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Día 11. Guatemala. Semuc Champey.

Al levantarnos, aún no éramos conscientes de que hoy tendría lugar la tercera prueba del Juego del Calamar.

Desayunamos a las 08:00h un crepe de banana y chocolate cada uno, con los que podía haberse alimentado a un instituto. Se despierta un bonito día en la selva guatemalteca.

Hoy visitaremos Semuc Champey, para muchos el lugar más bonito de este país. Estamos en el corazón de Guatemala. Semuc Champey significa "por donde se esconde el río". Se trata de unas piscinas naturales de piedra caliza dispuestas en escalera durante unos 300 metros, por las que corren turquesas aguas cristalinas. El río Cahabón, de aguas marrones debido al arrastre de materiales del fondo, llega con fuerza a lo que llaman el sumidero, un torbellino de aguas enviolentadas que durante miles de años ha ido oradando la piedra y pasa por debajo de las piscinas. Desde arriba parece que es el río el que las forma, pero en realidad sus aguas no se mezclan hasta el final, más abajo, en el momento en el que se acaban las pozas, cayendo el agua de estas en cascada al río, que vuelve a aparecer. El color del agua y el entorno configuran una bella estampa, sobre todo si se observa en conjunto desde lo alto.

Nos recoge una ranchera en el hotel. Nos dice que si preferimos ir dentro, o subidos arriba. Por supuesto que escogemos arriba. Se unen dos parejas israelíes, una de ellas la que salvó Cristina anoche de un futuro incierto. Y también dos policías armados que nos acomañan para nuestra seguridad. El trayecto es a través de un terreno de tierra con grandes grietas y hondonadas. Aquello empieza a botar y parecemos palomitas de maíz saltando con cada bache. Estamos los primeros, apoyados en la cabina. Será una hora de camino y hay que agarrarse bien. Poco después recogemos a dos chicas portuguesas, que se unen a la fiesta del maíz. El paisaje es de nuevo impresionante. Todo es selva, exageradamente tupida por gigantes hojas verdes de cualquier forma por todas partes, como nunca antes habíamos visto. Sólo el hecho de contemplar el modo de vida de la gente en este medio, hace que merezca la pena el esfuerzo de las casi trece horas de viaje de ayer. Y aún casi no hemos empezado. Es muy parecido a Zanzíbar, y también a Sri Lanka. Está claro que el ser humano se adapta a cualquier ambiente, y que entorno es el que guía a las personas en esa forma de adaptarse, porque en otros lugares de similares características, los pueblos, independientemente de su raza o cultura, se comportan de manera muy parecida, incluso en rasgos físicos se asemejan.

Botamos unos treinta minutos más hasta llegar a la entrada de Semuc Champey. Hay que hacer recuento, por si alguno ha salido disparado. Alrededor del puente de hierro amarillo que cruza el río, se congregan niños que se acercan vendiendo agua, refrescos o cervezas frías a las camionetas que llegan.

Lo primero que hacemos es visitar las cuevas de Kan Ba. Nos ponemos los escarpines (es obligatorio para entrar) y el bañador. Es una gruta por cuyo interior fluye un ramal del río Cahabón. Nos dan una vela a cada uno (el interior no está iluminado) y comenzamos a caminar por el agua entre las paredes y estalactitas. Nos dicen que no nos asustemos si notamos algo, porque puede haber cangrejos, peces gato, camarones y nutrias. En pocos metros el agua nos cubre y podemos tocar el techo. Hay que ir agarrándose a una cuerda que está en alto. Una mano para la vela, otra para la cuerda y otra para la cámara acuática. Sí, en ese momento me di cuenta que iban a faltarme manos. Lo complicado viene cuando hay que subir escaleras verticales metálicas de mano pegadas a la roca, para acceder al siguiente nivel. El agua te cae en tromba en la cara. Mucha agua. Y cuando llegas arriba, sin más apoyo que el de una cuerda que asoma, tienes que pasar por una estrechez de no más de 70 cm de diámetro. Ayer llovió bastante por la noche y el caudal del río ha aumentado, por lo que nos dicen que han acortado el itinerario. Es peligroso por el poco espacio que queda por encima del nivel de agua. Ya tiene que ser chungo, pues aquí el umbral de peligro lo tienen muy elevado. Las escaleras empalman unas con otras con cuerdas, pegadas a las rocas siguiendo su forma, a varios metros del suelo. Lo gracioso es cuando hay que pasar de una escalera a otra otra. Ahí si que me faltan manos. Parece que hemos llegado al final de esta etapa del Juego del Calamar... pero no. Ahora hay que colarse por una especie de tobogán que ha esculpido el agua a su paso, en un espacio literalmente minúsculo, dejándote caer por una cascada que cubre todo el espacio del hueco, sin levantar la cabeza para no golpearte, y caer a no sabes dónde aún. Son sólo dos metros de salto, pero cuando ves el pequeño hueco por el que hay que pasar... da sustito. Caes en una poza a oscuras. Alguien te agarra y te sube. Poco después ya se ve la luz. En una hora hemos llegado al final. Al salir, de nuevo hay que hacer recuento, esta vez en serio... La cueva de Kan Ba es una experiencia que exige una condición física aceptable mínima, no apta en ningún caso para claustrofóbicos.

Seguimos a pie hacia la cascada, que es la zona más baja de las pozas (las cuales no vemos porque están encima nuestra). El agua cristalina de estas cae, mezclándose con la del río. Algunos aprovechan para lanzarse al desde un columpio que está en alto. Allí hacemos tubing, que consiste en tirarse con un rosco río abajo. Cogemos el flotador y la corriente nos lleva hasta unos dos kilómetros más abajo, aprovechando dos o tres rápidos que se forman. Menos adrenalina que en la cueva, pero es un paseo agradable donde vemos la ribera del Cahabón.

Paramos para comer en el restaurante (entiéndase familia con parrilla en hueco de pared de montaña con cuatro mesas y cinco perros), que está junto al puente.

Una vez degustados unos deliciosos muslos de pollo fritos y una ensalada de col, cruzamos para iniciar el ascenso al mirador de Semuc Champey, a 350m de altura. Tras 30 min de cuidadoso caminar por piedras resbaldizas, llegamos arriba. Es igual de empinado y exigente que la subida al volcán Acatenango, pero sólo es un rato. Las vistas son espectaculares. Es una de las imágenes más conocidas de Guatemala. Desde allí se pueden contemplar las pozas al completo, disfrutando de todas las gamas de azules y verdes que la naturaleza puede ofrecer.

El camino de vuelta es diferente, pues nos dejará en la parte alta de las piscinas, en el sumidero, donde el río se esconde bajo ellas. Vamos con más cuidado aún del que subimos. Tras varios culetazos por fin llegamos al agua, donde durante hora y media nos bañamos, pasando de una poza a otra, en una de los más impresionantes escenarios naturales que existen. Pececillos pequeños nos acompañan, y a veces comen las células muertas de tu piel produciéndote cosquilleo. El tiempo pasa rápido. Son las 16:00h y ya cierra el monumento natural. Hora de volver.

De nuevo subidos en la camioneta. Esta vez vamos a tope, ocho personas y los dos policías. Será un viaje concurrido. Pensábamos que íbamos llenos, pero el concepto "lleno" en Guatemala difiere del europeo. Por el camino se sube gente de las casas que van apareciendo en mitad de la selva. Unos se incorporan a nuestro lado y otros se cuelgan por fuera donde pueden. De repente somos seis más. Uno de ellos es Harry, natural de Antigua, que ha parado a conocer esta zona en la ruta que le lleva hacia Honduras para visitar a su hermano. Con él charlamos entre baches. Es la primera persona en mi vida a la que sólo he conocido saltando. Seguimos subiendo y a lo lejos una familia con 3 niños y la madre hacen el gesto de querer subir. Todos pensamos... No creooooo. Pero sí. Arriba la familia Guzmán. Ya somos veinte en la ranchera. Hay más gente subida dentro que fuera en todo el valle. La pareja israelí de ayer va encajada entre los hierros del vehículo por delante, y Harry y los Guzmán por detrás. Son calladitos y no dicen nada. Cristina y yo no podemos parar de reírnos... "Mira, mira... Que se sube otro...!!! Pensabamos que nuestro vehículo iba hasta los topes, hasta que nos cruzamos con otro igual, cargado de trabajadores con sus herramientas, en el que había el doble de personas, una subidas encima de otras, por capas, en la versión guatemalteca de los Castells catalanes. La israelí, que sólo tiene espacio libre por arriba, suspira acongojada pensando que igual le toca llevar a alguien a caballito, pero sigue sin decir nada, anhelando la libertad. Llegamos en manada a Lanquín. Son las 17:00h. Harry, los Guzmán, los polis, los israelíes, los que había colgados y nosotros... Todos abajo.

Nos cambiamos en dos minutos y volvemos a salir, porque hay una cueva a unos dos kilómetros que puede visitarse y de la que a las 18:00h, cuando cae la noche, decenas de murciélagos salen a toda velocidad. Es algo que nunca hemos visto y nos apetece. Son las Grutas de Lanquín. Paramos a un tuctuc que pasa por delante del hotel y nos lleva. Es la primera vez que entramos solos en una cueva, sin guía, en una ruta de 1km (aunque haya explorados hasta 20km). Dentro conincidimos con un grupo de españoles, y más adelante con otros dos. No habíamos visto aún a ningún compatriota en el viaje y de repente, en el sitio más remoto, dentro de una cueva, estamos 15 personas, y todos españoles. Esperamos a las 18:00h a que los animalitos salgan. Casi no se ven por la poca luz y por lo rápido que van. Notas el aire que produce su movimento, incluso alguno te roza. Uno de los que están allí ilumina con el frontal uno de los huecos por donde salen por miles y logro grabar unos segundos de ese curioso momento.

De vuelta al hotel. Hemos quedado con el hombre del tuctuc a las 18:45h pero no aparece. Nos quedamos hablando con el guarda de la oficina de la gruta. Menos mal que hay otro motocarro de conductor más formal, que ha quedado con dos catalanes y nos hacen amablemente un hueco. Después de lo de la camioneta, cinco en un tuctuc no es nada.

Decimos al muchacho que nos pare primero en alguna tienda para comprar algo para el viaje de mañana.

Por fin en el hotel. Toca quitarnos todo el barro que traemos pegado. Empieza llover. Agradable cena y cervezas. Cristina me gana al pinpong por primera vez. No le doy importancia porque debe ser la humedad... Día muy completito. Al sobre. Mañana pondremos rumbo en otra ruta de 9 o 10 horas en shuttle a Flores, en la región de Petén, cuna de la milenaria cultura clásica maya.

Nuestra cabaña en Lanquín.

Flor en Lanquín.

Semuc Champey desde el mirador.

Dentro de la cueva de Kan Ba

Semuc Champey.

Piscinas de Semuc Champey

Piscinas de Semuc Champey.

Dentro de las Grutas de Lanquín.

Murciélagos saliendo de las Grutas de Lanquín.

Día 12. Guatemala. Lanquín-Flores.

06:00h. Los gallos cantan. Las nubes se levantan. Suena la jungla en Lanquín. Preparo unos perritos con lo que compramos ayer. Hoy es un día de tránsito en shuttle entre Lanquín y Flores. El trayecto durará unas 9 horas.

Eric nos llevará. Por sorpresa vamos solos en la furgoneta. Podremos estiramos y tumbarnos, lo cual es un lujo en un viaje tan largo. Salimos del hotel.

Atravesamos algunos pueblos. El tráfico y los cortes de carreteras hacen que pasemos tan despacio, que puedo fotografíar algunas escenas de mercados en lugares que pocos ubicarían en un mapa. Sin perder el verde predominante, poco a poco la vegetación va cambiando. Los prados aumentan, aunque las palmeras permanecen todo el trayecto. Llama la atención que poco a poco va aumentando la actividad ganadera. Vacas, cerdos, caballos... abundan a ambos lados de la carretera. Hasta ahora casi lo único que habíamos visto eran gallinas. Viendo la forma de vestir, las casas y los vehículos que nos cruzamos, me da la impresión que en el norte la gente vive con más solvencia. Parece que el traje tradicional maya ya es pasado y se empieza a respirar otro ambiente.

Llegamos a Flores. Bonita habitación del hotel con terraza con vistas al lago. Ya es de noche. Salimos a dar la vuelta para conocer el entorno e inspeccionar lugares para comer y cenar los próximos dos días. Es una isla en mitad del lago Petén Itzá, unida por un puente a Santa Elena, bastante más grande. Se trata de una zona mucho más turística que lo que hemos visto hasta ahora, pero con encanto. Fua la parte del país que más tardaron en conquistar los españoles (1697), por su difícil acceso en mitad de la selva y la feroz defensa de su pueblo. Hace poco más de cincuenta años (1970) que el gobierno de Guatemala impulsó esta región al adaptar las cercanas ruinas de Tical al turismo, sirviendo este punto de base para visitarlas.

Ambiente tranquilo entre calles coquetas llenas de bares, algunos con música, luces y tiendas. Algunos barcos, también con música y luces, navegan por el lago con gente cenando o bebiendo. Nosotros cenamos una parrillada de carne en el restaurante Casablanca.

De vuelta al hotel concertamos para mañana una ruta alrededor del lago y también una visita dentro de dos días a las ruinas de Yaxhá, que junto a las de tikal (las visitaremos al día siguiente) configuran el corazón de la milenaria cultura maya en el período preclásico y clásico.

Gota de agua en el tejado de la cabaña en Lanquín.

Niña en mercado rumbo a Flores.

Grupo de mujeres en mercado rumbo a Flores.

Luna llena desde Flores.

Día 13. Guatemala. Flores. Don Víctor.

Nos levantamos dispuestos a conocer la vida alrededor del lago Petén-Itza. Día sutilmente nublado. Mucho calor y humedad.

Con algo más de mil kilómetros cuadrados, es el tercer lago más extenso de Guatemala, después de Izabal y Atitlán. Tiene unos 35 kilómetros de largo y 16 de ancho, y una profundidad media de 70 metros y máxima de 160. Es nutrido por corrientes que se encuentran bajo el lago. Fue el asentamiento de los mayas Itzá hasta la conquista española en 1697. Otros grupos poblaron zonas vecinas. Los mayas deforestaron la selva y construyeron ciudades y pirámides. Tras el colapso de su civilización, el bosque volvió a ser el protagonista, ocultando estos restos bajo los árboles y montañas. Actualmente es una región completamente repleta de vegetación tropical. Varias poblaciones se encuentran junto al lago: isla de Flores (capital de la región), Santa Elena (es la continuación de la isla de Flores), San Benito (justo a continuación de Santa Elena), isla de Santa Barbara, San Andrés, San Miguel...

Flores se asienta sobre los restos de una ciudad maya, de la que quedan escasos restos, algunos de los cuales se pueden observar en el parque central, junto a la iglesia cristiana.

Hemos decidido conocer el lago en un paseo en lancha por algunos de sus puntos más importantes. Ayer avisaron a un guía que trabaja (cuando quiere) para el hotel "Villa del Lago", donde nos alojamos. Se trata de Don Víctor, un longevo hombre (impresiona de más de setenta años) que vive en San Miguel (en frente de nuestra isla) y cuya edad le ha permitido conocer de primera mano la historia de este lugar. Su abuelo ya vivía en Flores hace muchos años, cuando apenas existían unas pocas casas hechas de adobe según nos cuenta. Su padre fue uno de los primeros guardias de la isla. Trabajó mucho tiempo en Tikal, el asentamiento maya más importante conocido, que visitaremos pasado mañana.

A las 09:00h quedamos con él. Nos recoge en el hotel. No tarda en transmitirnos con su imagen sencilla y su entrañable sonrisa, que rebosa simpatía, humildad y el conocimiento que le ha otorgado el paso del tiempo. Tras poner en marcha su barca, comienza a contarnos las historias del lago, que la tradición oral ha contado de padres a hijos. De discurso lento, la poca intensidad de su voz nos hace estar muy atentos escuchando cada interesante y escogida frase que sale de su boca. Lo que cuenta coincide con lo que hemos leído del lugar, pero las leyendas e historias... esas no vienen en ningún sitio. Las aprendió de su abuelo y de su padre. Es un buen narrador. Le sabe dar al momento la dosis justa de misticidad, que hace que no perdamos la atención.

Primero visitamos Arcas, que es una reserva de animales que han sido rescatados del tráfico ilegal y que no pueden ser puestos en libertad por hacer vivido mucho tiempo en cautiverio. Allí los cuidan y vieven en un entorno controlado. Vemos pumas, jaguares, ocelotes, tucanes, papagayos, monos, caimanes... y muchos otros animales. También conocemos cómo se elabora el chicle, extraído del árbol chicozapote, siendo desde antaño esta zona una de las principales productoras. Durante unos cuarenta minutos paseamos por este lugar hasta volver de nuevo a la barca.

Pasamos el pueblo de San Miguel (sólo comunicado con cualquier sitio a través del agua) hasta la sguiente parada, el mirador del Rey Canek. Y no es lo mismo visitarlo por tu cuenta, que hacerlo después de que Don Víctor nos haya contado la historia de Canek y su amada esposa, que prefirió quitarse la vida antes que serle infiel. El mirador está una colina con unos doscientos escalones, que se sube en 10 o 15 min. Nos acompaña por el mismo camino que pisaban los mayas, mostrándonos los restos de la calzada original y explicándonos que muchos de lo que parecen restos de ladrillos que pisamos, son en realidad partes de utensilios de aquella época. "Aquí todo lo que encuentras es original", nos dice. Y es que esta zona, por falta de medios, aún no ha sido excavada. Al llegar arriba hay una estructura de madera con escaleras sobre la que se divisa casi todo el lago, sus islas y sus pueblos. Bonita estampa. Don Víctor trabajó en su juventud con los arqueólogos alemanes de tikal y también estudió con ellos la zona en la que estamos. Se agacha y nos dibuja en el suelo la forma en que determinaban si debajo de una colina había restos de ciudades antiguas. Nos quedamos sorprendidos al decirnos que, justo lo que pisamos, es en realidad el punto más alto de la pirámide del rey Canek, del que nos había estado hablando, y que casi todas las colinas que vemos cerca son en también pirámides cubiertas por tierra y vegetación tropical, en un total de veintidós. Él ayudó a identificadas hace cuarenta años y nos refiere que por fin, probablemente este año, comiencen las excavaciones, que durarán décadas. Seguramente pisamos algo en en unos años nadie podrá pisar más. Quién sabe cuándo...

Bajamos la falsa colina donde reinó Canek muchos siglos atrás. Llegamos de nuevo hacia la barca y seguimos nuestro rumbo hacia la pequeña isla de Santa Bárbara. Es la única isla privada del lago, perteneciente a una familia desde hace varias décadas, la única que vive en ella. Hay un museo con restos mayas y está habitada también por grandes iguanas, que aunque a veces pueden verse en los árboles desde la barca, hoy no tenemos esa suerte.

Navegamos escuchando sus historias. Seguimos así hasta completar la ruta que durante tres horas nos ha dado una visión interesante del lago, pero sobre todo, nos ha permitido conocer a Don Víctor, una de las personas más queridas de la región, que se dedica a contar lo que sabe, y que nos ha llegado al corazón. Nos da las gracias por nuestra atención. Un abrazo en el muelle nos despide de este gran buen hombre. "Sólo espero que si algún día nos volvemos a encontrar, pueda hacerlo mejor". Fueron sus últimas palabras. Que la vida te sonría, querido Don Víctor.

Vamos al parque. No podemos entrar a la iglesia porque la están cerrando en ese momento. Hay hambre, así que vamos a comer a un italiano recomendado, el restaurante "Terrazzo". Pizza espectacular y la mejor limonada hasta ahora.

Después volvemos al hotel a descansar y refrescarnos. Y es que el sofocante calor hace mella en nosotros.

A las 17:00h, ya anocheciendo, damos una vuelta antes de ir a probar el "pescado blanco" al restaurante "Imperio", que Don Víctor nos ha recomendado. Es una especie autóctona de esta región, muy sabrosa y que no podremos probar en otros lugares. Sencillamente espectacular.

Charlamos después un rato con el recepcionista del hotel. Otro agradable hombre, y subimos a la habitación a descansar.

Mañana iremos a las ruinas de Yaxhá, un yacimiento poco visitado por el turismo, que se suele centrar en Tikal. A las 12:00h he mos quedado en una agencia cercana que nos llevará y nos enseñará el lugar en una excursión que durará todo el día. A dormir después de otro bonito día, que nos ha enseñado que las personas dan vida a los lugares, haciendo diferente la historia y los recuerdos que estás dejan en nuestra mente.

Imagen de Flores

Flores

Flores

Flores

Puma en Arcas

Jaguar en Arcas.

Ocelote en Arcas.

Papagayo en Arcas.

Mariposa limonera en lago Petén Itzá.

Don Víctor explicando en el mirador del Rey Canek.

Rincón del lago Peten-Itzá.

Hasta otra, Don Víctor!

Pescado blanco del lago Petén-Itzá.

Día 14. Guatemala. Yaxhá.

De nuevo el gallo canta, invitándonos a levantarnos, en la madrugada de otro día en que logramos esquivar la lluvia.

A las 12:00h hemos quedado para salir a Yaxhá en la agencia, por lo que aprovechamos para volver al parque por si podemos entrar en la iglesia, que ayer estaba cerrada. Un templo sencillo. Una mujer barre el suelo. A la derecha una familia ataviada con traje típico maya reza en un altar lleno de velas e imágenes de santos. Me llama la atención ver, en un lugar tan lejano a mis habituales, una imagen de María Auxiliadora, la virgen de mi colegio, delante del altar. No es la primera vez que me ocurre en nuestro vaivén por el mundo. La presencia salesiana ha llegado a muchos rincones.

Después de descansar en la plaza haciendo unas videollamadas a la familia, alguien nos llama. Es una de las chicas belgas del otro dia, que viajaba sola, con la que subimos al volcán Acatenango. Acaba de llegar a Flores con unos compañeros de viaje que ha conocido.

Vamos al centro comercial que hay cruzando el Puente hacia Santa Elena a comprar unas empanadas, dulces y agua para comer antes de salir.

Nos ponemos en marcha. Somos siete en el shuttle que nos lleva: un alemán, dos suizas, una pareja chilena y nosotros. Estamos a punto de conocer entre hoy y mañana las ruinas arqueológicas de Yaxhá y Tikal, entrando de lleno en el epicentro de la cultura maya, sin duda uno de los alicientes a la hora de preparar este viaje.

Un poco de historia... Para situarse en el tiempo es interesante resumir muy brevemente los períodos que conforman la historia, desde los inicios de las primeras poblaciones hasta la Independencia centroamericana. Son cuatro: Cultura mesoamericana, periodo maya, conquista española e independencia.

     1. Cultura mesoamericana. Comprende desde los primeros pobladores, sobre el año 8000aC, en el período holoceno, hasta el 2000 aC.

     2. Período maya. Va desde el año 2000aC al 1539 dC. Comprende tres períodos: preclásico, clásico y posclasico.

     - Periodo preclásico (2000aC-250 dC).

Sobre el 800-900 aC aparecen las primeras ciudades mayas, entre las que encontramos las dos que visitaremos, Tikal y Yaxhá, que florecerán en el período clásico.

     -Período clásico (250dC-950dC).

Florecimiento de la civilización maya. El poder político se basaba en el "rey divino", intermediado entre los mortales y lo sobrenatural. Era una monarquía hereditaria. Al final del periodo, la aristocracia quita poder al rey divino.

     - Periodo posclásico (950dC-1539dC).

En el siglo IX comienzan guerras internas y el abandono de las ciudades. Existe un desplazamiento hacia el norte. Chichen Itzá, en México, adquiere su máximo esplendor. Se expande en Guatemala el reino quiché, un estado del altiplano guatemalteco establecido por los maya quiché, que se hizo con el poder hasta la conquista española por Pedro de Alvarado.

     3. Duración de la conquista española (1511-1697). El imperio español conquista la región mesoamericana. La última ciudad maya, en la región de Petén, cae en 1697. La cultura española eliminó los rasgos de la cultura maya por considerarla un obstáculo en su proceso de evangelización, pero quedaron aldeas mayas rurales que mantuvieron su esencia, lo que ha permitido que las creencias religiosas y los idiomas mayas se han mantenido hasta nuestros días.

     4. Independencia de Guatemala (y de Centroamérica). Con la ocupación francesa de España en 1808, empezaron los primeros movimientos independentistas en centroamerica. La independencia definitiva se consiguió en 1821.

Tras esta reseña histórica, continuamos con la crónica del día. Salimos hacia Yaxhá. Su nombre en maya significa "Agua y Verde". Se encuentra en el noreste de la región de Petén, muy cerca de la frontera con Belice. Pertenece, junto con los restos de otras ciudades hermanas, al conjunto arqueológico del Parque nacional Yaxhá-Nakum-Naranjo, y se considera hoy día como el "secreto mejor guardado del Mundo Maya". Recibe pocas visitas de turistas por encontrarse cerca de Tikal, la ciudad conocida como el "corazón del mundo maya", que atrae más que Yaxhá a aquellos que sólo buscan visitar un lugar.

Durante el trayecto de dos horas que nos separan del yacimiento, charlamos con José Miguel y Carolina, una simpática pareja chilena, que vive en Puerto Montt, lo que no lleva a recordar con ellos nuestro entrañable viaje a su país y a su ciudad, donde hace dos años comenzamos la ruta austral. Son dos ingenieros viejeros que están de vacaciones conociencdo México, Belice y Guatemala. Buena gente.

Yaxhá estuvo habitada durante dieciséis siglos, desde el año 600 aC hasta su abandono alrededor del año 1000 dC. Fue descubierta a principios del siglo XX, y se encuentra entre una frondosa vegetación selvática y dos lagunas, en las que el baño está estrictamente prohibido por la presencia de cocodrilos.

Antes de entrar al yacimiento, Saúl, el guía que nos acompaña, nos propone hacer también la visita a Topoxté, otras ruinas que se encuentran en una isla cercana en un paseo en barca. Como tenemos tiempo, allá que nos vamos.

Durante el recorrido por la laguna vemos un cocodrilo en el agua a pocos metros. Ya en tierra, mientras caminamos hacia las ruinas de Topoxté, varios monos aulladores y monos araña saltan de rama en rama en la parte más alta de los árboles. Una pareja de pájaros carpinteros picotea un tronco. En pocos minutos estamos ante nuestro primer templo. Subimos por los estrechos, empinados y desgastados escalones a unos 8 metros de altura. Al mirar abajo, me doy cuenta que bajar por las escaleras de las pirámides más altas va a requerir de una dosis extra de adrenalina. Mejor doy la vuelta a la estructura y salto de grada en grada por detrás, en un lugar que me inspira más confianza. Y es que no hay barandas y los escalones son altos, estrechos, redondeados por el paso del tiempo y húmedos. Seguimos las explicaciones de Saúl con atención, hasta volver a la barca y empezar la visita a Yaxhá.

Es mucho más grande. Vemos varios montículos conquistados desde hace siglos por la vegetación, que esconden pirámides debajo y nunca han sido excavados. Y son muchos. Por todas partes. Estamos pisando el mismo camino que los antiguos mayas construyeron. Se ve perfectamente el límite de la antigua calzada. Las estructuras son mucho más altas que en Topoxtén, pero menos que algunas de las que veremos mañana. Subirlas es un reto. Bajarlas una hazaña. Y es que desde arriba la pendiente se ve mucho más pronunciada y de nuevo no hay nada para apoyarse. Hay que subir en zigzag, siguiendo las partes que no están desmoronadas por el desgaste.

Desde la cima de una de las más altas, a unos 50 metros de altura, un espacio rectangular abierto de apenas unos 10 o 12 metros cuadrados, nos separa de un mar verde formado por las copas de los árboles. Hay que tener cuidado de no acercarse mucho al precipicio. El sonido incesante de los monos aulladores, el aire rozándote sin ningún obstáculo en la cara, otras pirámides asomando por encima de los árboles y el sol vistiendo de naranja su parte del horizonte, motivan un bello espectáculo, que te hace por un segundo olvidar que tienes que volver a bajar. Pero la realidad es que hay que regresar al ras del suelo. Mejor no mirar abajo. Aquí se puede terminar del tirón el Juego del Calamar. Poco a poco lo conseguimos. Yo más poco a poco que Cristina.

Camino del siguiente templo, Saúl se encuentra varios nidos de tarántulas. Logra sacar una introduciendo una ramita por el agujero. Es del tamaño de la palpa de una mano. Nos la vamos pasando de uno a otro con cuidado de no cabrearla. Es la primera vez que tengo semejante bicho en la mano.

A la hora del atardecer subimos a la pirámide más alta. Esta vez, por suerte, por unas escaleras de madera con sus barandas. Allí nos congregamos todos los visitantes que estamos en el recinto. Unos veinticinco. Nadie habla. El sol poco a poco cae con la laguna y las montañas de fondo. Alguna de las fotos transmite con certeza la belleza del entorno.

La noche cae. Usamos las linternas de los móviles para salir. Yaxhá nos ha encantado, pero es hora de volver al autobús. A las 19:45h estamos de nuevo en Flores.

Ha sido un día largo que nos ha brindado nuestro primer contacto con uno de los periodos más florecientes de la civilización maya. Cenamos en el mismo lugar de ayer. Coincidimos allí con los chilenos y nos despedimos de ellos en otro de esos fugaces cruces que llenan de vida cada viaje. Nos acostamos rendidos.

Estamos rendidos. Según el reloj de Cristina, siendo uno de los días medio tranquilos, hemos andado catorce kilómetros y hemos subido 98 pisos (y bajado, a muy pesar mía). Así que a la cama que mañana tocará andar más en los restos de la más importante ciudad-estado maya conocida en la actualidad, Tikal.

Interior de la Iglesia de Flores.

Barquero que nos lleva a Topoxté.

Mono aullador en Topoxté

Tarántula en Yaxhá

Cocodrilo en laguna de Yaxhá.

Pirámide desde otra pirámide (Yaxhá).

Yaxhá.

Atardecer en Yahxá.

Atardecer en Yaxhá.

Día 15. Guatemala. Tikal.

No levantamos a las 07:45h, fieles a la cita con el clásico Barsa-Madrid que empieza a las 08:15h, hora guatemalteca. Logro conectarme a una página en la que podemos verlo deforma bastante decente. En dos horas nos recogerán para llevarnos al hotel de Tikal, así que nos da tiempo a verlo mientras desayunamos.

Victoria madridista como ya empieza a ser habitual. El fútbol español es muy seguido en Guatemala, con predominio de seguidores del Barsa en relación con los del Madrid. Nadie es perfecto.

A las 10:30h, tras ayudarnos Juan (el amable recepcionista) llamando al aeropuerto para comprobar que nuestro vuelo de pasado mañana está reservado (a veces sobrevenden), nos ponemos en marcha rumbo al "Jungle Lodge Tikal". Es un recinto espectacular a escasos metros de la entrada del parque. No en vano surgió como lugar de residencia de los arqueólogos alemanes que estudiaron y desenterraron la ciudad maya.

Hoy Tikal es conocida como el "corazón de todo el mundo maya", siendo los restos de esta civilización más importantes que se conocen. Se trata de la más grande de las antiguas ciudades mayas del periodo clásico, que estuvo habitada durante unos 1800 años. Comenzó a construirse sobre el año 900 aC. Durante unos 200 años mantuvo un pequeño tamaño. Las grandes construcciones comenzaron a elevarse sobre el año 600 aC. Su ubicación era ideal para las rutas comerciales con las tierras bajas. Poco a poco creció hasta convertirse en la ciudad-estado maya más rica y poderosa conocida. Fue abandonada en el siglo X dC.

Llegamos sobre las 11:45h. Se trata del hotel más exclusivo en el que hemos estado en este país. Nos recuerda mucho a los Lodge del safari a Kenia. Nos explican las posibles combinaciones para poder explorar mejor la zona. Decidimos hacer el tour del atardecer desde las 16:30h y mañana aprovechar desde las 06:00 que abren para hacer la visita normal hasta las 14:00h. A las 16:00h nos llevarán directamente al aeropuerto para coger a las 18:30h el avión hacia Ciudad de Guatemala.

Por si a alguien le puede ayudar, en Tikal hay tres entradas. La normal de 06:00 a 17:00 (250 QTZ), la del amanecer (100 QTZ) de 04:00 a 06:00 y la del atardecer de 17:00 a 19:00 (100 QTZ). Para sacar la del amanecer o la de atardecer hay que sacar obligatoriamente la normal. Nosotros tenemos la normal y la del atardecer. Las puedes usar en días diferentes cada una.

Mientras llega la hora, descansamos en la piscina y comemos allí mismo unas hamburguesas muy buenas. César será nuestro guía hoy. Salimos antes (ha conseguido que nos dejen entrar a las 16:30h, adelantando media hora). Atrochando por mitad literalmente de la selva, ponemos rumbo al "Templo del Mundo Perdido", desde donde contemplaremos esconderse el sol. César es descendiente maya y nos va contando muchas cosas de su cultura. Conoce cada rincón del enorme yacimiento. Son 16km cuadrados llenos de pirámides, muchas de ellas sin excavar. Pequeñas montañas se elevan por cada rincón, a veces dejando ver alguna de sus piedras, levantadas por las raíces de los cientos de árboles que han crecido encima de las piedras.

Llegamos al templo. Subimos las escaleras de madera. Desde arriba se ven las cimas de otros templos asomar entre los altos árboles. El sol bajando hacia un horizonte que vuelve anaranjado. Monos aulladores y pájaros de fondo... el sonido de la jungla. Poco a poco se hace la sombra y todo va tornando al negro. Pensábamos que volvíamos al hotel, pero César, viendo mi insistencia al preguntarle por algunos de los templos más conocidos, nos lleva sin decir nada al meollo. Es de noche. Casi no se ve. Sólo lo que la pequeña luna menguante levemente ilumina y  los puntitos de luz que las luciérnagas dejan suspendidos en el aire. Se escuchan grillos y cigarras, algún mono a lo lejos y los últimos pájaros. Arriba un cielo lleno de estrellas. De repente, tras atravesar unos matorrales, una enorme mole de piedra se eleva en la penumbra a pocos metros nuestra, en lo que parece una plaza. Es el famoso Templo del Gran Jaguar. Provoca respeto mirar hacia arriba. Al mirar atrás otro templo en frente. Estamos solos en todo el parque. Nosotros, César, la silueta de las pirámides y una legión de hambrientos mosquitos. Nos enseña inscripciones y jeroglíficos. Nos explica que las pirámides iban agrandándose cada ciertas décadas, construyendo una nueva capa sobre las ya existentes, ensanchándose, a modo de las muñecas matriuskas rusas. Es un momento único. Un instante para siempre, otro de los muchos que Guatemala nos ha regalado. Regresamos de nuevo jungla a través, ambientados por los relatos de nuestro guía. Avanzamos con la ayuda de la linterna del móvil, porque entre los matorrales no se ve nada, con cuidado de no pisar algunas tarántulas que han salido de sus escondrijos a cazar.

Mañana volveremos a este lugar con más tiempo, y también seguro que con mucha más gente. 

Estamos cansados. Nos tomamos otra merecida limonada con soda en el bar del hotel y nos vamos a la habitación a intentar dormir un poco, porque la noche será larga. Y es que mañana empiezan a llamar para los contratos de la bolsa, y Cristina tiene que estar pendiente de esa llamada a partir de la 01:00h-02:00h. Un contrato piramidal.

Tras César camino de los templos en Tikal.

Atardeciendo en Tikal.

Anochecer en el templo IV (Tikal).

Día 16. Guatemala. Tikal.

Después de una noche ajetreada por la posible llamada a Cristina, que al final no se produjo, iniciamos la recta final del viaje con uno de los mejores alicientes de esta aventura, un recorrido por las ruinas de Tikal.

Desde las 03:00h hay que hacer visitas periódicas a la recepcion del hotel, único lugar, junto la piscina, que tiene red y acceso a internet en el recinto.

A las 05:00h estamos definitivamente despiertos. Aprovechamos para hacer el Check-in online del avión de vuelta a España y rellenar el Formulario de Salud que exigen por la pandemia.

A las 07:00h entramos al parque, que se encuentra a escasos 100 metros de nuestro hotel. Después hay que andar unos 15-20 minutos hasta a llegar a ver la primeras construcciones. No nos cruzamos con nadie. Es lunes, los del tour del amanecer tienen que irse a las 06:00h y los shuttle con turistas ni siquiera han salido de sus lugares de origen más habituales. Todo indica que disfrutaremos de unas horas casi a solas en Tikal.

La antigua ciudad maya es enorme. Pirámides por todos los sitios en mitad de una jungla infranqueable. Por los caminos, el ruido incesante de aves, ranas, monos aulladores y sabe Dios qué más, aumentan a nuestro paso. Llegamos a la impresionante Gran Plaza, esta vez de día. Estamos literalmente solos. Y solos seguiremos. A un lado, la imponente pirámide del Gran Jaguar, la joya del recinto, y justo en frente la de los Mascarones, custodiando un conjunto que puede competir, sin titubeos, con cualquier escenario que hayamos conocido en la carrera por lo más bello. Es la admiración del ser humano hacia el propio ser humano, contemplada con la serenidad que otorga la distancia en el tiempo, que siempre invita a buscar lo que une, neutralizando la crispación que en ocasiones provocan las escasas diferencias entre culturas.

Dejándonos impregnar de la calma y la magia del momento, subimos a la pirámide de los Mascarones y a la acrópolis para tener una visión de la gran Plaza desde lo alto. Allí permanecemos un buen rato, hasta que llega un grupo de gente. 

Seguimos después por los senderos, comprobando que el mapa que nos han dado es bonito, pero poco práctico, al no reflejar correctamente las distancias. Es mejor perderse y disfrutar. Y eso hacemos.

En una de las zonas más retiradas, tras unos dos kilómetros andando entre la jungla, el grito de decenas de monos aulladores llega casi a asustar. Se ve que no somos bien recibidos, pues al ir pasando se calman y empiezan a aullar los siguientes. Hace dos días que escuchamos ruídos parecidos, así que no damos más importancia y seguimos hacia delante.

Así, llegamos al último templo de esa parte del parque, que termina en ese extremo, permitiéndonos la licencia de subir un tramo de sus prohibidos peldaños para una foto a solas con este entorno único. Y es que los únicos que nos observan son los monos y demás animalitos de la selva.

Después volvemos, por donde hemos venido, de vuelta a la gran plaza a seguir descubriendo construcciones. Vemos las más importantes. Nos encanta el Templo V. Nos encantan todos.

Tikal impresiona. Impresiona mucho. Enormes moles de piedra que se elevan casi en vertical desde hace quince o veinte siglos... Y ahí siguen, en una lucha constante entre el hombre y la naturaleza; el primero por mantener visible el esplendor de una de las más prósperas civilizaciones humanas que han existido, y la segunda por reconquistar el territorio que una vez, sin preguntar, le tomaron prestado.

Volvemos al hotel. Nos relajamos en la piscina haciendo tiempo hasta las 16:00h, hora en la que un shuttle nos llevará al aeropuerto. Un colibrí suspendido a un metro delante mía me acompaña unos segundos. Comemos y salimos. En algo más de una hora estamos en Flores.

El aeropuerto "Mundo Maya" es muy pequeño, sólo una sala con 5 o 6 mostradores, para gestionar los vuelos internos, la mayoría entre Flores y Ciudad de Guatemala.

En media hora estamos en el avión, una pequeña aeronave bihélice. Subimos al mini espacio con el equipaje de mano, que no entra en la parte de arriba ni abajo entre los dos asientos. El miniavión va completo. El aire acondicionado no se activa hasta estar en vuelo. Empezamos a sudar. Mascarilla FFP2. Todo se empaña. Sensación de estar en Córdoba en agosto a las tres de tarde al sol. Literalmente goteamos. Nos derretimos. Piernas flexionadas encima de las mochilas. Me viene bien porque así me quito el sudor de la frente con la rodilla. Despegamos. Comienza la prueba final del Juego del Calamar. Eso se mueve más que el chamán del Maximón cuando le enseñé los billetes... Pero hay que aguantar, porque por tierra el mismo trayecto son de diez a doce horas.

En apenas veinticinco minutos empezamos a descender. Es un vuelo muy corto.

En una hora estamos en la capital. Nos recoge Ramón, un taxista que el hotel nos ha mandado. Quedamos con él también mañana, para que nos lleve al centro para hacer algunas compras. El hotel es uno de los mejores hasta ahora.

Una exclusiva cena en un restaurante llamado "Escobar" que está al lado, con una chuleta tomahawk para dos y una copa de buen vino, ponen el mejor broche para nuestra última noche en Guatemala. 

Templo del Gran Jaguar desde el Templo de los Mascarones.

Templo V (Tikal).

Templo del Gran Jaguar.

Regala VIDA, dona órganos!

Gran Plaza desde la Acrópolis en Tikal.

Monos araña en Tikal.

Pavo ocelado en Tikal.

Zorro en Tikal.

Coatí de nariz blanca en Tikal.

El sonido de la jungla en Tikal.

Día 17. Ciudad de Guatemala. Fin del viaje.

Tras desayunar en el hotel, Ramón nos recoge y nos lleva al centro. Es una ciudad con mucho tráfico. Nos deja en el Mercado Central. Literalmente venden todo lo que hasta ahora hemos visto en cualquiera de las tiendas de los lugares que hemos visitado a lo largo del país. Y los precios son en general más baratos si los gestionas (la mitad de lo que piden como mucho). Nos faltan algunas cosas por comprar, recuerdos de Guatemala para nuestra casa y para nuestros familiares. Regatear es obligado, pero requiere menos esfuerzo que en otras partes del mundo.

Una vez terminamos nuestras compras, damos una vuelta por la Plaza de la Constitución, con el Palacio Nacional y la Catedral. Está llena de vida. Mucha gente pasea, niños juegan, otros se bañan en la enorme fuente que hay en medio, vendedores de helados ofrecen su género y los limpiabotas sus servicios...

Comemos en un lugar cercano mi amado pollo frito, un ceviche de camarones y una milanesa.

A las 13:45h hemos quedado de nuevo con Ramón, que nos lleva de vuelta al hotel a recoger las cosas y de ahí directamente al aeropuerto. Haremos una breve parada en en El Salvador. Fin de la aventura.

Volvemos a Madrid, y en AVE después a nuestra querida Córdoba.

En resumen...

Guatemala es un país que nos ha encantado. Encierra tesoros culturales, naturales e históricos de incalculable valor. Su belleza te desborda, te absorbe... te atrapa.

Nos ha enseñado el encanto de sus amables y educadas gentes. Nos ha abierto sus puertas, para encontrarnos de lleno con su interior más puro, que aún sigue en algunas zonas a salvo del influjo del lado amargo del capitalismo, mostrándonos que humildad y la sencillez poseen una fuerza ya olvidada en otras partes. Hemos palpado las cicatrices de un pasado convulso, en el que unos pocos, hace algo más de cinco siglos, por la mera recompensa del ego y del dinero, le arrancaron sus entrañas, quemando las páginas de su historia y sepultando su milenario arraigo. Y a pesar de ello, una bueba parte de sus habitantes nos denomina su "madre patria". Otra prueba de su humildad y su sencillez.

Hemos comprobado en sus contrastes y en algunas charlas, la injusticia convertida en pobreza que el corrupto poder político genera en muchos rincones. Pero por alguna razón asienten y se conforman. Tal vez porque a eso les aconstumbraron lamentablemente a lo largo de la historia.

La Antigua nos demostró que la combinación entre edificios en ruinas por pasados terremotos y los vivos colores de nus nuevas construccione funciona a la perfección. Nos regaló sus inolvidables rincones y sus exquisitos platos.

En el Lago Atitlán convivimos con un horizonte a caballo entre el majestuoso azul del agua y la impactante silueta de sus volcanes, y vimos parado el tiempo en algunos de sus escondidos pueblos, donde la tradición pudo con la opresión y con el dólar del turista. Las vistas desde el hotel sobre el lago nos dejaron sin palabras.

Acatenango nos prestó sus escarpadas sendas para mostrarnos la imperiosa fuerza de la naturaleza y el rugido continuo de una geología que puede sentirse temblar bajo tus pies. Esas erupciones a solas en la madrugada, viendo cómo la montaña se cubría de rojo, se quedarán para siempre en nuestra mente, como la joya más valiosa e impresionante de esta aventura.

Semuc Champey nos refrescó la mente. Nos dibujó un paisaje de ensueño. Nos enseñó un juego insuperable de azules y verdes, y que hay muchas formas de disfrutar de una cueva.

Flores nos enseñó, en una barca con Don Víctor, que por encima de sus muchos encantos, la magia de los lugares la otorgan las personas que los habitan. 

Tikal y Yaxhá grabaron para siempre imágenes de cuento en nuestro recuerdo. Gigantescas pirámides, templos y otras construcciones, en mitad de una jungla muy viva que quiere recuperar su espacio. Nos dejó imaginar, soñar, palpar; en definitiva, sentirnos parte, por un instante, de una de las civilizaciones más florecientes que han existido.

Este país nos ha brindado un montón de imágenes, de vivencias y de recuerdos que ya se quedarán con nosotros para siempre, junto a otros muchos anteriores, haciendo nuestra vida mejor, completando un poco más el cuadro, dándonos la posibilidad de sentir para siempre, cada vez que Guatemala asome a nuestros sentidos, que nosotros pudimos verlo, que nosotros pudimos sentirlo, que nosotros, una vez más, estuvimos allí.