Continuación de Colombia 1

Día 12. Colombia. Bahía Solano.

Comienza el último día completo en la costa del Pacífico colombiano. Con las alforjas llenas de vivencias y pretensiones cumplidas, damos los buenos días a Checho, que a las 07:30h llega con su bolsa llena de huevos de tortuga. Los demás huéspedes que están despiertos acuden a ver cómo los entierra en el tortugario, donde ya hay otros de expediciones previas marcados con el número de huevos que hay y la fecha en que se cogieron.

Día soleado y despejado. Nos ponemos en marcha rumbo a unas piscinas naturales que se forman en mitad del suelo rocoso de uno de los extremos de la playa. Es un paseo muy bonito con unas vistas impresionantes de más de 180 grados de agua. Las piscinas están llenas de peces de colores y erizos. El mar está muy rebelde y decidimos no bañarnos, pues puede ser peligroso. Durante dos horas prolongamos el paseo.

A la vuelta aprovechamos el día para estar en la playa, literalmente solos en varios kilómetros. El océano no permite meterse más allá de la cintura, pues la corriente es muy fuerte y arrastra. La temperatura del agua es perfecta. No como en España, que cuando escuchas decir "hoy está muy buena", es justamente cuando no debes meterte por peligro de hipotermia. Y es que el protocolo del buen turista español, establece que hay que decirlo mínimo una vez cada veinticuatro horas, aunque veas pingüinos en la orilla. Españoles, aceptémoslo... el agua de las playas del Mediterráneo y del Atlántico está y siempre estará fría.

Tras la comida, duermo la siesta mientras Cristina lee en la hamaca de tela que cuelga entre los palos que sostienen la cabaña.

A las 18:15h vamos a cenar a Punta Roca, donde concertamos ayer. Gloria nos sirve una sopa de pescado y despues un plato de cangrejo y otro de camarones (llaman así aquí a los langostinos). Buena cena. Buenas vistas y buena persona Gloria, la dueña.

Volvemos totalmente a oscuras con la linterna. Quedamos con Gildarto para salir mañana a las 09:00h al aeropuerto para nuestro vuelo de vuelta a Medellín.

Bahía Solano es un paraíso en Colombia. Un lugar remoto, con pocas comodidades, pero que ofrece unos atractivos naturales al alcance de pocos lugares en el mundo. Su rica biodiversidad no deja a nadie indiferente. Casi todo el turismo que llega viene buscando contemplar entre julio y octubre el espectaculo de las ballenas. Los alojamientos, aún los más sofisticados, son básicos, pero muy adaptados al entorno y siempre pendientes del huésped. Sin duda es un destino imprescindible para todo aquel que decida darse un paseo por este increíble país.

Paseo por la playa de El Almejal

Erizo de mar en Bahía Solano

Paseo por la playa de El Almejal

Balilisco en Bahía Solano

Cangrejos rumbo al agua (playa de El Almejal).

Atradecer en Bahía Solano (time laps).

Día 13. Colombia. Medellín.

Último despertar en Bahía Solano. Reorganizamos el equipaje. Tras el desayuno una furgoneta nos recoge, a nosotros y a media costa. Parece el camarote de los Hermanos Marx. Menos mal que Cachalote se fue ayer.

Aviso a Sol de nuestra hora de llegada, por si podemos visitar hoy el Pueblito Paisa al llegar, que nos quedó pendiente por la lluvia la semana pasada.

Durante el trayecto al aeródromo charlo con el conductor y Juan Manuel, que nos muestra los vídeos de su salida ayer en busca de ballenas. Las tuvieron tan cerca del barco que hasta las pudieron tocar. Espectaculares vídeos.

Tras unos 45 minutos llegamos al aeropuerto. Al momento facturamos en el mostrador y pasamos la tasa turística de 1.75 euros cada uno para poder salir. Pasamos a la pequeña sala de espera. Unas cincuenta personas esperan sus vuelos mientras en una televisión ven la Vuelta Ciclista a España primero, y una telenovela después. Parece que somos lo únicos extranjeros aquí. Compramos en una tiendecita de recuerdos la tradicional pulsera de cada viaje al primo Edu (esta es de bolitas, echa a mano).

No hay letreros... Avión que llega... Avión que sale. Sólo cabe uno. No hay posibilidad de confusión. Además todos los vuelos van a Medellín.

Embarcamos. En unos 40 minutos llegamos. Pedimos un Uber en el aeropuerto y volvemos a nuestro ya habitual Medellín Vibes Hostel, esta vez en habitación Deluxe con cama extragrande y bañera de hidromasaje (no quedaba otra). Que se note el brillito. Nos preguntan en recepción cómo nos fue en Bahía Solano y charlamos de la experiencia.

En Medellín llueve. Grandes truenos amenazan tormenta. Decidimos emplazar la visita al pueblo paisa a mañana, tras volver de Guatapé. Además Cristina tiene dos metas hoy: comerse una pizza y hacerse la manicura. Ha buscado las mejores pizzerías de la ciudad y resulta que una de las mejores, "Vesubio", estaba 200 metros del hotel. Allá que vamos. Nos sabe a gloria después de llevar cuatro días comiendo y cenando pescado (dícese atún) en todas sus modalidades.

Después ponemos rumbo a nuestro ya conocido centro comercial Mallorca, para el tema de las uñas. Volvemos después a ir al cine, con otra buena dosis de crispetas (palomitas). Le estamos cogiendo el gusto al acento latino.

De vuelta al hotel en Uber. Hidromasaje y al sobre. Mañana tour a Guatapé y Pueblito Paisa.

Embarcando en Bahía Solano

Aterrizando en Medellín

Brillito

Nueva sesión de cine en Medellín

Día 14. Colombia. Guatapé.

A las 08:00h nos recoge Sol. Nos ha pedido que lamacompañe Paula, una íntima amiga suya a la que llama hermana. Ponemos los cuatro rumbo a Guatapé.

Dos horas nos separan de nuestro destino. Durante el trayecto charlamos con Sol y Julia de nuestras vivencias del viaje y de muchas otras cosas. El tráfico, como en toda Colombia hasta ahora, es caótico. Hay que armarse de paciencia y contar con atascos continuos en casi cualquier parte. Pero no tenemos prisa.

Estamos llegando. Nuestra primera parada es el "Viejo Peñol". Se trata de una reconstrucción de una parte del antiguo pueblo que existía en el fondo del valle, hoy demolido e inundado por el enorme embalse que se formó hace cinco décadas, tras la construcción de una represa. Una obra afaraónica que proporciona un porcentaje importante de la energía al país y que ha generado el destino ideal para un turismo que va en auge, abundando los deportes nauticos, lanchas y yates de recreo, motos acuáticas... Desde un mirador del Viejo Peñol se observa una gran cruz sobre el agua, simbolizando el punto en el que se encontraba la iglesia del pueblo, bajo las aguas. Sólo ha quedado una casa habitable, situada en lo alto de una de las colinas, hoy al ras del agua.

Continuamos la ruta. La zona que rodea a Guatapé es un entorno natural único en el mundo. Un cúmulo de colinas de vegetación tropical entre las que serpentean las aguas del embalse. Una vez el el pueblo, nos subimos a una lancha para recorrer parte del embalse. En la orilla viviendas y hoteles de lujo y fincas de recreo. Pasamos por una propiedad del futbolista James Rodríguez, o por una antigua residencia del afortunadamente mal parado narcotraficante Pablo Escobar, llamada "La Manuela" en honor a su hija, hoy bajo el control del gobierno, bombardeada, quemada y destruída hace 30 años (poco antes de la muerte del narco) por "Los Pepes" (acrónimo de Perseguidos por Pablo Escobar), que fue un grupo paramilitar conformado por narcotraficantes exsocios de Escobar, y financiado principalmente por la cúpula del Cartel de Cali. Lo único que queda medianamente visible es la antigua discoteca.

Y en mitad de esta estampa natural, la impresionante roca conocida como Peñol, un monolito de granito de 220 metros de altura, que se levanta vertical, cuya cima dista del suelo 716 escalones. Fue escalada por primera vez hace setenta años por un lugareño. Recuerda a la que hay en Río de Janeiro.

Pagamos la entrada al monumento natural. En unos quince minutos, tras varias paradas, estamos arriba, donde encontramos tiendas de recuerdos, cafeterías y un mirador. Los buitres vuelan bajo nosotros. Las vistas son muy bonitas. Las escaleras (una de subida y otra de bajada), son otra obra de ingeniería. Hoy constituye una de las imágenes más típicas de Colombia.

Bajamos y volvemos al colorido pueblo de Guatapé, que es de los más bonitos que hemos visitado hasta ahora, aunque asediado por un turismo cada vez más exacerbado. Paseamos y comemos juntos la plaza principal.

Regresamos a Medellín, haciendo una parada en el Pueblito Paisa, que nos quedó por visitar. Se trata de un conjunto de casas en lo alto de una colina en mitad de Medellín, recreando la arquitectura típica de casas con balcones de colores, con una plaza con una iglesia, un museo y un mirador donde se puede observar una panorámica de los rascacielos y las comunas de la ciudad. Turistas y locales se mezclan tomando alguna bebida o cenando en las terrazas.

Volvemos al hotel. Nos despedimos de Sol y de Paula. Esta vez es un hasta siempre, uno más de los que se dan en estos paseos por el mundo. Que les vaya muy bien la vida!

Compro algunos snacks y bebida y acabamos el día con otro hidromasaje y una peli en Netflix.

Mañana volaremos a Cartagena de Indias a las 10:00h, nuestra penúltima parada. Reservo taxi en recepcion.

Calle de Guatpé

Roca de "El Peñol"

Hombre en el Pueblito Paisa (Medellín)

Vistas desde la roca de El Peñol

Día 15. Colombia. Cartagena de Indias.

07:20h. Treinta minutos nos separan del aeropuerto José María Córdova, desde el cual volaremos durante 45 minutos rumbo a Cartagena de Indias, considerada una de las ciudades más bonitas de Sudamérica, situada a orillas del Mar Caribe. Es la capital de la región de Bolívar.

Nada más bajar del avión nos azota un calor sofocante y una humedad que hacía mucho que no experimentábamos. Llega a ser desesperante. Y eso que es uno de esos raros días que esta parte del mundo se encuentra cubierta de nubes. Y es que aquí hace sol todo el año.

Un transfer nos lleva al hotel Las Carretas. Estamos en el meollo, a cien metros de la Torre del Reloj, dentro de la ciudad amurallada, a tiro de piedra de muchos de los lugares más emblemáticos. Calles coloridas llenas de encanto. Arquitectura colonial bien consevada. Predomina la población mulata, salpicada con no pocos afroamericanos. Vivos colores por todas partes. Frutas enormes y zumos son vendidos en cada esquina. Mucho turismo. Hacen su aparición por primera vez en el viaje los vendedores de cualquier cosa. Mujeres afroamericanas ataviadas con traje tradicional y un cesto de fruta en la cabeza, se acercan ofreciéndose para ser fotografiadas a cambio de unos pesos. Continuamente te ofrecen de todo, aunque sin agobiar. De todas maneras después de Egipto, que es la Champions, estamos bien entrenados.

Conocida como "La Heroica", por su capacidad de lucha en épocas pasadas, ha servido de inspiración a Gabriel García Márquez, ganador del premio Nobel de Literatura en 1982, para algunas de sus más exitosas novelas.

Estrechamente ligada al mar, su playa no destaca por su belleza, pero está rodeada de islas de arrecifes coralinos, de arena blanca y cocoteros, visitadas por legiones de intrépidos viajeros como nosotros.

Cartagena de Indias, en definitiva, es una de las ciudades más bellas y mejor conservadas de toda América, y uno de los destinos turísticos más visitados de Colombia.

Hasta las 15:00h no nos dan la habitación (es la hora habitual del checkin en Colombia). Dejamos las cosas en recepción y salimos a comer a una recomendada cevichería llamada Cancha, un local muy bien acondicionado con una elaborada y buena comida. Probamos unos cockteles, 3 ceviches y una causa (que viene a ser como una ensaladilla) de camarones (langostinos). En esta ciudad los precios suben aproximadamente un 20%, aunque a igualdad de calidad sigue siendo más barato que España.

Volvemos al hotel. Ayer hubo tormenta por la noche y nos dicen que en nuestra habitación ha aparecido una gotera. Nos proponen cambiarnos la primera noche a una habitación superior y las dos siguientes a la "suite" (la mejor habitación que tienen). Pues vale. Mira que me gustan a mí las goteras...

Pregunto el precio de la lavandería. Tengo que lavar algunas camisetas para los siguientes días. Es bastante caro, pues no cobran por kilogramo de ropa sino por prenda, así que me voy a buscar una tienda y me compro unas cuantas. Tras un leve regateo, me ha salido a 3 euros por camiseta, más barato que lavarlas.

Salimos a nuestro primer Freetour, el del barrio de Getsemaní. Se trata de una zona bohemia y alternativa que rebosa arte y hospitalidad en cada rincón. Gran parte de sus calles están pintadas con murales y grafitis de gran calidad y decoradas con guirnaldas de banderas, mariposas y paraguas. Varias de las pinturas representan a García Márquez, al que cariñosamente llaman Gabo o Gabito. Visitamos el Camellón de los Mártires, la Plaza de la Trinidad, el Parque del Centenario... En este último nos cuenta Lizet, la guía, que habitan varios osos perezosos. No lo puedo creer, desde hace mucho quiero ver alguno y en los países donde podía haberlos, nunca lo habíamos encontrado. Intentamos hoy buscarlos sin éxito. Debemos seguir, pero me he quedado con el sitio, y a buen seguro que volveré mañana sin tanta prisa. Despues de los Colibríes y las ballenas, sería un fin de fiesta de órdago.

Tras tres horas acabamos este interesate y recomendable tour. Desde las 18:00h es de noche, pero el calor y la humedad siguen apretando.

A Cristina le apetece hoy una hamburguesa. Nos paramos en el restaurante Galindo, con aire acondicionado a tope, y satisfacemos su deseo.

Volvemos al hotel a descansar. Mañana a las 10:00h tenemos cita de nuevo con Lizet para el freetour historico. Pero antes, al menos una hora, iremos a buscar mis perezosos.

Cartagena de Indias

Limpiabotas en Cartagena de Indias

Mujeres en Cartagena de Indias

Pareja en Getsemaní (Cartagena de Indias)

Grafiti en Getsemaní (Cartagena de Indias)

Mujer en Cartagena de Indias

Dia 16. Colombia. Cartagena de Indias.

08:00h. Suena el despertador. Muy buen desayuno. Salimos a las 09:00h en busca de mis perezosos. El parque público donde podrían verse está a cinco minutos. Esta vez no puedo jugármela (probablemente no vuelva a estar tan cerca de poder ver uno en libertad), así que tengo que buscar ayuda. Veo a un hombre lago desaliñado, tumbado entre la hierba, con pinta de vivir en el parque. Se llama Juan. Tiene más manchurrones que un minero. Me presento y le digo que si me encuentra un perezoso, le doy una propina. El tío sale corriendo, motivadísimo, subiendo de árbol en árbol moviendo las ramas. Desde Tarzán no había visto semejante actitud. Incluso uno de los cuidadores del parque le llama la atención. El susodicho se pierde entre la vegetación. De repente se oyen voces. Es Juan. Lo ha encontrado. No uno, sino dos en el mismo árbol. Consigo la foto de tan curioso animal y entrego a Juan su parte.

A las 10:00h, con el subidón del oso, empezamos el freetour historico. Recorriendo la zona delimitada por la muralla, que hace siglos fue construida para defender Cartagena de los ataques piratas, Lizet nos explica con gran rigor, la prolífera historia de esta ciudad, desde la época de los indígenas hasta nuestros días. Hilando historias de conquistas y bucaneros, nos habla de Blas de Lezo, Fray Bartolomé de las Casas, Pablo Morillo, Pedro Romero, los lanceros y muchos más. Es muy interesante, pero un sol de justicia nos hace ver a cada paso que el paseo será duro. Estar fuera de cualquier sombra se hace temerario. Incluso a veces desagradable. Tres horas de tour... tres horas sudando. Si me encuentro con Juan el del perezoso, le digo que me busque un abanico... Aún así mereció mucho la pena.

Tras acabar, un local con aire acondicionado nos absorbió. Íbamos andando y no sé qué pasó, creo que nos succionó. Rozábamos la desorientación. Estábamos a un peldaño del punto de ebullición. Hacíamos el mismo ruido que las cafeteras cuando liberan presión...

Tras hidratarnos buscamos un lugar para probar el arroz con marisco. Vimos uno con muy buena pinta llamado "Mistura", con buenas opiniones en internet, y acertamos de lleno. Instalación, acondicionamiento, servicio y comida muy buenos.

Por la sombra volvimos al hotel. Nos dan la "suite". Muy buena habitación. Una horita en la piscina, un descansito... y de nuevo a la calle.

Toca ir al Café del Mar a ver el atardecer. Es un restaurante en la misma muralla, desde el que se observan más de 180 grados de horizonte, apuntando al oeste. El lugar se llena diariamente de personas para ver esconderse el sol. Pedimos una piña colada y una limonada. Previos casi europeos. Es otro atardecer para recordar.

A las 18:30h tenemos una mesa reservada para cenar en la terraza del restaurante "Buena Vida". Nos lo han recomendado nuestros amigos cordobeses, que hace a penas dos días se marcharon de Cartagena. Probamos el "Bowl Cartagenero". También un acierto.

Ha sido un día largo. Estamos cansados. A descansar, que mañana toca surcar el Mar Caribe en busca de la Isla de Encanto, en el arqchipiélago de las Islas del Rosario.

Oso perezoso en Cartagena de Indias

Mujer en Cartagena de Indias

Bocagrande "Miami Chica" (Cartagena de Indias)

Mujer en Cartagena de Indias

Colombia 17. Caribe. Isla Barú. .

A las 08:30h estamos en el muelle número 3 de La Bodeguita, desde donde parten las embarcaciones hacia el hotel Isla del Encanto, en la isla de Barú, la más grande del archipiélago de las Islas del Rosario. Día soleado con algunas nubes.

Tras 50 minutos llegamos a nuestra playa. Arena blanca, agua turquesa, arrecifes de coral, manglares, palmeras y vegetación nos rodea. Durante el día podremos usar las instalaciones del hotel. Día de relax. A diferencia de otras playas más cercanas, en las que según los foros los vendedores e improvisadas masajistas hacen complicado el disfrute, en la nuestra prácticamente no pasa nadie, a excepción de algunos miembros del staff del hotel ofreciendo sus servicios. El agua es cálida y limpia.

Reservamos plaza para realizar snorkeling en un arrecife cercano. Colombia es uno de los países del mundo con más arrecifes coralinos, contando con casi 3000 kilómetros cuadrados de ellos, casi todos en el mar Caribe.

A las 11:30h nos subimos al barco, que nos deja en una zona de coral muerto, donde se hace pie, y a partir de la cual debemos seguir nadando hacia la parte viva. En pocos metros comienza un espectáculo de color y vida. Nunca habíamos realizado esta actividad en unas aguas con tanta visibilidad. A poco más de un metro nuestra, montones de corales y peces de diferentes tamaños y colores, llenan de vida el arrecife. No hay más de 6 o 7 metros de profundidad. Vemos bancos de peces cirujano, peces trompeta, un pez globo, peces joya, y muchos otros más. Estamos una hora en el agua, que se hace muy corta. Sin esperarlo se convierte en otro de los momentos del viaje.

Volvemos a la playa. Comemos en el hotel estilo buffet, de buena calidad. Un bañito más y a las 15:00h volvemos al barco para iniciar la vuelta al punto de partida.

Tras reposar un poco, nos vestimos y vamos al Mirador Gastro Bar, con vistas excelentes de la Torre del rejoj y música en directo. Nos consiguen un sitio privilegiado. Tomamos unas limonadas de coco y cenamos rodeados de un muy buen ambiente en nuestra última noche cartagenera.

A descansar después de un bonito día en el Caribe colombiano. Mañana volveremos a Bogotá los últimos dos días antes del regreso a España.

Snorkeling en el Caribe colombiano

Snorkeling en el Caribe colombiano

Pez globo

Pez trompeta

Pez joya.

Snorkeling en el Caribe colombiano

Día 18. Colombia. Cartagena de Indias.

Hoy nos levantamos sin prisa. Ayer, hablando de la ciudad de Cartagena, nos preguntábamos qué habría lejos de las murallas, allá donde no llega el dinero del turista. El hecho de que por primera vez, estos días hayamos visto indigentes y gente pidiendo dinero y comida, nos hace pensar que la realidad de esta ciudad no sólo es la que se enseña. Por eso hemos decidido aprovechar este último día aquí, para adentrarnos por nuestra cuenta en una Cartagena más profunda. Tal vez más real, pues de murallas para adentro la vida gira en torno casi exclusivamente al turismo. Hace dos días, durante el freetour historico, Lizet comentó algo a cerca de un mercado local. Y qué mejor idea que, como en tantos otros destinos acostumbramos, ir a ese mercado, llamado "Bazurto", a poco más de tres kilómetros de donde estamos, donde la gente compra y vende casi de todo.

Tras preparar en el desayuno los ya típicos sandwiches mixtos, que Cristina tanto aprecia en las mañanas cartageneras, pedimos un Uber junto a la torre del reloj. Tarda bastante. El tráfico es caótico, como en casi toda la Colombia que hasta ahora conocemos. Durante el trayecto vamos viendo cómo el escenario va cambiando, pasando de la recargada arquitectura colonial inundada de tiendas y restaurantes, a una zona cada vez más humilde, donde los colores van virando hacia el gris y el ocre, abriéndose paso la esperada decadencia. Aquí no hay palenqueras con cestos de fruta en la cabeza ofreciéndose para la foto, ni vendedores de puros ni collares, porque aquí no hay turistas. En unos cuarenta minutos el taxi nos deja en el mercado.

Es literalmente otra realidad. Se trata de un enorme laberinto de oscuros y estrechos callejones, donde se vende comida de todo tipo: carne, pescado, marisco, fruta, verduras... con recovecos en los que se ubican puestos de dudosa salubridad en los que preparan comida. Ningún turista a la vista. Pero ninguno ninguno. Gente por todas partes camina rápido en todas direcciones. Bullicio. Caos.

Aquí sí nos miran, se giran y se muestran curiosos al vernos pasar. Es la primera vez que nos hacen sentir extraños. En verdad lo somos: dos rubios de ojos claros con mochila en mitad de todo esto... tengo la impresión de que somos refractantes. Seguimos a lo nuestro. Las fotos no reflejan la extraordinaria esencia de lo que observamos. Fluidos que salen de cada puesto corren calle abajo, mezclándose con la tierra, creando barro y charcos de compleja composición (o mejor descomposición). El olor se hace insoportable en algunas zonas, hasta el punto de tener que salir a respirar. Durante hora y media recorremos los rincones de tan peculiar lugar, empapándonos de todo.

Decidimos bordear por fuera el mercado para volver al punto de partida, pero una persona nos para y nos dice que si seguimos en la dirección que llevamos "nos van a atracar seguro". Nos lo repite dos veces y nos dice por nuestro bien que no sigamos. Así que de nuevo al mercado, y rapidito. Sin hablarnos, los dos pensamos que ya tenemos satisfecha la dosis de adrenalina de hoy. Vemos a lo lejos un supermercado grande con algunos taxis en la puerta. Es como cuando Tom Hanks en "Náufrago" vio el barco. Cogemos uno de los vehículos, que por algo menos de tres euros (ni intento regatear) nos devuelve a la Cartagena que todos los extranjeros conocen, esa que enamora al que la visita, pero probablemente algo teatralizada por el turismo y alejada de lo que una buena parte de los cartageneros vive. Otra vivencia en la mochila.

Tomamos una limonada en un sitio con buen aire acondicionado y vamos a comer a un chino con buena pinta, que hay al lado y del que hablan bien, "Dragón La Marina" se llama. No nos equivocamos. Comida exquisita.

Son las 14:30h. Volvemos al hotel. A las 16:45h nos recoge el taxi que nos lleva al aeropuerto. Aprovecho para un último baño en la piscina, que alivie el calor al que aún no nos hemos acostumbrado.

Nuestro avión sale con algo de retraso. A las 20:50h estamos en Bogotá. Nos recoge el transfer y llegamos al hotel Habitel Select, el mismo en el que nos quedamos el primer día, justo al lado aeropuerto, para facilitar pasado mañana la vuelta a casa.

Mañana haremos un freetour por el centro de la ciudad y subiremos al cerro de Monserrate, en nuestra corta visita a la capital.

Mercado de Bazurto (Cartagena de Indias)

Mercado de Bazurto (Cartagena de Indias)

Mercado de Bazurto (Cartagena de Indias)

Mercado de Bazurto (Cartagena de Indias)

Mercado de Bazurto (Cartagena de Indias)

Mercado de Bazurto (Cartagena de Indias)

Mercado de Bazurto (Cartagena de Indias)

Mercado de Bazurto (Cartagena de Indias)

Día 19. Colombia. Bogotá.

Hoy dedicaremos el día a conocer Bogotá se trata de la capital del país, con más de siete millones de habitantes. El punto de encuentro del freetour es junto al Museo del Oro, en el centro de la ciudad, a unos 12km de nuestro hotel. Por 3.5 euros llegamos en unos treinta minutos en Uber.

La zona es muy transitada. Impresiona de ciudad cosmopolita. Formamos un grupo de unas 25 personas. Durante tres horas recorremos las partes más importantes del centro: plaza del Rosario, plaza del Chorro de Quevedo, plaza Bolívar, iglesia de Guadalupe, teatro de Cristóbal Colón, museo Botero...

Nos parece una ciudad muy bonita, en contra de nuestras expectativas, en gran medida creadas por comentarios de foros y de lo que algunos colombianos nos han comentado en etapas previas del viaje.

Bogotá tiene muchos rincones bonitos que merecen la pena conocer. La plaza de Bolívar es grandiosa. Cientos de palomas y personas hacen su día a día por los alrededores. Mercados de artesanías la rodean, pudiéndose encontrar buenos precios tras un liviano regateo (cálculo una rebaja máxima del 20%). En cuanto a atractivos, sin duda la colocaría por delante de Medellín, la cual también considero indispensable en una visita a este país. Nuestra guía nos explica mucho a cerca de la historia de la capital colombiana.

Hoy he aprendido por qué las banderas de los países colindantes son tan parecidas. Nos cuenta que en el pasado, Colombia englobaba, además de su territorio actual, a los países de Venezuela, Ecuador y Panamá, constituyendo la entonces conocida como Gran Colombia, con una bandera común. Los dos primeros se separaron pronto, pero continuaron con los mismos colores en sus banderas: arriba amarillo (por el oro), en medio azul (por el océano) y abajo rojo (por la sangre derramada). Tras la escisión, Ecuador añade en el centro un escudo y Venezuela unas estrellas. Colombia mantiene solo las franjas. Panamá se separó mucho después, cambiando los colores de su bandera.

Tras el tour comemos una parrillada de carne en un restaurante cercano llamado "Rescoldo". Creo q es la primera vez que el plátano, el aguacate, el arroz y el cilantro causan baja en un plato. Lo agradecemos.

Aprovechamos el resto de la tarde para conocer el cerro de Monserrate. Se trata de una colina de 500 metros que se levanta casi vertical en uno de los límites que marca la ciudad. Subimos en telesférico. Bogotá desde las alturas es impresionante. Grandes rascacielos en primera línea, rodeados por interminables hileras de casas que se pierden en el horizonte. El sol, cercano a esconderse, ilumina los edificios en la medida en que las nubes se lo permiten. Arriba una iglesia, rodeada de tiendas, puestos de comida y algún restaurante.

Poco después se nubla. Hora de volver. Pedimos un Uber en donde nos deja el telesférico. Tráfico de nuevo desesperante. En 40 minutos llegamos al hotel. Toca descansar y organizar todo el equipaje para la vuelta a España.

Mañana volveremos a los alrededores de la plaza Bolívar para hacer algunas compras y comer por la zona. A las 18:35h sale nuestro avión.

Bogotá desde el cerro de Monserrate

Plaza de Bolívar (Bogotá)

Día 20. Colombia. Bogotá.

Amanece por última vez para nosotros en tierras colombianas. Nuestro avión sale a las 18:35h. 

Tras el desayuno nos damos cuenta de que están televisado el partido de fútbol Real Madrid-Betis. Aprovechamos para verlo. Tras una nueva vistoria del equipo blanco, pedimos un Uber para ir al centro.

El trafico es insufrible. Tardamos más de una hora en llegar. Es lamentable la manera de organizarse este país desde el punto de vista vial. Pero no tenemos prisa.

Paseamos por última vez por la Plaza de Bolívar y entramos en la catedral. Justo al lado está el Pasaje Rivas, lugar ideal para hacer las últimas compras. Se trata de un mercado de artesanías y recuerdos, de precios más barato que otros. Todo está lleno de gente. No debe haber nadie en sus casas.

Sin demorarnos mucho volvemos al hotel en otro trayecto de una hora. El barsa juega a las 14:00h y Cristina no quiere perdérselo.

Comemos una pizza mientras vemos el partido.

A las 15:30h salimos en el Transfer al aeropuerto, a menos de cinco minutos.

Hacemos escala en Cartagena, y de allí rumbo a nuestra querida y adorada España.

Fin de la aventura.

En resumen...

Cuando planeamos un viaje, siempre buscamos destinos que se alejen de nuestro quehacer diario. Colombia esconde un conjunto de maravillas naturales al alcance de pocos países. Han sido veinte días de continuo aprendizaje, pues cada lugar que pisamos nos enseñó algo nuevo. Y para nosotros, en eso consiste la esencia de cada paseo que damos por el mundo.

En el Eje Cafetero descubrimos el encanto de las tierras altas, su cultura y sus gentes, atravesando pintorescos pueblos adoquinados que parecen atrapados en un siglo diferente, y que salpican de vivos colores el extenso manto verde de las colinas de Los Andes. Aprendimos que hay lugares en los que el tiempo pasa más despacio.

Medellín, aún víctima de un oscuro pasado alborotado, lucha con éxito por despojarse de una fama hoy injustificada. Nos enseñó que con esfuerzo, se puede transformar la realidad, pintando de colores las ruinas hoy restauradas de lo que fue.

Guatapé nos prestó unas escaleras directas al cielo, para contemplar desde allí la hermosa estampa de sus verdes colinas abrazadas por laberintos de agua.

Durante cinco días y cuatro noches sentimos pisar el paraíso. Bahía Solano, una de las zonas más remotas del país, nos mostró su costa pacífica, los ríos de su deshabitada jungla, su asombrosa biodiversidad, el añorado aleteo y los saltos de las enormes ballenas yubartas y el emocionante e inesperado desove de una tortuga caguama. Es uno de esos lugares perdidos que aún quedan a salvo de casi todo.

Cartagena de Indias es sin duda una de las ciudades más bonitas que hemos visitado. Al menos de murallas hacia adentro, donde el turismo ha favorecido un progreso que la ha hecho brillar de una forma diferente a la de sus barrios más distantes. Su casco antiguo de arquitectura colonial está extraordinariamente bien conservado.

El mar Caribe nos prestó el azul, el verde y el blanco de sus cercanas islas caribeñas, y nos dejó contemplar un fondo coralino lleno de color y vida.

La enorme Bogotá nos permitió conocer su lado cosmopolita, enseñándonos que en esta parte del mapa, existen ciudades cargadas de belleza, de cultura y de historia.

Pero de todas las cosas que aprendimos, la más importante ha sido comprobar que el mundo está lleno de gente buena, y que por muchas ideas preconcebidas que intenten impregnar nuestra mente, la mejor manera de crear una opinión es partiendo de la propia experiencia. Los colombianos rebosan hospitalidad, amabilidad y ganas de agradar. En su mayor parte desconocen la maldad.

Y es que los mejores monumentos que encontramos, tuvieron forma de personas. Son las que se han cruzado en nuestra aventura, llenándola de vida. Así, de todo lo vivido, me quedo con el recuerdo de Lorenthina y la sonrisa de su hija Rosita jugando en la playa, de Silvia y su paciencia en Playa Alegre para que pudiéramos disfrutar al máximo, de Juan Manuel y Pepita recién prometidos buscando ballenas, del incansable Checho y su afán por encontrar tortugas, de Mónica en la jungla dándome una gasa para evitar el roce de las botas en las cicatrices de mis picaduras, de Sol y Paula charlando rumbo a Guatapé, del desaliñado Juan encaramado a la rama de un árbol para que pudiera ver el oso perezoso, del chico del mercado de Bazurto que nos aconsejó un mejor camino para volver, de los consejos de Pacho en el Cocora para tomar una buena foto del vuelo de un colibrí, de Gloria en el restaurante cuando le dije que queríamos comer cangrejo, de la cena con Rafa, Jesús, Pedro y los chicos de Córdoba en nuestro increíblemente casual encuentro, de Lizet explicando con entusiasmo cada esquina de Getsemaní, de Cristina acariciando a un perro callejero que se le acercó en la playa, en uno de aquellos atardeceres inolvidables del Pacifico, y en definitiva, de cada una de tantas personas que con una cómplice y desinteresada sonrisa nos han hecho disfrutar más de cada instante.

Colombia nos ha enamorado, y ha llenado nuestra memoria, un poco más si cabe, de recuerdos imborrables.