EGIPTO

Marzo 2022

Mohamed nos da la bienvenida.

Día 1. Plaga de las aguas turbulentas. "Aquaneton III".

Lluviosa mañana de viernes que la calima disfraza de ocre. Rugen los motores. A toda velocidad, a través de la ventanilla, dejamos atrás los aviones que esperan su turno en los hangares. Dentro de ellos, un buen puñado de historias por escribir. Aquí comienza la nuestra.

El cese de la vibración del rozamiento con el suelo es el momento justo en que la mente se transporta. Justo ese. Y es que parece que por encima de las nubes, los problemas del mundo son menos problemas. Las inquietudes se aparcan y las preocupaciones se relativizan. Quizás es momento para otras cosas. Un tema de perspectiva supongo, porque desde arriba se ve TODO más pequeño... más liviano.

Comienza una aventura en la que podremos respirar y tocar la esencia de una cultura milenaria. Estamos a sólo unas horas de asomarnos a un balcón de cinco mil años de historia. Egipto nos espera, impasible al paso de las civilizaciones, en un entorno a buen seguro diferente a todo lo que hasta ahora hemos conocido.

Tras hacer escala en Estambul durante algo más de una hora, y tras degustar las suculentas empanadas de mi peculiar y entrañable suegra, otro avión nos lleva al Cairo.

Son las 20:30h. Es de noche. Tenemos reservado el transfer con el hotel en el que pasaremos las dos siguientes noches. Ruido por todas partes. Todo se mueve un poco más rápido que hace ocho horas. Se trata de la mayor ciudad de todo el mundo árabe, con más de ocho millones de habitantes, aunque por ahora nos alejaremos de su bullicioso centro, pues iremos directamente a la meseta de Guiza, a un tiro de piedra de las tres grandes pirámides.

Una vez más en el aeropuerto de este tipo de países hay que ir con cuidado. Ávidos improvisados taxistas se acercan a "ayudarte" a encontrar tu vehículo. Te preguntan el nombre para hacerse pasar por el transfer que estás esperando. Ya aprendimos en campañas previas que no debes subirte con nadie sin que te enseñe o te diga tus datos antes. Desconfiar de todo ser viviente en estos lugares es la mejor manera de salir bien parado.

Aparece nuestro hombre, un ser de aspecto desgastado, a juego con el coche que nos espera. Lleva un papel con mi nombre. Nos subimos y ponemos rumbo al hotel. Los chillones colores de las luces de los rótulos de las tiendas y locales, iluminan levemente las afueras una urbe salpicada de una maraña de coches con dirección y sentido aleatorios. Mejor no mirar.

Llegamos al hotel. Las vistas de la terraza son espectaculares. La enorme silueta de las tres pirámides custodiadas por la esfinge a escasos trescientos metros nuestra, impresiona. Impresiona mucho. Empiezo a pensar que nos pasará más veces, porque durante nuestra estancia en este país, conoceremos desde dentro la única de las siete maravillas del mundo antiguo que ha perdurado hasta nuestros días. Después, el cauce de las aguas del Nilo nos servirá de guía para visitar los templos, tumbas y ciudades que construyeron y albergaron a algunos de los personajes más influyentes de la historia. En Luxor y Assuan disfrutaremos de amaneceres y atardeceres para recordar. Y por último, el Cairo nos prestará sus ajetreados laberintos para perdernos entre bazares, mezquitas, tiendas y restaurantes. Todo ello en diez días que se llenarán seguro con la magia que evocan esos contados rincones del mundo que al menos hay que pisar una vez.

Es tarde y el día ha sido largo. Una ducha y a la cama para mañana hacer una ruta que nos llevará a conocer los monumentos de cerca para después visitar Menfis y Saqqara.

Pero cuando parece que todo está en calma, se oye un repentino ruido. Parece un grifo abierto en el baño. Me asomo y no veo nada. Cristina insiste. Yo no... Será el termo de se está llenando, le digo. Pero a los veinte minutos empiezo a mosquearme al ver la alfombra de la habitación flotando. El baño se ha inundado. Empezamos bien. Un grifo ha reventado y de la pared sale cada vez más agua. Bajo pitando a recepción. Empieza a subir gente. Me pongo las chanclas y el bañador. De repente tenemos spa. Conseguimos cerrar el grifo y comenzamos a achicar agua. Cristina se queda durmiendo y yo no sé si ponerme a pescar o a hacer unos largos.

Son las doce de la noche. Me bajo a puerta del hotel a esperar que llegue el que tiene que arreglar el grifo. Todo está oscuro. Gatos maullando, aceras sucias y fachadas desgastadas. Entre la penumbra asoma a paso lento un caballo, que pasa por delante del hotel como si nada, a lo suyo. Y yo en chanclas, cazadora y bañador, contemplando absorto la estampa.

Por fin llega un desaliñado personaje de nariz chata y barba poblada. Mister Yumba se llama, o al menos así se me presenta el improvisado fontanero. Yo lo llamo Aquaneton III, el primer faraón de esta aventura, que al más puro estilo de Moisés en el Mar Rojo, consigue parar las aguas. Apenas llevamos dos horas en Egipto y acabamos de vivir nuestra primera plaga... Y me da que no será la última.

A nadar, que diga... a dormir.

Primer contacto

Día 2. Guiza. Raikonen II.

07:00h. Nuestra primera mañana egipcia nos saluda. La alfombra yace en una esquina, empapada y arrugada, vestigio de una noche algo ajetreada. Abro la ventana para contemplar por fin las vistas y allí, en el horizonte... nadie sabe lo que hay en el horizonte, porque la habitación deluxe con vistas a las pirámides que reservamos y pagamos, ni es deluxe ni tiene vistas. Lo único que se ve, a tres metros de la ventana, es la parte trasera del criticado Pizza Hut que hay en frente de la entrada a las pirámides, que casi no deja pasar la luz, con tuberías y ventiladores engastados en una pared que se cae a trozos. Empezamos a darnos cuenta de que, tal y como avisan en los blogs y en los foros, esta ruín forma de tratar al turista, será la tónica estos días.

Pero habían dado en hueso. A pesar de que en sitios bastante peores nos habíamos metido en campañas previas, en esta ocasión habíamos pagado el doble por esa habitación, así que bajo a recepción y le explico todo al "boy" (así les llaman) que está ese día. Sonríe todo el rato y me da la razón, diciéndome "no problem", que no hay más habitaciones pero que me devolverán la diferencia de dinero y que hablará con el gerente, emplazándome a que esta tarde vuelva a hablar con él.

Con esa tarea pendiente, salgo a la puerta del hotel a esperar al conductor que nos tiene que recoger, para visitar el complejo de la esfinge y las pirámides primero, y las ciudades de Menfis y Saqqara después. Será una excursión de ocho horas en la que nos acompañará Yose, nuestro guía egipcio de habla hispana.

Salgo a la puerta del hotel a esperar el "pick up". A los pocos segundos, una horda de taxistas, guías y camelleros se acercan en el espesor de la basura que adorna las calles de esta ciudad, ofreciendo multitud de servicios. Intento explicarles que lo tenemos todo organizado, pero empiezo a comprender que en este país no aceptan el "no" por respuesta. Cristina, se sienta en un bordillo a leer.

Aparece nuestro conductor. Compartiremos la experiencia con un simpático matrimonio salmantino (Rocío y Carlos) y dos amigos chilenos (Hugo y Fernando). Una vez todos en la furgoneta, llegamos a la taquilla que hay junto a la gran pirámide de Keops. Al ir con guía entramos directamente. Él se encarga de todo.

Ver de cerca está construcción hipnotiza. Imaginar cómo pudieron colocar semejantes bloques de piedra caliza, de entre dos y cincuenta toneladas cada uno, a ritmo de uno cada dos minutos, dispuestos con precisión quirúrgica y manteniendo una geometría perfecta, me supera. Dan ganas de poder viajar en el tiempo para desvelar los enigmas de esta época el pasado. Pero eso solo pasa en las películas, por lo que me temo que esas incógnitas nos acompañarán por siempre. Y es que posiblemente a día de hoy, el ser humano no sería capaz de realizar algo parecido.

Los alrededores de Keops están llenos de vendedores que asaltan a todo el que se cruza. Si ven al guía contigo no se acercan, pero cuando abandonas la protección de la manada, se lanzan como hambrientas hienas sobre ñus sitarios en el Masai Mara. Paciencia, no hay otra.

Decidimos no entrar dentro de la morada del faraón, porque Yose nos indica que entraremos a otra tumba en Saqqara y porque mañana nosotros tenemos el día libre y hemos pensado visitar por libre de nuevo la zona, a nuestro aire, sin las exigencias de un guión al que siempre e faltan y le sobran puntos.

Después nos acercamos a la pirámide de Kefren, para contemplarla desde unos cincuenta metros de distancia. Tras las explicaciones de nuestro egipcio, la furgoneta nos lleva a un lugar algo más retirado donde poder tener una visión de conjunto del complejo. Los chilenos y nosotros aceptamos ir en camello "a un zona más alejada" para obtener "la mejor foto". Carlos y Rocío se quedan esperando (sabia decisión). Ni merece la pena, ni la foto cambia la perspectiva que tenías antes de subir al camello. Sencillamente es algo totalmente prescindible, pero para saberlo... hay que hacerlo. Aunque intuir sí que se intuía. Una vez más los foros llevan razón.

Ponemos rumbo a Menfis, capital del Imperio Antiguo de Egipto. Visitamos las ruinas de la ciudad, donde se encuentra la estatua del coloso Ramsés II, faraón del Imperio Nuevo que reinó alrededor del año 1250 a.C. Es una mole de una sola pieza de roca caliza tumbada boca arriba, de doce metros de longitud, tallada y pulida con una perfección que te deja impresionado. Es una de las imágenes más reconocibles de esta cultura. Fue descubierta hace doscientos años. La intentaron llevar al Museo Británico de Londres, pero el transporte era tan complicado por el peso de la estructura, que decidieron dejarla. Que es lo que debería haber hecho todo el mundo, dejar estás cosas en su sitio, donde deben estar. Fuera del recinto de la estatua hay restos de un templo y otras esculturas más pequeñas, que se ven en diez minutos en un corto paseo.

Seguimos nuestro camino hacia el Sur con destino a Saqqara, a unos 30 kilómetros de El Cairo. Es la ciudad mortuoria de Menfis. Se encuentra en medio del desierto. En esta necrópolis descata la pirámide escalonada de Zoser, la más antigua del mundo, construida en el año 2650 a.C. por el primer arquitecto reconocido de la historia, Imenotep. Un templo con bastantes columnas, que aún conserva el techo, la precede. A partir de esta estructura las pirámides evolucionaron a lo largo de los siglos. Es otra de las imágenes que desde pequeño has estudiado. Estar delante de ella es otro privilegio.

Visitamos después la mastaba de Akhethotep en Saqqara, una tumba de piedra del año 3000 a.C., de base rectangular y paredes inclinadas, a modo de pirámide truncada, en la que se conservan pinturas y grabados de gran belleza.

En frente bajamos la galería de otra tumba, de unos 24 metros de largo, la mastaba de Ti, con un sarcófago en su cámara distal. Por las galerías hay que entrar en cuclillas y con cuidado de no golpearnos la cabeza. Al contrario que la gran pirámide, está llena de jeroglíficos muy bien conservados.

Y al volver, quien nos iba a decir que nos íbamos a cruzar con el mismísimo "Delorean" de "Regreso al Futuro" en mitad del desierto. Y es que a un coche que viene de frente a toda velocidad le revienta una rueda, saliéndose de la carretera hacia la arena, con la mala suerte de que hay una pequeña duna que hace de rampa, elevándose varios metros y pasando por encima de la furgoneta. El golpe es enorme. Trozos de coche salen despedidos por la zona hasta que el vehículo, unos 50 metros después, al fin se para. Corriendo acudimos a atender al desafortunado egipcio. La puerta está cerrada. Por un momento me imaginé a Marty y McFly saliendo del auto, vestidos con trajes del pasado para explicarnos el misterio de la construcción de las pirámides, pensando... vaya pedazo de tour que se ha marcado está gente...!! Pero no, el egipcio sale pálido como la esfinge y bastante aturdido, con peor cara que una momia, aunque por suerte sin aparentes lesiones serias. Si ese hombre hubiese sido un faraón, bien podria llamarse Raikonen II. Menos mal que no pasó nada serio. Suerte Raikonen!!! Nos vemos en el futuro!!!

De vuelta al hotel gestionamos nuestra demanda referente al tipo de habitación con el gerente. Creo que es el primer hombre levemente fiable que nos cruvamos. Mira la reserva y dice que es imposible que nos hayan dado esa habitación, porque esa no se usa (y con razón). Así que nos pide disculpas y nos da la suite del hotel para la noche que nos queda. Una habitación enorme que parece digna de un palacio, con vistas a las pirámides. Posiblemente una de las mejores habitaciones en las que hemos estado nunca. Nos parece justo el trato y allí que nos metemos.

De noche cenamos en la terraza del hotel, aprovechando que el espectáculo de luz y sonido que se realiza diariamente junto a la esfinge es en español. En el cuenta la historia de Egipto y los faraones. El hotel está tan cerca que se puede ver muy bien.

Termina un día completito en Guiza. Mañana queremos visitar por nuestra cuenta de nuevo todo el complejo de los faraones. Tenemos hasta las 17:00h, hora en la que hemos concertado el transfer al aeropuerto. Al sobre, que se hace tarde en palacio y los príncipes han de descansar.

Esfinge y pirámide de Kefren al fondo

Pinturas en Mastaba de Saqqara

Coloso Ramsés II en Menfis

Camelleros frente a la pirámide de Zoser.

Entrada al complejo de la pirámide de Zoser.

Atardecer en Guiza desde el hotel.

Atardecer en Guiza.

Atardecer en Guiza.

Día 3. Guiza. Plaga de las sombras.

Comienza la mañana en palacio. Aquí las alfombras no flotan. Retiro la cortina y las pirámides nos saludan, tal vez conscientes de que este día lo dedicaremos a recorrer cada uno de sus rincones solos, sin guías ni rutas escritas. Y es que siempre hemos sido de los que prefieren los caminos secundarios, los que convierten los errores en anécdotas para sonreír y en momentos par recordar, y amantes de los momentos en los que la anticipación queda reducida a la mínima imprescindible y necesaria.

Desayuno en la terraza. Los monumentos aún están vacíos. Todo en silencio. Pero están ahí. Empiezan a verse llegar desde callejuelas cercanas... Primero con cuentagotas, luego por todas partes. Las sombras se acercan. Van a caballo, andando, en camello... al acecho de aquellos turistas que aún no han aprendido que con las sombras, las buenas intenciones no cuentan. Porque las sombras carecen de conciencia, son máquinas de engañar, de buscar un desprevenido resquicio en el discurso para entrar y hacerse fuertes. Se hacen pasar por guías expertos que no cobran nada, por ciudadanos locales que te ofrecen su ayuda para llegar a algún sitio, por policías que te piden la documentación, por taxistas low cost, por niños hambrientos sin cara de hambre, por vendedores de "only one dólar", por trabajadores "del hotel donde te hospedas"... Pueden adoptar cualquier forma, pero sólo son sombras. Y es que en Guiza, todo aquel que no resalte por su pinta de turista, incluso aunque se demuestre lo contrario, siempre será una sombra... O dicho más suave, un timador, un pillo, un ladrón, un estafador... Las sombras se dirigen a ti en tu idioma, son expertas observadoras y te llevan siguiendo un rato. Cuando llamen tu atención, no cabe otra que tratarlas como lo que son... insignificantes sombras, escombros del muro del templo de la ignorancia; es decir, no parpadees, no gires la cabeza, no interacciones ni gesticules... hazte el vegetal y sigue caminando. Y esa, lamentablemente, si vas por libre sin un guía local a Guiza, es la única manera de pasear algo tranquilo por la zona más concurrida. Se encuentran en masa en la gran pirámide, y van disminuyendo conforme te acercas a Kefren. Raramente las sombras llegan a Micerinos. Hay que respetar el trabajo de cada uno, pero el respeto al trabajo hay que tenerlo con quien trabaja, no con quien hace del engaño y el robo su razón para existir.

Hay dos taquillas, una junto a la esfinge y otra junto a la pirámide de Keops. La entrada puede ser simple si sólo vas a visitar las pirámides y alrededores por fuera (unos 11 euros) , o puede incluir la entrada a la gran pirámide (21 euros más). Se paga en libras egipcias, en metálico. Una vez que accedes al recinto, puedes moverte por donde quieras y todo el tiempo que desees, a pesar de que las sombras te cuenten otra cosa.

08:15h de la mañana. Salimos del hotel. Una de las taquillas está justo al lado, muy cerca de la esfinge. No hay cola. La contemplamos por segunda vez. Esta vez solos. Literalmente paseamos más de media hora junto a la roca mitad faraón y mitad león, sin cruzarnos con nadie. Después de ver la esfinge subimos por la rampa de Kefren hasta su pirámide, y de ahí a la de Keops para conocer sus entrañas. Todo el trayecto resistimos impasibles el ataque de las sombras. Lo dicho, como vegetales.

La entrada original de la gran pirámide está inutilizada por desprendimientos del pasado, y la que se utiliza es la que abrieron algo más abajo los saqueadores, a unos diez metros de altura. Al llegar me dice el hombre de la entrada que no puedo pasar con la cámara, aunque esté dentro de la mochila, y que debo dejársela a mi guía. Le explico que no tengo guía y me dice que me la guarda él. Y ahí estaba yo, en mitad de la pared de la pirámide de Keops encima de una piedra, sin saber si fiarme o no del personaje. Todavía dudando si estaba ante una sombra, le pedí su identificacion. Quedamos en que yo le dejaba mi cámara y él su identificacion, y al volver nos lo cambiábamos. No había otra opcion, era entrar o no entrar. Son 68 metros de galerías ascendentes de un metro de lado en algún tramo. Hay que ir muy agachadito y por supuesto no ser agorafóbico. La humedad es alta. Estar dentro de esta inmensa estructura de piedras es una experiencia única, y bastante cara para los diez minutos que estás dentro, por lo que si no eres un entusiasta de esta cultura, quizá puedas evitarte el gasto. La temperatura sube varios grados al entrar en la cámara del rey. Al fondo, el solitario sarcófago de Keops. Es un cubo rectangular de pulidas piedras lisas, de corte perfecto, en mitad del monumento. Y no tiene nada más. Se trata de uno de los lugares más simples, pero a la vez más enigmáticos del mundo. Estar dentro, un privilegio que concede la historia. Sabe Dios cómo y quién ha hecho eso.

Tras devolver la identificación al guarda a cambio de mi cámara, ponemos rumbo al un alejado mirador desde el que según los foros se obtiene una imagen de todas las pirámides juntas. Por el camino se encuentra Micerinos, despojada de sombras y de otros turistas, y nos presta sus laberintos de piedra y unas vistas increíbles de su hermana Kefren, convirtiéndose en nuestra pirámide favorita. Permanecemos allí una hora subiendo y bajando las piedras, antes de atravesar durante otros dos kilómetros de arena la distancia que, según Google Maps, nos separa del mirador que buscamos. A lo lejos se ven camellos, todos por la misma zona. Coincide con el punto que nos marca el mapa, así que acortamos por mitad del desierto. En media hora llegamos, disfrutando de la mejor imagen de las pirámides que hemos visto hasta ahora. He contado ocho de ellas, superpuestas unas con otras. A la derecha las casas de El Cairo. El resto desierto. Otra hora allí sentados, hablando poquito y parpadeando menos. Un reportaje de boda de unos novios en camello ameniza a pocos metros nuestro momento.

Es hora de volver, así que, acortando distancia, un vez perdido el miedo a movernos por la zona, volvemos en línea recta arena y piedras a través, hacia donde debe estar la esfinge. En total han sido cinco horas que ya se quedarán para siempre en el recuerdo.

Buscamos un sitio para comer cerca del hotel. Una parrillada de carne, sopa, ensalada y bebidas nos recargan las pilas. Muy buena comida. Veinte euros los dos. Después subimos a nuestra terraza de estos días para tomar un último café con un último vistazo a la meseta que acabamos de recorrer.

A las 17:00h hemos quedado con el taxista que nos lleva al aeropuerto. Es el mismo que nos trajo. Tenía cara de buena persona y no haber roto un plato, pero dentro escondía la sombra que siempre ha debido ser. Y es que al llegar, sabiendo que ya estaba el traslado pagado, para el coche y nos pide 150 libras "para el coche". Le digo que ya está pagado y que el lo sabe, pero insiste en que tenemos que pagarle. Bastante cabreado le digo que en ese mismo instante voy a hablar con el gerente del hotel, cuyo teléfono tengo tras la plaga del agua (dato que él no conocía), y automáticamente cambió el discurso. Volvió de repente a convertirse en corderito, pero de esos blanquitos bonitos pequeñitos... Ni que decir tiene que por supuesto hablé con el gerente. Y es que al final, aunque la mona se vista de seda... sombra se queda.

Sale nuestro avión hacia la próxima parada de nuestra ruta, Luxor (antigua Tebas, que fue capital de Egipto en el pasado). Allí, mañana comenzaremos al mediodía un crucero que nos llevará 4 noches y 5 días hasta Assuan a través del Nilo. Llegamos de noche al hotel Steigenberger Palace Nike. Muy buena habitación. La intención es pasar la noche, sacudirnos la arena y poco más. Me asomo a la terraza. Voces conocidas debajo. Son Hugo y Fernando, los viajeros chilenos de ayer. Bajo y nos tomamos unas cervezas. Se une Raquel, una chica italiana que está sentada en la mesa de al lado y viaja sola.  Juntos charlamos de todo un poco. Intentamos arreglar el mundo varias veces y nos despedimos. Es otro de esos momentos en que las despedidas sabes que son probablemente para siempre. Feliz viaje amigos, y buena suerte.

El día de hoy siempre será el dueño de los recuerdos que Guiza evoque en el futuro en nuestra vida. Haber estado allí te hace verlo todo de otra forma. Haberlo hecho a solas, lo hace difícilmente superable. Al final, a pesar de todo lo que se dice de algunos países, cada destino guarda un espacio para quien quiere disfrutar de ellos a su manera. Le da un toque especial... es un cosquilleo que lo hace todo diferente.

Pirámide de Kefren.

Galería de acceso a la cámara del rey en la pirámide de Keops.

Guiza

Pirámide de Kefren

Pirámide de Micerinos

Descubriendo Micerinos.

Pareja de novios en Guiza.

Camellero junto a Micerinos.

Día 4. Luxor. "Akethephincho II".

Nos levantamos menos temprano de lo esperado. Nuestra intención era visitar a solas el templo de Luxor, conocedores de que mañana en el crucero tendremos seguro menos tiempo, pero son las 10:00h y a las 12:00h nos recogen para llevarnos al barco a hacer el check-in. Decidimos cambiar el plan y caminar hacia el centro de Luxor, para ver cómo es la vida cotidiana en esta ciudad.

Desde que llegas, impresiona de estar algo mejor cuidada. Un paseo que bordea el río lleno de hoteles llega hasta el templo de Luxor y al de Karnak. La ciudad, sin contar las poblaciones de la periferia, tiene aproximadamente medio millón de personas, que viven principalmente del turismo, la agricultura, los perfumes (esencias) y el alabastro. El Nilo ha dotado a esta región de una tierra fértil en la que uno de los principales cultivos es la caña de azúcar. Pero también la ha dotado de los vendedores más persuasivos de la zona. Y es que la ribera del río es el mayor lugar de concentración de sombras de Egipto. Estos son más profesionales. Creo que aquí es una diplomatura. Pueden convencer a las piedras.

Nada más salir, nos para un personaje de aspecto añejo, con más polvo en su chilaba de la que yo llevo en mis botas (y eso es mucho polvo), y nos dice que nos ha reconocido porque es el cocinero de nuestro hotel, que nos ha visto y necesita decirnos una cosa. Se ve que las sombras, cuando escogen profesión para sus timos, se hacen pasar por cocineros, porque los chilenos, en el mismo recorrido el día anterior, me contaron que se cruzaron en cien metroscon tres cocineros del mismo hotel. Lo único que hay que hacer es tratarlos como lo que son... sombras... Así que allí dejamos a nuestro querido amigo, cuyo farónico nombre bien podría haber sido Agothusplathos III.

A la altura del desvío que lleva a Luxor, ponemos nuestro rumbo hacia la zona interior de la ciudad. Aquí la cosa cambia. Atravesamos uno de los mercados que configuran la frontera entre la zona de turistas y la local. Desaparecen los resorts y la limpieza empieza a brillar por sun ausencia (aunque nunca al nivel de El Cairo), pero también van disminuyendo las sombras. Agotusplatus III es el último exponente de ellas que nos cruzamos. Comienza así la vida rutinaria de un lunes en Egipto. Hay mucha gente.Todos nos miran. Algunos saludan de lejos. Hay muchos vehículos que pasan por cualquier punto del laberinto de callejuelas. Tiendas de carne donde exponen el género sin los estándares más rudimentarios de higiene, mezquitas con familias celebrando algún evento, niños con mochilas en su ida o vuelta a su colegio... Y nosotros en medio, disfrutando de cada imagen que se nos presenta. Nos miran todos. Nosotros a nadie. Durante hora y media recorremos las entrañas de la ciudad de Luxor.

A las 12:00h estamos de vuelta en el hotel, donde nos recogen para llevarnos al barco. El navío se llama "Blue Shadow II". Estaremos atracados en el muelle un día mientras conocemos los monumentos más importantes. Tiene cuatro plantas. Abajo el restaurante, encima dos plantas de habitaciones, luego el salón donde se realizan espectáculos y arriba la terraza con piscina y zonas de descanso. Nuestro camarote, en la primera planta, casi al ras del agua, está muy bien. Soltamos las cosas y bajamos al restaurante.

Gran parte de los turistas somos españoles. Nos acomodan en las mesas en función del guía que tenemos. El nuestro de llama Tarek, y formamos parte de un grupo de veintitrés. Conocemos a otras dos simpáticas parejas jóvenes que harán la ruta con nostros y que serán nuestros compañeros de mesa estos días: Diana (Colombia), Guillermo (Cataluña), Virginia (Ceuta) y Manu (Cádiz). Compartimos impresiones de nuestro recorrido por el país hasta este momento.

Tras comer ponemos rumbo al templo de Karnak. Conocemos a otra parte del grupo, también gente muy cercana en el trato. Llegamos al impresionante recinto de unos 24.000 metros cuadrados, en cuyo centro se encuentra el templo de Amón, que se conectaba en la antigüedad con el de Luxor a través de una avenida de tres kilómetros custodiada por cientos esfinges, de la que se conservan varios tramos. Se trata del complejo religioso más importante del antiguo Egipto. Comenzó a levantarse 2100 años antes de Cristo. En su construcción participaron más de treinta faraones a lo largo de la historia. Es espectacular. Sus ciento treinta y cuatro enormes columnas de unos veinte metros de altura, estatuas, obeliscos, patios... te transportan a otra época y te invitan a pensar cómo pudieron levantar y esculpir semejantes moles de piedra. Cuando llegamos hay mucha gente dentro, probablemente más de trescientas personas, paseando entre las piedras. En pocos minutos comprobamos que Tarek es un buen guía. Su conocimiento sobre la cultura egipcia y la historia, se hace palpable con sus explicaciones. El único problema de las visitas en grupo en un crucero es que hay que ceñirse a un horario. Y nosotros somos de los que nos gusta pararnos, sentarnos, y disfrutar de lo que nos rodea tranquilamente, aunque no veamos lo de al lado. Por este motivo, y dado que mañana empezaremos la visita del templo de Luxor a las 08:30h y hemos visto que abren a las 07:00h, le decimos a Tarek si podemos ir nosotros más temprano y quedar allí con el resto a la hora fijada. Nos dice que sí y nos deja las entradas para estar a primera hora en el templo.

Otro problema de las visitas guiadas, es la parada organizada típica en un establecimiento cualquiera, para convencerte de comprar algo de cuyo precio el guía se lleva un porcentaje. Siempre lo niegan, pero siempre es así. Es odioso, pero luchar contra eso es poco efectivo. En este caso fueron esencias, con taller y explicación incluídas. Aguantamos el chaparrón y en cuanto acabaron de hablar nos fuimos por donde habíamos venido. Cada día seguramente habrá alguna, así que paciencia toca.

Anochece temprano, sobre las 18:00h. Nos apuntamos a un paseo en calesa (carro guiado por un caballo) por el centro de Luxor, recorriendo la zonas menos conocidas durante algo más de dos horas. Esto nos ofrece una visión diferente de esta antigua capital del imperio egipcio. Bullicio, ruido y ambiente exclusivamente local. Comercios y mercados repletos de todo tipo de artículos son frecuentados por los lugareños. Nos saludan cuando pasamos. Es una ciudad con menos basura en las calles que el Cairo, aunque aún dista mucho de lo que en occidente entendemos por limpio. En esta zona no se ven sombras. El trato de todos con los que nos cruzamos es correcto. Cristina accede a llevar las riendas del caballo durante unos veinte minutos. Nos cruzamos con una enorme cantidad de personas, que hacen que nuestra concepción de los habitantes de esta ciudad cambie para bien tras el paseo. Y es que la contaminación turística que en ambas orillas del Nilo ocasionan los euros y los dólares, pierde intensidad conforme nos adentramos por la callejuelas. Aunque yo no las tenía todas conmigo, Cristina volvió a acertar al recomendar hacer esta salida.

Volvemos al barco. Hora de cenar. En nuestra mesa de seis comentamos la experiencia vivida. Entre risas y anécdotas pasamos el rato. Cuatro de los seis éramos sanitarios (digo éramos porque ya lo somos todos). Cada uno contando sus vivencias en ese mundo. Aún desconocíamos el potencial del grupo. Quizá el destino nos había reunido para esto. Y es que en ese momento se acerca Nati, otra componente del resto del grupo, conocedora de la presencia de sanitarios en la mesa, explicándonos que ha presentado una alergia en probable relación con la exposición al sol, y que se encuentra molesta, con picor y enrojecimiento facial. Nos cuenta que le ha ocurrido otras veces y que suele empeorar. Es nuestro momento. Reunión de sabios en el sanedrín. Caras pensativas, ceño fruncido y silencio en la sala. Por algunos es su primer caso clínico real. Nadie parpadea. Se está cociendo un tratamiento. Proponemos pinchar corticoide intramuscular. Tras exponer los pros y contras de la medida, procedemos a deliberar. Nati espera una respuesta. Es la primer decisión que el recién configurado equipo médico del crucero debe asumir. Nos miramos sin perder la concentración. "Pinchamos?" -propongo al grupo... "Pinchamos!!" -se escucha sin tirubeos al unísono en la mesa. Ningún voto en contra. Quedamos con la paciente en su habitación y Cristina, desde hoy la reina "Akethephincho II", procede a inocular sesenta miligramos de metiprednisolona en el glúteo de nuestra amiga.

Nos tomamos unas merecidas cervezas en la terraza para liberar el estrés tras el cónclave. Chicos... misión cumplida. Héroes sin bata.

A descansar que mañana se madruga.

Hombre en mercado de Luxor.

Carnicería en Luxor.

Niños saliendo del colegio en Luxor.

Paseando por Luxor.

Templo de Karnak.

Templo de Karnak

El equipo.

Paseando en calesa por el centro de Luxor.

Día 5. Luxor. Valle de los Reyes. "Akemekasus IV".

A las 06:00h suena el despertador. Desayunamos y Tarek está fuera con una parte del grupo que restaba pendiente de visitar Karnak. Le dice al conductor de la furgoneta que nos acerque al templo de Luxor, por lo que nos ahorramos el camino a pie.

Entramos en el templo. Literalmente no hay nadie. Sólo las piedras y nosotros. La avenida de las esfinges se pierde solitaria entre la neblina en el horizonte. Dentro del templo silencio. Nos sentimos nuevamente privilegiados por vivir a solas un momento como ese. Disfrutamos a solas de cada rincón, consiguiendo videos y fotografías sin necesidad de esquivar cabezas.

A los treinta minutos empieza el goteo de turistas y en una hora empiezan a entrar grupos sin parar. Nos unimos al nuestro y escuchamos la minuciosa explicación de Tarek. Nos explica que en el antiguo Egipto el.ser humano se componía de nueve elementos, de los cuales cinco eran muy importantes para asegurar la vida en el más allá: alma, cuerpo, doble, sombra y nombre. El cuerpo era el elemento en el que debían integrarse los demás. El alma, cuando morían, se separaba del cuerpo durante los setenta días que dura el proceso de momificación, para después volver a bajar a buscar al cuerpo para unirse para siempre. En caso de no existir el cuerpo, el alma buscaba el "doble", que eran las estatuas de esa persona que se habían hecho en vida. Si no había doble, el alma buscaba la "sombra", que hacía referencia a las pinturas que existían de ese individuo. El peculiar perfil en el que se dibujaban, con el tórax de frente y los brazos y las piernas separadas y visibles, tenía su explicación en que debían verse los dos lados del cuerpo, para que el alma pudiera reconocerlos son problema. En caso de no haber sombras, el alma buscaba el "nombre", que debía estar grabado en algún lugar. Si no tenía nada de eso, el alma no podía reconocer a la persona y el egipcio lo tenía chungo.

Los vendedores (sombras) se han situado estratégicamente, con turbante y chilaba, ofreciéndose para hacer de modelos fotográficos junto a las columnas y las estatuas, a cambio de unas libras. Uno de ellos, al verme con la cámara, me dice que le dé cincuenta libras a cambio de poder fotografiarlo. Le respondo que entonces lo que me debe son cincuenta libras a mi, que yo cobro cien por echarla. Se queda descuadrado y me dice que no. Encima desagradecido. Por supuesto al rato se lleva un reportaje sin coscarse. Y ni le cobro ni nada.

Seguimos nuestro rumbo hacia el Valle de los Reyes, en lado oeste del Nilo. Para ello hay cruzamos el río en una lancha que nada más salir, se convierte en discoteca. Navegamos escasos tres o cuatro minutos al ritmo de Kim África... BOOOOMBAA!!!

El Valle de los Reyes es una zona rocosa desértica, en la que el sol y el calor aprietan con fuerza. Es el lugar en el que se encuentran las tumbas de los faraones más famosos. Con la entrada se pueden visitar tres de las que estén abiertas. No sabes entre cuáles puedes escoger hasta que no llegas. Hay dos que requieren pagar una entrada a parte: la de Tutankamón y la de Seti I. La más espectacular de todas ellas, la que mejor conserva sus pinturas y relieves, es la tumba de Seti I, padre de Ramsés II, que reinó sobre el siglo XII antes de Cristo. Además, verla supone no poder entrar en ninguna otra (o a lo sumo una) si la visita es organizada, porque el tiempo es muy limitado y es es de las más grandes. Virginia y Manu quieren verla, así que nos unimos a ellos. Sencillamente es de una belleza colosal. Dentro no hay nadie. Allí, de pie, con los a pocos centímetros de las pinturas y jeroglíficos, pasamos media hora. Muchos de los colores se mantienen casi intactos. El precio es muy caro en relación con los demás monumentos egipcios, pero sin duda lo merece. Después entramos a la de Ramsés III, también bonita, pero llena de gente y con cristales de separación entre las personas y las paredes. Definitivamente la de Seti I está a otro nivel. Nos encantó.

Volvemos de nuevo al autobús para visitar el templo de Hatshepsut. Algo cansados después del madrugón y el calor, es un templo de dos plantas de una gran fachada pero poca profundidad, que se ve en poco tiempo una vez que accedes subiendo unas escaleras.

Al volver hacemos una parada exprés solo para ver los dos colosos de Mnemon. Vi dos colosos delante y cincuenta sombras detrás.

El barco zarpa a las 14:00h y lo suyo es estar dentro cuando lo haga, por lo que volvemos a la nave. Navegará rumbo a Edfu hasta la madrugada, con una parada para pasar por la exclusa sobre las 23:00h.

La tarde la pasamos en las hamacas de la cubierta, con una cerveza en la mano, contemplando la vida a las orillas del gran río. El barco zigzaguea de lado a lado en función de la profundidad del agua. Con el objetivo largo que traigo puedo captar momentos de la vida de la gente que vive junto al agua. El paisaje es muy bonito: el azul del agua llega hasta los juncos que preceden a hileras de palmeras. Pequeñas islas de vegetación se van formando. En ellas cuervos, garzas y patos hacen suyo este trocito del mapa. Gente en barca pescando, granjeros trabajando la tierra, niños jugando, mujeres lavando la ropa, pastores con sus rebaños de ovejas, vacas pastando, burros cargados con cualquier cosa y perros cada cierto tiempo merodeando. Y al fondo, el color amarillo, casi blanco, de la arena y rocas de un desierto que lo enmarca todo, configurando una bonita imagen que nos acompaña durante horas.

Tras la cena subimos de nuevo todo el equipo a tomar algo y charlar. Empezamos a bromear con Manu de la manera en que le gustaría a Virginia que le pidiera matrimonio. Ella se mostraba intransigente. Él, agobiado por la tarea que tarde o temprano tendrá que afrontar. Y aunque intentamos echarle un cable, la novia no cedió en sus pretensiones. Ánimo Manu! Aunque en lugar de Manu, bien podríamos tratarle a partir de hoy como a un gran faraón, el gran Akemekasus IV.

Seguimos navegando en la noche en medio de este inmenso río. Es difícil creer que hasta allí puedan llegar las sombras. Pero si, una vez más acechan deseosas de encontrar una víctima fácil. Nos damos cuenta porque de repente empiezan a caer bolsas con ropa a la cubierta (es una cuarta planta). Nos asomamos y barcas con vendedores se ponen a la altura del barco y arrojan cosas para que las paguemos. Yo flipo. Todos flipamos. Y encima se quejan si al devolvérselas desde arriba no aciertas y se caen al agua. Una cae en la parte de la proa cercana al vacío, a la que no se puede acceder por las vallas de protección, y pretende que se la paguemos. Otra bolsa nos cae en medio de la mesa. Milagrosamente las seis cervezas permanecieron en pie. Esa sí la tiramos al agua directamente. Hay cosas con las que no se juega. Desde abajo se oía... "Mojado... Todo mojadooo... Pagar a mí euroooo!!"

Después de sobrevivir al bombardeo de las bolsas, y viendo que el paso de la exclusa se retrasaba y ya conocíamos ese proceso en otro viaje hace unos años, nos retiramos al camarote a descansar.

Avenida de las Esfinges desde la entrada al templo de Luxor.

Templo de Luxor.

Templo de Luxor.

Tumba de Seti I

Tumba d Seti I

Detalle de una esfinge junto al templo de Hatshepsut.

Devolviendo un proyectil al barco de las sombras.

Día 6. Edfu y Kom Ombo. "Eldelnubio III".

07:00h. Comienza una nueva mañana en el "Blue Shadow II". Tras el desayuno salimos para visitar el templo de Edfu. Nos recogen en calesa. Un regimiento de ellas atraviesa, a fila de las que quepan, parte de la ciudad de Edfu. De nuevo imágenes de rostros y escenas de la vida cotidiana de esta ciudad quedan registradas por la cámara.

La fachada principal es gigantesca y perfectamente conservada. Estampa digna de un decorado de Hollywood. De estilo grecorromano, se trata del templo mejor conservado de Egipto, debido a que fue cubierto y escondido por la arena del desierto. Esta dedicado a Horus y fue construido desde el siglo II al siglo I antes de Cristo. Después de la visita volvemos al barco en medio de un laberinto de calesas. A las 10:00h comenzamos a navegar con destino a Kom Ombo.

Tarek nos reúne a todos en la cubierta y durante una hora nos hace un interesante y largo resumen de los siete mil años de historia egipcia. Escuchamos con atención hasta el final, justo cuando empieza a ofrecer una excursión a un poblado Nubio por cincuenta euros por persona. Y otra nocturna a Assuan por veinte euros. Luego nos dice que sí se hacen las dos serán cincuenta y cinco euros en lugar de setenta. En varios foros he leído de los que han ido que no la volverían hacer, y antes de salir me recomendaron lo mismo. Además se hace después de las seis horas de bus de Abu Simbel, por lo que no tenemos la más mínima intención de ir. Pasa lista preguntando en público a cada habitación (vieja táctica intimidatoria). Somos los primeros en decir que no. Igual decide más de la mitad de los veintitrés que formamos el grupo. El guía vuelve a insistir, pero no hay más anexiones a lo que parece una turistada de las buenas (hacerse un tatuaje, echarnos fotos con cocodrilos que guardan en jaulas, visita a una casa de un pueblo Nubio... lo único que llama la atención es que vas en lancha por el lago Nasser). Vuelve a insistir dirigiéndose al grupo disidente, algo más serio, diciendo que esta excursión es el "postre del viaje" y que no nos la podemos perder, signo inequívoco de que la tajada que se lleva de esto debe ser importante. Este hecho que queda confirmado durante la cena, pues viendo que no obtiene el éxito que espera, baja el precio a treinta y cinco euros, incluyendo además la visita nocturna por Assuan. Se ha ganado el faraónico nombre de "Eldelnubio III".

Seguimos después dela charla con el disfrute del las vistas que nos ofrece el río, que es a lo que hemos venido.

Por fin llegamos a Edfu. Esta región está rodeada de fértiles tierras en las que se cultiva la caña de azúcar. Emplazado en un promontorio junto al río, se observa desde el barco el templo de Kom Ombo. Está dedicado al Dios Cocodrilo Sobek y a Horus. A pesar de ser el templo más moderno de Egipto, es el peor conservado, precisamente por dicho emplazamiento en alto, expuesto a la erosión del paso de los siglos. Vemos el atardecer desde el templo. Al lado hay un museo de momias de cocodrilos que visitamos en unos minutos.

Nos sentamos una vez más en la cubierta a charlar con las luces del templo de Kom Ombo de fondo haciendo tiempo para la cena. El barco sale hacia la última parada, la ciudad de Assuan a poca distancia de donde estamos.

Hoy es la fiesta de chilabas en el barco y han preparado comida egipcia. Nosotros pasamos de chilabas y también un poco de ese tipo de fiestas. En la habitación nos quedamos descansando, porque mañana nos levantamos a las 03:15h para hacer en autobús los doscientos ochenta kilómetros que nos separan de Abu Simbel, una de las joyas del viaje.

Egipcio en Edfu en la parada de calesas.

Templo de Edfu.

Templo de Kom Ombo.

Día 7. Abu Simbel. "Falukachunga II".

Empieza el día a las 03:00h. Ayer estuve organizando fotos hasta tarde y apenas he dormido dos horas. Cogemos nuestra bolsa de picnic. Me llevo la almohada del camarote e intento concentrarme en no espabilarme, para seguir durmiendo durante las tres horas de trayecto que hay hasta Abu Simbel.

Paramos a recoger a otros turistas de otro barco y se repente aparecen Hugo y Fernando, los dos chilenos. Durante unos pocos minutos nos contamos los días de crucero que llevamos. Poco después se quedan dormidos.

El bus para delante de la presa de Assuan, esperando su turno para pasar. Se trata de una construcción de cuatro kilómetros de largo, un kilómetro de ancho en su parte baja, cuarenta metros en su parte alta y ciento ochenta metros de alto. Se construyó entre 1960 y 1970 para controlar las crecidas del Nilo y aumentar el número de cosechas anuales. Pero esta presa también provocó que cuarenta y tres pueblos nubios y varios templos quedarán cubiertos por las aguas del lago artifial más grande del mundo, el lago Nasser.

El templo de Abu Simbel quedó muy cerca del límite del agua, con la constante amenaza de inundación, por lo que decidieron trasladarlo piedra a piedra, a un nuevo emplazamiento doscientos metros más lejos y sesenta y cinco metros más elevado. Fue una empresa sin precedentes en la historia. Por encima lo cubrieron con hormigón y trajeron piedras de la montaña en la que se encontraba originalmente, para cubrirlo con ellas y hacerlo lo más idéntico posible. Pudieron conseguirlo gracias a la ayuda de la UNESCO y de España (en reconocimiento nos regalaron el Templo de Debod, que se encuentra en Madrid).

Tras tres horas llegamos a los templos de Abu Simbel. Hay dos: uno dedicado a Ramsés II y otro más pequeño dedicado a su mujer, Nefertaris. En frente el Lago Nasser. Las cuatro estatuas de la entrada que representan al faraón son impresionantes. El interior aún más. Conserva parte del color original y se encuentra muy bien conservado. Es uno de los monumentos más visitados de Egipto. Conseguir una foto o vídeo sin turistas es casi inviable.

El templo de Nefertaris, también bien conservado, es más pequeño y simple pero también merece una visita detenida.D urante hora y media permanecemos conociendo los templos.

De vuelta al autobús nos ponemos en marcha hacia Assuan, donde nuestra siguiente parada nos llevará a visitar el templo de Philae. Se encuentra en una isla. Se accede por barco, que llega en unos diez minutos. Este templo también fue trasladado piedra a piedra a quinientos metros de distancia y a cuarenta metros de altura desde su emplazamiento original. A diferencia de lo que ocurrió en Abu Simbel, aquí el agua si inundó parcialmente el templo durante cuarenta años. Puede verse hoy la marca que dejó el agua. Se construyó durante el siglo III antes de Cristo, en honor de la diosa Isis. Se encuentra muy bien conservado y, aunque es más pequeño, es uno de los más bonitos.

Acaba la visita y nos despedimos con un hasta siempre de los chilenos, que seguirán su viaje hacia Hurgada. Suerte en la vida compañeros!!

Volvemos a muestro barco. Después de tanto ajetreo bien toca una siestecita o un descanso... Pero no. Tenemos media hora para comer porque a las 15:00h salimos a dar una vuelta en faluca, un barco típico egipcio. Literalmente es una vuelta lo que nos dan, casi sobre su propio eje, que dura no más de diez minutos, tres de los cuales amenizados por un hombre cantando algo en egipcio que los demás teníamos que repetir, como hace años los Payasos de la Tele. Ese mismo hombre levanta una sábana que esconde un muestrario de souvenirs para comprar, y también ese hombre es el que lleva la faluca. Nuestro guía y los que van al Nubio pasan a otro barco y nos dejan con el pluriempleado. Asistimos así al más bochornoso espectáculo que hemos vivido en una visita guiada. El cabreo de los que allí estábamos es palpable. Nosotros simplemente nos reímos parodiando una situación que es patética. Una turistada con mayúsculas. Una carcajada en nuestra cara del guía, que sólo subió al barquito para acabar de vender a escondidas las pulseras y los anillos que le quedaban en nuestras narices. Y es que como dije hace unos días, aunque la sombra se vista de seda... sombra se queda. "Eldelnubio III" se gana así su segundo nombre faraónico, "falucachunga II". Encima la faluca nos dejó algo lejos de donde nos habíamos montado, teniendo que recorrer a pie más distancia de la que había hecho el barco. Vamos, que estuvo súper guay.

De vuelta en el barco descansamos algo y arriba en la terraza estuvimos charlando hasta la hora de cenar. Tras comer, empiezan las despedidas. Todo el grupo menos Virginia, Manu y nosotros viaja mañana de vuelta hacia El Cairo. Diana y Guillermo nos dejan. Y es que los viajes están llenos de encuentros y despedidas con personas que se cruzan y que probablemente no volveremos a ver, y que a menudo dotan a los momentos que vivimos de la vida necesaria para ser recordados con más ilusión.

Se acaba el día. Y con él esté crucero.

Dejamos hecho el check-out del barco y nos subimos a la cubierta para despedirnos de los que se van. Charlamos sobre las experiencias del crucero y otros interesantes temas tan variados como los misterios de las pirámides, la religión, el espacio-tiempo y la física cuántica... Hasta la próxima, Diana y Guillermo. Que la vida os sonría!

Mañana seguiremos nuestra ruta intentando conocer un poco más la ciudad de Asuán. No tenemos nada organizado aún. Hemos estado mirando tras la siesta y parece que visitar el mercado para hacer unas compras y el obelisco inacabado, pueden ser buena opción.

Mañana será otro día.

Egipcio en la entrada del templo de Abu Simbel.

Templo de Ramsés II en Abu Simbel.

Templo de Ramsés II en Abu Simbel.

Templo de Philae.

Día 8. Asuán.

A las 09:00h una furgoneta nos lleva al hotel. Virginia y Manu también pasarán una noche en Asuán, por lo que estaremos con ellos un día más. Nuestros hoteles están alejados entre sí, ellos cerca del centro de Asuán y nosotros cerca del templo de Philae.

Improvisamos los cuatro una visita a Asuán sobre la marcha, conscientes de que esas cosas suelen salir bien. Como en Luxor, si te apartas una o dos calles de la línea del paseo del río, entras de lleno en la realidad diaria de la ciudad. Quedamos directamente en el mercado. Es uno de los más importantes de Egipto. Cuenta con cientos de tiendas repartidas en una calle principal y en las callejuelas que la cruzan, constituyendo un auténtico museo al aire libre donde contemplar la vida de los habitantes de esta ciudad, su día a día, sus rostros, su idioma... Aquí se vende de todo (recuerdos, frutas, verduras, carne, ropa de tipo tipo, comida para llevar...). Hay menos turistas que en otros lugares, porque una vez acabado el crucero, normalmente se vuela directo ese mismo día a El Cairo, pero sin duda Asuán merece al menos un día de estancia. Los vendedores son algo más tranquilos que lo visto hasta ahora. Las calles también algo más limpias (pero solo algo más). Se palpa un ambiente más confortable. Sensación de seguridad. Gente amigable.

El mercado acaba en la estación de tren. Allí cogemos un taxi para que nos lleve al obelisco inacabado y nos traiga de vuelta. Lo conseguimos por ciento veinte libras. Se encuentra en la cantera de granito donde comenzó a esculpirse en la época del antiguo imperio egipcio, pero nunca llegó a terminarse por la aparición de una gran grieta que amenazaba su estabilidad, por lo que quedó abandonado hasta nuestros días. Hubiera sido el obelisco más grande jamás construido, con más de mil toneladas de peso.

El calor empieza ser insoportable, incluso para gente de Córdoba, Cádiz y Ceuta. Nuestro taxista nos espera fuera. Más de cuarenta grados, sin ninguna sombra y sin una pizca de viento. Todo empieza a apuntar a una única dirección: hay que a parar e hidratarse. Y que mejor lugar que el exclusivo Hotel Old Cataract, recomendado en muchos foros y también por algún amigo. Le decimos al taxista que siga con nosotros y nos lleve a ese hotel. Es un impresionante lugar que derrocha lujo en cada rincón, con unas vistas únicas del Nilo. En 1937, aquí se hospedó la escritora Agatha Christie, donde cuentan que escribió parte de su novela "Muerte en el Nilo". Nos sentamos en la terraza y disfrutamos de las vistas. Nos tomamos dos cervezas, dos mojitos, un daikiri y una piña colada. Es caro pero lo merece. Momento grabado para el recuerdo.

Nuestro fiel taxista nos espera hasta que acabamos. Mientras volvemos vamos buscando lugares para comer algo. Nos llama la atención en "Google Maps" uno llamado "Ibiza", que está en una isla junto al río, y es de los pocos que está abierto. En esta zona se asientan los pueblos nubios. El taxi nos deja en el embarcadero (le damos al final doscientas libras entre los cuatro por el servicio extra), y negociamos una faluca para nosotros solos por 25 libras cada uno ida y vuelta (un euro con veinte centimos), para llegar al restaurante. Es un lugar sencillo y barato de estilo ibicenco y alternativo, en el que estamos solos, en la terraza a pie del río, también con fabulosas vistas. Comprobamos que los nubios viven tranquilos. Tardan en servirnos pero no hay ninguna prisa. Tras hidratarnos y comer unas ensaladas, tortilla y hamburguesa, volvemos al barquito. Al llegar nos pide más dinero, como todos. Lo dejamos en ciento veinte libras, dejando en el muelle al egipcio con cara de no estar muy de acuerdo.

Son las 16:00h. Aprovechamos para dar un último paseo por el mercado para hacer algunas compras y nos despedimos de nuestros amigos, aunque solo será hasta mañana, proque la casualidad ha hecho que cojamos el mismo vuelo de vuelta a El Cairo, y la misma fila de asientos.

Volvemos en taxi a nuestro hotel. Es una casa a menos de diez metros del río, junto a la presa antigua de Asuán, en frente del templo de philae, regentado por una servicial familia, que nos facilitó en un momento todos los transportes y la cena. Un lugar muy cómodo, sencillo y recomendable, con muy buen acceso al aeropuerto, Hotel Villa Misk.

Cenamos las pizzas egipcias que Cristina anhela desde hace días y nos acostamos temprano, porque nos esperan los dos últimos días en El Cairo, donde intentaremos andurrearlo por nuestra cuenta.

Hombre en el mercado de Asuán.

Mujer en el mercado de Asuán.

Mujeres en el mercado de Asuán.

Vendedor de fruta en el mercado de Asuán.

Paseando por el mercado de Asuán.

Obelisco inacabado en Asuán.

Anochecer desde el hotel en Asuán.

Vendedor quemando incienso en el mercado de Asuán.

Día 9. El Cairo. "Akinopasas II".

A las 06:30h el taxista que nos gestionó el dueño del hotel, nos está esperando en la puerta. En veinte minutos estamos en el aeropuerto. Nos reunimos de nuevo con nuestros amigos españoles, que vuelan hacia el El Cairo, donde harán escala rumbo a Jordania. El vuelo dura una hora y veinte minutos.

Se separan nuestros caminos y llega el momento de despedirnos. Han sido unos días muy completos y su compañía los ha hecho mejores. De nuevo historias que se cruzan y se separan, que van y vienen. Aquellas tardes en la cubierta del barco atravesando el Nilo se quedarán en el recuerdo. Buena suerte en todo amigos!!! Nos veremos, quién sabe, pronto. Confiamos en que "Akemekasus IV" materialice pronto su pedida.

Nos recoge el transfer al hotel. Dejamos las cosas y nos echamos a la calle. "Google Maps" en mano y un montón de cosas por conocer. El Cairo es igual a caos. En el tráfico, en su gente, en las calles, en los edificios, en los comercios y mercados... Es la ciudad más sucia que hemos visto nunca. Y hemos visto varias.

Visitamos al museo egipcio de antigüedades. Se encuentra al lado del hotel y alberga más de 130.000 piezas del antiguo Egipto. Sarcófagos, gigantes estatuas, momias, utensilios de la época de todo tipo, papiros, columnas de templos... Y el famoso e impresionante tesoro de Tutankamón. Durante algo más de dos horas paseamos por sus salas. Está muy abandonado. Polvo por todas partes en un edificio en decadencia que pide a gritos un cambio. Por fin este año se inaugurará el Nuevo Museo Egipcio, en Guiza. Es un espectacular recinto que sin duda estará a la altura de los mejores museos del mundo. Una pena no haberlo podido disfrutar por tan poco tiempo.

Buscamos un sitio para comer. Está todo cerrado. Vemos un "KFC". Entramos y llenamos el estómago. Después ponemos rumbo a la mezquita de Al Azhar y al mercado de Jan el-Jalili.

Cogemos un taxi porque andando es un buen rato. Hay que tener cuidado, pues te intentan llevar a lugres diferentes a los que les pides, donde hay esperando otro compinche que se ofrece a llevarte por la zona. Te dicen que la mezquita está cerrada y paran en otro sitio, donde de repente aparece alguien que casualmente trabaja en una mezquita que es gratis y que sí está abierta, y se ofrece a enseñártela. No son personas fiables y además transmiten mala intención. Lo mejor está tratar a todo el mundo como una sombra, reusar hablar con quien se acerque, lo cual es muy complicado porque la insistencia es la más intensa que nos hemos encontrado hasta ahora. Menos mal que vamos con el GPS, así que insistimos al taxista que nos lleve a donde queremos. Al llegar, por arte de magia aparece otro personaje que nos cuenta lo mismo del cierre de la mezquita y que no se puede pasar. Nombre faraónico: "Akinopasas II". Le decimos que nos deje solos y eso hace. Pero al intentar entrar en donde nos recomienda, aparece de nuevo ofreciendose a acompañarnos (cosa que no debe salir muy barata). Le decimos que preferimos ir solos y entonces nos dice enfadado que no podemos entrar porque dentro están en el momento de oración. Le digo que nos ha mentido y se cabrea más todavía, empezando a gritar. Salimos rápido de ese lugar porque no nos sentimos seguros. El hombre nos sigue dando voces. Momento tenso que pasa rápido.

Vamos a la mezquita a la que teníamos pensado entrar y para nuestra sorpresa no está cerrada. No nos teníamos que haber fiado del taxista. Lo dicho, todos son sombras. Hoy comienza el Ramadán y es momento de oración en las mezquitas. Las mujeres no pueden pasar al interior de la gran sala de oración, habilitando un lugar alternativo para ellas. Cosas de una cultura que lamentablemente sigue situando a la mujer en un escalón inferior. Entro yo solo unos metros para conseguir un par de fotos del interior. Es un gran patio cuadrado rodeado de columnas, con suelo blanco resplandeciente en el que se reflejan dos minateres y una cúpula. Muchos hombres entran a la sala para rezar. Yo me doy media vuelta. Nos da la sensación de que no somos muy bien recibidos porque nos preguntan si hemos acabado ya, para que nos vayamos. Salimos de allí. Justo al pasar la verja de la entrada, la cierran. Es un momento algo tenso.

Al lado está el mercado de Jan el-Jalili, otro de los más grandes del país, donde se vende de todo después de un duro regateo. Debes pagar entre un tercio y la mitad de lo que piden, en libras egipcias. Cansa bastante la negociación pero al final puedes conseguir lo que buscas a un precio barato para ti y muy rentable para ellos. Aquí la gente es algo más agradable, aunque la apariencia genera la misma desconfianza. Lo recorremos durante unas dos horas, tras lo cual paramos a tomar una limonada en el conocido Café de los Espejos, en donde también hay que regatear lo que pides.

Para volver, hay pocos taxis y mucha gente intentando coger uno, así que nos vamos andando. Compramos unas patatas y unas bebidas por el camino. En unos cuarenta minutos estamos el hotel.

El día ha sido largo y algo estresante, así que nos acostamos pronto. Desde la terraza de la habitación, entre la oscuridad de las desgastadas azoteas de uno de los edificicos de en frente, entre decenas de antenas parabólicas y escombros, unas luces llaman la atención. Una familia celebra el iftar, una comida nocturna con la que se rompe el ayuno diario durante el mes islámico del Ramadán. Durante un rato los observo, hasta que el sueño me vence.  Mañana intentaremos ver lo que nos queda. A ver si tenemos suerte!

Sarcófago de Tutankamón en el Museo Egipcio.

Niña en la mezquita de Al-Azhar.

Minateres al atardecer en la mezquita de Al-Azhar.

Familia celebrando el iftar en una terraza.

Día 10. El Cairo. "Akitheparo I".

Último día del viaje. Aprovechamos la wifi del hotel para realizar el check-in de los vuelos de mañana y rellenar el formulario de entrada a España. A las 10:00h salimos rumbo a la mezquita de alabastro y la ciudadela de Saladino. Está bastante lejos y decidimos de nuevo probar suerte con un taxi. Cerramos el precio en treinta libras egipcias (un euro y medio). De nuevo nos sale rana. Cuando vamos por mitad del camino se para en una mezquita que a él le parece adecuada y nos dice por señas que hasta ahí llega su camino. Si queremos seguir tenemos que pagar más. Por mucho que le decimos que siga nos damos cuenta que es tontería bregar. El taxista, al que en el antiguo imperio hubieran llamado muy probablemente "Akitheparo I", nos la ha vuelto a jugar. Y es que en esta ciudad sin ley las cosas van así. Nos toca andar y volver a patear las sucias calles de El Cairo. Tardamos unos cuarenta minutos en llegar a la ciudadela, que se encuentra en una colina. Dentro está la mezquita de Mohamed Alí (también llamada de alabastro por el material en que está construída) y otras dos más. Además hay dos museos y unas buenas vistas panoramicas de la urbe. En el interior de la mezquita se encuentra la tumba de Mohamed Alí, en medio del patio que precede a la sala de oración. Por dentro es muy bonita, similar a la mezquita de Sofía en Estambul. Estamos casi solos. Encima de uno de los laterales del pórtico está el reloj que los franceses cedieron a Egipto a cambio del obelisco que puede verse en la plaza de la Concordia de París, situado originariamente en la entrada del templo de Luxor. Todo está muy limpio y cuidado, lo que nos hace saber que aquí cuando quieren se ponen. La cosa es querer.

Durante unas dos horas de agradable paseo, conocemos la ciudadela. Para volver no hay otra que buscar otro taxi. Esta vez nos aseguramos que nos lleve justo a nuestro hotel, lo que nos cuesta, tras negociarlo, cien libras (pedía trescientas). Por primera vez nos llevan a donde le pedimos. Casi se me saltan las lagrimas. Nos explica que todos los restaurantes locales están cerrados por ser el segundo día del Ramadán. Solo abren las franquicias internacionales y algún puesto callejero, por lo que vemos un Mc Donal cerca de nuestro destino en el Google Maps y le pedimos que nos deje allí.

Comemos y nos vamos al hotel para descansar y organizar las maletas. Confirmamos el transfer de mañana a las 05:00h con la recepcionista del hotel y a descansar.

Para cenar bajo a buscar algo cerquita, sin taxis por lo que pueda pasar, para llevar y tomar en el hotel. Una pizza familiar de e pollo y unas cocacolas me valen.

Aprovechamos la conexión en internet para ver el fútbol y a descansar. Mañana a las 17:30h, si todo va bien, estaremos en casa.

Lo que he aprendido.

Egipto te transporta a un escenario único, diferente. Es uno de esos lugares que hay que visitar una vez en la vida. Su desbordante historia traspasa lo imaginable. Un legado monumental impactante que contrasta con el caos y la dejadez de sus ciudades, empañando el brillo de algunas de las joyas más valiosas de la humanidad. Aunque el turista, si se guía por las rutas de los turoperadores, pasará de puntillas por una realidad que entristece el alma. Y es que en ningún otro lugar he visto tan delgada la línea que separa el lujo y la decadencia, los resorts y las callejuelas en las que para andar tienes que apartar la basura, los rascacielos y los edificios en ruinas sin puertas ni ventanas, los trajes de marca y la mugrienta vestimenta de la inmensa mayor parte de una población que vive en la miseria... Egipto es todo eso, no sólo el puñado de piedras, columnas y estatuas de los templos, de los palacios y de las tumbas, porque desde que los europeos llegaron, se nos ha vendido sólo una exótica imagen de guiris con sombrero entre pirámides, cruceros y templos, de detectives y arqueólogos, de indianas y momias, de calesas y falucas... Pero esa es sólo una parte.

El Cairo es una capital que podría tener un encanto especial, con sus espectaculares mercados, zocos y mezquitas, si no fuera por la inmensa cantidad de basura que se amontona y la ruina de sus edificios. Cuando se traspasa el estrecho margen de la ribera del Nilo, estructurada para extranjeros, todo se torna sucio y ocre, aunque si te llevan del hotel a la mezquita en cuestión, esto pasará algo más inadvertido. Las clases pudientes se congregan en una zona más alejada conocida como New Cairo.

Egipto es un país en general analfabeto, con multitud de niños en la calle, donde a penas la mitad de sus habitantes sabe escribir. Y ese es a mi entender el gran problema, que han hecho de la incultura su cultura. A penas cien metros después de la línea de los hoteles de lujo, la gente malvive de lo que saca de la limosna y el trapicheo. Por eso ven en el turista una fuente de billetes, tal vez intentando recuperar lo que un día dejaron que se llevaran. Y es que Egipto a estado continuamente a merced de culturas invasoras, lo que con el paso del tiempo aumentó su desarraigo, hasta situarse en un callejón de difícil salida.

Perdieron su religión y sus creencias hace tantos siglos, que ya sólo quedan vestigios de su existencia en las pinturas y los relieves de las piedras que los saqueadores y ladrones decidieron no robar o destruir. Una gran parte de esos restos que miles de años atrás le dieron la gloria, se encuentran hoy repartidos por el mundo, porque dentro de los saqueadores no sólo entran los que robaron el oro de las tumbas, sino también cada uno de los países que en su afán por poseer, expoliaron la historia en un más que cuestionable reparto.

En Egipto intentarán engañarte a cada paso. Todo lo que te propongan tendrá un precio. En pocas horas te das cuenta que debes aparcar unos días lo que entiendes por educación, manteniendo el respeto, al menos hasta donde tu paciencia te permita. Ellos saben que si al final atiendes, han ganado la partida. En este país no debes escuchar a nadie que se acerque, ya sea en la calle, en un hotel, en el aeropuerto..., ni girar la cabeza cuando te llamen (y lo harán en tu idioma). Si preguntas algo te pedirán propina, y probablemente te conducirán con su respuesta hacia otro amigo que continuará la fiesta del billete. Si caminas, se pondrán delante para que te pares, si no estás atento te llevarán la maleta sin pedírtelo, si como acto reflejo coges algo que te den, déjalo en el suelo y sigue... Y recuerda, TODO lo que te cuenten será mentira. Así de simple. Lo único eficaz para mí ha sido tratar a aquellos que intenten interaccionar contigo, como sombras... como si no existiesen; es decir, andar hacia delante, con mirada perdida en el infinito, paso ligero y decidido, en plan tanque... porque si ven que vas a chocarte, al final... muy al final... se apartan. Y cuando los pases, nunca mires atrás, pues te aseguro que su sonrisa de dientes gastados te estará esperando. Sé que parece exagerado, pero es lamentablemente así. Mejor quedar mal una vez, que no ser estafado continuamente.

Pero Egipto está tan bien posicionado en la escala de lo más bello, que a pesar de todo lo anterior, engancha, enamora a quien lo recorre. Pasear entre majestuosas pirámides por el desierto, cruzar el río Nilo descubriendo las anónimas historias que desde el barco se dejan ver en las orillas, perderse entre un mar de gigantescas columnas y estatuas en cada templo, recorrer mercados llenos de color con olor a frutas y esencias, encontrarte con atardeceres inolvidables, contemplar los rostros de la gente, como sacados de una postal, envejecidos y ennegrecidos por el sol y el tiempo, como en ninguna otra parte los había visto, descubrir las humildes entrañas de ciudades milenarias... Eso también es Egipto, y no hay un sólo lugar en el mundo que remotamente se le parezca. Un auténtico regalo para los sentidos. Un escenario ideal para admirar, como decía, al menos una vez en la vida, la asombrosa e impactante grandeza de la naturaleza humana.