Día 9. Zanzíbar. Kendwa.

Tras la experiencia en Kenia toca descansar otros 9 días en Zanzíbar (Tanzania). Conoceremos algunas de sus playas, su capital, el bosque Jozani con su exclusivo mono rojo de colobo, sus fondos marinos, sus mercados y sus gentes...

 

Tras varias horas de espera en el aeropuerto llegamos a Stone Town, capital de la isla. Aquí nos recoge Marbella (así se hace llamar), con quien contacté a través de internet para concertar varias visitas por la isla.

 

Todo está oscuro. El calor pesa, tal y como ocurre en los países cercanos al ecuador. Mucha humedad.

 

En una hora y media llegamos a Kendwa, en el norte de la isla, donde pasaremos los prineros 5 días. Son las 23:00h.

 

Aquí no existen las prisas. La frase más repetida es "pole pole" (tranquilo) y "hakuna matata" (no hay problema), que suelen ir seguidas. Y la primera sensación es que es exactamente así. Aún no sabemos el itinerario que seguiremos. Mañana hemos quedado con Marbella en preparar el organigrama de visitas.

 

Tras un día muy largo toca descansar. A las 09.00h comienza esta segunda aventura.

Día 10. Zanzíbar. Stone Town e isla Prisión

Zanbíbar es una isla tropical repelta de altas palmeras y plataneras. Vegetación por todas partes. Playas de arena blanca y aguas azul turquesa. Su dibujo nos recuerda a Ngapali en Myanmar. Pero a diferencia, lo subsahariano y lo árabe se mezclan creando una escena que aún no habíamos contemplado.

 

La vida de esta gente es más solvente que la de kenia. Se respira un ambiente más alegre, en parte quizás por el mayor número de recursos. Agricultura, pesca y turismo impulsan la zona. Una mezcla de culturas con la común unión del histórico influjo de lo árabe.

 

La mescolanza de esta región se explica por su ajetreada historia. Los mercaderes persas comenzaron el comercio en esta zona en el siglo X con Arabia, India e indonesia, convertiéndose en un rico estado que exportaba marfil, oro, madera y esclavos (llegó a ser el principal país en venta de esclavos), a cambio de especias, vidrio y telas. Con el clima favorable, el cultivo de esas especias que fueron importadas se extendió en Zanzíbar, constituyéndose con el tiempo en piedra angular en el comercio de este género y siendo conocida actualmente como la isla de las especies.

 

En el siglo XIX Gran Bretaña y Alemania se repartieron África oriental y Zanbíbar quedó en manos inglesas, aunque los sultanes continuarían ostentando un poder simbólico con la venia inglesa hasta la independencia en 1963.

 

Un golpe de estado en 1964 derribó al sultán impuesto por los británicos, firmando un tratado de adhesión a Tanganica, en el continente africano, que pasó a llamarse Tanzania (Tan por Tanganica y Za por Zanzíbar). Desde entoces las ideas independentistas no han cesado, aunque políticamente las aguas están calmadas.

 

Zanzíbar sigie conservando dos presidentes, uno en la isla y otro en Tanzania continental.

 

Fue por tanto por los comerciantes persas y árabes por los que llegó el islam, que aún perdura en todo el archipiélago, junto con sus bellos estilos aquitectónicos sobre todo en la capital.

 

Las callejuelas laberínticas de la parte antigua de Stone Town llenas de gente ybrepletas de pequeños comercios, los edificios desgastados y sucios que reflejan el implacable paso.del tiempo y su mercado central en el que venden casinde todo, otorgan a la capital un tibte especial, que engancha al visitante que nl puede dejar de mirar de un lado para otro.

 

Además de Stone Town hemos ido en barco hasta la cercana isla Prisión, llamada así porque se construyó en ella un recinto para albergar a los esclavos en cuarentena para que no se propagasen las infecciones. Hoy está en desuso. Sólo un hotel de reciente construcción abandonado continúa allí. Lo interesante de este lugar es que está habitado por un enorme número de tortugas gigantes. Las islas Seychelles regalaron dos ejemplares en el siglo XIX, y se fueron reproduciendo hasta convertirse en un curioso reclamo turístico en un entorno de ensueño. La más longeva de estas tortugas tienenhoy 194 años, con su caparazón deformado por la caída de un arbol hace décadas.

 

Tras este bonito encuentro en que hemos podido dar de comer a los animales, volvemos a Stone Town para conocer su fortaleza, su iglesia anglicana y la casa donde nació Fredy Mercury. La casa de las maravillas, otro lugar de interés turístico que se usa como museo, se encuentra actualmente en rehabilitación.

 

Aprovechamos la tarde para hacer algunas compras por los mercadillos del centro antiguo, siendo el regateo fundamental. Se pueden comprar en Zanzíbar exactamente las mismas cosas que en kenia, pero 2 o 3 veces más baratas si tienes paciencia y estás acostumbrado a negociar. Un bonito dia que nos ha encantado gracias a la inestimable compañía de Marbella.

 

Cenamos en un italiano que hay en una calle de bares junto al hotel.

 

Fin del décimo día.

Niña musulmana en Stone Town

Gente junto al mercado de Stone Town

Tortuga gigante en Prision Island

Dala Dala (bus) de Stone Town a Kendwa

Día 11. Zanzíbar. Isla Kwale.

Por la mañana temprano salimos hacia el sur camino de la isla Whale. Unos 200 metros antes de la isla existe un banco de arena de unos 200 m cuadrados. Marbella controla bien los tiempos. Sabe que muchos turistas harán lo mismo, por eso salimos antes. Nos montamos en un barco para nosotros dos. Tras media hora se ve el banco de arena blanca rodeado del turquesa del índico. Nadie ha llegado aún, lo que nos permite disfrutar de un espectáculo visual. Era justo lo que buscábamos al pensar en una playa para descansar tras el safari. Estar allí sin nadie es un auténtico privilegio.

 

Comemos frutas y bebemos un gran coco. Durante más de una hora no aparece nadie. Toca disfrutar del baño.

 

Poco dedpués nos adentranos unos 300 metros hasta donde se encuentran unos pequeños arrecifes con corales y peces de colores para hacer snorkel. Bajo el agua, a una profundida de entre 3 y 6m merodean multitud de peces, muchos alentados por la fruta que Marbella les va echando desde el barco. Llegamos los primeros y nos fuimos últimos. Otro momento para recordar... y ya van unos cuantos.

 

Muy cerca se encuentran unisnde los manglares de agua salada de la isla. Otro baño ennlos manglares y de nuevo al barco.

 

Ponemos rumbo a Kwale, donde nos espera una mariscada enorme hecha a la parrilla con género recien cogido del mar. De frente sólo arena, mar y algunos barquitos de madera. El homenaje que nos damos es antológico: langostas, calamares, gambas, langostinos, pulpo, cigalas... hasta no poder más. La sensación de reventar de comer langostas y que sobren en la bandeja mola.

 

Tras la comilona una hora de siestecita bajo la sombra de uno de los arbolitos de al lado. Y después andamos unos metros para ver un árbol milenario. Es un enorme baobab, el más antiguo de Zanzíbar, que hace mucho fue derribado por un tsunami cayendo al suelo. Las raíces continuaron bajo la tierra y el árbol siguió creciendo en horizontal y vertical. El diámetro de de unos 5 metros. Toca volver al hotel después de un largo día de sol y agua.

 

El camino que hacemos por cuarta vez hacia Kendwa, en el norte, desde Stone Town, por la carretera, es uno de los escenarios mas sugerentes para fotografiar de todos lo que he visitado hasta el momento por el mundo. Ves la vida cotidiana de esta gente. A cada paso se escapa una posible foto, pero no puedo aportar registros, pues en Tanzania la gente no se deja fotografiar fácilmente, y unido a que en un coche en movimiento usar la cámara no es lo más indicado, las fotografías las llevaremos para siempre en nuestra mente. Pagaría por que darme unas horas en ese camino captando decenas de momentos que sé que serán difíciles de reencontrar. Llegada al hotel. Vemos un bonito atardecer desde la playa.

 

Después, dos ensaladas para cenar y a la cama, que mañana a las 06:00h salimos hacia la costa del sur a intentar avistar delfines y al bosque Jozani, único lugar del mundo donde habita el mono rojo de Colobo. A ver qué encontramos.

Barco en banco de arena junto a Kwale

Parrillada de marisco en la isla de Kwale

Snorkeling junto a la isla Kwale

Baobab en Kwale

Atardecer en Kendwa

Día 12. Zanzíbar. Kizimkazi, bosque Jozani y Pingwe.

Temprano nos levantamos para atravesar Zanzíbar y llegar hasta el sur, hábitat natural de familias de delfines. Nuestra intención es buscarlos y nadar con ellos. El camino es largo pero los paisajes compensan la espera.

 

Llegamos a Kizimkazi. Marbella ha quedado con un muchacho que nos llevará en su lancha en busca de los animales. Durante una hora vamos a todo trapo en la lancha porque los delfines se han alejado. A lo lejos la presencia de otras 4 o 5 lanchas nos indica que merodean cerca. Es espectacular la manera de buscarlos. Esta gente está tan acostumbrada que los ve mucho antes de que nosotros lo intuyamos. Han detectado algo. De repente todas las lanchas arrancan el motor y sigue a todo trapo su estela. Deben calcular la dirección que llevan y adelantar a cierta distancia de ellos, intentando dejarnos en el lugar donde van a pasar para que de tiempo a nadar al menos unos metros junto a ellos. Llegado al punto que creen acertado paran todas las lanchas y casi literalmente te empujan al agua, con gafas, tubo y aletas. Te sumerges y allí los ves. Durante 10 o 15 segundos, a unos 3 o 4 metros de profundidad, podemos nadar tan cerca que casi los tocamos. Durante una hora pudimos hacerlo varias veces. Es cansado pero ni te das cuenta hasta que acabas. Si hay suerte la experiencia será inolvidable.

 

Durante la vuelta estamos pletóricos. Y es que son muy pocos los lugares en el mundo en los que se puede nadar con delfines en libertad. Impresionante.

 

Cambiamos delfines por monos. Ponemos rumbo al bosque Jozani, donde habita un mono que no se puede ver en ninguna otra parte, el Colobo rojo. Es un animal que se ha adaptado al clima y los frutos de los árboles de este parque y es endémico de la zona. Hay unos 2900 ejemplares. El bosque es muy frondoso y hay que salirse un poco de los caminos para encontrarlos, con cuidado de no toparnos con algún bicho complejo tipo boa o mamba negra que también viven aquí y que por suerte no llegamos a conocer. Los ruidos entre las hojas de los árboles delatan a los simios. Se ven varios sin mucho esfuerzo. Cara negra, cola larga y lomo anaranjado-rojizo. Desde hace más de quince años que junto con unos compañeros de promoción intentamos sin éxito hacer este viaje, habíamos estado bromeando a cerca de este mono... reto conseguido... ¡¡¡por fin lo he visto amigos!!! Además del mono pueden verse extensos manglares de agua salada.

 

Tras ese cambio de contrastes toca comer. Y qué mejor que hacerlo en uno de los mejores y más exclusivos restaurantes de Zanzíbar, "The Rock". Se encuentra cerca de Pingwe, construído encima de una roca rodeada de agua, en un entorno idílico, agua por todas partes y la arena más blanca que nunca hemos visto. Uno de los lugares más bonitos que he pisado. Un barquero cruza continuamente los 30 o 40 metros que lo separan de la orilla cuando la marea está alta. Gracias a Marbella que al comentárselo nos reservó el sitio y nos llevó hasta allí. Las vistas al océano índico son una auténtica maravilla. Aquí te das cuenta de que esa mezcla de azules que has visto en fotos pero que creías que eran resultado del photoshop, resulta que existe y forman parte de una realidad que te deja una vez más sin palabras. Comida exquisita. El mojito en la terraza, casi místico. El precio acorde con el lugar. Indispensable.

 

Y después de todas estas cosas toca volver a Kendwa y descansar. Compramos algo para picar, nos vamos a la habitación y a descansar. Otro día para enmarcar. Mañana será un día de relax en la playa del hotel.

Mono rojo de Colobo en el bosque Jozani

Restaurante The Rock

Día 13. Zanzíbar. Kendwa.

Nos desperramos a las 07:00h sin despertador. Estamos ya mimetizados con el entorno. Hoy toca playa, y estamos en una de las mejores de toda la isla, en su zona noroeste.

 

Tras desayunar damos un paseo hasta el cercano pueblo costero de Nungwi. Se encuentra a unos dos kilómetros y esa ruta es conocida como una de las más bonitas que pueden realizarse. La costa repleta de palmeras en todo su recorrido, la arena blanca y los azules del agua, mezclado con el rutilante rojo de las ropas de los masai que pasean ofreciendo actividades a los turistas, son el motivo. Hay que realizar el camino con la marea baja, pues cuando sube desaparece. Se inunda gran oarte del trayecto, y no existe otro camino que no sea la arena (el de la parte de arriba da un rodeo de varios kilómetros). Al llegar a Nungwi nos informamos en una empresa de buceo española para conocer los fondos marinos de Mnemba, una isla situada en la parte noreste de Zanzíbar y que se conoce como uno de los mejores lugares para realizar una inmersión, por la enorme cantidad de vida que contiene. Tenemos poca experiencia (sólo tres inmersiones), pero no podemos dejar escapar esta oportunidad. No nos detenemos más porque la marea ya está cerrando ya el paso. De hecho en uno de los puntos la arena ya ha desaparecido y tenemos que pasar por el agua.

 

Durante el resto del día estamos en la playa y en la piscina anexa a ella del hotel, con un paréntesis para volver a comer al italiano (La Fontana) que está a unos 100 metros. Vemos atardecer con un malibú con piña en mano y cenamos en la misma playa. Día de absoluto y merecido relax.

 

Mañana cambiaremos de hotel. Conoceremos el lado noreste. Pondremos rumbo a Matemwe, frente a la isla de Mnemba. Marbella nos llevará a las 16:00h.

Jóvenes Masai en Kendwa

Atardecer en Kendwa