de la sabana antes de salir el sol es único.

 

Nos levantamos muy temprano para hacer un safari de madrugada. Tras cambiar Alex una rueda pinchada salimos en busca de lo quiera cruzarse.

 

A pocos minutos se encuentra una pareja de guepardos descansando al sol. Leones y más leones salpican el manto amarillo y verde de la llanura. Impalas, antílopes, búfalos, gacelas, mangostas, facópteros, ñus, jirafas, cebras, elefantes, buitres, águilas... A lo lejos se elevan los globos para ver amanecer desde el cielo (mañana lo haremos nosotros).

 

Hoy cambiamos de campamento para pasar los dos últimos días. Quedamos con el hombre encargado de la empresa de los globos y concertamos nuestro paseo. A las 05:30h mañana sobrevolaremos Masai Mara para ver amanecer desde el cielo!!

 

Por la tarde salimos de nuevo a exolorar la reserva. Los mismos animales de la mañana pasean. Es la gran migración de los herbívoros, y se dirigen hacia Tanzania. Una bandada de unos 15 biutres acechan desde la copa de una gran acacia, en espera se que el apetito vuelva a activar su instinto, el cadáver en descomposición de un enorme hipopótamo que yace desde hace 2 días junto al río. Más de dos mil kilos de carne aseguran el menú para los carroñeros que se acerquen a esta zona durante varios días. Justo al lado varios leones duermen parte de sus 18 o 20 horas de sueño diarias.

 

En otra parte más retirada del mismo río volvemos a ver más leones y nos topamos con un grupo de unos 12 hipopótamos, que juegan y se bañan en el río. Junto con los integrantes de otro safari nos bajamos del coche a contemplar la escena desde cerca. Rufus, Álex y los otros guías permanecen detrás vigilando. Vivimos otro de los momentos más intensos hasta el momento. Estar a muy pocos metros de estas bestias siendo testigos de su increíble fuerza y escuchar sus sonidos en el hábitat más salvaje mejor conservado del mundo nos vuelve a situar a la cabeza de los privilegiados.

 

Volvemos a saludar a dos leones de oos que vimos antes, que siguen a lo suyo...

 

De nuevo al campamento con la adrenalina por las nubes y con la sensación de haber vivido otro día más para el recuerdo. Mañana tras el viaje en globo pasaremos el día entero en la sabana, con picnic en medio de este entorno único, en busca del río Mara, donde gran cantidad de animales cruzan en su periplo migratorio.

 

Tras una agradable cena donde nos despedimos de nuestros amigos malagueños, que mañana vuelven a casa, y de unas videollamadas a la familia nos vamos a nuestra tienda a descansar.

  

Lala Salama (buenas noches)!!

Cebras comunes en Masai Mara

León en Masai Mara

Hipopótamo en Masai Mara

Hipopótamos en el río en Masai Mara

Día 8. Kenia. Masai Mara.

Comenzamos a las 05:00h nuestro último día de safari. Mañana será el día de vuelta a Nairobi para coger el vuelo rumbo a Zanzíbar.

 

Justo al amanecer ascendemos en globo dejando bajo nuestros pies el Masai Mara. Es nuestra primera experiencia en este medio de transporte y nos sorprende la absoluta estabilidad de la cesta. Las vistas son indescriptibles. Vemos bajo nuestros pies las manadas de ñus y de cebras corriendo con la imagen de fondo de un puñado de globos de colores en un radio de varios kilómetros de distancia iluminados color naranja por los primeros rayos del sol del la mañana. Atravesamos la sabana durante una hora contemplando grupos de elefantes y jirafas, una pareja de chacales en torno a los restos de lo que parece un ñu, leones que a esa altura son difíciles de distinguir y sobre todo un montón de paisajes a los que cualquier explicación haría poca justicia.

 

Tras el paseo en globo nos traen de vuelta en coche. Un frenazo lo detiene porque a lo lejos se pasea entre unos arbustos un imponente rinoceronte negro, el último animal que nos faltaba por ver. En todo Masai Mara hay en torno a 20 ejemplares, estando desde hace años en serio peligro de extinción. Una suerte con la que no contábamos. Desayunamos en mitad de una llanura con botellas de champagne. Allí nos recogen Rufus y Alex para poner rumbo al río Mara y conocer la vida de la zona.

 

Nada más salir pasamos unos minutos a solas con un guepardo que nos regala un bostezo de película. Junto al río una gran manada de ñus intentando varias veces cruzar sin éxito por estar plagada la zona de hipopótamos y cocodrilos. Un buitre apura el reluciente esqueleto de un ñu. Hoy comemos en mitad de este paraíso, bajo la sombra de una acacia y escoltados por ñus, antílopes topi y cebras.

 

Tras la comida seguimos la ruta. Jirafas, avestruces, una enorme iguana, familias de facópteros, gacelas Thompson y algunos más son los últimos amiguitos de la sabana que saludamos. Ha sido un día largo. Volvemos cansados al hotel.

 

El safari ha terminado. Han sido 9 días llenos de momentos irrepetibles, que marcarán nuestro recuerdo dibujando una inevitable sonrisa al evocar cada uno de los instantes que hemos vivido en este país.

 

Mañana saldremos a las 06:30 rumbo a Nairobi. Un trayecto de cinco horas que nos devolverá a la capital, donde comenzó nuestra aventura. Comeremos en el restaurante "Carnivore", donde pueden degustarse carnes de animales que crecen en granjas como la avestruz y el cocodrilo, entre otras muchas más habituales. El consumo de carne de animales salvajes está estrictamente prohibido en todo el país. Esta historia llega a su fin...

Globos sobre Masai Mara

Rioiceronte negro en Masai Mara

Guepardo en Masai Mara

Cocodrilo en el río Mara

Día 9. Kenia. Nairobi. Fin del safari.

Hoy termina este cuento, que comenzó hace más de un año cuando empezamos a plantearnos este destino.

 

Gracias a la empresa "Masikio Safaris" y a José Luis por hacerlo posible y por su perfecta organización con un organigrama cumplido al cien por cien y con estancias de ensueño. Pero sobre todo gracias a Rufus y a Álex, fieles compañeros que nos han guiado por cada rincón de esta aventura. Su capacidad para conducir por terrenos a veces indescriptibles, sus continuas explicaciones y su capacidad sobrehumana para solucionar problemas y para ver animales donde nosotros sólo distinguíamos hierba, han hecho más mágica esta experiencia. Sin duda si alguien lee estas letras y está interesado en realizarla, os recomendamos esta emoresa y solicitar hacerlo con ellos.

 

Este viaje nos ha mostrado un país que desconocíamos. Hemos atravesado Kenia de norte a sur. Hemos conocido sus pueblos y su gente. La naturaleza más salvaje nos ha abierto sus puertas y hemos salido asombrados.

 

Esta es una de esas experiencias que marcan para siempre, un almacén de momentos que volverán a tomar vida de forma silenciosa en nuestras mentes en esas situaciones en las que te sientes privilegiado al pensar sin hacer ruido que tú estuviste allí, que tú respiraste aquello, que una pequeña parte de tu concepción del mundo ha cambiado para siempre.

 

Kenia se muestra pura, lejos del ajetreo de la globalización de las redes, como un oasis en mitad de un mundo que va más deprisa.

 

Kenia nos mostró su lado triste, la cara pobre de sus tierras del norte, pero también la sonrisa y la amabilidad de su gente. Nos mostró un reino en el que el ser humano no es quien decide, sino el curso de lo natural, donde la vida siempre se abre paso.

 

Hemos visto que en todas las especies existen abrazos, besos, enfados, llantos y juegos. Y también que la muerte es necesaria para que la historia continúe.

 

Hemos vuelto a comprobar la suerte que tuvimos al nacer en donde las cosas son más sencillas. Y también, una vez más, que la felicidad de un pueblo es directamente proporcional a la humildad de su gente.

 

Y a partir de ahora, cuando las cosas se compliquen, volveré a verme de pie, entre las dos filas de asientos de una furgoneta sin techo, con las manos apoyadas en los laterales y mi cámara al cuello, con Rufus y Alex implacables en la parte de alante, y yo con pies firmes resistiendo la fuerza del aire empujándome hacia atrás, buscando en cada matorral, en cada orilla, en cada matojo de hierba y en cada sombra la esencia de lo simple, la que rige el reino del instinto, la que dejamos olvidada en nuestra carrera hacia el progreso y la que Kenia nos ha mostrado con sus animales, sus paisajes, sus gentes, sus olores, sus espacios, sus tiempos y en definitiva, con el abrumador poder de su asombrosa e impactante naturaleza.

Con Rufus y Álex en la furgoneta