CHILE Y EL CALAFATE

Octubre 2019

Continuación de la página anterior ("Chile y Bolivia"), donde pueden leerse del día 1 al 16.

Día 17. Chile. Ruta Austral. Km 828-895. Lago General Carrera.

Comienza en día haciendo unos huevos revueltos y un sándwich de jamón y queso. Dejamos unos bocadillos de tortilla de patatas preprados para comer.

A las 09:00h hemos quedado con Matías, el guía con el que visitaremos las capillas del mármol, una de las imágenes más conocidas de la Patagonia de Chile.

Se encuentran en Bahía Mansa, sólo unos pocos kilómetros al sur. Hace buen día. Sale tímidamente el sol sobre un cielo azul algo nublado. Es el lago General Carrera, el segundo más grande de sudamérica después del Titicaca. La frontera argentina atraviesa el lago, a partir de la cual recibe el nombre de lago Buenos Aires. Se trata de una reserva de agua procedente del deshielo glaciar, de color turquesa, casi transparente, que llega en su parte central a los 600 metros de profundidad. Tiene oleaje como si se tratase un mar, aunque muy suave.

Se encuentra rodeado de montañas cuya cota de nivel dibuja un nivel casi perfecto en todo el perímetro. Es un lugar que invita al descanso y a sentarse un rato a relativizar los problemas cotidianos de cada uno. Pensando en eso tenemos reservada una coqueta casita de madera a pies del lago para las dos siguientes noches un poco más al sur, en Puerto Guadal.

Una vez en el lago cogemos un kayac cada uno y nos dirigimos remando durante unos 20 minutos a las capillas de mármol. Son enormes bloques de mármol que han sido esculpidos naturalmente por el agua. La erosión ha ido horadando durante miles de años la parte de las rocas en contacto con el nivel del agua creando túneles y cavernas, separados por estrechas columnas y paredes que son el nexo de unión con el resto de la piedra que se encuentra bajo el agua. Todo ello engalanado con colores que cría imposibles en una piedra. Azules intensos, amarillos, marrones, rojizos... Que forman líneas a modo de estratos que recuerdan a algo entre medias entre la arquitectura de Gaudí y los botes con sal de colores que hacía de pequeño.

Una de las rocas es más pequeña (capillas) y otra mucho mayor (catedral). Durante una hora estamos navegando este entorno, atravesando por el interior de las cavernas estás inmensas moles, conscientes de que algún día, cuando los pequeños pilares sigan estrechándose y no soporten el peso, todo irá al fondo del lago. Pero eso no lo veremos... Ni lo veréis.

Tras el paseo, ponemos rumbo al sur. Llegamos a Puerto Guadal. Alojamiento impresionante (El Mirador de Guadal). Regentado por Carolina y su esposo es un remanso de paz. El lugar que buscábamos para descansar. Una casita de madera con chimenea de leña y vistas al lago con playa propia. De fondo las montañas. Dan ganas de no salir de este rincón en varios días.

Día de relax. Videollamadas a la familia. Aprovechamos para lavar a mano algo de ropa. Agradable cena en el restaurante del hotel.

Al volver, en el cielo se dibuja la estela hipnotizante del brazo de Sagitario de la Vía Láctea, con el centro de la galaxia visible justo en frente de nuestra terraza. Allí me paso un par de horas fotografiando el firmamento.

A dormir. Mañana otro día de relax en este magnífico entorno. 

Catedral de Mármol. Lago General Carrera.

Centro de la Vía Láctea desde nuestra habitación en Puerto Guadal

Atarceder desde la terraza de la habitación en Puerto Guadal

Día 18. Chile. Ruta Austral. Km 895-957.

Patagónicamente, sin despertador, abrimos los ojos a las 09:00h.

Tras el desayuno decidimos continuar por la ruta austral unos kilómetros más para contemplar la confluencia entre los ríos Nef y Baker. Es un espectáculo natural en el que las aguas azules turquesas del Baker, el las caudaloso de Chile, caen en cascada en un desnivel de unos 10 metros para recibir a las lechosas del Nef, color que debe los sedimentos que arrastra por su procedencia glaciar. Se crea un remanso de agua en el que una línea separa claramente los dos colores. Tiempo inmejorable. Algo de calor. Es un paisaje de nuevo embriagador.

Allí, echados entre unas piedras muy cerca del agua, permanecemos absolutamente solos más de una hora. Sin prisas. Patagonia. Es el punto más austral de la ruta 7 al que vamos a llegar.

Hemos recorrido casi 1000km inolvidables, y ahora toca volver al inicio, visitando algunos lugares que dejamos pendientes. Nos dejamos 300km más al sur para completar la ruta, pero nuestro plan no era acabarla entera sino disfrutar sin prisas de cada uno de sus rincones. Y en eso estamos.

Volvemos al hotel. Estamos solos como es habitual en esta parte del mundo. Descansamos con vistas al lago y damos un paseo por la playa cercana.

Mañana toca día de coche. Nos acercaremos lo más posible a Puyuhuapi. Tendremos que dormir en ruta para dejar los menos kilómetros posibles para llegar el día siguiente por la mañana al hotel de las termas que reservamos hace una semana con Jonathan. Pilas recargadas. Reseteo completado.

Terminan nuestras horas en Guadal. Hora de dormir.

Confluencia de los ríos Bake y Nef.

Dia 19. Chile. Ruta Austral. Km 895-380.

Día de ruta. Tras desayunar y despedirnos del magnífico alojamiento donde hemos pasado estos dos días ponemos rumbo de vuelta hacia Puerto Montt.

Nuestra intención es llegar como mucho a Villa Mañiguales, para dejar solo dos horas de camino para mañana para llegar a las 10:00h al embarcadero a pie de la ruta austral, cerca de Puyuhuapi, donde un barco nos llevará al lujoso hotel donde pasaremos la noche. Es el caprichito de este viaje.

Debemos parar en Coyhaique donde nos espera si todo va bien el coche de sustitución que la empresa de rentalcar nos va a llevar para seguir nuestro regreso tal y como acordamos el otro día (un chico lleva dos días conduciendo para llevarnos lo desde Puerto Montt).

A las 09:00h salimos. Vamos deshaciendo buena parte del recorrido que nos ha llevado hasta tan lejos. Recuerdos van pasando, baches, ripio, curvas y una buena dosis de adrenalina.

Aprovechamos para reservar un restaurante en Coyhaique para probar el famoso asado chileno. El número uno en redes se llama Ayken, y allá que vamos. Tras 5h llegamos y hacemos sin problemas el cambio de vehículo. Nos dan una ranchera. Mejor vehículo. Nos hemos ganado un buen asado. Una enorme parrilla sirve toda la carne que puedas comer. Probamos cordero y vacuno... Muy bueno todo!!

Seguimos la ruta hasta donde podamos... Y ya que estamos pues llegamos hasta Puyuhuapi, osea, otras 5h de coche. Paramos en el primer hostal que vemos con buena pinta y nos quedamos. Muy buena ubicación para mañana ir al embarcadero.

Hoy la cena nos la saltamos... Que estamos de carne hasta las orejas. Día de tránsito que se salva por el magnífico asado que probamos.

Asado en Coyhaique

La ruta 7 a su paso por el Queulat.

Día 20. Chile. Ruta Austral. Puyuhuapi Lodge & Spa.

Desayunamos en el hostal y conducimos los 13 km que nos separan del embarcadero en el que una lancha nos llevará al siguiente emplazamiento, que también nos proporcionará tranquilidad y relax, tal y como hemos querido vestir estos 5 días de vuelta a Puerto Montt.

El Lodge & Spa Puyuhuapi es uno de los hoteles más exclusivos de toda la Patagonia chilena. Se trata de un recinto de 30 habitaciones de madera ubicado en un enclave único, escondido en un recodo del fiordo, rodeado de bosque a orillas del Pacifico. Sólo puede accederse el barco y no es visible desde la carretera. Es un lugar poco conocido que ni muchos chilenos ubican. Nos lo recomendó Jonathan en Raúl Marín Balmaceda, que estuvo un tiempo trabajando allí.

A las 10:00h nos recoge la lancha con nuestro equipaje. Cruzamos el fiordo. En unos 15 minutos aparece al fondo está maravilla de alojamiento. Atención y confort por todas partes. Caro pero muy recomendable. Varias piscinas y pozas naturales con agua que va desde los 31°C a los 38°C en los alrededores y un enorme Spa interior con dos pequeñas piscinas burbujeantes de agua a 40°C, otra grande de agua templada y otra muy fría sólo apta para lobos marinos de piel gorda. La aguas termales provienen de la falla Liquiñe-Ofqui y desde cuatro volcanes sin nombre ubicados entre el Lodge y el pueblo de Puyuhuapi.

Tras pasar por todas las pozas y piscinas del Spa comemos una tabla de quesos y una ensalada césar, bañadas con dos cervezas "D'olber Maki", la que más nos ha gustado de las múltiples artesanales de toda la ruta, seguida de cerca por la "Austral Calafate". Una pequeña siesta es la antesala a un "Masaje Puyuhuapi" de 50 minutos. Estamos flotando. Un ratito más en el Spa y a prepararse para la cena en el restaurante. Por fin probamos el vino chileno. Delicioso todo.

Tras unas partidas de billar y otra de ajedrez amenizada con un "Calafate Sour" termina este día sencillamente inolvidable.

Sin duda una de las paradas obligatorias para quien quiera disfrutar de un ambiente tranquilo y relajado, un paréntesis en esta impresionante ruta. A la camita!! 

Spa en las Termas de Puyuhuapi

Jacuzzi en las Termas de Puyuhuapi

Día 21. Chile. Ruta Austral. Km 380-257.

Tras aprovechar en el spa la mañana, a las 12:30h la lancha nos devuelve a la ruta autral, para proseguir nuestro camino hacia Puerto Montt.

Nos quedan dos etapas. Siguiente parada: Lago Yelcho. Es un punto intermedio antes de llegar a Caleta Gonzalo, donde nos esperan las barcazas de vuelta.

La ruta austral está llegando a su fin. Paramos en Puyuhuapi para comprar algo de comida y bebida y en unas dos horas llegamos destino (Hotel Yelcho Patagonia).

Hoy seguimos con el descanso merecido en este hotel con encanto con habitación con vistas al lago. Aprovechamos la tarde para dar un paseo por la zona y subir a través del bosque a un mirador desde donde se puede ver una panorámica del lago Yelcho. Por el camino caballos descansan en la orilla y vaqueros guardan ovejas y vacas en los corrales. Al fondo las montañas nevadas. Tranquilidad. Silencio. Camino muy poco transitado. Volvemos a estar solos observando esta estampa patagónica como dos privilegiados.

Cena en el hotel y a descansar.

Caballo a orillas del lago Yelcho

Día 22. Chile. Ruta Austral. Km257-0.

Comienza el día a las 08:30h con unos huevos fritos, yogurt con cereales y zumo, tras lo cual conducimos los 110km que nos separan de Caleta Gonzalo, donde a la 13:00h parte una de las tres barcazas que nos llevarán hasta Caleta La Arena, en un trayecto de unas 6 horas dividido en tres tramos de mar y dos de carretera.

Deshacemos el camino andado recordando lo vivido días atrás. Llegamos pronto la embarcadero. Estamos los terceros. Día soleado. Hacemos tiempo sentados junto al muelle, donde aves revolotean y un lobo marino asoma sus fauces a escasos metros de mi cámara, que esta vez ha estado lenta.

El buen tiempo los acompaña durante todo el camino. Paso un par de horas en la cubierta del ferry observando embobado la vida del fiordo. Varios pelícanos están pescando a unos 50 metros. Sobrevuelan a baja altura y cuando ven un pez se lanzan empicados como flechas sumergiéndose en el agua. Regresan a la superficie en un par de segundos con el buche hinchado. Esta vez la cámara anduvo más rápida.

A las 18:45h estamos en Hornopiren. Solo queda una barcaza más, para lo que conducimos una hora hasta Caleta Puelche. En la entrada al tercer ferry, al sacar el ticket, nos avisan de que tenemos que tener cuidado porque Puerto Montt, entre otras ciudades de Chile, está en toque de queda desde hace unos días. Lo hemos ido siguiendo desde el sur, aunque allí no hemos notado nada extraño en ningún lugar.

Hay manifestaciones y crispación en todo el país por problemas de la clase media con el gobierno. Una subida del precio del billete de metro de treinta céntimos es la gota que ha colmado el vaso. Salario mínimo bajo, sanidad y pensiones privatizadas, educación superior cara... Son problemas que arrastra Chile desde la dictadura de Pinochet, que han ido aumentando la brecha entra la clase alta y la media-baja. Se vive un conflicto social sin precedentes desde la instauración de la democracia hace casi 30 años. El ejército está en la calle. Quince muertos por enfrentamientos con el pueblo. Hay convocada huelga general para mañana y pasado. Aeropuertos con vuelos cancelados. Se está liando parda y hemos tenido el atino de coincidir aquí el día que revienta todo. Tuvimos tres décadas para venir y que mejor época que esta, para vivirlo más de cerca. En la noticia.

Nos explican que tenemos que pedir un salvoconducto en el retén Piedra Azul, que los carabineros (policía militarizada chilena) tienen antes de llegar a Puerto Montt, para autorizarnos a conducir entre las 21:00h y las 06:00h, horas que comprende el toque de queda.

Son las 20:30h. La cosa está calentita. Y más calentita que la vemos cuando pocos kilómetros después del ferry un grupo de gente ha cortado la carretera quemando ruedas y maderas. Una barricada con una columna enorme de humo se ve desde lejos. Los manifestantes gritan y aporrean cacerolas. Vamos frenando. Estamos los segundos en la larga cola que empieza a formarse. Familias, trabajadores, personas mayores y nosotros quedamos incomunicados. Después del chorro de kilómetros que llevamos en lo alto y lo cansados que vamos es lo que menos esperábamos. La noche se presupone larga. Al principio se agrupa gente de todas las edades en número de unos treinta, incluido niños pequeños. Treinta en la Patagonia son muchos (más o menos los mismos que hemos visto en todo nuestro viaje hasta aquí). Cae la noche y los jóvenes toman el mando. Empieza la fiesta. Algunos coches se dan media vuelta y salen campo a través. Pero aquí no hay por donde salir. Por delante, a unos 100 metros, el fuego. Por detrás, a un par de kilómetros, la rampa del ferry y el océano. No hay más caminos. La gente sólo protesta. No hay indicios de violencia. Poca sensación de peligro, aunque sí de preocupación. Echamos los asientos del coche hacia atrás e intentamos dormir. Justo delante dos de los protestantes ponen un contenedor de basura en medio de la carretera. Una cosa es llevar razón, y otra que un acto sea razonable. A la hora llega la caballería. Se ven luces que asoman al otro lado del humo. Los jóvenes empiezan a correr hacia el fuego y hacia nosotros continuamente, chillando al estilo de las tribus Sioux de las películas de John Ford (literal). Alboroto. Intuímos que ha llegado el ejército al otro lado del corte. Nos recuerda a las películas de indios y vaqueros que tanto le gustan a mi padre. El ejército hace de vaqueros. Los jóvenes (probablemente con razón en sus quejas) hacen cada vez más el indio. Una ambulancia pide paso y la dejan pasar. Se oye a lo lejos lo que parecen disparos de pelotas de goma. Los nenes se van con mamá. Nos abren el paso. Al pasar la barrera por el arcén, entre el humo se distinguen vagamente los escudos de los militares a cada lado de la carretera. Fin de la revuelta. Salimos pitando. Con las prisas nos pasamos el retén. Vamos sin salvoconducto y no hay absolutamente nadie el la ciudad. Ni un alma. Pasamos otra barricada apagada aún humeante. Todo cerrado. Nadie nos para y conseguimos llegar al hotel a las 23:30h. Misión cumplida. A descansar con la preocupación de no saber si nuestro vuelo saldrá. Mañana se verá.

Desde Chile, para todos ustedes,  J.J.Gimenez. 

Barricada en Puerto Montt

Pelícano pescando en el fiordo

Día 23. Puerto Montt - Punta Arenas - Patagonia Sur

Temprano vamos al aeropuerto con la incertidumbre de saber si nuestro vuelo saldrá. El recepcionista del hotel nos dice que seguramente tengamos que pasar la noche de nuevo en el hotel. Viva el optimismo!! Sólo un vuelo está retrasado. Los demás han están saliendo todos. Nos confirman que hace dos días todos se cancelaron, pero hoy el aeropuerto está tranquilo y podemos despegar rumbo a Punta Arenas.

Cielo desprovisto de nubes. Con ayuda del GPS (en modo avión) desde la ventanilla vamos viendo varios de los sitios por donde hemos pasado. Con especial cariño lo hacemos sobre Raúl Marín Balmaceda, uno de los grandes aciertos de la ruta.

Atravesamos el Campo Hielo Norte y entramos en terreno inexplorado para nosotros. En pocos minutos aparece  el Campo Hielo Sur. Se trata de un manto de nieve que lo cubre todo. Sólo color blanco. Cientos de picos de montañas se unen entre sí por agua congelada, sin dejar ni un resquicio para otro tono que no sea ese. Impresiona desde arriba. Lo pisaremos desde abajo.

Aterrizamos y recogemos nuestro coche de alquiler, con el que recorreremos está última parte de nuestra aventura. Con él visitaremos en Chile Punta Arenas, Puerto Natales y Torres del Paine; y en Argentina El Calafate y el glaciar Perito Moreno.

Estamos en la región de Magallanes, de donde Punta Arenas es la capital. La ciudad nace junto al mar, en el estrecho al que Hernando de Magallanes dio su nombre para unir el Océano Atlántico y el Pacifico. Es el extremo Sur de Chile... y del Planeta. Por debajo sólo la Antártida (objetivo por conquistar algún día). Da la impresion de que hay más vida que en la Patagonia Norte. El hostal ("Entre Vientos") es muy acogedor y está a 1.7km de la Plaza de Armas (es el centro de esta urbe), lo que nos aleja de las manifestaciones que se organizan todas las noches. Aquí no hay toque de queda, aunque sí estado de excepción, que quiere decir que el ejercito controla en las calles la seguridad y el orden.

Hemos leído que hay un lugar, "Entre Ollas y Sartenes" que ponen buen Sushi y allá que vamos a cenar. Otro acierto. Las calle vacías, pero el local lleno. Hace mucho que no nos rodeamos de tanta gente. Exquisito todo.

Mañana haremos un tour por el Estrecho de Magallanes para visitar la Isla de Magdalena, donde habitan cientos de pingüinos magallánicos, y la Isla Marta, sede de colonias de lobos marinos y aves.

Dejamos pedido un taxi para no tener que aparcar en el centro por si acaso hay revuelo y nos vamos a la cama.

Rumbo a la Patagonia Sur

Dia 24. Chile. Patagonia Sur.

A las 06:30h nos presentamos en la oficina desde donde parte el tour hacia la isla de Magdalena y Marta. Surcaremos el Estrecho de Magallanes en busca de pingüinos y lobos marinos.

Nada más salir unos simpáticos delfines magallánicos siguen la estela del catamarán unos segundos. Hace viento. Mucho frío, pero no llueve. Cielo parcialmente despejado. Desembarcamos en Isla Magdalena. Cientos de pingüinos y miles de gaviotas son los moradores de esta tierra. Un faro es la única construcción humana y nadie vive en ella. Esta isla está protegida y hay mucho control para no alterar el ecosistema. Sólo disponemos de una hora para rodear parte de la isla por un sendero circular. Más que suficiente. Los pingüinos están por todas partes. Algunos a menos de un metro. No sé cuántas fotos dispara mi cámara. Sólo se escucha el sonido de las aves, ensordecedor. Desde el mirador, junto al faro, hay una panorámica de la isla.

Tras la visita a la casa de estas graciosas aves salimos dirección a la isla Marta. En esta isla no se permite desembarcar. A lo lejos, bajo una enorme pared vertical, al menos un centenar de lobos marinos hacen su día a día. Unos pescan, otros descansan apelotonados y otros juegan en el agua. Nos subimos a la cubierta del barco y allí sentamos nos quedamos veinte minutos observándolos. Otro momentazo.

Volvemos al hostal con otra experiencia austral en la buchaca.

Esta tarde partimos hacia Puerto Natales, a unas dos horas y media, pero antes una parada para comer en nuestro bar de ayer. Tras dos rolls de sushi y un ceviche de pulpo cogemos el coche.

La ruta es casi una línea recta. Comienza un paisaje que hasta ahora no habíamos pisado, la pampa. Una vasta extensión de tierra tipo estepa, de color amarillento o verdoso, sin ninguna elevación a la vista. El viento es bestial, tanto que hay que ir con cuidado porque incluso desvía el coche. Hay que frenar cuando algún camión grande se cruza. A cada dos o tres kilómetros hay lugares para aparcar. Aprovechamos uno para descansar... Y allí nos quedamos a dormir una horita de siesta.

Al llegar nos paran en un control. Al decir que somos españoles nos dejan pasar sin más preguntas. Cómo nos gusta ser españoles. En la entrada al pueblo hay una especie de enorme oso, el Milodon, un antecesor del oso perezoso de gran tamaño cuyos restos se encontraron en una cueva cercana y se convirtió en el emblema del pueblo.

Puerto Natales es el punto de partida principal para los que visitan Torres del Paine, uno de los destino más conocidos de Chile y uno de sus "Top Ten" (nosotros iremos dentro de dos días).

Vemos ya más turistas y mucha más gente. Es un lugar muy acogedor. Dejamos las cosas en el Hotel ("Kau Lodge"), en primera línea del paseo (aquí lo llaman costanera), junto al mar, y vamos al muelle histórico, muy cerca de donde estamos. La foto es idílica. Después un ratito de música en directo en el hotel.

Queremos probar la centolla, plato típico de esta arte de Chile. Elegimos el restaurante "Santolla", algo caro pero espectacular la comida. Probamos la centolla, ostiones (vieiras) y estofado de guanaco. Salimos rodando.

Mañana iremos a visitar los glaciares Balmaceda y Serrano, junto al Campo de Hielo Sur. Saldremos temprano. A dormir.

Pingüino en Isla Magdalena

Pingüino en Isla Magdalena

Lobos marinos en Isla Marta

Muelle Histórico en Puerto Natales

Lobos marinos jugando en Isla Marta

Día 25. Chile. Patagonia Sur.

Nos levantamos y desayunamos antes de caminar hasta la oficina desde donde parte el tour a los glaciares Balmaceda y Serrano, a diez minutos del hotel. Un autobús nos lleva al muelle.

En un catamarán enorme y cómodo zarpamos en un trayecto de unas dos horas. Atravesamos fiordos patagónicos rodeados una vez más por montañas nevadas por las que glaciares se derraman al mar. Pasamos cascadas (la Cascada del Cóndor de más de cien metros), hoquedades en las rocas donde se cobijan familias de lobos marinos, paredes verticales donde habitan cormoranes y cóndores que nos sobrevuelan a distancia... Así hasta que aparece tras un recodo el imponente glaciar Balmaceda, colgando entre las rocas, desprendiéndose poco a poco hacia el mar. Nos acercamos hasta unos cien metros. El agua en un espejo en del cual se refleja la imagen.

Proseguimos el camino hacia el glaciar Serrano una media hora. Bajamos del catamarán y caminamos 1.2 kilómetros por unas pasarelas hasta situarnos bajo la lengua de hielo. El sonido del hielo resquebrajandose es como un trueno. Cae un trozo del glaciar en su parte alta. Todos enmudecemos asombrados. Es la primera vez que vemos quebrarse el hielo de esa manera.

Iniciamos el camino de vuelta con parada en la "Estancia Perales" para degustar un estofado y un sabroso y abundante asado de cordero. Nos sentamos con Amador, un hombre chileno de ochenta años, de esos con cara de bonachón, que viaja solo como regalo de sus hijos. La ilusión le desborda. Nos cuenta anécdotas de su país y su familia. No para de referir a su esposa, que falleció hace cinco años y su recuerdo le acompaña día y noche. Entrañable conversación y maravilloso ejemplo de una vida plena de cariño y entrega. Suerte en la vida valiente!

Volvemos a tierra. A lo lejos la silueta de Amador, con su bastón, seguramente recordando a su compañera, a paso lento se pierde entre cumbres nevadas rumbo a su día a día. Lo esperan sus cuatro hijos, sus nueve nietos y sus cuatro bisnietos... Y nosotros tuvimos la suerte de conocerlo.

Aprovechamos para comprar provisiones para los siguientes dos días en el supermercado Don Bosco, cerca del hotel. Mañana partimos al Refugio Central de Torres del Paine, previa visita al lago Grey, dentro del parque.

Para cenar una crema de verduras para compensar los excesos y a la cama que mañana salimos temprano.

Ya metido en la cama no me cuadran las cuentas de la gasolina que llevamos en el depósito. Lo hemos llenado hace unos minutos, pero en Torres del Paine no hay surtidores y desde allí iremos directamente a El Calafate en Argentina (casi 500km en total sin repostar). Me han dicho esta tarde que hay una estación de servicio en La Esperanza, 60 kilómetros tras cruzar la frontera, pero menos mal que me ha dado por mirar el mapa y acabo de darme cuenta que esa estación está en otro punto bastante más al sur que el que debemos coger nosotros, por lo que no nos vale, así que me visto y busco una gasolinera para comprar una garrafa de 20 litros extra para no tener que vivir una aventura, pero de las de verdad. Y al meterla en el maletero me doy un golpe y me hago una brecha en la frente. Nada serio...

Y yo que estaba en la cama hace media hora... Bueno, ahora si... A dormir.

Glaciar Balmaceda

Glaciar Serrano

Día 26. Chile. Patagonia Sur.

Suena la alarma del teléfono a las 05:15h. Tras desayunar dejamos este agradable hotel. Debemos proseguir hacia el Parque Torres del Paine para visitar hoy el lago Grey e intentar mañana realizar el duro trekking que llega hasta la base de las torres.

A las 09:00h hay que estar allí. Tras dos horas y media por una carretera con más agujeros que un queso de esos que tienen agujeros, llegamos al Hotel Grey, desde donde parte la excursión al lago. Atravesamos a pie un bosque que acaba a orillas del lago, donde varios icebergs flotan delante de nosotros. Nos subimos al barco y comienza una ruta llena de sorpresas en la que contemplamos algunas de las escenas más impresionantes con las que hasta ahora nos hemos cruzado.

Montañas nevadas nos rodean mientras el barco sortea grandes moles de hielo, que son fragmentos del glaciar Grey, que tras desprenderse campan a sus anchas por este gran lago. Sus aguas son lechosas, de un color gris azulado. Este color lo otorga una capa de sedimento llamada limo, compuesta por harina de roca arrancada por el avance de las tres lenguas de los ríos de hielo que nutren al lago, lo que impide la fotosíntesis y por tanto el desarrollo de la vida en estas aguas. Al llegar a las enormes paredes de las lenguas glaciares se para el tiempo. Pasamos muy cerca de ellas.

Caprichosas formas de hielo en disposición vertical se van sucediendo y amontonándose a pocos metros de nuestros ojos. Es el sexto glaciar que visitamos en este viaje, pero este es el más espectacular hasta ahora, a la espera de navegar y caminar en unos días por el Perito Moreno argentino. Simplemente impresionante.

Volvemos al coche para realizar una ruta que nos llevará al Camping Torres Central, donde pasaremos las dos próximas noches y desde donde se inicia la caminata mañana.

Paramos en varios miradores donde se puede contemplar la inmensidad de este parque y su indudable belleza. En uno de ellos un gran estruendo se escucha durante varios segundos. La pared de un glaciar de una de las montañas que rodean una laguna ha caído montaña abajo.

Junto a otro mirador, un grupo de guanacos comen junto a nosotros en una de las paradas.

Tras montar la tienda (segunda en estas semanas) nos metemos dentro. Fuera hace mucho frío. Las temperaturas oscilarán estos días entre 3°C de máxima y -8°C de mínima. Estamos cansados del madrugón de esta mañana. Nos dicen que la mejor hora para subir mañana al mirador Base de las Torres es a las 02:00h para ver amanecer desde allí, y si no sobre las 07:00h, para llegar cuando el sol las ilumina. Son 4h andando para la ida, y otras tantas para la vuelta. Lo de las 02:00h lo escuchamos como a quien le cuentan un chiste. Ni caso.

Preparamos unos sándwiches con lo que ayer compramos en Puerto Natales, nos ponemos toda la ropa de abrigo que nos cabe y vemos una peli en el móvil. Sólo un trozo, porque caemos rendidos.

Durante la noche la tienda parece que va a salir volando con nosotros de entro. Llueve. Ya veremos mañana donde aparecemos.

Me levanto para ir al baño por la madrugada y veo el cielo con más estrellas que jamás había imaginado. Más incluso que en Atacama. Inviable sacar foto por el frío polar que hace. A seguir durmiendo.

Glaciar Grey

Guanaco junto a un lago en Torres del Paine.

Parque Torres del Paine.

Día 27. Chile. Patagonia Sur.

Son las 06:00h. Comienza un día en el que aún desconocíamos que haríamos el trekking más duro hasta ahora de nuestra vida. Y hemos hecho unos cuantos.

Desayunamos en la tienda, preparamos las mochilas y echamos a andar rumbo al mirador Base de las Torres. Son 16km ida y vuelta. Todo va como la seda, un suave sendero atraviesa un par de puentes. Unas liebres corretean a nuestro lado y se llevan las únicas fotos que hago con mi reflex en todo el camino. Ellas saben lo que nos espera. De repente se empina el terreno y empezamos una infernal subida de más de cuatro horas.

A los 40 minutos empieza a llover. Nada más subir unos 100 metros el agua se convierte en nieve y un fuerte viento nos azota. Nos pensamos si seguir... Seguimos. En menos de media hora el camino se viste de blanco. Cada vez más. Los paisajes de otro planeta, pero un planeta lleno de cuestas. El sendero se hace cada vez más estrecho. Sólo cabe una persona. Piedras pequeñas es todo lo que pisamos. Hay que ir con cuidado porque a la derecha un enorme acantilado baja hasta un río y el aire tiene tanta fuerza que cuesta ir en línea recta.

Llegamos exhaustos al refugio chileno, parada para muchos de los senderistas para tomar algo. Llevamos 5km. Nosotros decidimos no parar y seguir los 4km que nos quedan.

Subimos las escarpadas curvas de un bosque en el que las raíces de sus árboles sirven de escalones. Otra hora así hasta que comienzan las piedras, primero más pequeñas, dejando libre algun espacio de suelo visible, luego cada vez más grandes, algunas enormes, que lo cubren todo. Sólo podemos pisar piedras. No sabemos aún que nos acompañarán hasta el final. Riachuelos cruzan el camino serpenteando entre las rocas. Algunos tramos subiendo a cuatro patas. Cae mucha nieve. Literalmente escalamos dos horas más, parando cada poco tiempo a coger aire.

Empezamos a cruzarnos con los que bajan después de haber visto amanecer. No les preguntamos cuánto nos falta por simple miedo. Pero seguimos.

En este nuevo planeta cada vez hay más piedras, que se cubren de hielo y de nieve y resbalan. Y yo con guantes de lana bolivianos desde que perdí uno de los de los de esquí en el trekking del Ventisquero Colgante. Se empapan y se van congelando. Ya no podemos volver. Estamos a una hora del final y hay que aguantar.

Cada paso va seguido de un suspiro. Nos preguntamos varias veces por qué no hemos ido a Torremolinos a comer espetos como hace la mitad de la gente en nuestra ciudad, pero el caso es que allí estamos, casi en el Polo Sur explorando este empinado planeta. El año que viene a Torremolinos.

Tras el último giro se empiezan a ver los cuernos de Torres del Paine. Se conoce así a los tres picos de roca volcánica que son una de las imágenes más características de Chile cuando buscas en internet. Se trata de magma que se fue solidificado a medida que se enfriaba a lo largo de miles de años dentro de la montaña, quedando con el tiempo expuesto. En breve se abre ante nosotros una escena que nos deja sin palabras, aunque enturbiada por el desmedido esfuerzo que nos ha costado llegar. Los tres picos se elevan como agujas en mitad de una cordillera, a cuyos pies descansa una laguna alimentada por los glaciares que bajan entre los surcos de la cadena montañosa. Frío como pocas veces hemos sentido. Todo nevado. Las nubes ocultan la parte superior de los cuernos, pero en unos veinte minutos se despejan y disfrutamos una hora de ese impresionante espectáculo escénico.

Todo muy bonito. Pero en este planeta no existen ascensores ni funiculares, y ahora tocan otras 4h de bajada. Comenzamos la vuelta. Con profunda lástima miramos a los que se cruzan subiendo. Más pena cuanto más abajo nos los cruzamos. Con un gesto de desesperanza, sin hablar, les giras la cabeza y les subes las cejas cerrando los ojos y apretando los labios, transmitiendo que lamentablemete aún les queda un mundo por encima.

De muslos para abajo todo son dolores, hasta en las uñas, pero este reto debe terminar con éxito y además no hay otra. Ha dejado de nevar y no llueve. La bajada es también dura, aunque algo más liviana.

Así, tras tres horas y media, llegamos de nuevo al camping, con la emoción de haber conseguido terminar una ruta que no está al alcance de cualquiera y con la certeza de que no la volveremos a hacer por nada del mundo. Son las 16:00h. Este trekking es muy duro y peligroso, sobre todo con la meteorología adversa como nos ha tocado a nosotros. Si la del Glaciar Exploradores era de nivel difícil, esta es de nivel Dios.

Al llegar andamos unos 300 metros más hasta el refugio Las Torres donde nos tomamos un te, un chocolate y empalmados con una pizza de cena a las 17:30h. Tres horas calentitos secando nuestra ropa. Nos vamos pronto a nuestra tienda.

Nuestros andares están entre un astronauta en la luna con un esguince de tobillo y un pato cojo borracho. Duele todo. Nos entra la risa al vernos. Ahora toca descansar. A las 20:00h al sobre.

Mañana salimos hacia Argentina rumbo a El Calafate, nuestra última parada antes de regresar a Santiago y a España. Allí permaneceremos dos noches en un buen hotel, con una visita el segundo día al glaciar Perito Moreno, pero esta vez en plan turista total, que ya toca. A dormir a pierna suelta, nunca mejor dicho.

Subida al Mirador Base de las Torres

Subida al Mirador Base de las Torres

Vistas desde el mirador.

Día 28. Argentina. El Calafate.

 

A las 06:30h los dos patos cojos se levantan. Ya están menos cojos. Recogemos la tienda salimos en dirección a la frontera argentina rumbo a El Calafate, aunque no sabemos bien la ruta porque no hay red en todo el parque.

Paramos en Villa Cerro Castillo, desayunamos y preguntamos. Justo allí está la parte chilena de la aduana.

Aprovechamos para llenar de gasolina el coche con la garrafa de 20 litros que compramos en Puerto Natales. Con el depósito lleno realizamos los trámites aduaneros. Hay que pasar la parte chilena y 5km después la Argentina. El asfalto deja paso a un camino de piedras justo al atravesar la línea fronteriza. Hemos cruzado por el paso Don Guillermo, un lugar poco habitual, pero es el que más cerca estaba. Nos sellan el pasaporte en la parte argentina y seguimos literalmente por un camimo de cabras. Menos mal que el coche es alquilado.

No nos cruzamos con nadie. El aire empuja de forma voraz. El paisaje sigue siendo pampa. El clima extremamente árido y el viento condicionan que sólo las plantas con raíces profundas y espinosas que toleran bien la falta de agua sobrevivan en esta zona. Las nubes y el agua se quedan al otro lado de los Andes, en el lado chileno. Predomina el arbusto calafate, que le da el nombre a esta ciudad de argentina. De flor amarilla, produce una baya comestible de color morado muy usada en postres, comidas en general e incluso en cervezas. Es tambien muy abundante en Chile y nos ha acompañado muy frecuentemente en nuestro viaje.

Nos cruzamos con unos ñandús (parecidos a las avestruces), rapaces, ovejas, guanacos y vacas... Pero a ningún coche ni persona. No pasamos de 30km/h y el trayecto se hace largo. Piedras y más piedras...

En casi 5h llegamos a El Calafate. Es una pequeña y coqueta ciudad con todas las comodidades y con mucha gente. Casas de una o dos plantas en su mayoría en una disposición cuadriculada transmiten orden. Tiene encanto. El turismo es una de sus fuentes más importantes de ingresos.

Paramos directamente a comer en el restaurante Isabel, recomendado por nuestros amigos Javi y Rocío que pasaron por aquí hace unos años en su luna de miel. La especialidad del lugar es la cocina de disco. El disco es un antiguo utensilio empleado por los campesinos de la llanura argentina para arar la tierra. Se empezó a utilizar para cocinar hace un siglo. Probamos el "cordero a la cazadora" y estuvo espectacular. Gracias a Javi y a Rocío por la recomendación!

Tras dejar las cosas en el Hotel Kau Lodge salimos a dar un paseo. Visitamos un bar de hielo. Es un local hecho completamente de hielo, al que hay que entrar con crampones. Esta a -12.5°C y sólo se puede permanecer dentro 25 minutos, durante los cuales puedes beber de todo. Nos tomamos 4 chupitos y dos copas cada uno en 25 minutos. Somos españoles. No veas lo contentos que dimos el paseo y lo que nos gustó El Calafate.

Compramos algunas cosas y buscando un supermercado preguntamos a dos muchachos de marcha compleja, algo tambaleantes y con habla gangosa, que debían haber pasado hora y media en el bar de hielo porque no entendemos nada de lo que dicen de la que llevan encima.

Recorremos la ciudad en un agradable paseo y compramos comida para el tour del día siguiente al Perito Moreno Cenamos en la Pizzeria Lechuza. Al regresar concretamos en la recepción del hotel la hora para un masaje para mañana después de la excursión y a dormir con el profundo sueños que seguro nos brinda el gélido bar de la tarde.

Ñandús junto al camino en tierras argentinas.

Pampa argentina

En el Yeti Ice Bar

Día 29. Argentina. Perito Moreno.

Desayunamos en el Kau Lodge con vistas al mar. A las 08:00h nos recogen para iniciar el tour al Perito Moreno.

Nos separan 80km. Aquí todo es más turístico. Vamos en un autobús lleno con gente de diversos países. Cada uno va diciendo en alto de qué país procede. Se van escuchando decenas de ellos. Creíamos que había dos españoles más, pero qué va, al final sólo nosotros, porque a la pareja de delante no pertenece a ningún país. Y es que al preguntarle la encargada de la excursión de qué país sois, responden sin dudar y con toda la intención... "nosotros de Barcelona". Se ve que el día que dieron las regiones y los países no fueron a clase. Tontos abundan, y allí había dos.

Llegamos al glaciar. Los sin patria también. Es enorme, aunque no el más grande de la Patagonia argentina (es el tercero). Ese lugar lo ocupa el Viedma, situado más al norte y de más difícil acceso.

El Perito Moreno es el único glaciar conocido que no está disminuyendo de tamaño. No se sabe muy bien por qué.

Se trata de un mastodonte de hielo cuya lengua tiene un lado norte y otro sur, que puede contemplarse desde unas pasarelas a escasos metros. Es impresionante. Escuchar el crujido de las rupturas y ver los témpanos precipitarse al agua es otra escena que hipnotiza. Son bloques de varios metros los que se desprenden, que parecen de miniatura en comparación con el resto de la enorme pared, que llega hasta los 70 metros de altura. Por debajo del nivel del agua el Perito Moreno se prolonga más de 100 metros más. Allí pasamos dos horas embobados con nuestras cámaras preparadas para captar uno de esos momentos.

Después navegamos por el lado sur bordeando la línea de la lengua glaciar durante media hora, desembarcando en la morrena lateral para iniciar un trekking de una hora y media sobre el glaciar más famoso del planeta. Los glaciares avanzan y retroceden de forma cíclica. Una morrena es una columna de sedimentos (tierra y piedras) que se forma con los restos que el glaciar va arrastrando o empujando en su avance, dejándolos depositados en los márgenes cuando va retrocediendo. En esa morrena que quedó tras el último retroceso nos ponemos los crampones y comenzamos una caminata por la que atravesamos grietas, sumideros, corrientes de agua subterránea... Una maravilla para los sentidos. Sólo caminamos por una pequeña zona del glaciar, adaptada y supervisada para evitar los numerosos peligros que esconde ese manto blanco de nieve que parece inofensivo desde lejos. Y es que algunos de esos agujeros que bordeamos tiene decenas de metros de profundidad.

Volvemos al barco y al autobús, con la sensación de haber visitado una de las más importantes maravillas naturales de nuestro planeta. Las hordas de turistas que se congregan en las pasarelas le quita misticidad, pero a pesar de eso mantiene intacta su inigualable belleza.

A la vuelta a El Calafate nos damos un masaje relajante con piedras volcánicas en el hotel. Y para concluir el día y nuestra corta visita a este rincón del mundo, una magnífica parrillada para dos personas en el restaurante Don Pichón, al cual hay que acudir sin duda si se quiere degustar buena carne a la parrilla entre otros muchos platos. Con el buche lleno para un par de semanas volvemos al hotel.

Aquí termina nuestro avance por estas tierras sudamericanas. A partir de mañana volveremos poco a poco a nuestra añorada ciudad califal de nuestra querida España, porque somos de esos que tenemos país, no como aquellos dos de Barcelona. Lo haremos de forma escalonada deshaciendo durante 3 días lo andado. Mañana volveremos a Punta Arenas en un largo viaje en coche.

Glaciar Perito Moreno

Navegación junto al glaciar Perito Moreno.

Trekking sobre el glaciar Perito Moreno.

Parrillada den restaurante Don Pichón.

Día 30. Argentina (El Calafate) - Chile (Punta Arenas).

09:00h. Iniciamos la vuelta. Destino Punta Arenas, desde donde mañana sale nuestro avión a Santiago. Es lo peor de los viajes, cuando ves que se acerca el final de la aventura. Pero tenemos mucho para ir recordando durante el trayecto. Han sido muchas historias y momentos irrepetibles.

Antes de partir y perder la red, reservamos un hotel en Santiago para mañana. Llenamos de gasolina el coche. En la misma gasolinera nos llama un hombre y nos dice señalando a nuestro coche que la rueda trasera izquierda está pinchada. Menos mal que alguien puso a ese hombre ahí. Preguntamos por una gomería (así llaman aquí a los talleres que reparan ruedas). Suerte que no hemos salido a la solitaria carretera y que hay una gomería a 200 metros. Otro amable hombre nos repara en 10min la rueda por unos 4 euros (se le había clavado un tornillo, que debe ser el que les faltaba a los de Barcelona de ayer), y podemos seguir nuestro rumbo.

Para evitar el camino de cabras por el que llegamos, escogemos una ruta 100km más larga, pero asfaltada y en muy buen estado. En 4h y media recorremos los 600km que nos separan de Punta Arenas. Pampa eterna. Paisaje monótono desde el primer al último minuto. Atravesamos sin problemas la aduana por el paso Integración Austral, que es unificado (la salida de un país y la entrada al siguiente la gestiona el país de destino, parando así el viajero sólo una vez).

Nos quedamos en el mismo hotel de la ida. La dueña nos dice que los problemas sociales en Chile están algo más calmados, pero de fondo se escuchan las voces y los pitos de los coches por todos lados. Esperemos que mañana el aeropuerto no esté revuelto.

Vamos a cenar a nuestro restaurante "Entre Ollas y Sartenes" ya habitual de Punta Arenas, a comer nuestro habitual ceviche y nuestro habitual sushi. Nos despedimos de ellos y volvemos al hotel a pasar la noche.

Al sobre. Mañana volaremos a Santiago.

Gomería en Calafate

Pampa y más pampa.

Día 31. Chile. Punta Arenas-Santiago.

Tras desayunar y ordenar todo nuestro equipaje para controlar el peso y lo que podemos llegar en las mochilas nos dirigimos a la empresa donde alquilamos el coche para dejarlo.

Está en el mismo aeropuerto. Vamos con tiempo para evitar problemas de última hora. En 3h y media estamos en Santiago. Este día estaba reservado para hacer algunas compras por el centro, pero las cosas siguen socialmente revueltas en la capital, por lo que hemos reservado un hotel cercano al aeropuerto y no saldremos de él durante la tarde.

Esta aventura ha llegado a su fin. Durante el vuelo pasamos sobre todos los lugares que hemos estado desde que dejamos Atacama. Mil recuerdos y la sensación de haber vivido momentos inolvidables. Casi no hablamos. Sólo recordamos.

Día de descanso en el hotel y a escribir el resumen final que publicaré mañana.

 

Día 32. Santiago - Madrid

Nuestro avión despega desde Santiago de Chile a la hora prevista. Por delante 12h de vuelo y 2h de AVE nos separan de nuestra ciudad. Por detrás... Sólo nosotros sabemos que dejamos atrás, y lo que hemos aprendido.

En resumen

Chile con su patagonia es sin duda uno de los destinos más sorprendentes que se pueden elegir. Menos escogido como destino de lo que merece, demanda exigencia y predisposición si se quiere vivir a tope desde dentro, pero la recompensa supera con creces el esfuerzo.

Hemos visitado una parte de la encantadora Bolivia y una pequeña esquina de la Argentina más austral. Pero nos hemos centrado en Chile. Este país nos ha cambiado la manera de entender los entresijos de una naturaleza intacta que se muestra de una manera muy distinta a la que conocíamos en nuestro ambiente.

Hemos recorrido Atacama, la Patagonia y la región de Magallanes. Nos quedó una buena parte del país seguro llena de encantos que deberemos dejar, quien sabe, para otro lugar de nuestro tiempo.

Antes de salir de Córdoba, al decir Chile cuando nos preguntaban dónde íbamos este año, nos decían por qué ese país. Fueron muchas horas previas invertidas en descubrir lo que esta parte de sudamérica esconde. Y lo que leía y veía de Chile me asombraba. Cada vez más. La decisión fue sencilla. Queríamos conocerlo en persona.

Las razones, ahora sí con la certeza que otorga el haberlo vivido de cerca, son estas:

Atacama nos mostró su profundo y centelleante firmamento, que casi puede tocarse, en el que conocimos la cara sonriente de la luna del sur, y su eterno desierto, sus rocas humeantes, volcanes y fumarolas, signos palpables de una tierra que sigue muy viva, que habla y que siente. San Pedro con su juvenil y aventurera máscara bohemia es un oasis en la árida soledad de este desierto único, y nos mostró el camino de entrada a Bolivia para conocer la impresionante Reserva Eduardo Avaroa, cerca del cielo, donde cada molécula de oxígeno suma, avanzando perplejos entre interminables hileras de volcanes, géiseres y lagunas de mil colores salpicadas de flamencos. Impresionante laguna colorada!!

Un mar de sal paralizó nuestros sentidos en Uyuni. Un privilegiado horizonte testigo de una maravilla natural sin rival en la escala de lo más bello, nos mostró un embriagador amanecer, donde una trama de infinitos hexágonos en una planicie sin final se iba iluminando hasta completar una escena que se quedó con nosotros para siempre.

La impactante Patanogia, en su parte norte, cruzada por la cautivadora ruta austral, impregnó nuestros esquemas y moldeó nuestra concepción del mundo. Un abrupto camino que serpentea entre glaciares, fiordos, cascadas, bosques y esteros... Hechizada por la magia de lo auténtico, de lo que aún sigue a salvo de lo humano. Uno de los lugares más aislados y menos poblados del planeta, que esconde un tesoro en cada curva, donde parpadear es perder el tiempo. Allí caminamos por bosques patagónicos siempreverdes, subimos en el Pumalín a miradores donde aprendimos lo que es es estar a solas con la naturaleza. Vimos cómo Chaiten resurgía de las cenizas de la furia volcánica en su pasado más reciente. Nos volvimos a enamorar en Raúl Marín Balmaceda, la niña bonita del viaje, donde disfrutamos como en ningún otro lugar a solas con el entorno de la fauna y la vegetación más salvaje de la mano de Jonathan, y de los deliciosas recetas de su madre Nancy (aquellos puyes ya se quedaron con nosotros para siempre). Un plato de pasta en La Junta detuvo el "Espacio y Tiempo", para después contemplar junto a dos curiosos pajarillos, en lo más alto de un Queulat cerrado para nosotros, cómo nuestro primer glaciar se descolgaba poco a poco entre dos montañas mirando al remanso de agua al que se unía por sus cascadas. San Rafael con su laguna nos vistió el viaje de blanco, viéndonos pasar entre sus témpanos donde un foca leopardo nos regaló una postal con un marco de ensueño. El maravilloso glaciar Exploradores, otra de nuestras más preciadas joyas guardada con celo en el cajón de nuestros recuerdos, agonizando en su certero desenlace, nos permitió un último paseo por su hipnotizante piel blanca y por la magia de sus azules entrañas. Expectante y calmado, el lago General Carrera nos enseñó entre su extraordinaria gama de azules, la piedra de sus capillas y su catedral, con formas y colores imposibles, brotando imponentes desde el fondo, creada al antojo de la geología y del exquisito gusto de la paciente naturaleza. Una chimenea junto al lago en un paraje de ensueño registró a Puerto Guadal en nuestra lista de momentos para siempre, y la furia de las aguas de dos ríos al encontrarse, nos enseñó que algunas luchas son extraordinariamente bellas. Las termas de Puyuhuapi pusieron la guinda mostrándonos uno de los rincones verdes más bonitos y exclusivos de toda la Patagonia, donde el agua y el tiempo se combinaron de una forma para nosotros hasta ahora desconocida, confirmándonos que aquí todo ocurre más despacio.

La Patagonia Sur nos recibió por Magallanes, como a Hernando hace cinco siglos, donde el estrecho beso oceánico entre el Atlántico y el Pacifico salpica la costa de las simpáticas pingüineras de Isla Magdalena y las remotas loberías de Isla Marta. Desde las alturas del manto blanco del Campo de Hielo Patagónico Sur, la segunda masa de hielo después de la ya cercana Antártida, decenas de glaciares se derraman en sus márgenes en su camino en busca del agua, entre ellos Balmaceda, Serrano y Grey, con sus gigantescos tempanos, fieles vestigios de la última glaciación, que nos mostraron lo insignificantes que somos en la inmensidad de lo importante. A lomos de Torres del Paine Chile nos invitó a descubrir el lado duro de sus escarpadas cumbres, y nos enseñó que vividos desde dentro el viento y el hielo nos pueden hacer cada vez más pequeños, para después regalarnos el corazón nevado de sus más preciadas vistas.

Argentina nos brindó su cara más austral con el encantador Calafate y las delicias de sus discos y parrillas, antes de prestarnos por unas horas las enormes paredes verticales y los ensordecedores desprendimientos de una de sus más perseguidas estampas, el glaciar Perito Moreno, que se coló sin avisar en el grupo de cabeza de lo que jamás olvidaremos.

Estas son las razones que hoy daría al por qué visitar este asombroso país, sabiendo que lo que escribo no son más que palabras y las fotos nada más que imágenes. La vida y el movimiento los pusimos nosotros, con cada paso que dimos, cada sonido que escuchamos, cada roce del viento en la cara, cada bocado que probamos, cada vez que respiramos, cada conversación que mantuvimos y, en definitiva, con cada interacción con la naturaleza y con cada instante que pasamos entre tantos rincones que permanecerán junto a nosotros para siempre.

Sólo nosotros sabemos de verdad lo que allí ocurrió. Al final es lo que nos queda, la impactante realidad de las experiencias vividas y el recuerdo de lo que captan nuestros sentidos. Para nosotros, en este y otros ámbitos, eso es vivir. Y lo demás es tontería.