Chile y Bolivia

En esta nueva aventura, que realizaremos durante el mes de Octubre de 2019, atravesaremos Chile. Viajaremos desde el Norte hasta el Sur de este impactante país, de Atacama al estrecho de Magallanes.

Desde Santiago volaremos rumbo al Desierto de Atacama, el más árido del planeta, que nos mostrará en el altiplano andino su cielo más limpio, considerado uno de los mejores observatorios astronómicos del mundo.

Cruzaremos la frontera con Bolivia  para atravesar la Reserva Eduardo Avaroa entre llamas, guanacos y vicuñas para conocer sus volcanes, géiseres y lagunas en busca del majestuoso Salar de Uyuni, el desierto de sal más grande conocido, que separa el blanco y el azul con la delgada línea de un horizonte privilegiado.

Volveremos a Santiago sólo para continuar el viaje hacia la parte Sur de la región de los Lagos, donde inicia su espectacular recorrido la Patagonia chilena, la cual conoceremos en su parte norte conduciendo por la Ruta Austral durante 16 días en una aventura que nos llevará desde Puerto Montt hasta Cochrane en un camino de ida y vuelta, donde atravesaremos canales, estuarios, parques de alerces milenarios, lagos, volcanes, fiordos y cascadas. Saludaremos a lobos marinos, focas, pingüinos, pelícanos, cormoranes y demás habitantes de estos terrenos, atravesaremos bosques, y navegaremos entre témpanos de hielo en busca de lugares escondidos libres de la huella humana.

Caminaremos sobre glaciares en el Campo Hielo Norte y escucharemos el crujido de los casquetes de hielo desprendiéndose.

Más allá de Villa O´higgins no existe ruta terrestre hacia el Sur, pues Chile se despedaza en montones de islas que no están conectadas entre sí, por lo que retrocederemos por tierra hasta el inicio de la ruta para continuar por aire al extremo sur del planeta.

Así, de vuelta en Puerto Mont volaremos a la Patanonia Sur, casi cinco siglos después de que lo hiciera Fernando de Magallanes, quien dejó su nombre al estrecho que separa los océanos Atlántico y Pacífico, por el que navegaremos en busca de los simpáticos pingüinos magallánicos, que habitan en decenas de miles en Isla Magdalena. Conoceremos algunos glaciares de Campo Hielo Sur y pondremos rumbo hacia el Parque Nacional Torres del Paine, con algunas de las rutas de senderismo más espectaculares que pueden realizarse, donde inmensas moles de granito en forma de agujas se elevan hasta el cielo en un entorno de belleza sinigual. 

Paraterminar nuestra aventura patagónica atravesaremos la frontera argentina conduciendo hacia El Calafate, donde haremos noche para saludar temprano al majestuoso Glaciar Perito Moreno y, con su permiso, caminar por sus blancos y azules.

Un mes que nos regalará experiencias que a buen seguro permanecerán a resguardo del tiempo en el lugar de nuestra mente, cada vez menos vacío, reservado para albergar nuestros mejores recuerdos.

Os invitamos a seguir una vez más nuestro camino! 

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Día 1. Vuelo a Santiago de Chile.

Aparece a lo lejos el esperado verde en la parte sur de un horizonte curvo, durante horas camuflado entre dos azules casi gemelos.

Desde lo alto, el continente americano en su hemisferio austral, desprovisto de nubes, nos muestra su cara más nítida. Sobrevolamos Brasil. Comienza el increíble espectáculo de la naturaleza. Una fiesta de colores con escasos invitados pero con exquisito gusto para mezclarse, donde el tiempo y la evolución pautaron las caprichosas normas del juego. El azar quedó para otras cosas.

La línea que separa Bolivia y Paraguay nos sirve de guía para colarnos en Argentina. Desde su extremo noroeste, sin avisar, nos permite contemplar cómo la tierra, ajena a la disputa entre fronteras que ha caracterizado ésta y otras muchas partes del mundo, se resquebraja en dos por la majestuosa cordillera de los Andes, constituyendo la separación natural de las tierras argentinas y chilenas.

Las nubes dibujan un mar blanco entre el que asoman las nevadas cumbres del Aconcagua.

Tras doce horas y media de vuelo (o cinco películas) llegamos a Chile. Traslado al aeropuerto y cena ligera para comenzar la ruta mañana muy temprano rumbo al desierto de Atacama.

 

Día 2. Chile. San Pedro de Atacama.

Temprano ponemos rumbo hacia el Norte. Durante el vuelo conocemos a Jonny, un simpático venezolano que nos cuenta la realidad de la penosa situación que vive su país, del cual tuvo que salir hace 7 años para buscar mejor suerte. Sólo escucharle asusta.

En la última parte del trayecto de dos horas que separa Santiago de Calama (aeropuerto situado a 98km de Atacama), aparece un infinito mar de arena y piedra. Se trata de uno de los desiertos más grandes que existen y el más árido del planeta. Desde el cielo impresiona.

Tras una hora de transfer llegamos San Pedro de Atacama, un pueblo que nace en los Andes a 3000 metros sobre el nivel del mar, como un oasis en medio de la nada, cuya historia comienza con los primeros asentamientos humanos hace más de 10000 años. La llegada del imperio Inca hace 600 años les transmitió sus costumbres, que se mantuvieron hasta que los europeos colonizaron estas tierras, manteniendo a duras penas algún resquicio de su cultura indígena. Casas de adobe enmarcadas en un recinto amurallado se han mantenido hasta nuestros días gracias en gran medida al turismo internacional, pues San Pedro se rodea de auténticas maravillas geológicas dignas de visitar.

Un paseo por este pequeño enclave de escasas calles repletas de restaurantes, agencias de viajes, bicicletas y tiendas de recuerdos nos lleva en pocos minutos a la plaza central, donde conocemos su iglesia, construída hace 300 años usando adobe y madera. Y al fondo, custodiándolo todo, la imponente figura del volcán Licancabur, de 5900 metros de altura.

Hechizados por la montaña comenzamos a andar para tener una perspectiva despojada de casas y gente, saliendo del pueblo hasta encontrar una zona deshabitada en la que contemplamos una hilera de montañas y volcanes con cumbres nevadas que forman parte de la cordillera andina. Absolutamente solos permanecemos allí una hora.

Comemos unas empanadas, muy típicas y muy buenas y seguimos nuestro rumbo. Cambiamos euros a bolivianos, cambiamos nuestra tarjeta SIM española por otra chilena, compramos agua y algunos snacks para el tour que haremos mañana y nos pasamos por la agencia para cerrar la excursión.

La región de Atacama posee uno de los mejores espacios conocidos para contemplar el cielo. Tras descansar en el hotel cenamos por la zona y nos dirigimos a otra agencia, para iniciar un tour astronómico. Nos llevan a las afueras, y nos quedamos maravillados con el cielo más espectacular que hallamos visto nunca. Y hemos visto muchos. Puntos brillantes rellenan todo el campo visual. Estrellas fugaces lo cruzan. Las constelaciones zodiacales aparecen desde aries al este a escorpio la oeste, atravesada por la línea elíptica orbitaria de los 8 planetas, el sol y la luna. En el hemisferio sur el cielo es diferente. Hasta nuestro satélite, desde hace tres días creciente, se muestra diferente, pues es cóncavo hacia arriba. Por primera vez saludo a Próxima Centauri, nuestra vecina más cercana, y a las nubes de Magallanes, que equidistan con el polo sur celeste, alrededor del cual gira todo el cielo en esta mitad del globo. Con potentes telescopios vemos la luna, Júpiter con cuatro de sus lunas, Saturno con sus anillos, la galaxia Andrómeda, cúmulos de estrellas y nebulosas... Otra experiencia que será difícil olvidar.

Mañana comienza el tour de 4 días y 3 noches hacia la ciudad boliviana de Uyuni.

 

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Volcán Licancabur desde San Pedro de Atacama

Vía Láctea desde San Pedro de Atacama.

Calle de San Pedro de Atacama.

Día 3. Bolivia. Reserva Eduardo Avaroa.

Nos espera una ruta larga en 4x4, en la que conoceremos en los siguientes tres días dos de los rincones más impresionantes de Bolivia, la Reserva Eduardo Avaroa y el Salar de Uyuni.

Nos recogen en el hotel. Compartiremos está experiencia con Fernâo y Carolina, un joven y encantador matrimonio que está atravesando Bolivia rumbo a Perú, él brasileño y ella chilena.

Son pocos los kilómetros que nos separan de la aduana, situada a escasos metros de donde comienza su ascenso el volcan Licancabur, que con sus 5930 metros es uno de los picos más altos de esta zona. Estamos a 4000 metros sobre el nivel del mar.

A las 09:00h nuestra furgoneta se encuentra en la frontera boliviana con el vehículo en el que viviremos esta nueva aventura por el suroccidente boliviano. Adalid será nuestro guía y conductor. Natural de la ciudad de Uyuni conoce a la perfección la zona.

Viento apocalíptico. Frío brutal. Sobrevuelan gaviotas, estáticas en el aire intentando vencer sin éxito la fuerza del aire. Pasas cinco minutos fuera del vehículo y dejas de sentir los dedos. Pronto nos damos cuenta que nos esperan unos días con pocas comodidades, pero con la sensación ya conocida de que la experiencia merecerá la pena.

Sellamos los pasaportes. Nos recibe Bolivia. Escondida entre los Andes se encuentra la Reserva Eduardo Avaroa. Es el altiplano andino, que atravesamos con sigilo intentando no despertar la furia de un planeta que aquí grita a voces que está vivo, pues en este lugar se notan los latidos de una geología hibernada, pero expectante, hasta que la llegada un nuevo rugido nos vuelva a poner en el lugar que nos corresponde. Y es que te sientes insignificante avanzando entre interminables hileras de volcanes, muchos de ellos activos. Porque aquí, todas las elevaciones que rompen el horizonte son volcanes, y entre ellos amenazantes fumarolas, géiseres y aguas grises humeantes que brotan del suelo burbujeando, formando pequeñas lagunas de un espeso líquido gris oscuro que hierve. Fuera cada vez hace más frío, menos diez grados, y también cada vez menos oxígeno.

Y entre tanta movida, avanzamos por una gran llanura silenciosa salpicada con enormes piedras de caprichosas formas que parecen haber sido puestas a propósito por algún ser gigante, pero no son sino el vestigio de erupciones de un pasado terrestre alborotado. Esas formas surrealistas se agrupan descansando en dunas en una zona conocida como el desierto de Salvador Dalí, por la similitud con alguno de sus cuadros. No hay carreteras. Sólo caminos de tierra y piedras que son atravesados con frecuencia por remolinos de viento que se ven a lo lejos en varios puntos al mismo tiempo...

Pero el escenario es una maravilla. Te sientes privilegiado de estar aquí. Más aún cuando entre tanto disfraz volcánico, te tropiezas con termas naturales y gigantescas lagunas de diferentes colores en las que conviven distintas especies de flamencos y otras aves, junto a la silenciosa presencia de llamas, vicuñas y viscachas que vemos desde el vehículo.

Estas aguas de colores son la laguna blanca, la laguna verde y la laguna colorada. Sus tonos dependen del predominio de un mineral más que de otro, y de la acción de bacterias que con su metabolismo nos regalan este juego de tonalidades, alguno de los cuales nunca había contemplado.

Subimos a un mirador desde donde ver la laguna colorada. El viento en su momento más violento. Me ato el gorro para sujetar las gafas por el riesgo a que salgan despedidas. Sacar algo del bolsillo es arriesgado. Nadie habla. Imposible escuchar nada que no sea el zumbido ensordecedor del aire. Pero al llegar arriba la estampa que se dibuja es única. Una laguna enorme (es la mayor de la reserva) de color entre marrón y rojo con cientos de flamencos de pico amarillo, cuerpo rosado y patas rojas es la antesala de un imponente volcán. En las zonas donde el nivel del agua es más bajo asoman oasis de tierra blanca. Y en la orilla, la mezcla de arena negra volcánica y matorrales verdes otorgan al conjunto un encanto especial. Allí paso media hora sentado en una piedra, con las botas medio hundidas en un barrizal blanco, fotografiando a escasos metros a mis queridos flamencos.

Vuelta a la ruta. Durante unas siete horas recorremos estos parajes. Reserva Eduardo Avaroa, impresionante museo de la naturaleza.

Llegamos al pueblo donde pasaremos la noche. Molestias de cabeza y malestar típicos del mal de altura forman parte de las conversaciones entre la gente. Se mitigan en parte con infusiones de coca, chachacoma y otras hierbas...

Mañana continuaremos la ruta que nos llevará en dos días al salar de Uyuni.

 

Geiser Sol de Mañana. Reserva Eduardo Avaroa.

Laguna termal de Polques. Reserva Eduardo Avaroa.

Laguna Colorada. Reserva Eduardo Avaroa.

Flamencos en Laguna Colorada. Reserva Eduardo Avaroa.

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Día 4. Bolivia. Rutas altoandinas.

No levantamos algo más tarde. A las ocho de la mañana desayunamos y cargamos las mochilas en el auto para seguir conociendo Bolivia.

Hoy toca una zona conocida como rutas altoandinas. Recuperamos a Cristina, que nos ha dejado claro en el día de ayer que lo del mal de altura a veces pasa.

Dejamos atrás poco a poco los volcanes y nos adentramos en una zona rocosa caracterizada por enormes moles de piedras de origen volcánico, gargantas con ríos serpenteantes, lagunas y acantilados.

En la primera parada peculiares formas pétreas nos prestan sus contornos para escalar y fotografiar escenas típicas de películas del oeste. Vemos la copa del mundo y el camello entre otras muchas formaciones, y paseamos por la conocida como Ciudad Perdida, formada enormes pilares rocosos que parecen edificios, con sus avenidas y ventanas. Cada uno subía donde podía. Fernâo siempre un poco más alto que cualquier otro humano. Un valiente.

Seguimos hasta la laguna Vinto, donde llamas, flamencos, patos, gaviotas y otros pajarillos conviven en un entorno con mucho encanto.

Otra laguna nos espera, y en esta ocasión una de las más bonitas junto con la colorada. Se trata de la Laguna Escondida o Laguna Negra (por el color oscuro de su agua). No te imaginas que pueda existir tal escenario en ese lugar de apariencia inhóspito. Y es que ascendiendo entre grandes bloques de roca, donde parece que no puede haber nada, se abre un espacio verde con una laguna que presta su agua a un enorme prado habitado por decenas de llamas, con gansos andinos, diversas aves y finos riachuelos que contornean la llanura, custodiada por acantilados que proporcionan sombra y resguardo del viento. Un oasis en un mundo de piedra.

Comemos los cinco junto a la laguna y nos ponemos en marcha en dirección al Cañón de la Anaconda, una garganta enorme muy profunda con un acceso de vértigo en cuyo fondo un río serpentea a todo su través, otorgándole el nombre. 

Después Adalid pone rumbo a uno de los platos fuertes de todo viaje y  uno de los motivos por los que decidimos cruzar a Bolivia, el Salar de Uyuni.

En unas tres horas llegamos a un hostal hecho de sal, bastante bien acondicionado. Es la entrada al salar, a escasos veinte minutos de coche. Por fin encontramos wifi para dar señales de vida a nuestros mundos y nos vamos a la cama que mañana hay que ver amanecer en el salar de Uyuni y el sol no espera.

 

Laguna Escondida.

Laguna Vinto

Flamenco en laguna.

Cañón de la Anaconda

Día 5. Bolivia. Salar de Uyuni.

Noche cerrada aún al montarnos en el todoterreno. Nos espera un amanecer en el Salar de Uyuni, una de las maravillas naturales más evocadoras del planeta.

Tras veinte minutos las ruedas del vehículo pisan un manto blanco poco apreciable todavía. El horizonte se viste de anaranjado. Paramos el coche. Los primeros rayos de sol iluminan un océano infinito de sal. Nunca había visto algo así.

El movimiento de la placas tectónicas que levantó la cordillera de los Andes, provocó en esta región la formación circular de una hilera montañosa de origen volcánico que dejó atrapado una gran porción de mar que inundó todo lo que hoy se conoce como altiplano bolivinao. El agua llegó hasta ciento cincuenta metros por encima del nivel actual de la sal. Lentamente, durante cientos de miles de años el agua de ese lago salado se fue evaporando, quedando su sal poco a poco en una "pequeña" zona más declive, constituyendo el salar más grande conocido, con mayor extensión que países como Puerto Rico, con ciento cuarenta kilómetros de largo, noventa kilómetros de ancho y ciento veinte metros de profundidad, de los cuales los primeros diez son de sal sólida y el resto de una mezcla de agua, tierra volcánica, lava y minerales. En la época de lluvia, la fina capa de agua que se acumula actúa a modo de espejo, en el que el cielo se refleja en la tierra. En la época seca, que es en la que nos encontramos, la sal se dispone dibujando hexágonos o pentágonos que se suceden hasta donde la vista alcanza.

Cinco toneladas de sal salen cada día del salar, destinadas al consumo interno de Bolivia, pues no existen demandas de sal en otros países para exportarla. La industria se está dirigiendo, con la colaboración del gobierno, en extraer el litio que se encuentra dentro para destinarlo a otros usos, como la creación de coches que funcionan con baterías de litio.

Y en mitad del salar, la isla de Incahuasi. Un antiguo volcán habitado por miles de cactus, algunos de hasta ocho metros, al que subimos hasta su cima, desde contemplamos el salar en los trescientos sesenta grados, sin nada que alterarse su plana figura. El único lugar donde tuvimos esa sensación fue en la estepa mongola.

Este salar impresiona. Sobrepasa todo lo esperable. Un regalo de la geología.

Hasta hoy, y sólo después de un arduo debate, ocupa el segundo lugar más bonito que hemos contemplado, casi empatado con los templos de Bagan en Myamar.

Tras la isla de Hincahuasi salimos para realizar la esperada sesión de fotos y vídeos originales, práctica de moda en los viajeros que llegan hasta aquí. Cogemos un bote de patatas y otro de cacao y damos rienda suelta a nuestra creatividad. Muertos de risa con el resultado.

Tras el salar visitamos el cementerio de trenes de Uyuni, fotogénico lugar donde decenas de antiguos vagones oxidados descansan para siempre. Fue el primer lugar al que llegó el ferrocarril.

Uyuni es una ciudad de Bolivia que está creciendo de forma exponencial gracias al turismo que genera el salar. Treinta y cinco mil habitantes llenan sus calles. Turistas de todo el mundo hacen su parada en este lugar.

Llega el momento de despedirnos de Carolina y Fernâo. Ellos siguen su aventura boliviana y nosotros volvemos a San Pedro para proseguir nuestra ruta chilena. Los acompañamos a buscar un billete de bus hacia La Paz. Ha sido una suerte encontrar a dos personas como ellos. La vida te cruza con gente que la hace más bella. Esta pareja es de este tipo de personas. Coincidiremos quizás en algún lugar en un futuro. Suerte en la vida amigos, y hasta la próxima. Nos decimos adiós (o hasta otra) en la agencia de Uyuni, donde nos recoge otro conductor, pues Adalid también nos deja. Ponemos rumbo hacia San Pedro, con parada de nuevo en Villamar para hacer noche. Mañana día largo de regreso en todoterreno y avión.

 

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Amanecer en Uyuni. Time lapse.

Noooooo!!!!!

De bote en bote. Salar de Uyuni.

Isla Incahuasi. Salar de Uyuni.

Salar de Uyuni

Cementerio de trenes. Uyuni.

Despedida de Carolina, Fernâo y Adalid.

Día 6. Bolivia. Regreso a Santiago.

La parte que menos gusta de los viajes es la vuelta. Hoy nos toca madrugar para volver en coche en una ruta de unas cuatro horas hasta la frontera con Chile, pasar la aduana, Transfer de una hora al aeropuerto y vuelo a Santiago de Chile. Pero las vueltas son menos pesadas cuando se disfruta del paisaje. Poco a poco, por un trayecto más directo diferente al que realizamos para llegar hasta Uyuni, en camino nos muestra un resumen de lo vivido en este país.

La parte suroccidental de Bolivia guarda tesoros naturales al alcance de sólo unos pocos escogidos en el globo. Se muestra virgen, como si el ser humano no hubiera podido aún clavar aquí su bandera.

Sus gentes, de rasgos autóctonos muy marcados, guardan con recelo la esencia de sus costumbres ancestrales, como si se hubiese detenido el tiempo hace un par de siglos. Vestimentas típicas que no buscan el dólar del turista sino que son el día a día de muchos.

Pueblos muy sencillos con unas de las infraestructuras más básicas que hemos conocido, aunque con la suficiente autonomía para producir lo necesario para vivir de forma digna.

Gente buena y humilde, consciente de que por algún motivo, allende las fronteras el desarrollo ha ido más rápido, y probablemente la vida también ha sido desde hace décadas más sencilla, lo que agudiza una picaresca en el boliviano en relación con el foráneo que a veces incomoda, algo así como si les debiesen algo. No sé hasta qué punto pueden incluso llevar razón.

Volcanes, fumarolas, géiseres, termas, lagunas del mil colores, acantilados rocosos, mares de sal...

La abrumadora tranquilidad de la bella Laguna Escondida, el vaivén de los flamencos en el escenario de colores de la laguna colorada y la inmensidad pintada de blanco del salar de Uyuni, encabezan el puñado de recuerdos que asomarán en mi mente cuando hablen de Bolivia.

Llegamos a Santiago. Ducha tranquila, vuelta a la comodidad. Cena de aniversario y a descansar que mañana volamos a Puerto Montt, donde recogeremos nuestro coche para iniciar la ruta Austral que nos guiará durante 17 días por la patagonia chilena.

 

Mujeres bolivianas junto a la estación de Uyuni.

Mujeres en el cementerio de trenes

Día 7. Chile. Ruta austral. Km 0-80.

Quedamos con el transfer al aeropuerto a las 04:00h. Nuestro vuelo sale a las 06:10h rumbo a Puerto Montt, desde donde parte la ruta austral.

Esta ruta se comenzó a construir hace algo más de 40 años por orden de Pinochet. Hasta entonces a los territorios más al sur de Chile se accedía a través de Argentina. Los conflictos con este país motivaron la necesidad de crear una vía de unión entre los pueblos más australes del país.

Se trata de una de las zonas más aisladas que existen, atravesando ríos, glaciares, bosques, fiordos... Tardaron dos décadas en realizarla, si bien a día de hoy siguen adecuando los caminos.

Une la ciudad de Puerto Montt con Villa O'Higgins en un total de 1240 km de los cuales solo unos cuantos están asfaltados, siendo en su mayoría de ripio, siendo en algunos tramos obligatorio el uso de ferrys para salvar los recodos de la costa.

Es catalogada como una de las rutas más hermosas del continente americano. Completarla requiere organización pues solo en contados lugares encontramos gasolineras o cajeros automáticos.

Nada más llegar quedamos con la persona responsable de la empresa de alquiler de coches que nos entregará el vehículo para completar esta nueva aventura. Es un Suzuki Grande Nómade 4x4.

Salimos a validar los billetes para uno de los ferrys de ida y vuelta que habíamos reservado desde España.

Después visitamos el mercado de Angelmo, conjunto de puestos de artesanía y comida junto al mar, donde probamos en un puesto dos ceviches de salmón y mariscos. Pasamos un rato agradable que acortamos porque empieza a lloviznar y estamos a veinte minutos del coche.

Compramos comida y bebida en un supermercado, que llevaremos con nosotros para algún desayuno o para cuando no encontremos lugares donde parar.

Cuando nos preguntan donde vamos todos hacen gesto de sorpresa y nos dicen que los parajes que veremos sin únicos e visto impresionantes. Estamos deseando...

Llegó el momento. Nos ponemos en marcha. Empieza nuestra aventura por la ruta austral. La primera etapa es de 80 km hasta el pueblo de Hornopiren, que se encuentra en la salida de una barcaza a la que deberemos subir mañana con nuestro coche para llegar al siguiente destino. Ese ferry es el único que tenemos sacado previamente pues las plazas son limitadas y solo salen dos al día. Pero eso será mañana. Ponemos rumbo a Caleta La Arena, donde tomaremos el primer ferry, que sale cada 45min.

Algún cóndor que sobrevuela nos da la bienvenida. Al llegar sacamos el billete y esperamos media hora, que aprovechamos para comer unas empanadas de centolla y gambas con queso en un puesto recomendado en los foros llamado El Boliche de las Empanadas. Apoteósicas. El trayecto en barco dura unos treinta minutos, en los que vemos algún lobo marino asomar el lomo a lo lejos.

Al volver a tierra proseguimos hacia Hornopiren, donde pasaremos la primera noche. El asfalto deja paso a caminos de ripio (gravilla) con importantes agujeros que hay que esquivar. Varios tramos en obras hacen la ruta algo más lenta. El camino es estrecho. Tiene las huellas de las ruedas los coches que la cruzan. Pero pasan tan pocos coches que solo hay tres huellas. La línea de en medio es la misma para los.de ida y para los de vuelta. Hay que ir despacio, a unos 30km/h, pero no tenemos prisa y disfrutamos del paisaje. Lo que vemos es muy bonito. Grandes montañas con picos nevados contornean un océano Pacífico en llamativa calma, pues las islas y la zigzagueante costa amortiguan el efecto de las ondas de agua. Todo es verde. Casas tipo cabaña de madera se suceden, cada vez con menos frecuencia. Ningún edificio alto. Nubes intermitentes dejan caer algunas gotas. A lo lejos el arcoiris asoma unos minutos.

Llegamos a la cabaña, con bastante encanto y bonitas habitaciones. Probamos para cenar los locos, un crustáceo que nos sorprende por su sabor y textura. A descansar del viaje y las pocas horas de sueño.

Mañana tomaremos dos ferrys más que nos separan de Caleta Gonzalo, donde debemos buscar un alojamiento no muy lejos de donde comienzan rutas de senderismo que queremos realizar. Primer día completado. Buena pinta.

 

Ferry hacia Caleta Puelche.

Gaviotas en Mercado Angelmó.

Entrando al ferry.

Día 8. Chile. Ruta Austral. Km 81-205.

Seguimos la ruta. Hoy debemos llegar hasta el parque Pumalin, justo después de Caleta Gonzalo. Para llegar nos quedan dos ferrys y dos tramos de carretera, uno de 10km entre los transbordadores y otro de 60km. El barco sale a las 10:30h. Tenemos el pasaje de ida y vuelta desde hace meses por miedo a no conseguir billete, ya que es la única manera de enlazar en coche Hornopiren con Leptepú en Caleta Gonzalo).

A las 09:15h estamos en la rampa del ferry. Estamos los primeros. Nos da tiempo a echar unas fotos, pues la estampa que dibuja el pacifico más pacífico aún que ayer. No hay ninguna mínima ola. Parece un lago. Cuatro horas de trayecto entre dos costas que nos dejan imágenes de grandes montañas de picos nevados enmarcando un océano que las refleja. Nubes en el cielo. Cada cierto tiempo aparecen las típicas salmoneras de esta zona. Se trata de redes sumergidas identificables por las boyas que flotan testigos de lo que pasa más abajo.

Chile es el segundo productor mundial de salmones después de Noruega y el salmón es el segundo producto más exportado en ese país después del cobre. Pero la industria del salmón en este país es controvertida y criticada por diversas asociaciones por los problemas medioambientales que ha producido debido al exceso de antibióticos vertidos al agua, a la sobrepoblación de salmones que consumen el oxígeno de las aguas y otras causas que han provocado en años anteriores alarmas sanitarias para la población (infección en 2007 por virus ISA). Espero que sepan controlar estos problemas, porque el caso es que el salmón está buenísimo.

En el camino conozco a un chico chileno llamado Franco (en Chile llamarse así no trasciende igual que en españa). Me cuenta que está realizando la ruta austral en bicicleta y es el que me cuenta los problemas con la industria salmonera. Cada día pedalea unos 50km. Me dice que los chilenos no realizan mucho la ruta austral por los precios altos que tiene, prefiriendo otros destinos como Perú o Bolivia.

Comemos en el barco unos perritos que preparo en el coche, unas patatas y unos refrescos. Llevamos la despensa en el maletero (aquí no hace falta frigorífico).

A las 14:30h llegamos a Caleta Gonzalo. Nuestra intención es conocer el Parque Pumalin haciendo dos rutas de senderismo que comienzan a 12km (sendero alerces) y a 14km (sendero Cascadas Escondidas) de allí, por lo que pretendíamos quedarnos en un camping cercano. En esta zona no hay hostales ni por supuesto hoteles. Solo unas cabañas pero cierran hasta diciembre. Nos paramos nada más salir del ferry en una cafetería que hay a la derecha y preguntamos al dueño. Nos dice que el parque está cerrado excepto el sendero "Alerces", que no hay ningún lugar para hacer noche, y que el sitio más cercano es la ciudad de Chaiten, a 58 km.

Así que hacemos eso. No hay otra. Dejamos el coche en un aparcamiento frente al inicio del paseo. El sendero Alerces se llama así porque transita por un bosque repleto de estos árboles en peligro de extinción. Vive muchísimos años, algunos milenarios. El cuarto árbol más viejo del mundo, con 3600 años, es un alerce. Son endémicos de la patagonia chilena y argentina, siendo la especie más alta de estos países. El sendero es corto, apenas 1.5 km muy sencillo y muy bien señalizado. Es muy bonito. Mucha humedad. No llueve pero las hojas gotean. Lleno de densa vegetación atraviesa un puente colgante de madera y lleva hasta un alerce milenario, uno de los árboles más lo lngevos del planeta. Muy agradable paseo.

Seguimos nuestro camino hacia El Chaiten. Vamos solos. A penas nos cruzamos con dos coches. Dos hileras de altos árboles nos guían. Al fondo altas montañas nevadas. En una hora y media llegamos a nuestro destino, una ciudad que sufrió la furia de la naturaleza en 2008 con la erupción del volcán que lleva el mismo nombre. Es un volcán activo, catalogado como el cuarto más peligroso del país. Las cenizas se elevaron hasta 30km, arrasando con todo. En nuestro camino antes de llegar se pueden ver durante kilómetros los restos de miles de árboles quemados entre nueva vegetación que va poco a poco revitalizando la zona. La ciudad de Chaiten resurgió literalmente de las cenizas. Son calles anchas con casas aisladas.de madera. A día de hoy viven unas 5000 personas y tiene todo lo necesario para vivir, siendo un lugar tranquilo y con encanto. Son las 17:00h. Damos una vuelta por las 5 o 6 calles buscando un lugar con buena pinta para quedarnos una noche. Encontramos unas cabañas al lado del océano.

Tienen cocina así que aprovechamos para ir a una carnicería a por dos buenos lomos de vaca chilena y a un supermercado a por patatas, pan, unos mejillones (aquí los llaman choritos) del tamaño de una mandarina y cervezas artesanas (en Chile las hacen en muchos pueblos, cada uno la suya). Nos vamos.a poner finos.

Pasamos la tarde tranquilos en la cabaña con una exquisita cena. Al sobre temprano que mañana toca visitar el ventisquero amarillo, una ruta de 20km, para lo cual tenemos que buscar antes alojamiento por la zona. Buenas noches y a descansar.

 

Esperando al ferry en Hornopiren

Sendero Alerces

Salmoneras

Foto desde el ferry.

Nuestras cabañas de Chaiten con el volcán de fondo.

Día 9. Chile. Ruta Austral. Km 205-356.

Empezamos el día sin despertador a las 08:00h, tras diez horas de sueño que necesitábamos. Preparamos bocadillos para el mediodía. Nuestra intención es seguir conociendo el Parque Pumalin haciendo el trekking Ventisquero Amarillo (unos 20km ida y vuelta) y después pasar la tarde en las Termas El Amarillo, donde pretendemos buscar sitio para dormir. Preferimos recargar gasolina en El Amarillo, pues en Chaitén hay tres camiones enormes esperando.

Salimos en una ruta asfaltada de unos veinte minutos (25km) rumbo al Pumalín sur, pero nos encontramos que las termas están cerradas por labores de mantenimiento y que no se puede acceder al sendero del ventisquero. Dormir allí no tiene ya sentido. Así que hay que buscar alternativa.

El Amarillo es un pueblo fantasma de no más de diez o doce casas que se vean desde la carretera. Ningún rastro humano, al menos en octubre. Sólo vemos una persona, la chica que atiende en la gasolinera, para decirnos que no sólo es que no haya gente, es que no hay ni gasolina. Otro inconveniente porque nos queda solamente medio depósito y contábamos con repostar allí.

Llueve. Leemos en un cartel escrito a mano pegado en el cristal de la caseta de información del parque (porque no había nadie dentro) que el "Sendero Mirador" está habilitado, pero no sabemos dónde es ni podemos mirarlo porque no hay cobertura. Dudamos. Pensamos. Decidimos adentrarnos en el parque y buscar el sendero.

El camino da susto. No hay absolutamente nadie. Avanzamos en coche por una ruta de ripio llena de hondonadas y abrazada por tantos árboles que parece que es de noche. Un río de agua azul turquesa asoma a veces a la izquierda entre la vegetación. Pasamos varios estacionamientos vacíos durante unos 15 minutos y cruzamos un puente de madera, hasta que unas cadenas que cortan los caminos nos impiden seguir. Hemos llegado al final de lo transitable en coche. Y allí aparece el letrero que indica que a 2km empieza el Sendero Mirador. Hay que seguir a pie. Sabemos que en el parque hay pumas que viven en su hábitat (de ahí el nombre del parque, "Pumalín"). Volvemos a dudar. Volvemos a pensar y volvemos a decidir. Y tal como un fiel escudero de este blog, el tito Miguel Ángel, como buen Jedi de la vida hubiera dicho, con un asertivo giro brusco de cabeza y los ojos místicamente cerrados apuntando al camino... "Que a fuerza os acompañe"... Tito Miguel... Va por ti.

Y allá que nos pusimos en marcha intentando con nulo éxito sortear el agua que caía con material impermeable.

El sendero Mirador sube por la ladera de tres conos volcánicos, respiraderos del volcán Michinmahuida. Hay que andar 2km antes de llegar al inicio, donde la subida es suave. Y después quedan otros 2km de ascenso más duro, lo que se intuye porque al llegar a un cartel en el punto de inicio indica "Dos kilómetros en dos horas solo la ida"; es decir, que el terreno no va a ser muy amigable. Y así fue. Volvemos a dudar... Volvemos a pensar. Qué diría el tito? Pues eso... "que pa lante".

Un tupidísimo bosque de árboles con troncos de mil formas cubiertos de musgo de varias tonalidades de verdes asciende sin piedad hasta la cima de los tres conos volcánicos. Cuando crees que has acabado empieza el siguiente. Sólo 2km, pero vaya 2km.

Sólo se escuchan los ruidos de los pájaros, que van avisándose unos a otros de que estamos allí, y algunas ranas. Un colibrí nos sobrevuela unos segundos (nunca había visto uno en libertad tan cerca). A lo lejos suena un salto de agua. No vemos nada más a diez metros de lo que nos precede porque a lo lejos la niebla crea un manto blanco impenetramble. El sendero, que zigzaguea impasible hacia arriba, no tiene en muchos tramos más de 50 cm de ancho. Estamos empapados por el agua que cae no de la lluvia sino de la humedad condensada en gotas en las infinitas hojas que nos cubren. Ya ni la notamos. Parece que estamos en el Amazonas. Pero seguimos este segundo tramo tras varias paradas en un total de 50 minutos de dura subida a buen ritmo.

Y por fin llegamos. Al fin la recompensa. No podíamos creer lo que se abría ante nosotros... Las vistas... pero ni idea de las vistas porque todo se ve blanco pocos metros más allá del mirador. Así que nada. A bajar despacito conformándonos con las bonitas imágenes que este frondoso bosque nos ha regalado.

Nos hidratamos y comemos los bocadillos que preparamos por la mañana.

Decidimos continuar hasta la ciudad de La Junta, a unos 130km, que es el siguiente lugar donde hay combustible. Es un cruce de gentes y de caminos. Sobre todo de caminos.

Buscamos un buen hotel para descansar de la paliza. Hacemos el chek-in y nos vamos al lago Rosselot, que está a 20min en coche, pero en un alarde de originalidad vamos por la parte que sólo van los dueños de las casas privadas que rodean al lago. Y es que lo de tener que abrir dos cercas de madera, por mucho que lo quisiéramos ver lo más natural del mundo, como que no es lo razonable; es decir, que nos colamos en casa de sabe Dios quién. Para eso están las vallas claro está. Aún así pasamos varias pantallas... sólo nos detienen en la última cancela un par de hombres que arreglaban sus tierras con un tractor, ya se veía el lago. El caso es que retrocedemos y encontramos la entrada. Después de la caminata no fue fácil ver el letrero de dos metros y medio que lo indicaba.

Bajamos hasta la misma orilla. Un pequeño muelle de madera con una barca amarilla atada a una de las vigas en el primer plano, separado por el agua de un fondo de montañas enormes con cumbres nevadas. El lago es precioso, y por fin no estamos sólos. Vimos a dos individuos de lejos y nos acercamos a ellos. Son bajitos. Y allí estábamos... juntos, a orilla del lago... compartiendo la escena con dos patos.

Las vistas y el momento... Para el recuerdo.

Volvemos al hotel. Tras una ducha bajamos a tomar una cerveza con Panki, un gato precioso de pelo largo muy amigable. Cenamos una deliciosa pasta (el salmón de mis raviolis a medias con Panki) y un exquisito flan de coco.

Mañana pondremos rumbo a Puerto Raúl Marín Balmaceda. Serán 70 km que se hacen en unas tres horas según indica internet (ni pensar como es el camino).

Esto es todo por hoy amigos. 

 

Sendero Mirador. Parque Pumalín.

En casa de los González

Lago Rosselot (de fondo nuestros dos amigos)

Colegas

Dia 10.Chile. Ruta Austral. Puerto Raúl Marín Balmaceda.

Hoy comienza el día con un buen desayuno en este magnífico hotel de La Junta. Cargamos el equipaje en el coche y salimos rumbo hacia nuestra siguiente parada, Puerto Raúl Marín Balmaceda.

Se trata de uno de los secretos mejor guardados de la Patagonia. Hasta hace diez años solo tenía acceso por mar o por aire, de forma que el turismo era casi inexistente. Aún hoy es un lugar muy aislado, que guarda la esencia de lo auténtico, la magia de lo que no ha sido reinventado por el influjo del dinero. Marín (como lo llaman) es un paraíso en todos los sentidos. Se encuentra fuera de la ruta austral, a 76km al oeste de en un desvío que nos lleva por un paisaje de otro planeta. Un camino que avanza a la izquierda del río Palena y que serpentea entre montañas que se elevan verticales cientos de metros con decenas de cascadas que caen continuamente al ras del camino, el musgo más verde que nunca y vegetación giganteaca. Helechos de varios metros introducen sus hojas en la carretera. Se pueden tocar. Pájaros de varios tipos vuelan a nuestro ritmo junto a la ventanilla, como guiándonos por esta poco transitada vía.

Así llegamos hasta que la carretera se topa con el río, que desemboca cerca en el océano. insalvable aún por tierra, por lo que precisamos de una barcaza que nos cruze. Bajamos la estrecha pendiente en curva que nos sitúa al final de la empinada rampa. Las ruedas tocan el agua. Se acerca el barco y al llegar nos dicen que tenemos que entrar al revés, marcha atrás. Flipo. Miro hacia atrás y flipo más todavía. Quemo media cubierta de las ruedas pero consigo subir la curva y dar la vuelta. Vamos solos. En apenas 5 minutos estamos al otro lado.

Lluvia fina casi todo el año en este lugar del mundo. Un pueblo muy básico situado en una pequeña isla de arena oscura abierta al oste al océano Pacífico. Muy pocas casas. Menos gente. Se encuentra junto al fiordo Piti Palena (pequeño Palena), una entrada de mar en la que el agua salada se mezcla con la de los ríos Palena y Rodríguez, creando las características biológicas necesarias para que peces pequeños se agrupen en estas aguas, lo que sirve de alimento para multitud de especies que han escogido este rincón para vivir. Lobos marinos, pingüinos magallánicos, delfines chilenos y australes, cormoranes de varias especies, cisnes, pelícanos, gaviotas, patos... Y hasta ballenas azules que cruzan de enero a marzo esta porción del Pacífico.

Llegamos a las 11:00h a la Hosteria Isla Palena. Nos confirman que somos los únicos extranjeros en el pueblo. Aún es pronto para entrar en la habitación, por lo que aprovechamos para dar un paseo hasta la playa. Sigue lloviendo pero en pocos minutos hemos integrado el agua a nuestro caminar y no nos importa. En esta parte de Chile los.pafaguas sobran. No hemos visto ninguno. Impermeable y gorro.

Pasan dos horas antes de volver al hostal. Allí ya está Jonathan, el chico que gestiona la hosteria junto con su familia, que es una de las primeras que se establecieron aquí, pertenecientes a los colonos alemanes que llegaron en la primera mitad del siglo XX. Conoce cada rincón de estas tierras y es una suerte haber dado con él. Enseguida se pone en marcha para organizarnos algunas visitas por los lugares cercanos.

La madre de Jonathan nos prepara una crema de verduras, puyes al pil pil (un pequeño pez de río similar a las gulas, que está exquisito) y un chupe de centolla para dos (una cazuela como la masa de las croquetas pero con centolla... de rechupete), todo bañado con dos cervezas artesanales muy ricas.

Tras media hora de siesta a la española salimos en bote hacia el interior del fiordo de Piti Palena, un enclave de ensueño que te transporta a otro mundo, rodeado de hileras montañas hechizadas por la niebla, que se intercala entre ellas, y bañadas por decenas de cascadas que rompen en el agua del fiordo. Las hoquedades de las rocas sirven de guarida a colonias de lobos maridos que a nuestro paso se lanzan al agua. Sus sonidos son nuevos para nosotros. Pelícanos descansan y vuelan a sus anchas junto al bote. Cormoranes, patos y cisnes nos acompañan. Todo nos transporta a un escenario de película. Sólo falta que algún brontosaurio asome su largo cuello entre las gigantes hojas de la línea de la costa para hacernos creer definitivamente que estamos en una de la saga de Jurassic Park.

Lo que no sabíamos es que íbamos a viajar con tres compañeras que bien pudieran ser "Las Supremas de Móstoles", pero chilenas. No digo más. Miedo en el barco, que no se queja porque es un barco. Y los barcos tienen eso, que flotan pero no se quejan. Máximo caben 8 personas. Menos mal que estábamos 5. Odisea para bajar a las supremas por las escaleras verticales del muelle al barco. Ni te cuento para después subirlas. El nivel del mar en Torremolinos sube 1cm.

En breve a lo lejos avistamos delfines chilenos, que se acercan a nosotros y siguen nuestra estela. Pero los delfines nosotros los llevábamos dentro.

El paseo es de las mejores experiencias que hemos vivido.

Jonathan nos prepara para mañana un paseo en kayac con parada en unas termas naturales de su familia, a las que solo se puede acceder por el río Palena, y una excursión a las islas Las Hermanas, en el Pacifico, donde habitan centenares de lobos marinos y varias pingüineras. Pero eso será mañana. Cenamos una crema de verduras, pulpo al pil pil y merluza a la mantequilla y nos vamos a la cama. Fin de un día inolvidable.

Puerto Raúl Marín Balmaceda, un acierto en mayúsculas para quien vaya a hacer la ruta austral.

 

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Lobos marinos en el fiordo de Piti Palena

Pelícanos en Puerto Raúl Marín Balmaceda.

Día 11. Chile. Ruta Austral. Puerto Raúl Marín Balmaceda.

A las 07:30h nos espera servido el desayuno para salir a las 08:00h rumbo al río Palena. Luis, amigo de Jonathan, nos espera fuera con la camioneta unida a un remolque con dos kayacs, uno de dos plazas para nosotros y otro individual para el anfitrión.

Retrodecemos hasta el km 47 de la carretera que va a La Junta para comenzar el descenso en kayac por el río durante 10km rumbo a unas termas naturales que la familia de Jonathan posee. Su tío abuelo vivió como ermitaño 42 años allí. Con dos narices. Actualmente no están habitadas. Se encuentran escondidas en las montañas en un costado del Río Palena. Avanzamos 10 km con el kayac hasta la entrada atravesando algunos rápidos y esquivando los troncos q sobresalen. Movimientos de tierra han volteado arboles que ahora continúan su ciclo bajo el agua. Llegamos tras no poco esfuerzo al destino. Dejamos los kayac atados a unas escaleras de madera que ascienden hasta un sendero que llega a las termas. Hay que caminar 250m en lo que parece una jungla espesa entre matorrales sorteando las raíces de los árboles que cruzan el estrecho camino en el que cabe poco más que nuestros pies. Es un lugar aislado dentro de una de las regiones más aisladas de Chile.

Al llegar hay 3 pozas, de agua caliente (38°C), templada y fría (10°C), con una caseta para cambiarnos. En bañador, con un frío que pela, nos vamos directamente a la caliente. Se trata de una piscina natural de escasos 60cm de profundidad, de aguas humeantes color coñac en las que salen burbujas por acción de volcán melimoyu, que mantiene caliente el agua. Piedras grandes separan cada poza. Olor a sulfuro. Pasar a la poza fría fue escalofriante. Volver a la caliente un placer comparado con pocos. La sensación de estar allí es comparable con pocas cosas.

Una hora permanecemos en el lugar antes de volver a por los kayacs para poner rumbo al lugar donde Luis nos recogerá de nuevo. Empieza un maratón que parece interminable. No había remado tanto en mi vida. Los brazos nos echan humo. El río es enorme. Cuando parece q vamos a llegar... otro trocito de río más... Y otro más... 22km en total hacemos.

Y al llegar... Dónde está Luis? Luis no está. Unos obreros con grandes camiones lo han visto pasar un par de veces, de arriba abajo y de abajo arriba, buscándonos. Frío polar. Lloviendo. Empapados. Sensación chunga. Pero chunga chunga. Luis no responde a la radio. Jonathan para un coche que bajaba camino a la Junta para decirle que si se encuentra por el camino a Luis le diga que estamos arriba. Tiritamos. Esto también es vivir la Patagonia. Un camionero nos ve con escarcha en las cejas y nos ofrece la cabina de su vehículo... Y allí que nos subimos.

Casi una hora tarda Luis en aparecer. Nunca me había alegrado tanto de ver a ningún Luis. El pobre había estado buscándonos por las dos posibles entradas del río a la carretera. Y nosotros a él igual. Nos habíamos cruzado. A pesar del frío la experiencia nos mereció mucho la pena.

Llegamos a las 16:00 a la hostería. Hogar dulce hogar. Comida calentita y a descansar.

La salida a las islas Las Hermanas no la podemos hacer por el tiempo, por lo que la emplazamos para mañana temprano.

Cena tranquilos y al sobre.

 

En el camión.

Termas naturales Puerto Bonito.

Pelícano en el fiordo de Piti Palena

Día 12. Chile. Ruta Austral. Puerto Raúl Marín Balmaceda-Km 356-425.

Asoma el sol por la ventana de la hostería. Y ya es decir que asoma el sol... Despierta una mañana casi despejada, sin lluvia. Podemos hacer la salida en bote hacia las Islas Las Hermanas. Dos chicas que acaban de llegar al pueblo nos acompañan, una polaca y otra alemana, que trabajan como cirujanas en Hamburgo.

Salimos con mucha menos dificultad para bajar las escaleras hacia el bote. Nada más salir unos delfines chilenos nos merodean. A lo lejos las islas y la costa se va alejando hasta que el muelle se hace casi imperceptible. Océano abierto. Navegamos por el Pacífico. Al acercarnos a los islotes varias colonias de lobos marinos nos saludan. Son cientos. Algunos pingüinos pescan. Pelícanos, gaviotas, cormoranes y patos van a lo suyo. En cada parte de la costa de cada una de las porciones de tierra habita una especie. Sobre la verde vegatación que transmite el triunfo de la vida, se levantan árboles altos secos, fácilmente distinguibles. Jonathan nos explica que en la madera de la base de esos árboles excavan sus nidos los pingüinos, destruyéndolos a la larga. Es una manera de saber donde habitan. No estamos acostumbrados a pasear por este tipo de ecosistemas. Disfrutamos viendo cada reacción cotidiana de estos animales. Aprovechamos cada segundo sabiendo que difícilmente nos veamos en otra igual.

Tres horas pasamos en el mar. Justo después tenemos que partir. Nuestra visita a Puerto Raúl Marín Balmaceda termina y nos llevamos un recuerdo imborrable. Este rincón del mundo nos ha mostrado una versión de la naturaleza que difícilmente olvidaremos. Nos ha enseñado que a veces la lluvia mejora las vivencias, pues te hace sentir parte de un escenario natural que fluye a su ritmo, donde la vida invade lo más inerte y lo hace único. Puerto Raúl Marín Balmaceda, parada obligatoria para quienes quieran una dosis de auténtica aventura patagónica.

Mención especial para Jonathan y su Hostería Isla Palena, sobre todo a su madre Nancy, que nos ha deleitado con una cocina exquisita en nuestro paso por su casa. Una suerte habernos cruzado con vosotros. Hasta que la vida nos vuelva a cruzar... quién sabe.

Ponemos rumbo sin pausa hacia nuestro siguiente objetivo austral chileno, el Ventisquero Colgante del Parque Nacional Queulat. Hay que llegar antes de las 17:00h, pues cierran el acceso al parque a partir de esa hora. Escasos 70km después de La Junta se encuentra la entrada al Parque Nacional Queulat.

Llegamos a las 15:00h. Pasaremos está noche en el camping que se encuentra a los pies del ventisquero. He quedado por mail en que nos reserven un sitio. Pagamos a entrada al parque natural, pero al llegar al camping todo está vacío y silencioso. Ocupamos un sitio y nos ponemos rumbo al inicio de los varios senderos que recorren la zona.

En pocos minutos estamos a lo lejos ante este imponente glaciar que asoma entre dos montañas derramándose hacia la laguna Témpanos, azul celeste, flanqueado por dos cascadas que se nutren de su hielo derretido y que caen desde lo alto. 30.000 km cuadrados de superficie, y de profundidad desconocida. La escena es grandiosa. Atravesamos una pasarela de madera balanceante de unos 40 metros de largo sobre el río cuya agua rompe al chocar con cientos de piedras enormes redondeadas. Máximo cuatro personas a la vez, pero vamos solos.

Hacemos el sendero Laguna Témpanos, donde llegamos tras 20 minutos a un mirador del glaciar a ras de la laguna donde podemos subir a una lancha para acercarnos varios kilómetros a solo unos cientos de metros de esta maravilla natural. Agua azul turquesa. Desde cerca observamos las cascadas que caen por las laderas verticales de las montañas que rodean toda la laguna.

Volvemos al lugar donde pasaremos la noche. El camping está vacío. Sólo nosotros pasaremos la noche dentro. Montamos la tienda. El parque cierra sus puertas. Estamos solos. Paz absoluta.

Una vez preparada nuestra casita por una noche volvemos junto a la pasarela para realizar una ruta corta de unos 30min que se llama sendero Aluvión, donde grandes rocas y árboles buscan su espacio tras un desprendimiento en tiempos pasados. El camino es bonito. Estar solos lo hace más aún.

Cenamos unos perritos son unas cervezas que compramos en Chaiten. Nos metemos en la choza de plástico, vemos película y a dormir. Sólo se escucha a lo lejos el ruido del agua. Magia.

 

Lobo marino en Puerto Raúl Marín Balmaceda

Ventisquero Colgante. Parque Queulat.

Delfines australes en Puerto Raúl Marín Balmaceda.

Pingüino en Puerto Raúl Marín Balmaceda.

Día 13. Chile. Ruta Austral. Km 425-552-Puerto Chacabuco.

El sonido de algunos pájaros nos despierta. Abrir la cremallera de la tienda y ver que has pasado la noche en mitad de un bosque a 11.000 km de casa bajo la estela de uno de los glaciares más bonitos que existen es una bonita sensación. Son las 07:00h. Seguimos solos. Hasta las 10:00h no abre sus puertas el parque.

Recogemos la tienda. Tomamos un plátano y un zumo de manzana y ponemos rumbo la sendero del mirador del ventisquero. Son un total de 6600 metros ida y vuelta. Volvemos a atravesar la pasarela y empezamos el duro ascenso. Sólo ruido de agua y aves. Sol y cielo despejado. Nada de viento. Atravesamos de nuevo un bosque patagónico donde impera la sombra, árboles de formas imposibles donde la vida se impone y musgo de varios colores por todos lados. Las raíces tejen el armazón del sustrato del suelo y nos sirven de escalones. En una hora y cuarto estamos arriba. Se abre ante nosotros una imagen más cercana y completa del glaciar y sus cascadas. Allí permanecemos junto a dos pájaros de colores que van saltando junto a nuestros pies. Todo para nosotros. Una de las imágenes y los momentos más bonitos hasta el momento. Se puede escuchar el hielo resquebrajarse, aunque no vemos caer ningún trozo. Iniciamos la bajada. Pierdo un guante. Nos cruzamos con unas 10 personas que van hacia arriba. Nosotros tuvimos pase VIP. En una hora estamos abajo.

Cogemos nuestro vehículo y señalamos el siguiente destino en el mapa: Puerto Chacabuco, un pueblecito que se desvía unos 73km de la ruta austral, por la carretera 240. Pero es el punto de salida del catamarán que nos llevará a la Laguna San Rafael, lugar preferencial de toda la ruta por la belleza que según los foros atesora.

La ruta austral nos muestra su lado las bello desde que empezamos a recorrerla, aunque el pavimento se encuentra en muy mal estado, el peor hasta ahora, teniendo que transitar a no más de 10km/h en algunos tramos. El verde comienza a dejar paso al blanco, con el permiso del azul de vario lagos. De fondo permanente gigantescas montañas que tenemos que atravesar.

Paramos en Villamañihuales, poco antes del desvío, a comer en un restaurante agradable que miramos en internet. Probamos la cazuela (guiso a modo de sopa de carne y verduras) y carne de jabalí.

Llegamos a Chacabuco. Un hotel junto al fiordo precioso (Loberías del Sur). Ellos mismos son los que organizan el paseo en barco mañana. Poca gente en el hotel. Larga ducha añorada y un pisco sour de bienvenida que nos hace conocer a Adâo, el camarero, medio chileno y medio brasileño. Nos deleita con su conocimiento en la realización de cócteles.

Vamos a sacar dinero a un cajero cercano. Intentamos cenar en un lugar recomendado para probar el salmón de la zona, pero está cerrado. Es un pueblo muy pequeño, de menos de mil personas. Volvemos al hotel y Adâo nos prepara una tabla de quesos y otra de brochetas de carne, y sin pedirle nada nos hace 4 pisco sour de diferentes sabores, además de un mojito del albahaca con grosella y una cerveza artesanal de Puyuhuapi... Volando bajito.

A la cama después de un día muy positivo. Mañana uno de los platos fuertes del viaje.

 

Sendero Mirador. Parque Queulat.

Ruta a Puerto Chacabuco.

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Día 14. Chile. Ruta Austral. Laguna San Rafael.

Desayunamos a las 06:30h. La Laguna San Rafael nos espera. Es uno de los platos fuertes del viaje. Una de las imágenes más impresionantes de toda la Patagonia según se lee en los foros.

A las 07:10h, en la recepción del hotel, un responsable de la excursión nos explica todo. A las 08:30h salimos. Cinco horas de camino en barco nos separan de la laguna. Durante el trayecto el catamarán atraviesa varios fiordos con montañas nevadas. Aves sobrevuelan cerca. Sensación de ser algo insignificante en la inmensidad de lo que nos rodea. Sirven desayuno, snacks y comida. Delicioso salmón. Las montañas se reflejan en el agua, que hace de espejo. Asoman glaciares entre las cumbres. El pico San Valentín, el más alto de toda la Patagonia nos ve pasar.

A las tres horas comienzan a verse de forma aislada pequeños trozos de hielo flotando, que resisten a derretirse en su largo viaje desde la desembocadura del glaciar San Rafael, protagonista de la laguna que ya está más cerca. Van aumentando en número y tamaño hasta que se convierten en verdaderos icebergs que nos rodean por completo y que hay que ir esquivando. A lo lejos la majestuosa lengua del glaciar. Estamos en la espectacular Laguna San Rafael. Posiblemente hasta la fecha el lugar del planeta más impresionante que hallamos visitado. Sol radiante. Cielo despejado. Nada de viento. Se puede escuchar el sonido del hielo derritiéndose. Un universo azul salpicado por un sinfín de trozos de hielo color blanco en su mayor parte, aunque también los hay azules y casi transparentes.

Bajamos por turnos a unos zodiacs que nos acercan a unos metros de la pared del glaciar. Bordeamos los trozos de hielo, tocando los literalmente con las manos, y descubriendo en uno de ellos a una enorme foca leopardo, que descansa plácidamente impasible a nuestro paso. Es muy difícil ver esto. No me creo este momento, pero está pasando. No sé la cantidad de fotos y vídeos que hago. Adrenalina a borbotones. Rodeamos el cascote de la foca. Es brutal el momento. A lo lejos una zodiac se encuentra más cerca del glaciar. Casi no se ve en comparación con la pared de decenas de metros del hielo más blanco que he visto. Durante una hora el catamarán merodea la zona. No hay palabras. Brindamos con un whisky con hielo de la laguna.

A la vuelta otras cinco horas asimilando lo contemplado. Sirven comida y barra libre con karaoke en la planta de arriba. Más de uno de los que nos acompañan no se acordará ni de la foca ni del glaciar... Vaya papa pilló alguno.

Tras 11h llegamos al hotel. Ya es de noche. A veces los días son mucho más que 24h. Este ha sido uno de ellos. A descansar. Próxima parada mañana: Puerto Río Tranquilo.

 

Foca leopardo en témpano de Laguna San Rafael.

Glaciar San Rafael.

Día 15. Chile. Ruta Austral. Chacabuco-km 552-km828.

Comienza el día en este buen hotel con impresionantes vistas del fiordo. Tras el desayunar y sacar dinero en un cajero cercano salimos dirección a Puerto Río Tranquilo, con paradas intermedias previstas en Coyhaique para repostar y en Villa Cerro Castillo para comer.

Al menos esa era nuestra intención. A 12km de Coyhaique nuestro todoterreno comienza a hacer un ruido extraño y se para. Menos mal que hay sitio al lado del arcén. Definitivamente el coche ha muerto. Un líquido cae al suelo gota a gota por la parte de delante. Sale humo del motor. Miro el móvil y respiro aliviado al ver que hay cobertura. Es uno de los poquísimos sitios fuera de las ciudades donde hay red.

Avisamos a la empresa de alquiler y nos mandan un camión-grúa, que llega patagónicamente tres horas después. Aquí los relojes van a otro ritmo. Nos montamos. Es ya el segundo c al que subimos en 5 días. Cada vez que subimos a uno es porque ha pasado algo. Nos dejan en Coyhaique. Nuestro coche se queda en la grúa, que se marcha porque el conductor tiene que comer. Nos dice que ya nos llamará para dar una solución. Nosotros también nos vamos a comer a un lugar recomendado llamado "Mamma Gaucha", tartar de vacuno y ensalada muy buenos. Y empieza la odisea.

Nadie llama. Solos... sin hambre pero sin coche. Son las 18:00 y aún no sabemos nada. Hora de un chocolate que nos aclare las ideas. Tras varias llamadas a Evelin, la pobre muchacha administrativa de la empresa de alquiler a la que le ha tocado vivir esto no sabe qué hacer. Nos dicen que el coche tiene la correa de distribución rota y que lo llevarán a Puerto Montt (donde iniciamos la ruta austral) a arreglarlo y la única solución es que volvamos a Puerto Montt. Nos quedamos flipando patagónicamente porque tenemos excursiones reservadas y algunos hoteles en el sur. De hecho mañana temprano tenemos planeado hacer el trekking al Glaciar Exploradores. Estamos a 4 horas del alojamiento para esta noche y se trata de uno de los peores tramos de la ruta. Deberíamos haber llegado a las 15:00h.

Son las 19:00h. Hablamos con la mujer de la cabaña de esta noche que nos dice que no puede esperar hasta que lleguemos, aunque sí nos la guarda para el día siguiente. Nos insiste en que no conduzcamos de noche por esa ruta. Los del trekking nos plantean aplazarlo un día, pero tenemos otras cosas pensadas. Vaya lío. Aunque en el fondo piensas que todo ena vida sea eso...

Decimos a Evelin que nos pase con el responsable y nos dice que no puede porque está en Perú. En este momento toma el mando Cristina (sólo usar en situaciones agónicas, o en este caso patagónicas). Llama a Perú. Escribe whatsapp apocalíptico a Perú. Tiembla Machu Pichu. Olas en Titicaca. Se borran las líneas de Nazca.

Busco mientras una agencia para alquilar un nuevo coche, pero hasta mañana no disponen de vehículos que puedan devolverse en Puerto Montt como teníamos pensado, y de solicitarlo, el coste es de unos 1200 euros por 8 días... una locura.

Nos llaman del Perú... Se empieza a ver la luz. Calma en Machu Pichu. Solución: Alquilamos nuevo coche con otra agencia para cuatro días (es lo que tardaremos en llegar al punto las al sur que pretendemos y volver, como teníamos planificado), devolviéndolo en la misma oficina de Coyhaique, donde el gerente de nuestra agencia se encargará de que el día que volvamos haya otro coche para que sigamos de regreso hacia el norte. Nos descontará además los días que no se ha usado el coche. Evelin respira. Nosotros también.

Salimos a las 20:00h a Puerto Río Tranquilo. Muy tarde. La chica del trekking nos ha mandado un teléfono donde una familia nos esperará despierta para alquilarnos una habitación. Es lo máximo que podemos conseguir. Allí no hay hoteles. Si el mundo tuviese culo... sería ese.

La noche cae nada más salir. La carretera da miedo. Pero allá vamos, con mucho cuidado. A las 24:00h llegamos a la casa, donde un hombre nos está esperando. Habitación muy básica, gente humilde, cama cómoda. Contentos.

Vaya odisea de día. Aún me tiemblan las piernas y el cuerpo del ripio y los baches de la carretera. Aquí no ha pasado patagónicamente nada.

A dormir que mañana salimos a las 08:00h hacia el glaciar Exploradores. Buenas noches, Evelin.

 

Segundo camión patagónico.

Sus últimos coletazos

A oscuras por la ruta austral

Día 16. Chile. Ruta Austral. Puerto Río Tranquilo.

Amanecemos el día 16 en casa de los chilenos que amablemente nos han esperado y acogido.

Estamos en el ecuador del viaje. 07:30h. Dejamos las maletas en la cabaña donde pasaremos la noche. Están a 100 metris de la oficina del trekking. Neli, la dueña, amablemente nos espera antes de la hora que se suele hacer el check in y lo dejamos todo dentro. Cabaña agradable, con cocina y chimenea de leña. Vistas al lago General Cabrera con una playa en frente.

08:00h. Salimos hacia el glaciar Exploradores. Iván, el guía que nos acompañará, nos entrega nuestro equipo (polainas, crampones y un box lunch). Este glaciar pertenece al Campo Hielo Norte, dentro de la Reserva Laguna San Rafael (toma el nombre de la laguna que visitamos hace 2 días). El glaciar tiene una antigüedad de unos 15.000 años, formando parte de una de las reservas naturales de la biosfera chilena. Esto está muy, pero que muy lejos.

Iniciamos la ruta. Iremos 4 personas. Nos llevamos una sorpresa cuando vemos que las dos acompañantes son las cirujanas de Puerto Raúl Marín Balmaceda, Lea y Malvina. Partimos en una furgoneta que nos llevará hasta el refugio de CONAF desde donde partiremos andando en una ruta de 12km donde atravesaremos primero un bosque siempreverde y después un campo enorme de rocas hasta llegar al hielo glaciar.

Tras algo más de una hora en el vehícculo en la que atravesamos cascadas, lagos y más paisajes patagónicos que cada vez nos son más familiares, llegamos al refugio. La ruta, a pesar de indicarnos previamente que tenía un grado de dificultad leve-medio, en realidad es medio y un poco más, no porque el desnivel sea muy alto, sino por la dificultad del terreno. Tras pasar el bosque, un sinfín de piedras de todos los tamaños pero ninguna redonda (ojito con caerse aquí) llenan el campo visual hasta el horizonte. Montañas y montañas de rocas. Paso a paso y con cuidado avanzamos. La parte de tierra que se ve... no es tierra, sino hielo negro; es decir, hielo que ha arrastrado los elementos del suelo. Empiezan a verse grietas y pequeñas lagunas. Un sonido desgarrador dirige nuestra mirada hacia un puñado de peñascos que se desprenden a unos 100 metros. Suena agua corriendo debajo de las piedras que pisamos. Una sensación extraña. Seguimos avanzando. Las piedras se van entremezclando cada vez en menos concentración con el hielo del glaciar. Nos ponemos las polainas y los crampones. Comienza el hielo blanco y una de las experiencias más espectaculares que hemos llevado a cabo. Subimos por la cresta de las dunas de hielo cuyos lados caen a pequeñas lagunas de color azul turquesa, grandes grietas por las que es mejor no mirar, grutas y cuevas de fondo espiral azul, creadas al antojo del discurrir del agua por los caprichosos contornos blancos. El hielo que rodea a las pequeñas piedras que descansan sobre él, se va de derritiendo, creando poco a poco pequeños túneles verticales junto a nuestras pisadas. En cada pequeño túnel, una piedra. Al fondo, el Monte San Valentín, el pico más alto de la patagonia chilena nos vigila con su glaciar.

Subimos y bajamos rampas. Atravesamos cavernas de un color azul difícil de describir. Todo esto no exento de cierto grado de peligro pues las caídas en un terreno de hielo tan ondulado pueden ser complicadas. Temperatura agradable. Algo de frío que no se nota con el esfuerzo. Estamos solo a 190m sobre el nivel del mar. En verano se pueden llegar a temperaturas de hasta 35°C. Pero tambien hay mucha más gente. Prácticamente solos disfrutamos de esta maravilla. Un paisaje único.

Pero este glaciar está desapareciendo a una velocidad de vértigo debido según nos cuenta Iván al cambio climático. Unas varas a modo de guía colocadas por científicos noruegos en marzo de este año indican que disminuye su altura un metro al mes, lo que le hará prácticamente desaparecer en unos 4 o 5 años. Este Trekking no se podrá realizar en breve.

Cinco horas permanecemos caminando por el glaciar y su entorno. Sencillamente impresionante.

Al volver están arreglando el puente por el que ha que salir y nos tenemos que esperar patagónicamente dos horas a que acabe los obreros. Se abre el puente.

Volvemos a la cabaña. Preparamos una tortilla de patatas y un chuletón de vacuno con setas al calor de la chimenea. A descansar temprano que estamos agotados. Día inolvidable.

 

Glaciar Exploradores.

Bajo el glaciar Exploradores.

Sobre el glaciar Exploradores

Día 17. Chile. Ruta Austral. Km 828-895. Lago General Carrera.

Comienza en día haciendo unos huevos revueltos y un sándwich de jamón y queso. Dejamos unos bocadillos de tortilla de patatas preprados para comer.

A las 09:00h hemos quedado con Matías, el guía con el que visitaremos las capillas del mármol, una de las imágenes más conocidas de la Patagonia de Chile. Se encuentran en Bahía Mansa, sólo unos pocos kilómetros al sur. Hace buen día. Sale tímidamente el sol sobre un cielo azul algo nublado.

Se encuentran en el lago General Carrera, el segundo más grande de sudamérica después del Titicaca. La frontera argentina atraviesa el lago, a partir de la cual recibe el nombre de lago Buenos Aires. Se trata de una reserva de agua procedente del deshielo glaciar, de color turquesa, casi transparente, que llega en su parte central a los 600 metros de profundidad. Tiene oleaje como si se tratase un mar, aunque muy suave. Se encuentra rodeado de montañas cuya cota de nivel dibuja un nivel casi perfecto en todo el perímetro. Es un lugar que invita al descanso y a sentarse un rato a relativizar los problemas cotidianos de cada uno. Pensando en eso tenemos reservada una coqueta casita de madera a pies del lago para las dos siguientes noches un poco más al sur, en Puerto Guadal.

Una vez en el lago cogemos un kayac cada uno y nos dirigimos remando durante unos 20 minutos a las capillas de mármol. Son enormes bloques de mármol que han sido esculpidos naturalmente por el agua. La erosión ha ido horadando durante miles de años la parte de las rocas en contacto con el nivel del agua creando túneles y cavernas, separados por estrechas columnas y paredes que son el nexo de unión con el resto de la piedra que se encuentra bajo el agua. Todo ello engalanado con colores que cría imposibles en una piedra. Azules intensos, amarillos, marrones, rojizos... Que forman líneas a modo de estratos que recuerdan a algo entre medias entre la arquitectura de Gaudí y los botes con sal de colores que hacía de pequeño.

Una de las rocas es más pequeña (capillas) y otra mucho mayor (catedral). Durante una hora estamos navegando este entorno, atravesando por el interior de las cavernas estás inmensas moles, conscientes de que algún día, cuando los pequeños pilares sigan estrechándose y no soporten el peso, todo irá al fondo del lago. Pero eso no lo veremos... Ni lo veréis.

Tras el paseo, ponemos rumbo al sur. Llegamos a Puerto Guadal. Alojamiento impresionante (El Mirador de Guadal). Regentado por Carolina y su esposo es un remanso de paz. El lugar que buscábamos para descansar. Una casita de madera con chimenea de leña y vistas al lago con playa propia. De fondo las montañas. Dan ganas de no salir de este rincón en varios días. Día de relax. Videollamadas a la familia.

Aprovechamos para lavar a mano algo de ropa.

Agradable cena en el restaurante del hotel. Al volver, en el cielo se dibuja la estela hipnotizante del brazo de Sagitario de la Vía Láctea, con el centro de la galaxia visible justo en frente de nuestra terraza. Allí me paso un par de horas fotografiando el firmamento.

 

A dormir. Mañana otro día de relax en este magnífico entorno.

Catedral de Mármol. Lago General Carrera.

Centro de la Vía Láctea desde nuestra habitación en Puerto Guadal.

Atardecer en Lago General Carrera desde la cabaña.

Día 18. Chile. Ruta Austral. Km 895-957.

Patagónicamente, sin despertador, abrimos los ojos a las 09:00h.

Tras el desayuno decidimos continuar por la ruta austral unos kilómetros más para contemplar la confluencia entre los ríos Nef y Baker. Es un espectáculo natural en el que las aguas azules turquesas del Baker, el las caudaloso de Chile, caen en cascada en un desnivel de unos 10 metros para recibir a las lechosas del Nef, color que debe los sedimentos que arrastra por su procedencia glaciar. Se crea un remanso de agua en el que una línea separa claramente los dos colores.

Tiempo inmejorable. Algo de calor. Es un paisaje de nuevo embriagador. Allí, echados entre unas piedras muy cerca del agua, permanecemos absolutamente solos más de una hora. Sin prisas. Patagonia.

Es el punto más austral de la ruta 7 al que vamos a llegar. Hemos recorrido casi 1000km inolvidables, y ahora toca volver al inicio, visitando algunos lugares que dejamos pendientes. Nos dejamos 300km más al sur para completar la ruta, pero nuestro plan no era acabarla entera sino disfrutar sin prisas de cada uno de sus rincones. Y en eso estamos.

Volvemos al hotel. Estamos solos como es habitual en esta parte del mundo. Descansamos con vistas al lago y damos un paseo por la playa cercana.

Mañana toca día de coche. Nos acercaremos lo más posible a Puyuhuapi. Tendremos que dormir en ruta para dejar los menos kilómetros posibles para llegar el día siguiente por la mañana al hotel de las termas que reservamos hace una semana con Jonathan.

Pilas recargadas. Reseteo completado. Terminan nuestras horas en Guadal. Hora de dormir.

 

Junto a la playa del hotel

Confluencia del río Baker con el río Nef.

Dia 19. Chile. Ruta Austral. Km 895-380.

Día de ruta. Tras desayunar y despedirnos del magnífico alojamiento donde hemos pasado estos dos días ponemos rumbo de vuelta hacia Puerto Montt. Nuestra intención es llegar como mucho a Villa Mañiguales, para dejar solo dos horas de camino para mañana para llegar a las 10:00h al embarcadero a pie de la ruta austral, cerca de Puyuhuapi, donde un barco nos llevará al lujoso hotel donde pasaremos la noche. Es el caprichito de este viaje.

Debemos parar en Coyhaique donde nos espera si todo va bien el coche de sustitución que la empresa de rentalcar nos va a llevar para seguir nuestro regreso tal y como acordamos el otro día (un chico lleva dos días conduciendo para llevarnos lo desde Puerto Montt).

A las 09:00h salimos. Vamos deshaciendo buena parte del recorrido que nos ha llevado hasta tan lejos. Recuerdos van pasando, baches, ripio, curvas y una buena dosis de adrenalina.

Aprovechamos para reservar un restaurante en Coyhaique para probar el famoso asado chileno. El número uno en redes se llama Ayken, y allá que vamos.

Tras 5h llegamos y hacemos sin problemas el cambio de vehículo. Nos dan una ranchera. Mejor vehículo. Nos hemos ganado un buen asado. Una enorme parrilla sirve toda la carne que puedas comer. Probamos cordero y vacuno... Muy bueno todo!!

Seguimos la ruta hasta donde podamos... Y ya que estamos pues llegamos hasta Puyuhuapi; osea, otras 5h de coche.

Paramos en el primer hostal que vemos con buena pinta y nos quedamos. Muy buena ubicación para mañana ir al embarcadero. Hoy la cena nos la saltamos... Que estamos de carne hasta las orejas.

Día de tránsito que se salva por el magnífico asado que probamos.

 

Asado en la parrilla.

Detalle de la ruta 7 a su paso por el Parque Queulat.

Día 20. Chile. Ruta Austral. Puyuhuapi Lodge & Spa.

Desayunamos en el hostal y conducimos los 13 km que nos separan del embarcadero en el que una lancha nos llevará al siguiente emplazamiento, que también nos proporcionará tranquilidad y relax, tal y como hemos querido vestir estos 5 días de vuelta a Puerto Montt.

El Lodge & Spa Puyuhuapi es uno de los hoteles más exclusivos de toda la Patagonia chilena. Se trata de un recinto de 30 habitaciones de madera ubicado en un enclave único, escondido en un recodo del fiordo, rodeado de bosque a orillas del Pacifico. Sólo puede accederse el barco y no es visible desde la carretera. Es un lugar poco conocido que ni muchos chilenos ubican. Nos lo recomendó Jonathan en Raúl Marín Balmaceda, que estuvo un tiempo trabajando allí.

A las 10:00h nos recoge la lancha con nuestro equipaje. Cruzamos el fiordo. En unos 15 minutos aparece al fondo está maravilla de alojamiento. Atención y confort por todas partes. Caro pero muy recomendable. Varias piscinas y pozas naturales con agua que va desde los 31°C a los 38°C en los alrededores y un enorme Spa interior con dos pequeñas piscinas burbujeantes de agua a 40°C, otra grande de agua templada y otra muy fría sólo apta para lobos marinos de piel gorda. La aguas termales provienen de la falla Liquiñe-Ofqui y desde cuatro volcanes sin nombre ubicados entre el Lodge y el pueblo de Puyuhuapi.

Tras pasar por todas las pozas y piscinas del Spa comemos una tabla de quesos y una ensalada césar, bañadas con dos cervezas "D'olber Maki", la que más nos ha gustado de las múltiples artesanales de toda la ruta, seguida de cerca por la "Austral Calafate". Una pequeña siesta es la antesala a un "Masaje Puyuhuapi" de 50 minutos. Estamos flotando. Un ratito más en el Spa y a prepararse para la cena en el restaurante. Por fin probamos el vino chileno. Delicioso todo.

Tras unas partidas de billar y otra de ajedrez amenizada con un "Calafate Sour" termina este día sencillamente inolvidable.

Sin duda una de las paradas obligatorias para quien quiera disfrutar de un ambiente tranquilo y relajado, un paréntesis en esta impresionante ruta. A la camita!!

 

Spa de las Termas de Puyuhuapi

Jacuzzi en las Termas de Puyuhuapi.

Día 21. Chile. Ruta Austral. Km 380-257.

Tras aprovechar en el spa la mañana, a las 12:30h la lancha nos devuelve a la ruta autral, para proseguir nuestro camino hacia Puerto Montt.

Nos quedan dos etapas. Siguiente parada: Lago Yelcho. Es un punto intermedio antes de llegar a Caleta Gonzalo, donde nos esperan las barcazas de vuelta. La ruta austral está llegando a su fin.

Paramos en Puyuhuapi para comprar algo de comida y bebida y en unas dos horas llegamos destino (Hotel Yelcho Patagonia). Hoy seguimos con el descanso merecido en este hotel con encanto con habitación con vistas al lago.

Aprovechamos la tarde para dar un paseo por la zona y subir a través del bosque a un mirador desde donde se puede ver una panorámica del lago Yelcho. Por el camino caballos descansan en la orilla y vaqueros guardan ovejas y vacas en los corrales. Al fondo las montañas nevadas. Tranquilidad. Silencio. Camino muy poco transitado. Volvemos a estar solos observando esta estampa patagónica como dos privilegiados.

Cena en el hotel y a descansar.

 

Caballo en Lago Yelcho.

Lago Yelcho.

Día 22. Chile. Ruta Austral. Km257-0.

Comienza el día a las 08:30h con unos huevos fritos, yogurt con cereales y zumo, tras lo cual conducimos los 110km que nos separan de Caleta Gonzalo, donde a la 13:00h parte una de las tres barcazas que nos llevarán hasta Caleta La Arena, en un trayecto de unas 6 horas dividido en tres tramos de mar y dos de carretera.

Deshacemos el camino andado recordando lo vivido días atrás. Llegamos pronto la embarcadero. Estamos los terceros. Día soleado. Hacemos tiempo sentados junto al muelle, donde aves revolotean y un lobo marino asoma sus fauces a escasos metros de mi cámara, que esta vez ha estado lenta.

El buen tiempo los acompaña durante todo el camino. Paso un par de horas en la cubierta del ferry observando embobado la vida del fiordo. Varios pelícanos están pescando a unos 50 metros. Sobrevuelan a baja altura y cuando ven un pez se lanzan empicados como flechas sumergiéndose en el agua. Regresan a la superficie en un par de segundos con el buche hinchado. Esta vez la cámara anduvo más rápida.

A las 18:45h estamos en Hornopiren. Solo queda una barcaza más, para lo que conducimos una hora hasta Caleta Puelche. En la entrada al tercer ferry, al sacar el ticket, nos avisan de que tenemos que tener cuidado porque Puerto Montt, entre otras ciudades de Chile, está en toque de queda desde hace unos días. Lo hemos ido siguiendo desde el sur, aunque allí no hemos notado nada extraño en ningún lugar. Hay manifestaciones y crispación en todo el país por problemas de la clase media con el gobierno. Una subida del precio del billete de metro de treinta céntimos es la gota que ha colmado el vaso. Salario mínimo bajo, sanidad y pensiones privatizadas, educación superior cara... Son problemas que arrastra Chile desde la dictadura de Pinochet, que han ido aumentando la brecha entra la clase alta y la media-baja. Se vive un conflicto social sin precedentes desde la instauración de la democracia hace casi 30 años. El ejército está en la calle. Quince muertos por enfrentamientos con el pueblo. Hay convocada huelga general para mañana y pasado. Aeropuertos con vuelos cancelados. Se está liando parda y hemos tenido el atino de coincidir aquí el día que revienta todo. Tuvimos tres décadas para venir y que mejor época que esta, para vivirlo más de cerca. En la noticia.

Nos explican que tenemos que pedir un salvoconducto en el retén Piedra Azul, que los carabineros (policía militarizada chilena) tienen antes de llegar a Puerto Montt, para autorizarnos a conducir entre las 21:00h y las 06:00h, horas que comprende el toque de queda.

Son las 20:30h. La cosa está calentita. Y más calentita que la vemos cuando pocos kilómetros después del ferry un grupo de gente ha cortado la carretera quemando ruedas y maderas. Una barricada con una columna enorme de humo se ve desde lejos. Los manifestantes gritan y aporrean cacerolas. Vamos frenando. Estamos los segundos en la larga cola que empieza a formarse. Familias, trabajadores, personas mayores y nosotros (no veo a nadie que pudiera ser sospechoso de pertenecer a la clase alta) quedamos incomunicados. Después del chorro de kilómetros que llevamos en lo alto y lo cansados que vamos es lo que menos esperábamos. La noche se presupone larga.

Al principio se agrupa gente de todas las edades en número de unos treinta, incluido niños pequeños. Treinta en la Patagonia son muchos (más o menos los mismos que hemos visto en todo nuestro viaje hasta aquí). Cae la noche y los jóvenes toman el mando. Empieza la fiesta. Algunos coches se dan media vuelta y salen campo a través. Pero aquí no hay por donde salir. Por delante, a unos 100 metros, el fuego. Por detrás, a un par de kilómetros, la rampa del ferry y el océano. No hay más caminos. La gente sólo protesta. No hay indicios de violencia. Poca sensación de peligro, aunque sí de preocupación. Echamos los asientos del coche hacia atrás e intentamos dormir. Justo delante dos de los protestantes ponen un contenedor de basura en medio de la carretera. Una cosa es llevar razón, y otra que un acto sea razonable.

A la hora llega la caballería. Se ven luces que asoman al otro lado del humo. Los jóvenes empiezan a correr hacia el fuego y hacia nosotros continuamente, chillando al estilo de las tribus Sioux de las películas de John Ford (literal). Alboroto. Intuímos que ha llegado el ejército al otro lado del corte. Nos recuerda a las películas de indios y vaqueros que tanto le gustan a mi padre. El ejército hace de vaqueros. Los jóvenes (probablemente con razón en sus quejas) hacen cada vez más el indio. Una ambulancia pide paso y la dejan pasar. Se oye a lo lejos lo que parecen disparos de pelotas de goma. Los nenes se van con mamá. Nos abren el paso. Al pasar la barrera por el arcén, entre el humo se distinguen vagamente los escudos de los militares a cada lado de la carretera. Fin de la revuelta. Salimos pitando.

Con las prisas nos pasamos el retén. Vamos sin salvoconducto y no hay absolutamente nadie el la ciudad. Ni un alma. Pasamos otra barricada apagada aún humeante. Todo cerrado. Nadie nos para y conseguimos llegar al hotel a las 23:30h. Misión cumplida.

A descansar con la preocupación de no saber si nuestro vuelo saldrá. Mañana se verá.

Desde Chile, J.J.Gimenez.

 

Barricada en Puerto Montt.

Pelícano pescando en el fiordo.

Día 23. Chile. Puerto Montt-Punta Arenas. Ptagonia Sur.

Temprano vamos al aeropuerto con la incertidumbre de saber si nuestro vuelo saldrá. El recepcionista del hotel nos dice que seguramente tengamos que pasar la noche de nuevo en el hotel. Viva el optimismo!!

Sólo un vuelo está retrasado. Los demás han están saliendo todos. Nos confirman que hace dos días todos se cancelaron, pero hoy el aeropuerto está tranquilo y podemos despegar rumbo a Punta Arenas.

Cielo desprovisto de nubes. Con ayuda del GPS (en modo avión) desde la ventanilla vamos viendo varios de los sitios por donde hemos pasado. Con especial cariño lo hacemos sobre Raúl Marín Balmaceda, uno de los grandes aciertos de la ruta. Atravesamos el Campo Hielo Norte y entramos en terreno inexplorado para nosotros. En pocos minutos aparece bajo nosotros el Campo Hielo Sur. Se trata de un manto blanco que lo cubre todo. Sólo blanco. Cientos de picos de montañas se unen entre sí por agua congelada, sin dejar ni un resquicio para otro color que no sea el blanco. Impresiona desde arriba. Lo pisaremos desde abajo.

Aterrizamos y recogemos nuestro coche de alquiler, con el que recorreremos está última parte de nuestra aventura. Con él visitaremos en Chile Punta Arenas, Puerto Natales y Torres del Paine; y en Argentina El Calafate y el glaciar Perito Moreno.

Estamos en la región de Magallanes, de donde Punta Arenas es la capital. La ciudad nace junto al mar, en el estrecho al que Hernando de Magallanes dio su nombre para unir el Océano Atlántico y el Pacifico. Es el extremo Sur de Chile... y del Planeta. Por debajo sólo la Antártida (objetivo por conquistar algún día).

Da la impresion de que hay más vida que en la Patagonia Norte. El hostal ("Entre Vientos") es muy acogedor y está a 1.7km de la Plaza de Armas (es el centro de esta urbe), lo que nos aleja de las manifestaciones que se organizan todas las noches. Aquí no hay toque de queda, aunque sí estado de excepción, que quiere decir que el ejercito controla en las calles la seguridad y el orden.

Hemos leído que hay un lugar, "Entre Ollas y Sartenes" que ponen buen Sushi y allá que vamos a cenar. Otro acierto. Las calle vacías, pero el local lleno. Hace mucho que no nos rodeamos de tanta gente. Exquisito todo.

Mañana haremos un tour por el Estrecho de Magallanes para visitar la Isla de Magdalena, donde habitan cientos de pingüinos magallánicos, y la Isla Marta, sede de colonias de lobos marinos y aves.

Dejamos pedido un taxi para no tener que aparcar en el centro por si acaso hay revuelo y nos vamos a la cama.

 

Rumbo a Punta Arenas. Los Andes desde el cielo.

Día 24. Chile. Patagonia Sur.

A las 06:30h nos presentamos en la oficina desde donde parte el tour hacia la isla de Magdalena y Marta. Surcaremos el Estrecho de Magallanes en busca de pingüinos y lobos marinos.

Nada más salir unos simpáticos delfines magallánicos siguen la estela del catamarán unos segundos. Hace viento. Mucho frío, pero no llueve. Cielo parcialmente despejado.

Desembarcamos en Isla Magdalena. Cientos de pingüinos y miles de gaviotas son los moradores de esta tierra. Un faro es la única construcción humana y nadie vive en ella. Esta isla está protegida y hay mucho control para no alterar el ecosistema. Sólo disponemos de una hora para rodear parte de la isla por un sendero circular. Más que suficiente. Los pingüinos están por todas partes. Algunos a menos de un metro. No sé cuántas fotos dispara mi cámara. Sólo se escucha el sonido de las aves, ensordecedor. Desde el mirador, junto al faro, hay una panorámica de la isla.

Tras la visita a la casa de estas graciosas aves salimos dirección a la isla Marta. En esta isla no se permite desembarcar. A lo lejos, bajo una enorme pared vertical, al menos un centenar de lobos marinos hacen su día a día. Unos pescan, otros descansan apelotonados y otros juegan en el agua. Nos subimos a la cubierta del barco y allí sentamos nos quedamos veinte minutos observándolos. Otro momentazo.

Volvemos al hostal con otra experiencia austral en la buchaca. Esta tarde partimos hacia Puerto Natales, a unas dos horas y media, pero antes una parada para comer en nuestro bar de ayer. Tras dos rolls de sushi y un ceviche de pulpo cogemos el coche.

La ruta es casi una línea recta. Comienza un paisaje que hasta ahora no habíamos pisado, la pampa. Una vasta extensión de tierra tipo estepa, de color amarillento o verdoso, sin ninguna elevación a la vista. El viento es bestial, tanto que hay que ir con cuidado porque incluso desvía el coche. Hay que frenar cuando algún camión grande se cruza. A cada dos o tres kilómetros hay lugares para aparcar. Aprovechamos uno para descansar... Y allí nos quedamos a dormir una horita de siesta.

Al llegar nos paran en un control. Al decir que somos españoles nos dejan pasar sin más preguntas. Cómo nos gusta ser españoles.

En la entrada al pueblo hay una especie de enorme oso, el Milodon, un antecesor del oso perezoso de gran tamaño cuyos restos se encontraron en una cueva cercana y se convirtió en el emblema del pueblo.

Puerto Natales es el punto de partida principal para los que visitan Torres del Paine, uno de los destino más conocidos de Chile y uno de sus "Top Ten" (nosotros iremos dentro de dos días). Aquí ya vemos más turistas y mucha más gente. Es un lugar muy acogedor.

Dejamos las cosas en el Hotel ("Kau Lodge"), en primera línea del paseo (aquí lo llaman costanera), junto al mar, y vamos al muelle histórico, muy cerca de donde estamos. La foto es idílica. Después un ratito de música en directo en el hotel.

Queremos probar la centolla, plato típico de esta arte de Chile. Elegimos el restaurante "Santolla", algo caro pero espectacular la comida. Probamos la centolla, ostiones (vieiras) y estofado de guanaco. Salimos rodando.

Mañana iremos a visitar los glaciares Balmaceda y Serrano, junto al Campo de Hielo Sur. Saldremos temprano. A dormir.

 

Pingüino en Isla Magdalena.

Pingüino en Isla Magdalena.

Lobos marinos jugando en Isla Marta.

Lobos marinos en Isla Marta.

Muelle Histórico en Puerto Natales.

Día 25. Chile. Patagonia Sur.

Nos levantamos y desayunamos antes de caminar hasta la oficina desde donde parte el tour a los glaciares Balmaceda y Serrano, a diez minutos del hotel.

Un autobús nos lleva al muelle. En un catamarán enorme y cómodo zarpamos en un trayecto de unas dos horas. Atravesamos fiordos patagónicos rodeados una vez más por montañas nevadas por las que glaciares se derraman al mar. Pasamos cascadas (la Cascada del Cóndor de más de cien metros), hoquedades en las rocas donde se cobijan familias de lobos marinos, paredes verticales donde habitan cormoranes y cóndores que nos sobrevuelan a distancia... Así hasta que aparece tras un recodo el imponente glaciar Balmaceda, colgando entre las rocas, desprendiéndose poco a poco hacia el mar. Nos acercamos hasta unos cien metros. El agua en un espejo en del cual se refleja la imagen.

Proseguimos el camino hacia el glaciar Serrano una media hora. Bajamos del catamarán y caminamos 1.2 kilómetros por unas pasarelas hasta situarnos bajo la lengua de hielo. El sonido del hielo resquebrajandose es como un trueno. Cae un trozo del glaciar en su parte alta. Todos enmudecemos asombrados. Es la primera vez que vemos quebrarse el hielo de esa manera.

Iniciamos el camino de vuelta con parada en la "Estancia Perales" para degustar un estofado y un sabroso y abundante asado de cordero. Nos sentamos con Amador, un hombre chileno de ochenta años, de esos con cara de bonachón, que viaja solo como regalo de sus hijos. La ilusión le desborda. Nos cuenta anécdotas de su país y su familia. No para de referir a su esposa, que falleció hace cinco años y su recuerdo le acompaña día y noche. Entrañable conversación y maravilloso ejemplo de una vida plena de cariño y entrega. Suerte en la vida valiente!

Volvemos a tierra. A lo lejos la silueta de Amador, con su bastón, seguramente recordando a su compañera, a paso lento se pierde entre cumbres nevadas rumbo a su día a día. Lo esperan sus cuatro hijos, sus nueve nietos y sus cuatro bisnietos... Y nosotros tuvimos la suerte de conocerlo.

Aprovechamos para comprar provisiones para los siguientes dos días en el supermercado Don Bosco, cerca del hotel.

Mañana partimos al Refugio Central de Torres del Paine, previa visita al lago Grey, dentro del parque. Para cenar una crema de verduras para compensar los excesos y a la cama que mañana salimos temprano.

Ya metido en la cama no me cuadran las cuentas de la gasolina que llevamos en el depósito. Lo hemos llenado hace unos minutos, pero en Torres del Paine no hay surtidores y desde allí iremos directamente a El Calafate en Argentina (casi 500km en total sin repostar). Me han dicho esta tarde que hay una estación de servicio en La Esperanza, 60 kilómetros tras cruzar la frontera, pero menos mal que me ha dado por mirar el mapa y acabo de darme cuenta que esa estación está en otro punto bastante más al sur que el que debemos coger nosotros, por lo que no nos vale, así que me visto y busco una gasolinera para comprar una garrafa de 20 litros extra para no tener que vivir una aventura, pero de las de verdad. Y al meterla en el maletero me doy un golpe y me hago una brecha en la frente. Nada serio... Y yo que estaba en la cama hace media hora...

Bueno, ahora si... A dormir. 

 

IMPORTANTE:

Los siguientes días (del 25 al 1) se pueden leer en la siguiente página del menú ("Chile y El Calafate"). Por problemas de espacio no es posible seguir en esta.

 

 

 

Glaciar Balmaceda.

Glaciar Serrano.